Legión Extranjera: ¿Héroes románticos o simples mercenarios?

Daniel SempéUna verdadera leyenda, aún en nuestros días, es la histórica Legión Extranjera. En el imaginario colectivo de muchas personas resulta un refugio de románticos. Para otros, son crueles mercenarios domesticados por Francia. Nuestra corresponsal en París, Geraldine Lublin, ante las habituales simplistas y maniqueas posturas, decidió indagar en el mito y entrevistó a un ex legionario, el argentino Daniel Sempé, quien nos cuenta su particular experiencia en esta fuerza.

Daniel Sempé es un ex-legionario de origen argentino que hoy reside en Paris. Sus confesiones a Sitio al Margen sobre su paso por la mítica Legión Extranjera confirman ciertas ideas relacionadas con el culto de la misión y el inagotable espíritu de sacrificio y desmienten otras referentes a las idealizadas aventuras excepcionales de los integrantes de la fuerza. Se alistó en 1990, al comienzo del conflicto entre Irak y Kuwait, y considera que el motivo de su enrolamiento, “aunque idealizado, es relativamente simple de comprender: proteger a quien no puede defenderse”. Mientras deshoja su relato, el brillo de los ojos de quien solía formar parte de este ejército de elite atestigua el emotivo recuerdo que guarda de aquellos momentos compartidos con camaradas franceses, rusos, polacos, checos, españoles, rumanos, ingleses y norteamericanos, entre otros orígenes.

Este antiguo legionario destaca ante todo el profesionalismo y la rigurosidad con los que se debe trabajar, que han quedado grabados para siempre en su personalidad y lo ayudan a no renunciar ni resignarse a un trabajo mediocre. Si bien descarta la idea corporativa de la “gran familia”, subraya los esfuerzos que realizan los efectivos en su afán de formar a sus subalternos. Su período dentro de este cuerpo le hizo abrir los ojos y mirar de frente una cruda realidad que tal vez antes no imaginaba. Es quizá esta conciencia del sufrimiento lo que lo impulsa hoy a trabajar como voluntario para el Servicio de Ayuda Médica de Urgencia (SAMU), que se encarga de asistir a los sin techo de las calles parisinas, mientras sigue con sus estudios de derecho.

Daniel Sempé“Mi paso por la Legión Extranjera no ha sido muy distinto al de otros legionarios. De las tres misiones exteriores en las cuales participé, la primera fue en la República de Djibouti en 1992, cuyo recuerdo me resulta mayormente desagradable. La pobreza que reina en esta región del mundo es atroz; guardo la imagen de los niños que pedían de comer para paliar el hambre omnipresente. Más de una vez, mi ración de combate terminó en el vientre de estos pequeños, así como la de algunos de mis camaradas. El calor asfixiante que nos impedía incluso respirar y que hacía pesadísimo el menor ejercicio físico, la precariedad sanitaria… Cuatro meses bastaron para ayudarme a abrir los ojos a la cruda realidad: África muere poco a poco junto con sus niños.”

Otra experiencia muy fuerte fue la que vivió en la segunda misión, en donde La Legión fue parte de una fuerza de paz enviada por las Naciones Unidas. “En 1993, nuestra compañía se embarca hacia Camboya, en donde permanecimos cinco meses. “Durante nuestra estadía en ese país, nos concedieron dos semanas de vacaciones, por lo que las Naciones Unidas nos ofrecieron una estadía en Pattaya, Tailandia. De verdad que me arrepiento muchísimo de haber aceptado ir, ya que en ningún otro sitio la explotación del hombre por el hombre me resultó tan evidente. El hecho de saber que los niños se prostituyen y que las niñas que uno conoce (muy fácilmente) forman parte de ‘clubes’ es sumamente repugnante pero ahí está la realidad. El sistema económico del país funciona en gran parte gracias al mercado de estos niños-objeto. Me pregunto si los responsables de las Naciones Unidas están al tanto de la situación; de ser así, ¿por qué enviar soldados de todas las nacionalidades que formaban parte del dispositivo del UNTAC (Autoridad Transitorio de las Naciones Unidas en Camboya) de relevo a Tailandia? Desde aquel día, nunca más he vuelto a poner pies en aquel país, ya que eso sería apoyar una práctica inhumana y contribuir a la esclavización infantil.”

Sin embargo, su estadía en Camboya arrojó una experiencia bien distinta para Daniel Sempé. “Esa misión fue la más interesante de todas las que me encomendaron: apertura de itinerario, es decir, la colocación de puentes metálicos y en maderamen. Previamente nos abocamos a la imperativa limpieza del terreno, tanto en materia de minas como en cuanto al reacondicionamiento de árboles caídos o de senderos desaparecidos bajo los pastizales. El contacto con la población fue extraordinario; son sumamente gentiles y poseen una inmensa capacidad de adaptación. Tuve que rendirme a la evidencia de que aprecian mucho las grandes arañas en su dieta cotidiana. Los camboyanos que conocimos tienen por así decirlo un espíritu fatalista; creo que esta particularidad les permite despegarse del sufrimiento.”

“Desde nuestra llegada a Camboya, enviaron a nuestra sección al norte del país durante unos 54 días y luego nos relevaron a nuestra base, situada a algunos kilómetros del templo de Angkor en Siem Reap. Durante aquella misión, sentí que contribuía al restablecimiento del país, que salía de un período muy duro tras el gobierno de Pol Pot. Todavía no puedo comprender como puede ser que países con tanta riqueza humana y cultural caigan en esta tragedia; sin duda los pseudo-dirigentes militares se creían más astutos, y el resultado es todavía palpable.”

:: Los pasos previos

“La idea de partir hacia Francia apareció cuando pasé el examen de ingreso del Colegio Militar de la Nación, y luego pude poco a poco recoger suficiente información para hacerme una idea concreta de qué es la Legión Extranjera francesa. Algunos me advirtieron sobre el carácter insensato de mi proyecto; otros desplegaron sus conocimientos sobre el sombrío pasado de los legionarios. No puedo más que constatar nuevamente que el mundo está lleno de charlatanes; el hombre necesita fabular para vivir.”

Se nota que la vida que llevaba en aquel entonces ha quedado atrás en su memoria: “Mi pasado en Argentina no es muy interesante, y el recuerdo del ejército es bastante vago. Sin duda debido a mi juventud, yo no comprendía las causas profundas de la escisión de las fuerzas armadas argentinas ni tampoco las soluciones adoptadas por las diferentes facciones. Desde luego que vivir el período 1982-1990 fue extremadamente difícil. La guerra de Malvinas había dejado rastros desagradables en mi memoria. En aquella época tenía trece años y estudiaba en el Liceo Militar General Roca, en Comodoro Rivadavia”. Con el tiempo, algunas cosas parecen aclararse: “hoy en día, pese a mis vastos conocimientos militares, reconozco que el razonamiento que siguieron los altos mandos militares sigue siendo un enigma: no se inician hostilidades contra el Reino Unido, en su carácter de miembro de la OTAN, por simples motivos patrióticos. No obstante, expreso mi admiración por aquellos que lucharon en inferioridad de condiciones y rezo para que las almas de los soldados que han dejado su vida en nuestras tierras australes encuentren el reposo que se merecen”.

La memoria del momento de partida se revela muy clara:”Todavía me acuerdo de los últimos momentos que pasé en compañía de mis padres y de mi hermanita, de los ojos de mi madre inundados de lágrimas y de su última recomendación: ‘Cuidáte mucho’. Fue papá quien me acompañó hasta Buenos Aires”.

:: La formación de un legionario

“Tras mi enrolamiento en el Fuerte de Nogent (cercano a París), me transfieren a Aubagne (Primer Regimiento Extranjero), a 14 kilómetros de Marsella, donde se llevan a cabo los diferentes trámites administrativos y de control. Dos semanas más tarde, nos asignan al Cuarto Regimiento Extranjero de Castelnaudary, cuyo propósito es formar a los legionarios en las diversas etapas de su carrera. Al momento de enrolarse, la instrucción se concentra en el aprendizaje del francés, tarea que constituye la misión principal durante los primeros cuatro meses. Luego se dispensa una instrucción militar de base, ya que la verdadera formación se brinda en el regimiento de asignación. La instrucción se cierra con una marcha de 130 a 150 kilómetros en los Pirineos, realizada en tres etapas y con el equipo de combate completo (mochila de operaciones, arma, casco) al hombro.”

Daniel Sempé“Después de la instrucción del Cuarto Regimiento, la asignación se lleva a cabo por orden de promoción. Yo elegí el Sexto Regimiento Extranjero de Ingenieros porque quería a toda costa especializarme en el deminaje. La instrucción específica comienza una vez llegados al cuartel. Cada regimiento forma a sus legionarios según lo que necesiten las respectivas unidades. Los regimientos están compuestos por varias compañías de combate y una de comando y logística; a cada una le corresponde una especialidad, como por ejemplo anfibios o montaña. Este dispositivo es el mismo en todos los regimientos, aunque desde luego que depende de la situación geográfica de cada uno. Por ejemplo, en la Demi Brigade Legion Etrangere situada en Africa no existe una compañía de montaña, aunque sí tiene una gran mobilidad y una alta potencia de fuego ya que incluye elementos de caballería, tropas aerotransportadas, una compañía de combate tradicional, una compañía de anfibios y otra de trabajos, y una sección de mortero pesado, entre otras. Cada entrenamiento se adapta a las diversas necesidades específicas; en la ciudad de Nimes, el Segundo Regimiento de Infanteria no tiene los mismos imperativos que el Tercer Regimiento de Infanteria de Guyana.”

“Durante la vigencia de mi contrato (el primero de una duracion de 5 años, renovable por 6 meses, un año o tres), pude gozar de diversos cursos de capacitación como entrenamiento comando, cursos de sniper, de montaña invierno-verano, de ski, y un certificado nacional de socorro, entre otras disciplinas que se ofrecen con el objetivo de conferirle a cada uno los medios para afrontar eventuales dificultades vinculadas con nuestra profesión.”

“En cuanto a la formación de cada legionario, el costo puede estimarse bastante elevado teniendo en cuenta la cantidad de municiones, explosivos y cohetes que utiliza cada uno, tanto en el regimiento de asignación como en el de Castelnaudary, ya que la instrucción de los caporales (jefes de equipo) y sargentos (jefes de grupo) se efectúa en el regimiento escuela al igual que el entrenamiento inicial.”

:: Una trágica pérdida en la última misión exterior

“En 1995, fue el turno de Yugoslavia (la tercer misión en el exterior de Daniel Sempé), donde permanecimos cinco meses; aunque interesante, esta misión no contó con la aprobación de todos. Mi peor recuerdo es la pérdida de Thierry Cleran, el mejor amigo que se pueda imaginar, siempre presente en el momento oportuno, sonriente y de buen humor, tenaz en el trabajo y físicamente muy sólido. El día de nuestro relevo en el Monte Igman, Thierry y yo habíamos aprovechado para tomar una taza de té. Antes de su partida, yo le había dicho que se cuidase, y esa misma noche supe por la radio que había fallecido. No exagero al afirmar que las lágrimas me corrieron durante varios días. Era realmente un profesional; es lamentable que los mejores nos dejen siempre muy pronto”.

La dureza del conflicto en Yugoslavia, en el cual las tropas de la ONU se vieron varias veces en problemas, se desprende de sus recuerdos como legionario. “Estuvimos en la región de Bosnia-Herzegovina, en el Monte Igman, donde nuestra compañía compartió el emplazamiento con una sección de artillería inglesa. Una noche, los cañones 105 milímetros comenzaron a tirar sin advertir a nadie. El olor de la polvora invadió el aire y los temblores de la tierra ante cada disparo dejaban adivinar que mejor sería no estar en el lugar del blanco al momento del impacto. Los disparos de la contrabatería serbia no fueron eficaces, y algunos proyectiles de obús cayeron aquí y allá sin inquietarnos. Los grupos de trabajo de nuestra compañía cavaron refugios y sitios para ubicar las baterías de mortero y de cañón. Como el suelo era pedregoso, la tarea resultaba muy difícil y varias veces se rompieron las piezas de los vehículos excavadores y hubo que continuar a mano. Cada sección había preparado su propio refugio con ayuda de árboles y dispositivos excavados en la montaña. Después de Igman nos transfirieron a Mostar (todavía en Bosnia), donde nuestra misión fue la escolta. Me acuerdo especialmente de un convoy de 155 milímetros (AUF1) montado sobre un chasis AMX 30.”

:: El recuerdo y la dura y tolerante convivencia

“Me fui de la Legión en 1996 con cargo de suboficial, y todavía guardo vínculos con determinados legionarios. La Legión Extranjera suscita muchos anhelos, y debemos aceptar el lado sombrío y misterioso que gravita en torno de esta institución legendaria. Ultimo bastión del soldado internacional, la Legión tiene sin embargo ventajas e inconvenientes.”

Entre los dificultades Daniel Sempé enumera: “En primer lugar, la disponibilidad casi total del legionario, cuya rutina se resume a la monotonía de la vida de cuartel, siempre listo para partir en misión. Las salidas a la ciudad se ven precedidas de un verdadero ritual de control y recomendaciones; esta formalidad disminuye a medida que aumenta el grado del legionario. En ocasiones, el sistema de subordinación roza el ridículo, y muchos suboficiales suelen olvidar que alguna vez ellos también fueron legionarios, por lo que corrompen la autoridad que les confiere su grado a beneficio personal y el legionario se convierte entonces en la mucamita. No obstante, sólo se trata de una minoría; en mis épocas de joven legionario, mis superiores fueron ejemplares, aunque en las otras secciones no siempre sucedía lo mismo.”

“También hay ciertas incoherencias que merecen un comentario: pese a su profesionalismo, la Legión sigue aferrada a tradiciones no siempre prácticas, como por ejemplo cuando en una salida en tiempos de paz los legionarios comen su ración de combate, a fin de acostumbrarse pueden utilizar sus cubiertos y su escudilla o bien limitarse a consumir directamente de la lata de conserva, mientras que los mandos (oficiales y suboficiales) hacen transportar la denominada ‘caisse popotte’, un cofre metálico lleno de utensilios de cocina (vajilla, cubiertos, vasos, etc.). Un legionario recibe el cargo de ‘popottier’ y debe servirles de comer a sus jefes. Esto me parece bastante ridículo, tratándose de un ejército como la Legión”.

Curiosamente su mayor crítica no tiene por destinataria a la Legión, ya que para Daniel Sempé “la aberración más grave es sin duda la policía militar: unos roperos que jamás oyeron hablar del Código de Justicia Militar, cosa que no les impide hacer reinar ‘el orden’. Pese a atribuirse privilegios que no figuran en ninguna legislación, este cuerpo no tiene prerrogativas sobre la Legión, por lo que nada pueden decir.”

“Sea como fuere, el legionario sigue pareciéndome un militar ejemplar que nada tiene que ver con las acusaciones que se le atribuyen, como mercenario, criminal, etcétera. La Legión es una etapa inolvidable de mi existencia; en ninguna otra parte se pueden encontrar tantos extranjeros por centímetro cuadrado, que coexisten en paz y que ponen sus competencias al servicio de una causa común. Estaría tentado de decir que el corazón de los legionarios no se puede comparar más que en su obstinación.”

Para contactarse con Daniel Sempé, puede hacerlo con las siguientes direcciones de correo electrónico:

m12i2001@yahoo.fr
dani_first_paris@hotmail.com

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