La Fundación CEDODAL (Centro de Documentación de Arquitectura Latinomaricana), como en años pasados y con la misma emoción de su director Ramón Gutierrez, ha presentado una exposición y un libro sobre la vida y obra de un arquitecto que desarrolló sus actividades en el pasado argentino. En esta oportunidad tocó en suerte al húngaro Andrés Kálnay, destacado profesional que marcó una época en la evolución y el tránsito al modernismo de nuestro país. Entre sus obras más emblemáticas podemos recordar la célebre cervecería Munich, el diario Crítica y muchas viviendas que lamentablemente se han perdido mayormente en el tiempo del olvido y la desidia.
Es imposible mirar con cierta sorpresa aquella Argentina de las primeras décadas del siglo XX, muy especialmente en los tiempos de pobreza intelectual, dirigencial y económica que vive. Aquel pais era destino casi obligado de todo soñador europeo sobreviviente de guerras y convulsiones sociales, con una pujanza a todo nivel que parece increible hoy día, con fuertes movimientos sociales que intentaban tomar las banderas de justicia e igualdad, además de una clase política con ínfulas de grandeza. Una nación que implementaba en forma meteórica casi toda la infraestructura urbana que conocemos hoy, los inicios de los procesos naturales de industrialización e de inversiones locales y extranjeras. Todos ejemplos de confianza y fe en el futuro…
Poco queda de todo aquello. Tal vez como un símbolo de una resistencia a perder aquellos sueños, el CEDODAL (Centro de Documentación de Arquitectura Latinomaricana), ha vuelto este año a realizar un trabajo de reconstrucción de nuestro patrimonio artístico y arquitectónico al ser dedicado a la memoria del arquitecto húngaro Andrés Kálnay. Sus creaciones en diversos campos de las artes, la arquitectura y el diseño han sido recopiladas en un libro que se presentó el pasado 24 de junio del 2002, merced a los esfuerzos de sus descendientes.
Es de destacar también la exposición inaugurada ese mismo día en los salones del Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Sarmiento 362, en la ciudad de Buenos Aires, y que se extenderá hasta el 19 de julio próximo.
No podemos pasar por alto la calidad de todo el material expuesto, seleccionado por la experiencia y el fervor del director del Centro, el arquitecto Ramón Gutierrez, y de su equipo de profesionales quienes, como en años anteriores, han tenido la amabilidad de invitarnos a la presentación.
La muestra incluye trabajos originales de Kálnay, donde podemos encontrar la evolución del pensamiento y la postura del arquitecto en distintas etapas de su vida, siempre a través de sus perspectivas, croquis, apuntes, documentaciones técnicas, borradores para el diseño de vitrales, fotografías, cuadros y noticias periodísiticas de la época. Todo este material ha sido también incluido en la publicación mencionada y que el CEDODAL tiene a la venta.
:: Andrés Kálnay en su inicios
Andrés Kálnay nació el 4 de abril de 1893, en Jasenovác (Croacia), territorio que por aquellos tiempos estaba comprendido en el imperio austo-húngaro. Si bien su familia no era originario de esta región, su nacimiento como croata se debió al trabajo de ferroviario que tenía su padre, José Kálnay, quien debía realizar frecuentes traslados. A los siete años, el pequeño Andrés perdía a su madre, situación por la cual su familia resolvió enviarlo a vivir con su tia en Zagreb. Perdía así un año escolar además de tener que vivir en una zona conflictiva por sus orígenes húngaros. Al tiempo su padre tomó la decisión de llevar a Andrés, además de su hermano Jorge que lo acompañaría luego en Buenos Aires, a un colegio pupilo en Kaposvár (Hungría), de donde se conocen sus buenas condiciones de alumno, destacado en matemáticas y religión. Empezaba a dominar no solo su idioma húngaro sino también alemán, francés, latín y castellano; asistiendo al segundo ciclo en la ciudad de Csurgó donde sumó también buenas condiciones en materias como dibujo a mano alzada e historia.
Con solo catorce años tomaba contacto con la arquitectura al iniciar su preparatoria para el ingreso a la “Escuela Superior Real Estatal Húngara de Arquitectura de Budapest” y que culminará en 1911. A esta educación formal se sumaría el ejercicio de diversos oficios a los que lo incitó su padre durante los veranos: a los doce empezaba en un taller de carpintería y en 1907 pasó dos años como aprendiz de albañil.
Se supone que hacia 1909 se trasladaría con su familia a Budapest donde trabajaría en una empresa y al año siguiente iniciaría sus actividades en el estudio del arquitecto Pollák Manó, iniciando así sus prácticas en la construcción. Pasaría también por los estudios de los constructores Fritz Oszkár, Orth Ambrus, Somló Emil, el Dr. Arq. Hültl Dezsö, los ingenieros Bleuer Ödön y la constructora Sugár y Sajó, entre otros. En todos los casos se destacó en tareas de dibujante técnico, aunque también consta de sus estudios de arquitectura e incluso en la empresa Sugár y Sajó se llegó a certificar sus actividades de conducción de oficinas y dirección de obra. Debe considerarse que muchos de sus empleadores y profesores eran profesionales que tenían prestigio en la docencia, la construcción de importantes monumentos e iglesias, esculturas, temas decorativos, joyas, sellos, carteles, libros, portadas de ediciones y otros. Esta variedad daría al jóven Andrés un dominio en diversos aspectos del diseño donde mostraría siempre gran habilidad.
:: La Gran Guerra y la partida
El año 1914 significaría el fin de la paz en Europa, la consiguiente desintegración del Imperio Austro-Húngaro y una dolorosa circunstancia en la cual la vida de Andrés Kálnay y la de su hermano cambiaría dramáticamente, dejando atrás sus épocas de diversión, estudios, tertulias, además del cierre del estudio.
Incorporado al 7° de Artillería y destacado en el Tirol al inicio de la Gran Guerra, Andrés realizó algunos estudios en la Escuela de Artillería y Fortificaciones de Komarom, donde se especializó en estas temáticas. Entrada su patria en el conflicto, fue destinado con su unidad a Transilvania donde se destacó al abortar un intento de asalto de la infantería rumana, por lo cual fue colmado de condecoraciones. Peleó también en los frentes de Galizia, Rumania y en el frente italiano en los Alpes Dolomitas durante cuatro años de conflagración. En todos los casos se destacó por su capacidad y destreza, continuando con las condecoraciones hasta la Medalla de Bronce. Disuelto su regimiento e incorporado al 11 de Artillería, peleó en el frente italiano donde sufrió heridas leves.
Fue en esos momentos de vida y muerte donde Kálnay realizó algunos dibujos que se conservan en el Museo de Guerra de Viena, donde representaba posiciones y tomaba apuntes o impresiones, siempre con la tinta china y el pastel que llevaba permanentemente encima. Justamente la ciudad de Viena sería durante sus licencias una fuente de inspiración para sus investigaciones y estudios, a través de sus monumentos y obras de arte.
Finalizado el conflicto en 1918, con su patria reducida, perseguida por el hambre y la derrota, Kálnay participó abiertamente en la “Revolución de los Crisantemos”, situación que separó definitivamente a Hungría de Austria. Por ese entonces abría nuevamente su estudio de arquitectura, realizando algunos encargos solo o con su hermano Jorge. De este período se destacó un proyecto de 48 viviendas para damnificados por la guerra, las cuales se levantaban en muy corto tiempo. En 1919 Andrés obtuvo la patente habilitante para ejecutar y dirigir sus propias obras, certificado que le extendió la Facultad de Budapest. Fue además nombrado secretario de la Sociedad de Arquitectos por lo cual escribió varios artículos para la revista institucional.
La dictadura y el terror del bolchevique Bela Kun provocaron una temporal partida de los hermanos Kálnay pero al regreso a Budapest tomaron la decisión de emigrar debido a las complicaciones económicas y financieras existentes. Luego de haber estado en Venecia y habiendo cruzado la Lombardía a pie, Andrés y Julio llegaron a Nápoles donde embarcaron de polizones a bordo de un buque de bandera húngara con rumbo a los Estados Unidos, aunque el azar quiso que en alta mar el barco virara hacia el sur de América. Llegaron al puerto de San Nicolás y finalmente en tren a la estación Retiro de Buenos Aires el 15 de marzo de 1920. Empezaba así una nueva vida en una nación floreciente y con futuro llamada República Argentina…
:: Los hermanos Kálnay en Argentina
No fueron fáciles los primeros años en Buenos Aires, donde iniciaron sus trabajos como dibujantes de distintos estudios de arquitectura como Peralta Martínez y Denis o Marcos Sastre. Fue Andrés el autor de la perspectiva del Teatro Cervantes de los arquitectos Aranda y Repetto, así como algunas casas pintoresquistas para el estudio de Lorenzo Siegerist.
También lo fue de la sucursal del Banco de la Nación de Villa Urquiza, edificio diseñado por el arquitecto belga Julio Dormal. Se conoce además alguna relación laboral con Isaac Fernández Blanco quien había donado poco antes su colección de arte a la ciudad para la formación de un museo.
Hacia julio de 1921 logró hacer realidad su constante búsqueda por el ejercicio independiente de la profesión, abriendo su estudio bajo el rótulo “Andrés Kálnay – Jorge Kálnay, Arquitectos”. Es llamativo que el contrato fuera hecho entre ambos con un plazo determinado que sería ratificado por dos años más, lo cual indicaba la voluntad de seguir caminos separados. Ese primer año realizaron su primer trabajo: el restaurant Munich en la actual esquina de las calles Juan D. Perón y la Avenida Pueyrredón, obra que actualmente está totalmente modificada. Recibieron también encargos de una cantidad importante de viviendas como la solicitada en 1922 a José G. Paz y esposa en la calle Río de Janeiro. De líneas académicas, contaba con un fuerte cornisamiento y un criterio de austeridad en su composición, además de un diseño propio de los vitrales de la escalera.

Entre 1922 y 1923 construyeron otra vivienda para Juan Félix Tojeiro en la calle Paraguay 5074, quien exigió en sus condiciones la terminación en seis meses. Es en este proyecto donde se pueden ver las primeras líneas que marcarían formalmente las fachadas de Kálnay, realizadas con gran movimiento y rematadas con pérgolas y balcones de gran fuerza expresiva. En 1923 realizaron un edificio en la calle Charcas, casi esquina Gallo, con entrada por la ochava y cuyo frente fue considerado como “moderno” y cuya decoración y “líneas arquitectónicas eran sencillas y elegantes”. La azotea era rematada con las pérgolas que pasarían a ser en adelante una marca de Andrés Kálnay.
Un chalet para Otto Höfs en la esquina de Cuba y Guayrá exhibe otras corrientes expresivas utilizadas por él como el pintoresquismo arquitectónico, donde aplicaría una composición asimétrica y algunas concesiones historicistas referidas a la arquitectura regional europea, variedad de cubiertas a varias aguas y un balcón con reminisencias “liberty”. Otras viviendas encargadas muestran su tránsito al “decó” con la utilización de elementos ornamentales en fachadas como pilastras de fuste geométrico o detalles en balaustres o viseras de ventanas. En ese mismo tiempo realizó un pabellón de maternidad anexo al Hospital de Caridad donde se colocó adornos artísticos o esculturas en el frente principal.
Es interesante un proyecto que quedaría en los papeles y donde fueron asociados con el arquitecto Hirsch para la Fábrica de Pinturas y Barnices, empresa que daría lugar posteriormente a la conocida firma Alba. Este edificio estaría ubicado en la Avenida Maipú en Olivos y allí se evidenciaba una tendencia clara hacia el racionalismo con una estructura marcada y con pilastras realizadas con elementos virtuales que solo reforzaban la comprensión del sistema constructivo. Los grandes ventanales solo evidenciaban el carácter funcional del edificio.
Hacia 1925 diseñó lo que sería hasta ese momento su encargo más importante: el Cine Teatro Florida. Esta obra marcaría su plena identificación con el “art déco”: ventanas con fuertes improntas geométricas, acentuadas por pilastras monumentales rematadas en cornisas con elementos semejantes a ladrillos a sardinel, utilización de una geometría marcada en el diseño de casetonados en la cubierta coincidente con los pisos de mármoles blancos y negros, la sala con palcos semicilíndricos y una amplia boca de escena festonada con ornamentaciones estilizadas en su parte superior. Todo esto se verá claramente potenciado en otra obra realizada posteriormente por Andrés en el Cine Suipacha.

Otra obra emblemática serían las oficinas del célebre diario “Crítica”. Considerado una respuesta “moderna” al referente clasicista del diario “La Prensa”, esta obra representó otro ejemplo de su tránsito del “art déco” al racionalismo. Allí se expresa la voluntad de separarse de todo elemento que remita a las lecturas clásicas y que exprese las nuevas tendencias modernas del arte. Este edificio sería considerado erróneamente exclusivo de Jorge pues ese mismo año Andrés viajaría a Europa; sin embargo en la Exposición de Budapest de 1930 se presentó el proyecto a nombre de Andrés sin su objeción, lo cual demuestra la injerencia directa en el diseño. Destaca en su fachada de simetría axial y basamento el balcón central con gran ventanal, flanqueado por robustas estatuas y que marcarían el indudable sitial del protagonista de aquella aventura periodística: Natalio Botana. La decoración del hall del Directorio remite a inspiraciones precolombinas incaicas y aztecas que se adaptan a la impronta moderna del edificio. El piso estaba decorado con figuras simbólicas del Calendario azteca y otros a la Puerta del Sol de Tiahuanaco y cuya orientación estaba dada según el Zodíaco. Toda esta iconografía no dejarían de integrarse a las corrientes del pensamiento nacional, además de asociarse a la imagen de un diario que Botana intentaba acercar al pueblo, tal como el mismo afirmaba al decir que “fuimos los maestros de las primeras letras de todas las barriadas humildes de Buenos Aires, el primer diario de muchos adultos que aprendieron a leer en esta cartilla que sabía decir las cosas con gracia”. Esto tal vez se contradecía con el concepto de “Palacio” que tenía el común de la gente de este edificio. Efectivamente, la sede de Crítica contaba con un sofisticado comedor, salón de peluquería, novedosa sala de teletipos, sala de armas donde Botana y sus redactores “dirimian” su estilo periodístico. La terminación del edificio era realmente suntuaria, con la aplicación de mármoles variados, un diseño lumínico esmerado, al igual que en sus carpinterías y equipamiento. Este edificio dejó de ser las oficinas del periódico con su clausura para ser sede de una dependencia de la Policía…

:: La Cervecería Munich y la Costanera Sur.
Hacia 1916, el intendente Joaquín Llambías inició la reconstrucción de la nueva costanera sur, corrida un kilómetro dentro del Río de la Plata luego de la construcción del complejo de Puerto Madero. El proyecto incluía una Avenida Costanera y un Balneario Municipal acompañados de una serie de parques forestados. El sector se construyó en dos tramos, primero entre las prolongaciones de las Avenidas Belgrano y Brasil, inaugurados con la presencia del presidente Yrigoyen, y una segunda parte hasta la calle Viamonte, conformando una alameda. A todo este sector de esparcimiento urbano se necesitó dotarlo de equipamiento acorde a las funciones y actividades, siendo justamente Andrés Kálnay el responsable de esta tarea. Sus trabajos en este clásico sector de la ciudad incluyó edificios como los restaurantes Brisas del Plata y Don Juan de Garay, los quioscos La Alameda y Punch de Naranja, el llamado Chalet de la Cruz Roja Argentina y, seguramente, la obra mas importante de todo este complejo: la Cervecería Munich de la Sucursal Costanera.

Símbolo de una Argentina irrepetible, la Cervecería Munich pasó a ser el centro de reunión de los personajes mas elegantes y sofisticados de la época tal como Hipólito Yrigoyen, Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, Alfonsina Storni, Belisario Roldán, Carlos Gardel, entre muchos otros. Con una silueta inconfundible y levemente piramidal, su perfil debía verse en todo su alrededor, dando vital importancia a las áreas abiertas conformadas por terrazas donde se instalarían las mesas de los asistentes. Rodeando el cuerpo central de la cervecería aparecían galerías perimetrales que separaban el exterior del gran hall central donde una escalera helicoidal remataba en un templete y cuyo perfil destacaba en la fachada principal. Otras escaleras secundarias comunicaban con las terrazas exteriores ubicadas en la planta alta. En ambos niveles se repetían los servicios, el bar y cocinas, brindando mayor eficacia para la atención del público. Como alarde de tecnología y confort, contaba con un sótano con instalaciones frigoríficas que fueron consideradas las más grandes de aquel momento.
Teniendo en cuenta que su ubicación eran terrenos ganados al Río de la Plata rellenados con tierra proveniente de la excavación del subterráneo de la Avenida Corrientes, todo el edificio se montó sobre una gran batea de hormigón armado con casetones de vigas invertidas. Los cerramientos incluidos fueron elevados con mampostería tradicional racionalizada, recubriendolos con placas premoldeadas. Parte de la fachada conformada por pilastras, barandas, maceteros, balaustres, fueron resueltos con premoldeados de cemento, con color incluído en su construcción. Los vitrales y otros elementos decorativos, diseñados en su casi totalidad por el propio Andrés Kálnay, incluía motivos típicos bávaros, siempre utilizando como tema el producto más importante de la región y del local: la cerveza.
Tal vez lo más llamativo de su momento fue la rapidez y la eficacia en la resolución de todos los detalles para el escaso tiempo disponible: la obra se terminó en solo cuatro meses y 8 días, sin máquinas de construcción, incluyendo los muebles y todas sus instalaciones, en palabras del mismo Kálnay. Ejemplo de racionalización constructiva y muestra de la capacidad de su creador para su ejecución, recibió en sus momentos los mejores comentarios y críticas. Su análisis lleva a plantearse su posición frente al “art déco” y el supuesto “modernismo” que decía reflejar, siendo el mismo Kálnay quien refiere una posición propia frente a posturas historicistas repetitivas o a posiciones absolutamente negadas de ornamento, despojado y reflejo de forma según la función. Esta última expresión del Modernismo estaba apenas a la vuelta de la esquina y cuajaría en la década del ´30…
El trascurso del tiempo y el devenir de los usos y costumbres de la ciudad, llevó a este sector a su caída y la desaparición de la clásica costanera, reemplazada por una reserva ecológica que avanzó nuevamente sobre el invadido Río de la Plata. Sometida la antigua Cervería Munich a un proceso de cierre y degradación, casi a punto de su demolición, el gobierno de la ciudad decidió la entrega en concesión a la ex empresa pública de Telecomunicaciones ENTEL para la instalación en su interior de un Museo que debía refaccionar y mantener. A tal fin fue llamado el mismo Andrés Kálnay, su hijo Esteban -también arquitecto- y otros profesionales para su rehabilitación, lo cual llevó a realizar importantes modificaciones que provocarían el beneplácito de quienes observaban la oportunidad de recuperar el edificio y la crítica de aquellos que, tal vez, pretendían volver a los tiempos pasados e irrepetibles…

:: Arte, creatividad y diseño
No era un novedad las incursiones de Andrés Kálnay en el mundo de la pintura, ya expresado en sus trabajos realizados en el mismo frente de combate, seguido de algunas obras que reflejaban paisajes urbanos, tal como un óleo del puente que une las ciudades de Buda y Pest. Desarrollando sus actividades en la Argentina participó en una exposición de artistas alemanes y austríacos, organizada por el merchante Federico Müller, destacado hombre del arte en la década del 20, además de cultivar la amistad de importantes artistas como Fader, Pelotti, Quinquela, entre otros.
Algunas de sus obras más destacadas fueron paisajes costumbristas urbanos, centrando su creación en los acontecimientos de la Plaza de Mayo. Tal vez su obra no fue considerada desde el punto de vista del interés público debido al auge de imágenes provenientes del mundo rural de las “pampas”, verdederos símbolos de los modelos nacionalistas que surgían por entónces y buscaban líneas del “arte nacional”.
Es de destacar también la postura de Kálnay a la hora de integrar la arquitectura con las artes decorativas. Sus diseños de vitrales incluidos en diversas obras, tanto en viviendas particulares como en edificios de mayor envergadura, evidencian un interés por temáticas variadas como imágenes costumbristas europeas o modelos precolombinos como los aplicados en el mencionado edificio del diario Crítica. Incursionó también por el diseño de carteles y afiches, así como en el campo de la arquitectura efímera de stands, vidrieras y exposiciones.
No menos sorprendente es su incursión en el diseño de muebles, equipamiento y sistemas constructivos modulares. La permanente búsqueda de soluciones prácticas y su afán de solucionar temas tan dispares como la vivienda mínima hasta simplificación de estructuras de hormigón, pueden encontrarse en sus cuadernos de apuntes. Se analizaban allí costos, optimización en la fabricación, comparaciones y rediseños para su posible implementación. Durante años trabajó en un sistema constructivo que denominó “Sistema Kálnay” o simplemente “su sistema”, donde los tiempos para la construcción de una vivienda económica se reducían a tiempos verdaderamente asombrosos, incluyendo todos los elementos decorativos como lámparas, cortinas, etc.

:: Hacia el racionalismo y los grandes proyectos frustrados
Ya entrada la década del ´30, Kálnay evolucionaría hacia posturas cada vez más racionalistas, tal como se estaba poniendo en boga por aquellos tiempos. Debemos considerar que al comienzo de esa misma década el arquitecto Alejandro Bustillo realizaba la emblemática casa de Victoria Ocampo, verdadero símbolo de la presencia definitiva del racionalismo en Argentina.
De esta época son diversos edificios que no pudieron plasmarse en la realidad y quedaron solo en los planos aunque en todos ellos pueden verse una vocación por la innovación y la utilización de diversas técnicas expresivas. Es de destacar un proyecto en la esquina de la Avenida Callao y el pasaje Rauch, frente al Colegio del Salvador. Este edificio tenía por destino en su planta baja un local de venta de automóviles, resuelto con un cilindro en la esquina que es enfatizado por bandas ondeantes horizontales y un sistema de fenestraciones de aspecto continuo. Otra cualidad de este proyecto es su misma presentación, realizado con un fotomontaje de la perspectiva.
Participa también en otros concursos como el del edificio Comega o los múltiples proyectos realizados para la Bolsa de Cereales, donde aplica criterios claros respecto de su postura cada vez más cercana al racionalismo. En el caso del primero, el llamado a concurso se realizó en 1930 para la Compañía Mercantil y Ganadera S.A., en el predio ubicado en la esquina de la Avenida Leandro N. Alem y la aún angosta calle Corrientes. La propuesta de Kálnay cumple acabadamente con todas las condiciones del Concurso así como la reglamentación del Código de Planeamiento, realizando además un aprovechamiento eficiente de los recursos de aire y asoleamiento.
En correspondencia mantenida con el Sr. Alfredo Hirsch de Bunge y Born, dado que su estudio actuaba a modo de oficina técnica de aquella firma, realizaba la comparación de su proyecto y el ganador de los arquitectos Joselevich y Douillet. Demuestra allí el mayor índice de aprovechamiento de la superficie útil y mejor utilización de la luz natural en sus interiores, además de referir en su oponente el hecho de no respetar algunas consignas previstas en el Código. Remataba su informe con su juicio contundente, “siendo el proyecto por mi presentado y en aspectos rentable, insuperables”. Esta actitud contrasta con la adoptada tiempo después cuando a pocos metros solicitaría excepciones similares para una obra suya…
En el caso de la Bolsa de Cereales sus propuestas se plantearon en suscesivos proyectos presentados en 1929, 1931, 1932 y finalmente en 1933. No se ha sabido las razones por la cual no cuajó la propuesta de Kálnay, las cuales fueron mayormente siguiendo los preceptos de un racionalismo funcional. Problemas planteados con la crisis del ´30, restricciones planteadas por algunos de los miembros del Directorio, proponiendo abiertamente un “cambio de estilo” del frente por el “estilo francés”. La obra finalmente no fue hecha por el húngaro, quedando en su archivo las documentaciones de los proyectos y un recorte de un accidente ocurrido en la última etapa de la obra por otro colega en cuestión.
Quedó también trunco un gran proyecto para la construcción de un casino de proporciones en la ciudad balnearia de Mar del Plata, en el predio ubicado entre las calles Luro, Entre Ríos, San Martín y Corrientes. La propuesta incluía la ejecución de amplios espacios destinadas a las mesas de juegos, limitadas por grandes paños vidriados. Las líneas de sus fachadas marcaban un apogeo de las vanguardias del momento, especialmente del “art déco”, y el rechazo a posiciones historicistas aunque con algunos rasgos de academicismo monumentalista. Es de imaginar el impacto que provocaría esta edificación en el marco de una ciudad que por aquel entónces se regía mayormente por el gusto pintoresquista.

:: Los últimos años
Prácticamente retirado de la vida profesional hacia principios de la década del ´60, se dedicó más bien a la pintura y al dibujo, así como a la revisión de varios de sus escritos filosóficos publicados en años anteriores. Participó en alguna refacción menor, destacándose la realizada en su obra más recordada como fue la Cervecería Munich.
Lejos quedarían algunos aspectos de su vida más dificiles y vergonzosos para nuestra historia cuando las formalidades burocráticas relegaron a los hermanos Kálnay y muchos otros al papel de simples “Directores de Obra”, tal como lo explicita el trabajo de Ramón Gutierrez en uno de sus capítulos. Atrás quedarían cientos de anteproyectos o proyectos truncos como el Pabellón Argentino del Sesquicentenario o el recordado concurso del edificio “Peugeot”, del cual quedó claramente disconforme, a tal punto que niega su participación en la muestra itinerante organizada. En este último realiza una atrevida propuesta de un gran cilindro telescópico abrazado por cuatro pilones que tomarían sus más de 60 plantas. También quedaría en el pasado su participación en las actividades políticas cuando adhirió en la lista del Partido Obrero Independiente, en 1928…
Andrés Kálnay moría en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1982.
Tal como afirma su hijo Esteban, su vida ha sido catalogada de arquitecto “constructor”, en contraposición de aquellos profesionales que “hicieron vanguardia” o participaron en manifiestos o polémicas. Esto se debió a la falta de un estudio por parte de nuestros historiadores e investigadores de su obra, la cual desarrolló en medio de la Academia, del Werkbund y la Sezession aprendida de sus maestros y el Racionalismo y la Bauhaus de sus colegas contemporáneos. Sin duda alguna, el libro publicado por el arquitecto Ramón Gutiérrez y su equipo del CEDODAL ha cubierto esa carencia, en forma muy completa y documentada.
Soy guía de turismo en alemán y castellano, especializada en arte. Nací en Transilvania, Hungría
Soy estudiante de arquitectura de la Universidad de Bs As. y me preguntaba si me podian apuntar algunos libros, paginas de internet o lo que les parezca conveniente sobre la obra de Kalnay, Andres del Ex Diario Critica ubicado en Av. de Mayo al 1333.
Desde ya muchas gracias.
Santiago Arcucci
Me parece una evolución arquitectónica muy interesante de este personaje. Ojalá pudieran añadir videos de la posible obra actual conservada del mismo. Gracias.
soy fotografo y estoy exponiendo mi obra ” Cúpulas de Buenos Aires” en la ex cerveceria Munich, hoy Direccion Gral. de Museos, hasta el 1 de Julio del cte.
Estoy preparando para el BICENTENARIO la muestra homenaje a los grandes arquitectos del siglo pasado, incluyendo a Andrés Kalnay, descubierto recientemente con sus obras, la cerveceria Munich, el chalet de la cruz Roja, el Diario critica. Espero poder realizar este emprendimiento con la ayuda del gobierno de la Ciudad, dado que pretendo hacer unas 80 gigantografias de las obras de por los menos, 20 autores arquitectos, de los mas renombrados, 4 o 5 obras por cada uno de ellos, Iglesias, Basilicas, Palacios, Casonas.
atte. julio fernandez
Soy guía de la ciudad de Buenos Aires y haber encontrado este material sobre la vida y obra de los hermanos Kalnay, especialmente lo referido a Andrés Kalnay me sacó de las tinieblas. Fue un placer descubrir al ser humano que plasmó su arte e inteligenica en aquellos edificios que aún persisten, a pesar de….
No confundamos donde una persona nace, con su nacionalidad. La nacionalidad se la da su familia, su idioma materno y en segunda instancia su entorno mas amplio (sociedad, escuela, etc)
A. Kalnay nacio en Croacia, pero nada tenia que ver el o su familia con Croacia, en su casa hablaban hungaro y respetaban las tradiciones hungaras.
Aqui en latinoamerica nos cuesta entender ese pensamiento Europeo (Iuris Sanguinis) porque nos han impuesto en nuestras mentes que la nacionalidad esta dada por el lugar de nacimiento (Iuris Soli). Lo que si es seguro es que Kalnay no es croata, ni segun los croatas, ni segun el mismo.