La arquitectura tradicional de tierra: el Centro Barro de Buenos Aires

Arquitectura en tierraUna entrevista realizada por Sitio al margen a la arquitecta argentina Graciela Viñuales, directora del Centro Barro de Buenos Aires, muestra algunos aspectos llamativos y desconocidos de las técnicas constructivas tradicionales en tierra y el valioso patrimonio histórico de aquellos edificios existentes realizados con este material. En una amena e informal charla analizó esta forma de construir y su hábitat tan característico, al que injustamente se asocia con exclusividad con la pobreza y el mal de Chagas. Mientras tanto, en algunos estados norteamericanos, son símbolo de una nueva y sugerente “moda” arquitectónica, ajena a aquellos males.

En el libro del Génesis existe una mención sobre el origen del hombre en este mundo, en la cual se describe que Dios, en definitiva, había dado vida al ser humano con un soplo hecho a una figura por Él moldeada, una estatua que hizo con tierra del planeta que había creado antes.

Abstrayéndonos de las creencias religiosas, podemos apreciar en las palabras de estas Escrituras tan antiguas las condiciones de la tierra como un material de construcción y de creación plástica, tan cercano al hombre como a su propia naturaleza. A lo largo de los siglos hemos sido testigos de civilizaciones enteras que desarrollaron sus culturas y su proceso histórico en ámbitos elevados en adobe y tapia; algunas de ellas de verdadera trascendencia en la evolución de la humanidad.

AdobeEn el avance realizado en los últimos siglos, muy especialmente en estos últimos años, respecto de las tecnologías aplicadas a la arquitectura y a todo el ámbito de las construcciones, pareciera que el espacio dejado a las técnicas constructivas de tierra ha sido reducido a bolsones de pobreza y marginalidad existentes en los países del Tercer Mundo. Sin embargo la realidad parece ser otra y, además, sugiere la posibilidad de estar en presencia de un mundo que, en pos de un alarde de tecnología, desperdicia una gran cantidad de recursos, desconoce valores culturales preexistentes en distintas sociedades y genera un daño al medio ambiente y sus recursos en forma irreversible.

Es que la tierra, como magnífico elemento de construcción no tóxico y reciclable totalmente, es el mejor, y muchas veces el único, material que cuentan ciertos pueblos o grupos humanos para acceder a una vivienda. Habría que analizar cuantos recursos económicos podrían ahorrarse si los Estados prestaran debida atención a las formas tradicionales, lógicas y naturales con que se han movido los hombres a lo largo de los años para imponer su hábitat.

Como argumento contrario, surgen los conceptos de salubridad y seguridad, asociados directamente al mal de Chagas y a los sismos, respectivamente. Tal vez la experiencia realizada por algunos países y poblaciones sirva para entender que la arquitectura de tierra no es sinónima de pobreza y pandemias. Los motivos que parecen afectar gravemente a grupos humanos habría que buscarlos en temas como la falta de educación, de conocimientos y de pautas de conducta que preserven la higiene de los individuos.

TapiaA la hora de considerar la arquitectura basada en tierra debemos diferenciar tres tipologías: el adobe, la tapia y la torta. La tapia es un elemento constructivo formado por una masa de tierra monolítica y que se construye con una especie de encofrado deslizante. De esta manera, se va poniendo dos maderas paralelas entre las que se rellena con tierra bien compactada y apisonada, corriéndolas luego a otra posición para seguir con el muro.

El adobe consiste en bloques que se moldean en tierra, los cuales se dejan secar para brindarles dureza y consistencia. Podemos decir que son ladrillos de barro sin cocer y no ladrillos secados “al sol” pues se rajarían y se inutilizarían. Su método constructivo es análogo al realizado en la mampostería, siendo más o menos el mismo barro el aplicado como mezcla de asiento.

Finalmente, la torta es la que se utiliza para los techos. Pueden ser éstos tanto planos, como en algunas zonas de Santiago del Estero, en Argentina, donde prácticamente no llueve, o con pendientes como los utilizados en la provincia de Jujuy, en el mismo país, donde la lluvia es más significativa. Su construcción consiste en un entramado de madera o ramas como cubierta al que se le agregan dos emplastes de barro, uno al principio de mayor grosor y finalmente otro más delgado.

Aspectos tan significativos de este material, su fácil aplicabilidad y todas las connotaciones que afectan de índole económicas, sociales, ambientales y culturales, motivó que Sitio al margen se acercara a conversar con la arquitecta Graciela Viñuales, directora del Centro Barro de Buenos Aires, una institución que funciona dentro del ámbito del Cedodal, Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana. Conversamos con ella sobre la institución que dirige y conocimos aspectos de las investigaciones que lleva adelante respecto con esta tradicional forma de construir.

:: Charlando con la arquitecta Graciela Viñuales

Sitio al margen. – ¿Qué es el Centro Barro?

Graciela Viñuales.- Con ese nombre tan particular, que comenzó medio en broma, nos empezamos a identificar un grupo de personas que nos dedicábamos a la arquitectura de tierra, la realizada con tierra y particularmente con tierra cruda -como adobe, tapia o torta- metida en un entramado de madera, plantas u otros elementos. En mi caso, hacía tiempo que yo venía trabajando en el tema, incluso había escrito un libro sobre el asunto. Una vez, cuando me encontré con un amigo chileno, organizamos con él una especie de jornadas dentro de la Bienal del año 1989 de la ciudad de Santiago, en Chile. Cuando tuvimos que decidir el nombre de ese grupo de trabajo, surgió de repente el nombre genérico de “Centro Barro”. En verdad, mi amigo me pidió que asumiera para mí ese nombre que agrupaba a todo aquel equipo, quedando para otros lugares de América otras denominaciones que fueron surgiendo con otros centros semejantes a nivel Iberoamericano.

Inicialmente el Centro fue un ámbito de trabajo e investigación pero con el tiempo esto se orientó hacia algo más contundente, más bien como un centro de documentación.

CYTEDBásicamente, la bibliografía y documentación existente y mucho más que está en proceso de catalogación, apuntan a algunos temas específicos. Por un lado, la arquitectura de tierra o las derivaciones a otro tipo de arquitecturas tradicionales no hechas en tierra pero sí con materiales naturales como la caña, las ramas o los entretejidos. Por otro, todo aquello referido a los temas de conservación del patrimonio histórico arquitectónico. Y finalmente tenemos otros aspectos derivados del léxico de la arquitectura de tierra, su técnica y uso.

En el caso particular mío, yo ingresé a la arquitectura de tierra por la conservación; sin embargo en los grupos en que estoy trabajando, hay una gran cantidad de gente que están dedicados al uso actual en nuevos proyectos. Es decir, yo soy del grupo de los “patrimoniales”, por decirlo de alguna manera, y otros están entre los “proyectistas” en tierra. Sin embargo, tenemos muchas relaciones pues el conocimiento del funcionamiento de este tipo de arquitectura a lo largo de los años, permite a los proyectistas saber que cosas pueden hacer o no hacer en este campo.

SaM.- Usted ha hablado de otros centros en Iberoamérica. ¿Qué relación guarda con ellos?

G.V.- Hay muchos centros trabajando en esto. Y hay algunos grupos de centros o redes importantes de carácter internacional en las que participo; pero la que a mí más me interesa es la red que se denomina Habiterra. Esta es una red que une a los distintos centros que están en todos los países hispano – lusoamericanos, incluyendo Portugal y España. Esta red nació a partir del CYTED, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, a fines de la década de los 80 y principios del 90, aprovechando el acontecimiento de los 500 años del Descubrimiento, donde hubo mucho dinero en España para estos emprendimientos. Gracias a esto es que obtuvimos algunos fondos para reunirnos, intercambiar conocimientos, realizar cursos y colaborar en la publicación de libros.

El CYTED tenía una serie de subprogramas y uno de ellos, el 14, estaba dedicado a la arquitectura. También había otros dedicados a música, arte y todo lo que se le pueda ocurrir. En nuestro programa se armaron una serie de proyectos y redes; lo que hicimos fue una red de trabajo donde lo que se propiciaba era la posibilidad de contactar gente de otros países que estaban haciendo la misma investigación o tarea y que no se le prestaba la debida atención.

HabiterraEn lo personal, yo no he tenido mayores problemas pues la vida me ha llevado a conocer otros lugares, me comunico con mucha gente en diferentes lugares del mundo, con trabajos muy buenos e interesantes; pero en general no es lo que se hace, ni nuestras Universidad propician esos cambios. Más bien se cierran porque, en el fondo, hay miedo de confrontar; no sea que yo, que parezco tan inteligente, me despierte de golpe y descubro no serlo tanto.

Quizás cabría la reflexión que, cuando una entidad se cierra mucho, es porque hay algo malo o de inseguridad.

Esta red de trabajo propició ese intercambio. Así, algunos profesionales y Universidades salieron un poco a conocer el mundo, aprendieron cosas buenas e hicieron luego trabajos interesantes. Yo he conocido gente, por ejemplo de Bolivia, que no habían sacado sus trabajos de su entorno, al igual que gente de Guatemala, Ecuador, etcétera. Se ayudó mucho al intercambio de ideas y técnicas. Esto nos lleva a pensar que las redes parecen no servir porque no son acompañadas por ningún proyecto específico y obligatorio, pero terminamos sacando libros impulsados por la finalidad misma de la red: la de conocernos. Los proyectos surgieron naturalmente después, cuando la circunstancia lo exigía y no se podía ya dejar pasar por alto el momento. Aunque, realmente, no fue aprovechado por todos los miembros de la red…

Esta red Habiterra tenía una duración determinada de tres años pero nosotros logramos extenderla en seis, consiguiendo así incorporar más gente.

SaM.- ¿Realizaron, en ese marco, congresos o reuniones?

G.V.- Para nosotros, la red tenía una asamblea anual general. La primera, que fue la constitutiva, fue en abril de 1991 en Quito. Luego hicimos otras en España, Colombia, Bolivia y Cuba. Había intenciones de hacer una mas pero no se pudo porque empezaron a escasear los fondos. En todos los casos, a nosotros se nos pagaba el viaje y la estadía pero a cambio le ofertábamos a la ciudad que nos acogía un ciclo de conferencias que, en el caso de Quito, fueron como cursillos organizados por su Facultad de Arquitectura. Las siguientes, como en el caso de España, se armaban cursos en forma más específicos. En el caso de la realizada en La Paz, Bolivia, fue organizada como un curso internacional con becarios, con apoyo de la Universidad. Este trueque de conocimientos por viajes y estadías permitió la presencia de mucha gente, incluso especialistas no pertenecientes a la red pero muy prestigiosos.

SaM.- ¿Quién integra el Centro Barro específicamente?

G.V.- En un principio, realmente, era yo misma. Pero siempre he tenido gente que me acompañó y ayudó. Cuando se inició en la provincia del Chaco, dentro del marco de la Universidad del Noreste, era mas bien nominal. Los libros eran algunos de mi propiedad, por compra o canje, y los tenía en mi casa. La Universidad me dio la oportunidad de tener un lugar, el aporte de becarios o ayudantes y la terminación de algunos trabajos de investigación que teníamos comenzados, haciendo una primera clasificación del material, todavía con fichas de papel. Cuando me fui a Buenos Aires, todo eso se incorporó en el ámbito del Cedodal, Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana, donde tengo una persona específica que me ayuda a catalogar todo el material bibliográfico. Por supuesto, tengo otra gente especializada que llamo cuando necesito trabajar sobre un punto particular y requiero de su aporte, aunque no pertenecen al Centro Barro.

Centro BarroSaM.- Respecto al uso de estas tecnologías tradicionales y naturales en nuestro país y del continente americano en general ¿ha recibido la consulta o el interés de particulares y principalmente de autoridades gubernamentales?

G.V.- Permanentemente recibo preguntas generales y particulares sobre la materia. Desde hace tiempo, antes de haber existido el Centro Barro, era consultada por particulares interesados en la restauración de edificios. Además soy asesora de la Comisión Nacional de Monumentos y tengo participación en todo aquellos edificios de interés histórico realizados con esta tecnología tradicional. He recibido consultas de lugares realmente muy raros, por medios a veces insólitos, ya sea por teléfono, por escritos y por dibujos. Incluso, ante algunas de esas solicitudes no tengo otra alternativa que asistir al lugar para ver in situ el problema. En este momento, específicamente, estoy preparando material bibliográfico que me han pedido desde Honduras. En otros momentos, cuando yo he tenido que viajar, me he encontrado en circunstancias en que era invitada a ver edificios, como la oportunidad en que, estando de visita a España, visité algunas murallas en Sevilla o las de la Alhambra, en Granada. Un amigo me solicitó que observara la restauración realizada de una parte de la edificación.

SaM.- ¿Ha podido visitar o ver las ruinas históricas de Medina al-Zahra, próximas a la ciudad española de Córdoba, antigua residencia de los califas andalucíes?

G.V.- En Medina al-Zahra he estado hace treinta años cuando todavía no estaba trabajando del todo en este tema. Y tengo que recordar que en la zona de Andalucía hay mucho para visitar, al igual que en Castilla, donde he estado bastante porque el centro español de esta red que mencionaba antes, está en la provincia de Soria.

SaM.- Respecto al uso de estas tecnologías tradicionales y naturales en nuestro país y del continente americano en general ¿ha recibido la consulta o el interés de particulares y principalmente de autoridades gubernamentales?

G.V.- Permanentemente recibo preguntas generales y particulares sobre la materia. Desde hace tiempo, antes de haber existido el Centro Barro, era consultada por particulares interesados en la restauración de edificios. Además soy asesora de la Comisión Nacional de Monumentos y tengo participación en todo aquellos edificios de interés histórico realizados con esta tecnología tradicional. He recibido consultas de lugares realmente muy raros, por medios a veces insólitos, ya sea por teléfono, por escritos y por dibujos. Incluso, ante algunas de esas solicitudes no tengo otra alternativa que asistir al lugar para ver in situ el problema. En este momento, específicamente, estoy preparando material bibliográfico que me han pedido desde Honduras. En otros momentos, cuando yo he tenido que viajar, me he encontrado en circunstancias en que era invitada a ver edificios, como la oportunidad en que, estando de visita a España, visité algunas murallas en Sevilla o las de la Alhambra, en Granada. Un amigo me solicitó que observara la restauración realizada de una parte de la edificación.

Medina al-ZahraSaM.- ¿Ha podido visitar o ver las ruinas históricas de Medina al-Zahra, próximas a la ciudad española de Córdoba, antigua residencia de los califas andalucíes?

G.V.- En Medina al-Zahra he estado hace treinta años cuando todavía no estaba trabajando del todo en este tema. Y tengo que recordar que en la zona de Andalucía hay mucho para visitar, al igual que en Castilla, donde he estado bastante porque el centro español de esta red que mencionaba antes, está en la provincia de Soria.

SaM.- La biblioteca del Centro Barro ¿es de libre consulta o está dentro de un marco de reserva para especialistas y asociados?

G.V.- No, es de consulta para asociados o en su variante de particulares y organismos que contratan nuestros servicios externos que nosotros brindamos. En forma semejante al Cedodal que está dividido en zonas geográficas, el Centro Barro está dividido en índices temáticos para su consulta.

SAM.- ¿Qué respuestas tienen Ustedes del Estado argentino y de los otros iberoamericanos respecto de esta temática y a la hora de realizar tareas de preservación o iniciativas de barrios con el uso de esta tecnología?

G.V.- Es muy diverso y algunas de ellas muy buenas pero de muy escaso conocimiento y difusión. Aquí en la Argentina se armó otra red, de la cual yo formo parte, y se llama Protierra, dentro del ámbito de la Universidad Nacional de Tucumán, conducida por una persona llamada Rafael Mellace. Otro puntal en Argentina es el arquitecto Rodolfo Rotondaro, que es una persona que vivía en Jujuy y es miembro del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones, Ciencia y Tecnología). Todos ellos, junto a otros, están trabajando en diversos lados y temas, como el área de los monumentos históricos, casas existentes no monumentales como en la zona patagónica de Chubut y que la gente no tiene la menor idea que esto está pasando. Hay proyectos en las provincias de Jujuy, Salta y algunos intentos en Tucumán, realizados por organismos de vivienda provinciales que están realizados en tierra. En Tilcara hay barrios, escuelas y centros sanitarios enteros realizados con esta tecnología tradicional, en adobe normalmente. Por supuesto, el Fonavi (Fondo Nacional de la Vivienda), no quiere saber nada porque este organismo nacional está “enganchado” con las grandes empresas, en tanto que la otra tecnología que se hace con la gente del lugar, no interesa mucho…

SaM.- Me imagino que la incidencia de los costos en el uso de esta tecnología debe ser clave a la hora de decidir su uso…

G.V.- Mire, si realmente empieza a sumar lo que se gasta en materiales para la construcción de una casa, descubrirá que la mayor incidencia se encuentra en los rubros de las instalaciones y otros rubros que no son específicamente los que tienen que ver con el uso de la tierra. Es cierto, es mas barato el uso de la tierra, pero no significativamente. Pero hay otros temas que no se atiende ni se valora y es la incidencia del mantenimiento. Si uno puede realizar una casa con un material que se recoge del borde de la calle, uno puede hacer las reparaciones a lo largo del tiempo, sin necesidad de ir a comprar absolutamente nada. Y además, la tierra es un material totalmente reciclable. En trabajos de restauración que hice en el Cusco, en Perú, cuando empecé en esto, realizábamos la reconstrucción con la misma tierra desarmada que teníamos en los patios de los edificios y con eso hacíamos nuevamente los adobes. Sólo teníamos que ir a buscar mas paja, madera y agua, por supuesto…

SaM.- Uno lo compara con otras tecnologías, con el desperdicio y polución que generan y se pregunta si realmente el uso de esos materiales es realmente idóneo.

G.V.- Es así, como dice. Por ejemplo, si uno tiene que derrumbar un muro realizado en ladrillo, a lo sumo podrás utilizar eso para hacer un contrapiso, pero no mucho más. En el caso de las reparaciones, la gente tiene el material allí mismo, a la puerta de su casa, en el entorno. Y es algo que muchas veces no se piensa.

Hay que agregar a esto otros aspectos. La calidad de las cosas hechas en tierra, más las de tapia que las de adobe -aunque en Argentina la tapia no es muy usada; lo fue hace mucho…- tiene condiciones de aislamiento térmico y acústico que no lo tiene una pared hecha en ladrillos. La posibilidad de calentar o refrescar la vivienda en las distintas estaciones del año, dan como resultado menores costos de energía para su habitabilidad. Incluso, si se tiene una inteligente disposición y elementos de apertura y cierre de aventanamientos, se puede tener la casa con una temperatura agradable sin tener que recurrir al uso de acondicionadores. En definitiva, no hay una economía notable a la hora de hacer sino a la hora de reparar, de reacondicionar o mantener.

Tenemos que considerar todo aquello que tiene ver con la conservación ambiental pues no existen posibilidades de intoxicaciones como sucede con el uso de pegamentos y mezclas tóxicas…

SaM.- Es verdad. Me estoy acordando de los caños y las cubiertas de fibrocemento, cuyas propiedades cancerígenas por el asbesto fueron descubiertas tarde…

G.V.- Así es. Por otro lado, como las cosas son del propio lugar, el gasto de flete es nulo y, por supuesto, no hay necesidad de contaminar con el uso de los motores para el acarreo de materiales… Y así hay montones de puntos que uno termina destacando en beneficio del uso de estas tecnologías. He confeccionado listas con las bondades económicas, ecológicas y de salubridad que le brindan muchas ventajas. Por ejemplo, hay un punto que en Argentina no lo vemos tanto porque comparativamente tiene buenos caminos y es el hecho que zonas habitadas que se encuentran a cien o doscientos kilómetros de las fábricas de cemento, hace elevar el costo de la bolsa al doble de su valor. Esto se daba por la incidencia de los costos de acarreo en caminos de muy difícil acceso.

Como ejemplo, un pueblo o caserío que visité en La Rioja, en Argentina, a setenta kilómetros de la ciudad capital de la provincia, a la que podía llegar por camino de tierra. Allí, la Dirección de Escuelas había construido el edificio escolar y la casa del director usando ladrillos, cal y cemento. Esto fue realizado por el año 1982, aproximadamente. ¿Qué pasó? Cuando visité los edificios en el año 1986, ya tenía las paredes medio rajadas. ¿Y qué había hecho la gente? Había tomado barro y con eso taparon las rajaduras. Les advertí como habían hecho eso, si el edificio estaba levantado con aquellos otros materiales citados. La respuesta fue contundente: “Señora, yo no me puedo ir a la ciudad de La Rioja, a 70 kilómetros, a comprar 40 kilos de cemento con lo que me cuesta viajar. Y tampoco puedo ir a esa ciudad a comprar dos cucharas de cal…” En definitiva, que sentido tenía el poner estos edificios construidos con esos materiales cuando no tengo fácil acceso a su reposición o refacción.

SaM.- Pereciera que en algunos aspectos de la obra pública estamos en presencia de una arquitectura fuera de contexto, ajena a la economía y a los valores sociales y culturales de la población.

G.V.- Si, y de lo que la gente sabe hacer. Además, y como agravante, ese día había un sol muy fuerte y no se podía estar dentro de la escuela porque uno quedaba literalmente asado. Y como contrasentido, en la casa de la gente, se estaba muy bien…

Centro BarroSaM.- Esta arquitectura vernácula de Iberoamérica ¿cuánto tiene de tradición indígena y cuánto tiene de la arquitectura colonial española?

G.V.- Hay una mezcla de todo. Si partimos de la idea que, si miramos un mapa del mundo, te encontrarás con diversas y distantes culturas que utilizaron el barro como material de construcción. Hubo una reunión en China en el año 1985 y era asombrosa la arquitectura de tierra que se estaba haciendo en ese país y en el sudeste asiático… Evidentemente, la tierra ha sido usada en todos lados y es por eso que al observar algunas cosas realizadas por los indígenas peruanos, que es algo que lo conozco bastante bien, es igual a lo que se hacía en España o en el África. Hay tres o cuatro temas básicos que, más o menos, se repiten en todos lados. Quizás lo que más varía es el sistema de los entramados, en donde la tierra es el relleno de un entramado ya hecho con elementos como cañas, troncos, madera bien cortada, ramas o lianas. Esto está dado por los materiales que los habitantes encuentran en su hábitat a la hora de construir.

SaM.- ¿Cómo consiguen hacer un efectivo aislamiento hidrófugo de la vivienda?

G.V.- Una de las cosas que tiene este tipo de arquitectura y a la que nosotros no estamos acostumbrados, es su constante mantenimiento. Hay una o dos veces en el año que hay que realizar un repaso general de la construcción, aunque en algunos lugares se dan situaciones muy particulares, como en algunas regiones de México. Allí, cuando las mujeres lavan el maíz para hacer su comida, separan el agua algo pegajosa producto de esa limpieza, y lo van echando a las paredes de la casa, por afuera, dando cierta impermeabilidad al muro, aparte de realizar dibujos que dan cierto pintoresquismo.

En los casos de los techos de torta, el mencionado arquitecto Rotondaro ha realizado un estudio de optimización aplicando ciertos materiales plásticos entre el primer y segundo emplaste, mejorando notablemente los niveles de aislamiento y separando los tiempos de mantenimiento.

SaM.- ¿Cuáles pueden ser mayormente los motivos de rechazo al uso de esta tecnología?

G.V.- Dos temas, básicamente. Uno, los sismos, a los que muchos afirman la falta de resistencia de estas construcciones a estos movimientos de la tierra. No creo que ese sea argumento: si las cosas están bien hechas, no tienen porque caerse. He visto construcciones de este tipo en Cusco, en el Perú, en zonas sísmicas y estaban sólidamente levantadas. En el terremoto de México, en 1985, muchas casas en tierra se desplomaron porque se les cayeron encima edificaciones de altura realizadas en hormigón.

Y el otro tema es la supuesta asociación que se hace de las viviendas hechas en tierra con el mal de Chagas, una especie de identificación de Adobe = Chagas. Fui invitada a reuniones para hablar de este tema, junto a miembros de la Comisión Nacional del mal de Chagas y en este punto hay que considerar dos cosas: uno, la vinchuca se esconde en los lugares donde no se limpia, así sea de plástico, de cemento o de barro. La otra cuestión, es la propiedad que tiene la tierra de rajarse o agrietarse, especialmente en los lugares de encuentros de dos muros o estos con los techos, espacios ideales donde se esconde el insecto. Si eso no se limpia o se tapa, se alojará allí la vinchuca seguramente. El tema es que casi siempre ha coincidido que la vivienda sucia es la vivienda de adobe, una identificación de vivienda pobre con vivienda sucia.

En este aspecto, uno de mis hijos que vive en el interior de Chile y está casado con una médica, han hecho allí un trabajo sobre este tema, de la relación que había entre la vivienda y la infección de Chagas. Y resultó que encontraron el mal en familias con viviendas tanto de tierra como en madera e incluso en ladrillos. El tema siempre tenía que ver con los niveles de higiene y conservación de las casas que habitaban esas familias.

Centro BarroSaM.- ¿Cómo es la situación actual respecto del uso de la tierra en otros ámbitos distintos de la vivienda económica o modesta?

G.V.- Hay una cantidad de construcciones que la gente no tiene idea y que están construidas en tierra, incluso en medio de nuestra ciudad de Buenos Aires, como una parte de la tradicional iglesia de Montserrat, en un sector de la sacristía. En Córdoba también, en Santa Fe, cantidades de tapia, en Salta, en Tucumán. Claro, la gente lo ve bien hecho, bien pintadito y no pueden ni imaginarse que están hechas en tierra.

Incluso en los Estados Unidos, en estados como Tejas, Arizona, California y Nuevo México, parece que hacerse casa de adobe es la última moda, con una calidad y confortabilidad envidiables…

:: Bibliografía consultada y material fotográfico

  • “Arquitecturas de tierra en Iberoamérica”.
    Arqta. Graciela Viñuales (Compiladora)
    Celia M. Martins Neves, Mario O. Flores, L. Silvio Rios.
    Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo.
    Habiterra – Impresiones Sudamérica – Buenos Aires – Diciembre 1994
  • “Recomendaciones para la elaboración de normas técnicas de edificación de adobe, tapial, ladrillo y bloques suelo-cemento.”
    CYTED – Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo.
    Habiterra – Ediciones Gráficas E.G. – La Paz (Bolivia) – Agosto 1995 (primera edición)
  • “Behind adobe walls”
    The hidden homes and Gardens of Santa Fe and Taos.
    Landt Dennis. Fotografías Lisl Dennis.
    Editorial Chronicle Books – San Francisco (EEUU) – 1997
  • “Restauración de arquitecturas de tierra”.
    Viñuales, Graciela María.
    San Miguel de Tucumán, Instituto Argentino de Investigaciones de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo, 1981.
  • “Centro Barro”
    Dirección postal: Casilla de Correos 120 – Sucursal 48 (B)
    (1448) Buenos Aires – Argentina.

:: Links de Interés

Cedodal
Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana
http://www.cedodal.com/ 

:: Agradecimiento

Esta nota ha sido posible gracias a la arquitecta Dora Castañé, del equipo del Cedodal, quien gentilmente ha gestionado la entrevista y ha digitalizado las imágenes para Sitio al margen.

This entry was posted in Arquitectura y Patrimonio, Entrevistas. Bookmark the permalink.

Comments are closed.