EURO. La nueva moneda.

Euro. La nueva moneda.Sitio al Margen presenta un artículo de nuestro columnista José Alfredo Nogueira en donde se explica el proceso de desarrollo histórico económico de la moneda única de Europa: el EURO. Recordamos que el mismo autor ha publicado en Sitio al Margen un artículo titulado “Breve historia del tipo de cambio”

HISTORIA DE LA UNION EUROPEA

La Unión Europea (UE) tiene su origen en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (1951), inicialmente limitada en su alcance y en su ámbito territorial -seis países-, pero cuya filosofía y objetivos eran relativamente ambiciosos y contenían el germen del desarrollo posterior de la integración europea.

Los acuerdos sectoriales abrieron el camino a la creación, en 1958, de una Comunidad Económica Europea (CEE) que ya incluía, como objetivo primordial, la creación de un mercado común. A partir de la creación de la CEE, la preocupación por el equilibrio entre la integración económica y la cooperación política ha marcado el desarrollo de todo el proyecto europeo.

La profundización del mercado común, hasta desembocar en el Mercado Único de 1992, y la ampliación de los acuerdos a otros países europeos, que permitió pasar de los seis miembros iniciales a los quince de la UME, con la perspectiva de nuevas incorporaciones en un futuro no muy lejano, han caracterizado la evolución de la Comunidad en las cinco últimas décadas. Los países europeos han recorrido un gran trecho hacia una integración cada vez mayor, han eliminado las barreras a la libre circulación de bienes, de personas y de capitales, y han renunciado a parcelas significativas de su soberanía en aras de unas reglas comunes y unas normas armonizadas. El proyecto de unificación monetaria es un paso especialmente significativo en este proceso.

El precedente más próximo de la Unión Monetaria y Económica (UME) puede situarse en los comienzos de la década de los setenta, cuando se elaboró el llamado Informe Werner. Al adelantarse en dos décadas al mercado único, este Informe daba respuesta a una necesidad que entonces sólo se percibía de forma incipiente, por lo que su influencia inmediata fue muy limitada. No obstante, los países europeos, ya entonces conscientes de la dificultad de que un mercado común fuera compatible con tipos de cambio totalmente flexibles, intentaron preservar un cierto orden en los movimientos cambiarios intraeuropeos, para lo cual se creó, en 1972, la llamada Serpiente Monetaria Europea.

En un mundo que había adoptado la libre flotación de los tipos de cambio de sus monedas, el nuevo sistema intentó mantener en un islote de estabilidad a las cotizaciones cruzadas de las diferentes monedas europeas.

Sus resultados no fueron alentadores: el encarecimiento del petróleo, provocó en los años setenta importantes perturbaciones y desequilibrios en las economías europeas, con más frecuentes e intensos movimientos de los tipos de cambio.

Ocurrieron entonces numerosas devaluaciones y revaluaciones de las divisas, así como salidas y entradas del mecanismo de estabilidad cambiaria. La Serpiente, concebida inicialmente como un acuerdo de ámbito comunitario, se vio reducida a un área de estabilidad en torno al marco alemán, integrada por algunos países de dentro y fuera de la Comunidad Económica Europea.

Entre 1978 y 1979 se creó, como sucesor de la Serpiente, el Sistema Monetario Europeo (SME) que, en sus primeros años, adoleció de problemas similares. Continuaron las divergencias en la evolución de las economías y en sus políticas, que obligaron a numerosos reajustes de los tipos de cambio. A esta altura, los acuerdos cambiarios europeos parecían incapaces de evitar la inestabilidad de los mercados de divisas y de favorecer una convergencia de los resultados macroeconómicos.

Entre 1983 y 1987, los reajustes de los tipos de cambio se hicieron cada vez menos frecuentes. Las cotizaciones bilaterales frente al marco alemán se estabilizaron progresivamente. Desde enero de 1987 hasta septiembre de 1992 las bandas de flotación se mantuvieron sin modificaciones. Además, en este período se amplió significativamente el área de países integrantes del mecanismo de cambios del SME, al incorporarse España (en 1989), el Reino Unido (en 1990) y Portugal (en 1992).

El SME parecía así haber conseguido cumplir con su objetivo de lograr una elevada estabilidad cambiaria en su ámbito. A finales de los ochenta y principio de los noventa el alto grado de estabilidad de las cotizaciones de las monedas europeas era más llamativo aún porque había ocurrido en forma paralela a la total liberalización del movimiento de capitales.

El aparente éxito del SME y la proximidad de la entrada en vigor del Mercado Único fueron los factores que desencadenaron un renovado interés por la UME.

A finales de los años ochenta, cuando se creó el Comité Delors, la implantación de una moneda única en Europa parecía ser la continuación natural de la evolución del SME y la coronación del mercado único.

El Informe Delors -aprobado en la cumbre de Madrid en junio de 1989- retomó las ideas básicas del viejo Informe Werner. La transición a la UEM se produciría en tres etapas.El objetivo de la primera fase, entre junio de 1990 y enero de 1992, era un mero reforzamiento de la cooperación entre los bancos centrales, en el seno del Comité de Gobernadores de los Bancos Centrales de la CE. En la segunda fase, que se iniciaría en enero de 1992, el Informe preveía la creación del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) y una transferencia gradual del poder de decisión en política monetaria al ámbito supranacional. En la tercera fase se fijarían irrevocablemente las paridades entre las monedas nacionales, que serían sustituidas por la moneda única europea.

El Tratado de la Unión Europea (TUE), aprobado por el Consejo Europeo de Maastricht, en diciembre de 1991, pero cuyo proceso de ratificación parlamentaria se dilató hasta noviembre de 1993, consagró el proyecto de unión monetaria inspirado en las grandes líneas del Informe Delors, pero con algunas diferencias significativas. En particular, la TUE concebía la segunda etapa –que debía iniciarse con el año 1994- básicamente como una prolongación de la primera, dado que las políticas monetarias continuaban estando en manos de las respectivas autoridades nacionales.

En el ámbito institucional se decidió reforzar el marco de cooperación entre los bancos centrales, transformando el antiguo Comité de Gobernadores en el Instituto Monetario Europeo (IME), que se encargaría, junto con la Comisión de la CEE, de la preparación técnica de la UME. Por eso se acordó retrasar hasta la tercera etapa la creación del SEBC y aplazar, en esta segunda fase, la transferencia de funciones operativas a la entidad central. En definitiva, el acuerdo finalmente alcanzado por los países miembros se apartó de la filosofía gradualista de los planes iniciales, consagrando en cambio un modelo de transición a la UME que exigía una salto cualitativo al comienzo de la tercera fase, para lo cual, con relación al régimen cambiario, se adoptaría un modelo basado en un estricto tipo de cambio fijo que llevaría a la moneda común y en el plano institucional en un momento determinado el manejo de la política monetaria se transferiría de los respectivos bancos centrales al SEBC.

En las negociaciones del TUE, y como condición para el paso a la UME, se diseñó un calendario que combinara la exigencia de una serie de requisitos de convergencia macroeconómica con el establecimiento de plazos concretos y conocidos con antelación, que permitieran ir desarrollando el trabajo preparatorio y no pusieran en riesgo el compromiso político de realizar la UME, acordándose para lograrlo la fecha de 1999 como el límite máximo, independientemente del número de países que cumplieran los criterios de convergencia en aquel momento.

El Consejo Europeo de Madrid, en diciembre de 1995, reafirmó la fecha de 1999 como inicio de la tercera fase de la UEM, y acordó también realizar el examen de los criterios de convergencia “lo antes posible en 1998″, de manera que hubiera tiempo suficiente para hacer los preparativos necesarios.

Finalmente, el Consejo Europeo extraordinario celebrado en Bruselas los días 2 y 3 de mayo de 1998 decidió, de acuerdo con la recomendación efectuada por la Comisión Europea a partir de los informes de convergencia elaborados por el IME y por la propia comisión, el inicio de la tercera fase de la UEM el 1 de enero de 1999 con la participación de un conjunto de once países: Bélgica, Alemania, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia.
El 1 de enero de 2001, Grecia adoptó el euro, convirtiéndose así en el duodécimo país de la eurozona y el primero en hacerlo después del inicio de la tercera fase de la UME.

LA UNION ECONÓMIA Y MONETARIA

Bandera de la Union EuropeaLa Unión Monetaria y Económica (UME) es un área que comparte un mismo mercado, una misma moneda y donde se ejecuta una política monetaria única. Las implicaciones más importantes para las políticas económicas nacionales asociadas a la creación de esta área monetaria fueron, por una parte, la pérdida del tipo de cambio como mecanismo de ajuste ante un posible deterioro de la competitividad y, por otra, la imposibilidad de modificar las tasas de interés nacionales.

Desde el punto de vista de los distintos mercados, las principales implicaciones se refieren a la reducción de los costos de las transacciones y a la disminución de la incertidumbre en torno a las condiciones monetarias, cambiarias y financieras. Apareció, entonces, una tendencia a la integración de los mercados financieros, principalmente en sus sectores mayoristas, y en cuanto a la relativa a los mercados de bienes, si bien fue muy avanzada desde la implantación del mercado único, registró progresos notables.

En comparación con la economía estadounidense, que constituye un punto de referencia natural, los once Estados miembros que iniciaron la tercera fase de la UME en enero de 1999 (Alemania, Francia, Italia, España, Portugal, Irlanda, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Austria y Finlandia) más Grecia, que se incorporó a la zona el 1 de enero de 2001, constituyen una economía de grandes dimensiones. A principios de 2001, la UME tenía cerca de 300 millones de personas frente a los 270 millones de los Estados Unidos, y una significativa participación en el PBI mundial, alrededor del 16%, cifra algo menor que el peso de la economía estadounidense (22%).

No obstante, siendo una economía de gran tamaño, el “grado de apertura” de la zona del euro, medido a través de la tasa de exportaciones de bienes respecto del PBI una vez excluido el comercio intracomunitario, era mucho menor (14%) que la media de sus Estados miembros antes de la integración (35%). A pesar de ello, la zona del euro tenía una participación en las exportaciones mundiales superior a la de la economía estadounidense (16% frente a un 13%).

Ludwing van BeethovenConsiderando los principales indicadores monetarios y financieros, la diferencia fundamental de la zona del euro frente a los Estados Unidos residía en la importancia relativa de los bancos y los mercados de valores. Mientras que el sistema financiero de la zona del euro se basaba predominantemente en productos bancarios y la financiación mediante valores desempeñaba un papel reducido, en los Estados Unidos los mercados de renta variable y fija canalizaban la parte principal de la financiación y el ahorro. En concreto, en la zona del euro tanto los
depósitos bancarios (80% del PIB) como el volumen de crédito bancario (132% del PIB) resultaban mucho más significativos que en los Estados Unidos (55% y 80% del PIB, respectivamente). En el caso del crédito, esta diferencia se explicaba, en parte, por la importancia del crédito concedido a las Administraciones Públicas (24% del crédito total en la zona del euro frente a un 14% en Estados Unidos), relacionado, a su vez, con el hecho de que el tamaño del sector público era significativamente mayor en la UME (el gasto público con respecto al PBI se situó en el 20% en la UME, frente al 18% de los Estados Unidos).

Por otra parte, el saldo de valores nacionales de renta fija a finales de 1999 representaba un 166% del PBI nacional en la economía estadounidense frente a un 86% en la zona del euro, mientras que la capitalización bursátil en los Estados Unidos (cerca de 13.000 mm de euros a finales de 1999) triplica a la registrada en la zona del euro.

En lo relativo a los resultados esperados de la experiencia de la UME, los beneficios tendían a concentrarse al final del proceso y los costos más bien al principio. En efecto, como en cualquier otra reforma monetaria, las ganancias de eficiencia no se percibían hasta su total implantación, mientras que los costos, derivados del proceso de adaptación al nuevo régimen monetario, eran inmediatos, y algunos de ellos incluso anteriores a la UME, entendida como la fijación irrevocable de las paridades.

Entre otros, los beneficios de la estabilidad de precios fueron mayores para los agentes que tenían menos posibilidades de protegerse de la erosión de la inflación o para aquellos que recibían rentas de activos financieros no suficientemente cubiertas contra las alzas del nivel general de precios. El aumento del comercio intracomunitario derivado de la implantación de la moneda única benefició, de manera directa, a las empresas a través de las cuales se generaba este incremento de los intercambios comerciales, pero estos beneficios se extendieron rápidamente al conjunto de la economía. De la eliminación de los costos de transacción y de cobertura de los riesgos cambiarios entre monedas comunitarias sacaron provecho los usuarios de servicios financieros, que eran, a la postre, en mayor o menor medida, todos los agentes de la economía.

 

Presentacion del plan Schuman el 9 de mayo de 1950

REQUISITOS PARA ENTRAR A LA UME

La participación de los Estados miembros en la UME DEBE ser decidida por los jefes de Estado o de Gobierno, a partir de una propuesta de la Comisión Europea. Para garantizar el éxito de la Unión Monetaria, se introdujo en el Tratado la necesidad de que los países candidatos hubieran alcanzado una cierta convergencia económica. En concreto, el artículo 121 del Tratado establece como requisitos para la incorporación a la Unión Económica y Monetaria, la compatibilidad de la legislación nacional de cada Estado miembro, incluidos los Estatutos de su banco central nacional, y el cumplimiento de los siguientes criterios de convergencia:

  • Conversion de monedas al EuroEstabilidad de precios: “El criterio de estabilidad de precios se entenderá en el sentido de que los Estados miembros deberán tener un comportamiento de precios sostenible y una tasa promedio de inflación, observada durante un período de un año antes del examen, que no exceda en más de un 1,5% la de, como máximo, los tres Estados miembros con mejor comportamiento en materia de estabilidad de precios. La inflación se medirá utilizando el índice de precios de consumo (IPC) sobre una base comparable, teniendo en cuenta las diferencias en las definiciones nacionales”.

  • Finanzas públicas: la posición financiera de las Administraciones Públicas debe ser sostenible, condición que se cumplirá cuando se alcance una situación presupuestaria sin un “déficit público excesivo”. De acuerdo con el artículo 104, existe un déficit excesivo si: a) “la proporción entre el déficit público previsto o real y el producto interior bruto sobrepasa un valor de referencia (definido en el Protocolo sobre el Procedimiento de Déficit Excesivo como el 3% del PBI), a menos que:          

    - la proporción haya descendido sustancial y continuadamente, y llegado a un nivel que se aproxime al valor de referencia;
    - o que el valor de referencia se sobrepase sólo excepcional y temporalmente, y la proporción se mantenga cercana al valor de referencia.

    b) la proporción entre la deuda pública y el producto interior bruto rebasa un valor de referencia (definido en el Protocolo sobre el Procedimiento de Déficit Excesivo como el 60% del PIB), a menos que la proporción disminuya suficientemente y se aproxime a un ritmo satisfactorio al valor de referencia”.

  • Estabilidad del tipo de cambio, a través del “respeto, durante dos años como mínimo, sin que se haya producido devaluación frente a la moneda de ningún otro Estado miembro, de los márgenes normales de fluctuación del Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo”. Además, el Protocolo señala que “el criterio relativo a la participación en el Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario (…) se entenderá en el sentido de que los Estados miembros hayan observado, sin tensiones graves y por lo menos durante los dos años anteriores al examen, los márgenes normales de fluctuación dispuestos por el Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo. En particular, no habrán devaluado, durante el mismo período, por iniciativa propia, el tipo central bilateral de su moneda respecto de la de ningún otro Estado miembro”.

  •  Tipos de interés a largo plazo, según el cual “el carácter duradero de la convergencia conseguido por el Estado miembro y de su participación en el Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo deberá verse reflejado en los niveles de los tipos de interés a largo plazo”. El Protocolo estipula que “el criterio relativo a la convergencia de los tipos de interés se entenderá en el sentido de que, observados durante un período de un año antes del examen, los Estados miembros hayan tenido un tipo promedio de interés nominal a largo plazo que no exceda en más de un 2% el de, como máximo, los tres Estados miembros con mejor comportamiento en materia de estabilidad de precios. Los tipos de interés se medirán con referencia a los bonos del Estado a largo plazo u otros valores comparables, teniendo en cuenta las diferencias en las definiciones nacionales”.

  •  Otros factores: además de los criterios del tratado sobre estabilidad de precios, posiciones fiscales, tipos de cambios y tipos de interés a largo plazo, se hace también referencia a la utilización de un cierto número de “otros factores” a la hora de evaluar el grado de convergencia entre los Estados miembros. Según el artículo 121 del Tratado, se tomará “en consideración, asimismo, la evolución del ECU, los resultados de la integración de los mercados, la situación y la evolución de las balanzas de pagos por cuenta corriente y un estudio de la evolución de los costes laborales unitarios y de otros índices de precios”.
    El Consejo Europeo celebrado en Bruselas los días 2 y 3 de mayo de 1998 decidió, de acuerdo con una recomendación de la Comisión Europea y a partir de los informes del IME y de la propia Comisión, los países que cumplían los criterios de convergencia y que podían pasar a participar en la Unión Monetaria: Bélgica, Alemania, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia.

Desde el 1 de enero de 2001, Grecia pasó a ser Estado miembro participante en la Unión Monetaria, al cumplir con las condiciones necesarias para adoptar la moneda única y tras la decisión del Consejo Europeo, en su reunión de los días 19 y 20 de junio de 2000.

Glosario del Euro

* Banco Central Europeo (BCE): el Banco Central Europeo, creado el 1 de junio de 1998 y con sede en Frankfurt  Main (Alemania), es el núcleo del SEBC y del Eurosistema. Tiene personalidad jurídica propia con arreglo al derecho comunitario. Su cometido es asegurar el cumplimiento de las tareas conferidas al SEBC, bien las realizadas por sí mismo, de conformidad con su estatuto, o bien las realizadas por los bancos centrales nacionales. El BCE tiene el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes dentro de la Unión.

* Banco Central Nacional (BCN): banco central de un Estado miembro de la Unión Europea que ha adoptado la moneda única de acuerdo con el Tratado.

* Consejo de Gobierno del BCE: está constituido por los miembros del Comité Ejecutivo del BCE y los gobernadores de los Bancos Centrales Nacionales de los países que han adoptado el euro. Es el órgano de decisión del Sistema Europeo de Bancos Centrales.

* Consejo General del BCE: está constituido por el Presidente, el Vicepresidente y los gobernadores de todos los bancos centrales nacionales de los Estados miembros de la Unión Europea.

* Consejo (de la Unión Europea): el órgano legislativo superior de la Unión. Se compone de los representantes de los gobiernos de los Estados miembros, normalmente los ministros responsables de los asuntos sometidos a consideración (por lo tanto, a menudo, se referencia como el Consejo de Ministros). Cuando el Consejo se reúne con la participación de los ministros de Economía y Finanzas, se denomina usualmente el Consejo ECOFIN. En circunstancias especiales, en particular en el caso del artículo 109 J del Tratado, el Consejo se reúne constituido por los Jefes de Estado o de Gobierno. El Consejo Europeo lo forman los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros y el Presidente de la Comisión.

* Dinero escriturado: todas las formas de dinero materializadas en anotaciones en cuenta y, por lo tanto, que no circulan en forma de billetes y monedas.

* Dinero fiduciario: billetes y monedas. Estos medios de pago se denominan “fiduciarios”, porque su valor se basa en la confianza que le inspira al tenedor el emisor de la moneda; su valor intrínseco no está garantizado por disposición alguna que establezca un valor de conversión o de canje fijo frente a otro activo, como es el caso, por ejemplo, del oro.

* ECU (unidad de cuenta europea): el ECU era una cesta de monedas compuesta por la suma de cantidades fijas de doce de las quince monedas de los Estados miembros. El valor del ECU se calculaba como una media ponderada del valor de las divisas que lo integraban. A partir del 1 de enero de 1999, el euro sustituyó al ECU a la par.

* Euro: nombre de la moneda europea, adoptado por el Consejo Europeo en su reunión de Madrid, durante los días 15 y 16 de diciembre de 1995. El símbolo gráfico del euro está inspirado en la letra griega épsilon y hace referencia a la primera letra de la palabra ‘Europa.

* Eurosistema: el Eurosistema comprende el BCE y los BCN de los Estados miembros que han adoptado el euro en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM) doce en la actualidad. Sólo cuando los quince Estados Miembros de la Unión Europea participen en la zona del euro, el término “Eurosisterna” será un sinónimo de SEBC. El Eurosistema, regido por el Consejo de Gobierno y el Comité Ejecutivo del BCE, ha asumido la tarea de conducir la política monetaria única para la zona del euro desde el 1 de enero de 1999, con el objetivo principal de mantener la estabilidad de precios.

* Instituto Monetario Europeo (IME): institución creada, por disposición del Tratado de Maastricht, el 1 de enero de 1994, coincidiendo con el principio de la segunda fase del proceso hacia la Unión Económica y Monetaria y disuelta en junio de 1998 con la creación del BCE y del SEBC. Su objeto era constituir el foro de cooperación monetaria entre los bancos centrales de la Unión Europea y servir de embrión al Banco Central Europeo.

* Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC): se compone del Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales de los quince Estados miembros de la UE. El SEBC está regido por el Consejo de Gobierno, el Comité Ejecutivo y el Consejo General del BCE.

* Tratado: Tratado de creación de la Comunidad Europea (o Tratado de la CE). Incluye el Tratado original de la CEE (Tratado de Roma) y las enmiendas introducidas por el Tratado de la Unión Europea (firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992).

* Unión Económica y Monetaria (UEM): el Tratado describe el proceso de unificación monetaria de la UE en tres etapas. La primera fase comenzó en julio de 1990 y finalizó el 31 de diciembre de 1993: se caracterizó principalmente por el desmantelamiento de todas las barreras nacionales al libre movimiento de capitales dentro de la UE. La segunda fase comenzó el 1 de enero de 1994 y finalizó el 31 de diciembre de 1998. En esta etapa se creó el Instituto Monetario Europeo y se estableció la prohibición de la financiación monetaria y del acceso privilegiado del sector público a las entidades financieras y el procedimiento para evitar los déficit excesivos. La tercera fase comenzó el 1 de enero de 1999, con la transferencia de las competencias monetarias al Eurosistema y con la introducción del euro.

* Zona del euro: zona que engloba a los Estados miembros de la UE que han adoptado el euro y en los que se ejecuta una política monetaria única bajo la responsabilidad de los órganos de decisión del BCE. La zona del euro está formada, al principio, por los siguientes países: Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Finlandia, Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal.

LOS PRINCIPIOS BÁSICOS

El plan para la introducción del euro se articuló sobre la base de dos principios acordados explícitamente por el Consejo Europeo de Madrid (diciembre de 1995). El primero es el principio de equivalencia legal entre el euro y las unidades monetarias nacionales durante el período transitorio. Este principio implicaba que, mientras coexistan el euro y las monedas nacionales, a cada importe monetario en unidades monetarias nacionales se le asigna, con fuerza de ley, un contravalor fijo en euros al tipo de cambio oficial, y viceversa. El segundo principio es el de “no obligación, no prohibición” aplicable, durante el período transitorio, al uso del euro y de las unidades monetarias nacionales. Según este principio, los agentes económicos privados podían utilizar libremente el euro, pero éste no era de uso obligatorio porque, además, podían realizar todo tipo de transacciones y contratos con las denominaciones nacionales.

A estos dos principios habría que añadir un tercero, superpuesto al plan de introducción del euro, y recogido igualmente de forma explícita en las conclusiones de la presidencia del Consejo Europeo de Madrid: el principio de continuidad de los contratos. Es decir, cuando se produjera la sustitución de las monedas nacionales por el euro, los importes expresados en moneda nacional debían ser convertidos al euro al tipo establecido. La sustitución tampoco alteraría las tasas de interés de los valores y créditos, a menos que así lo estipulara el contrato suscrito entre las partes.

De acuerdo con estos principios, la Unión Europea acordó el marco jurídico regulador del euro mediante dos Reglamentos del Consejo Europeo. El primero de ellos -el Reglamento (CE) nº 1103/97, de 17 de junio de 1997- contiene las disposiciones relativas a la introducción del euro y su objetivo es ofrecer seguridad jurídica a los ciudadanos y a las empresas en todos los Estados miembros en relación con algunos aspectos de la introducción del euro (conversión del ecu en euros, continuidad de los contratos, tipos de conversión, reglas de redondeo), con antelación suficiente al inicio de la tercera fase, para que los preparativos necesarios se realicen adecuadamente.

El segundo Reglamento -Reglamento (CE) 974/98 de 3 de mayo de 1998- introdujo una serie de medidas orientadas a facilitar la sustitución por el euro de las monedas de los Estados miembros participantes. Entre otras cosas, este Reglamento permitió que los pagos efectuados en un Estado mediante abono en cuenta pudiesen realizarse tanto en la unidad euro como en la unidad monetaria nacional respectiva, teniendo en cuenta que toda conversión se efectuaba con arreglo a los tipos de conversión fijados. Asimismo, estableció que los Estados deberían adoptar las medidas necesarias para emitir en unidades euro la nueva deuda pública negociable a partir del 1 de enero de 1999, redenominar en euros la deuda en circulación emitida por las administraciones públicas y permitir el cambio de la unidad de cuenta en los procedimientos operativos de los mercados organizados.

Respecto a los billetes y monedas denominados en euros, estos se pondrían en circulación por los bancos centrales de los Estados a partir del 1 de enero de 2002. Los billetes y monedas denominados en las unidades monetarias nacionales dejarían de ser de curso legal, a más tardar, seis meses después, es decir, a partir del 1 de julio de ese año, aunque este plazo podría reducirse mediante ley nacional (el Consejo de Ministros y Finanzas de la UE acordó, el 8 de noviembre de 1999, que el periodo de convivencia de las monedas nacionales y del euro lo fijaría cada Estado miembro entre cuatro semanas y dos meses). Este Reglamento entró en vigor el 1 de enero de 1999 y constituyó una norma de cumplimiento obligatorio para los Estados miembros.

SISTEMA DE BANCOS CENTRALES

El Tratado de la Unión Europea (TUE) otorga al Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) las funciones de diseño y ejecución de la política monetaria de los países que conformen el área del euro. A partir de la fecha de comienzo de la tercera fase de la Unión Monetaria y Económica (UME), que fue el primero de enero de 1999, la autoridad monetaria de los Estados miembros la constituye el Banco Central Europeo (BCE) y los bancos centrales nacionales (BCN) respectivos.
Desde entonces, el SEBC está compuesto por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales de los quince Estados miembros, es decir, incluye los tres BCN de los Estados miembros que no habían adoptado aún el euro.

El Eurosistema estaba formado por el BCE y los BCN de los Estados miembros que habían adoptado el euro (Estados miembros participantes). Mientras sigan existiendo Estados miembros que no hayan adoptado esta moneda, será necesario mantener la distinción entre Eurosistema y SEBC.

El BCE tiene personalidad jurídica propia de acuerdo con el derecho público internacional y constituye el núcleo del Eurosistema. Al adoptar sus decisiones sobre la forma en que han de llevarse a cabo sus funciones, el BCE está sujeto al principio de descentralización, en concordancia con los Estatutos del SEBC.

Cada uno de los BCN tiene personalidad jurídica propia de conformidad con la legislación nacional de sus respectivos países. A pesar de ello, los BCN de la zona del euro forman parte integrante del Eurosistema y, como tales, ejecutan las funciones a ellos encomendadas con arreglo a las normas establecidas por el BCE. Los BCN pueden ejercer funciones ajenas al Eurosistema bajo su propia responsabilidad, a menos que el Consejo de Gobierno considere que tales funciones interfieren en los objetivos y tareas del Eurosistema.

Como lo establece el Tratado, el BCE y el SEBC se crearon el 1 de junio de 1998, inmediatamente después de la decisión sobre el paso a la tercera fase de la UEM. Una vez que se adoptó tal decisión -”lo antes posible en 1998″, según los acuerdos del Consejo Europeo de Madrid de 1995-, los gobiernos de los Estados miembros que iban a formar parte de la UEM procedieron a nombrar los órganos de gobierno del BCE, con lo que quedaron constituidos el BCE y el SEBC. El BCE asumió, entonces, las funciones del Instituto Monetario Europeo (IME), que fue liquidado.

Órganos rectores del BCE

El Eurosistema y el SEBC están regidos por los órganos rectores del BCE: el Consejo de Gobierno y el Comité Ejecutivo. Sin perjuicio de ello, el Consejo General se constituye como tercer órgano rector del BCE, siempre y cuando existan Estados miembros que no hayan adoptado aún el euro como moneda. El funcionamiento de los órganos rectores viene determinado por el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, por los Estatutos del SEBC y por el Reglamento Interno correspondiente.

  • El Consejo de Gobierno: es el órgano rector supremo del BCE, está compuesto por todos los miembros del Comité Ejecutivo y los gobernadores de los BCN de los Estados miembros que han adoptado el euro. De acuerdo con el Tratado, las principales responsabilidades del
    Consejo de Gobierno son:       

    * adoptar las orientaciones y las decisiones necesarias para garantizar el cumplimiento de las funciones asignadas al SEBC; y

    * formular la política monetaria de la zona del euro, incluidas, en su caso, las decisiones relativas a los objetivos monetarios intermedios, los tipos de interés básicos y el suministro de liquidez al Eurosistema, así como establecer las orientaciones necesarias para su cumplimiento.

    Al adoptar decisiones sobre política monetaria y sobre otras funciones del Eurosistema, los miembros del Consejo de Gobierno no actúan como representantes de sus países respectivos, sino como personas plenamente independientes. Esto queda reflejado en el principio de “una persona, un voto”.

    El Consejo de Gobierno se reúne, normalmente, cada dos semanas en la sede del BCE en Frankfurt. Sin embargo, tres reuniones se celebraron por teleconferencia. No obstante, con arreglo a la decisión adoptada anteriormente relativa a que el Consejo de Gobierno se reúna dos veces al año en otro país de la zona del euro, la primera reunión fuera de Frankfurt se celebró en el Banco de España, en Madrid, el 30 de marzo de 2000.

  • El Comité Ejecutivo: está compuesto por el presidente, el vicepresidente y otros cuatro miembros nombrados de común acuerdo por los Gobiernos de los Estados miembros participantes, representados por sus Jefes de Estado o Gobierno. Las principales responsabilidades del Comité Ejecutivo son:       

    - preparar las reuniones del Consejo de Gobierno,
    - poner en práctica la política monetaria de conformidad con las orientaciones y decisiones adoptadas por el Consejo de Gobierno y, al hacerlo, impartir las instrucciones necesarias a los BCN del Eurosistema,
    - ser responsable de la actividad diaria del BCE, y
    - asumir determinados poderes delegados en él por el Consejo de Gobierno, incluidos algunos de carácter normativo.

    Es práctica habitual que el Comité Ejecutivo se reúna al menos una vez por semana, para decidir la instrumentación de la política monetaria, la preparación de la reunión del Consejo de Gobierno y los asuntos internos del BCE.

  • El Consejo General: está compuesto por el presidente y el vicepresidente del BCE y los gobernadores de los quince BCN, tanto de los Estados miembros participantes, como de los no participantes. Se ha hecho cargo de aquellas tareas desempeñadas por el Instituto Monetario Europeo que, debido al hecho de que no todos los Estados miembros han adoptado el euro, ha de seguir ejerciendo el BCE en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria. Por consiguiente, el Consejo General es responsable, fundamentalmente, de informar sobre los progresos realizados hacia la convergencia por los Estados miembros no participantes, así como de asesorar sobre los preparativos necesarios para fijar irrevocablemente los tipos de cambio de sus monedas.       

    Además, el Consejo General colabora en determinadas actividades del SEBC, tales como el desarrollo de las funciones consultivas y la recopilación de la información estadística.

    Cada miembro de los distintos órganos que se han descrito cuenta con un voto para la toma de decisiones, que, en la mayoría de los casos, se aprueban por mayoría simple. La excepción a este respecto la constituyen las decisiones relativas al patrimonio, capital, reservas u otras que requieren mayoría cualificada, en las cuales se ponderan los votos de los representantes de los bancos centrales nacionales en función de su participación en el capital del BCE.

    Dos aspectos importantes de los Estatutos del SEBC y del BCE son: el requisito de absoluta independencia de los miembros de sus órganos de gobierno, en el ejercicio de sus funciones, respecto a cualquier otro organismo nacional o comunitario, y la necesidad de que cada Estado miembro garantice la compatibilidad de sus legislaciones nacionales, incluidos los Estatutos de los bancos centrales nacionales, con los correspondientes del SEBC y BCE.

    El objetivo primordial que el Tratado asigna al SEBC es el de mantener la estabilidad de precios, sin perjuicio de lo cual “apoyará las políticas económicas generales de la Comunidad”.

    Partiendo de este objetivo, las funciones básicas que lleva a cabo son las siguientes: definir y ejecutar la política monetaria única; realizar operaciones en divisas coherentes con la política cambiaria establecida; poseer y gestionar las reservas oficiales de divisas de los Estados miembros -sin perjuicio de la tenencia y gestión de fondos de maniobra oficiales en divisas por parte de los Gobiernos de los Estados miembros-; promover el buen funcionamiento de los sistemas de pagos en la zona del euro; contribuir a la buena gestión de las políticas de supervisión prudencial de las entidades de crédito y a la estabilidad del sistema financiero; autorizar la emisión de billetes de banco en el área del euro.

    Además, el BCE debe ser consultado sobre las propuestas comunitarias o iniciativas nacionales que entren en el ámbito de sus competencias y, en particular, debe ser consultado por el Consejo Europeo -que es el órgano ejecutivo de la Unión, de carácter intergubernamental- en todo lo relativo a la política cambiaria exterior de la Comunidad.

    Dos puntualizaciones importantes a esta somera descripción de las funciones del SEBC son las siguientes. En lo relativo a la política cambiaria, la soberanía última está en manos de los gobiernos, y corresponde, por tanto, al Consejo Europeo, la definición de las líneas de política cambiaria y la posible formulación de acuerdos específicos a este respecto. No obstante, el BCE debe ser consultado en estas cuestiones, a los efectos de que la política cambiaria sea compatible con el objetivo primordial de la estabilidad de precios.
    Por lo que se refiere a la supervisión de las entidades de crédito, el Tratado establece que el Consejo Europeo, previa consulta al BCE, podrá encomendar a este último tareas específicas en este terreno, además de la contribución a la buena gestión de la supervisión prudencial mencionada anteriormente.

Calendario del Euro

1 de septiembre de 2001: Empieza la distribución del euro a bancos.
Se comienzan a distribuir euros con las principales instituciones financieras, momento a partir de¡ cual estás podrán establecer acuerdos para comenzar la distribución de las monedas en los grandes centros comerciales.

1 de diciembre de 2001: Llegan los euros a los pequeños comercios.
Comienza la distribución de los euros entre los pequeños comercios a través de las entidades financieras.

15 de diciembre de 2001: Adquisición de los euromonederos.
Se pueden adquirir en las entidades financieras los euromonederos, 43 de las nuevas monedas por un valor equivalente a 10 dólares.

1 de enero de 2002: Se empiezan a utilizar las dos monedas.
Empieza la distribución de los euros, pudiéndose utilizar durante los próximos dos meses tanto las viejas monedas como euros. Los euros ya estarán disponibles en cajeros automáticos e instituciones financieras.

1 de marzo de 2002: Sólo se puede utilizar el euro.
Desaparecen las viejas monedas como medio de pago,, pasando el euro a ser la única moneda que se utiliza para intercambios.

30 de junio de 2002: Ultimo día para canjear las viejas monedas.
Ultimo día para realizar el canje de las viejas monedas por euros en las instituciones financieras. A partir de entonces sólo se lo podrá realizar en los respectivos bancos centrales.

VENTAJAS DE UNA MONEDA COMÚN

Los dos beneficios esenciales que obtienen los países que forman parte de una unión monetaria son:

1. Eliminación de los costos de transacción como consecuencia de la sustitución de las distintas monedas nacionales por una moneda única. Aunque es difícil cuantificar esta reducción de costos, puede citarse la cuantificación realizada por Emerson y otros autores en 1992 (“An evaluation of the potential benefits and costs of forming an economic and monetary union”) que han estimado las ganancias derivadas de la eliminación de estos costos de transacción en un 0,5 por ciento, aproximadamente, del PBI comunitario.

2. Eliminación de la incertidumbre asociada a la variación de los tipos de cambio de las monedas de los países que se integran en la moneda única. Esta ventaja es clara si se consideran los efectos perjudiciales que la excesiva volatilidad de los tipos de cambio y la incertidumbre que generan sobre los flujos de comercio e inversión internacionales.Además de los efectos beneficiosos sobre estas dos variables, diversos autores han destacado las consecuencias que traerá la menor incertidumbre sobre el crecimiento económico: la reducción de la fluctuación de los tipos de cambio llevaría a un descenso de la prima de riesgo que incorporan los tipos de interés reales. Esto, a su vez, tiende a aumentar las inversiones productivas, al convertir en atractivos aquellos proyectos que no lo eran debido al relativamente alto costo del capital. De tal forma, la mayor eficiencia en la utilización de los recursos lleva a una mayor productividad y, en consecuencia, a un mayor crecimiento a medio plazo.
A estos efectos beneficiosos hay que añadir otros que se derivaron del proceso particular de introducción del euro que concretó la Unión europea, así como de las características diferenciales que ésta presenta. En este sentido, hay que tener en cuenta los siguientes elementos que resultaron decisivos en la adopción de la moneda común y que permitieron la obtención de ventajas adicionales:

  • Un mercado único donde las mercancías circulan libremente, establecido a partir del 1º de enero de 1993.

  • Normas de obligado cumplimiento relativas al tamaño de la deuda pública y del déficit público, así como a la financiación de este último.

  • Una sola autoridad monetaria encargada de formular una política monetaria única.

De la consideración de estos elementos pueden identificarse los siguientes beneficios:

  • Profundización en el mercado interior: El establecimiento del euro, aunque no imprescindible para el funcionamiento del mercado interior, permitió dar un paso definitivo en la consecución de la integración de los mercados, incrementando así sus beneficios. En efecto, la existencia de monedas distintas y la inestabilidad cambiaria asociada constituye una barrera que impide hacer efectivos todos los beneficios potenciales del mercado único. El establecimiento de los precios de los bienes y servicios en una sola moneda favoreció la transparencia en todo el mercado europeo, dificultándose la fijación discriminatoria de precios.
    Asímismo, estos efectos son de aplicación a los mercados financieros, en los que se incrementó la competencia entre las diversas instituciones financieras al desaparecer la denominación de los activos en distintas monedas, uno de los elementos que contribuían a la segmentación de los mercados. En consecuencia, las alternativas de financiación abiertas a particulares y empresas fueron ampliadas y mejoradas de forma sustancial.

  • Estabilidad macroeconómica: Las condiciones de convergencia fijadas en el Tratado de la Unión Europea garantizaron que sólo aquellos países con estabilidad macroeconómica pudieran acceder a la moneda común. La satisfacción de dichos criterios aseguró que los países tuvieran unas finanzas públicas saneadas y conseguido estabilizar la inflación a unos niveles reducidos. Además, el criterio relativo a las tasas de interés a largo plazo aseguró que la convergencia entre los distintos miembros y la estabilidad macroeconómica se sostuvieran en el tiempo y no fueran puramente transitorias.
    Como complemento a estos criterios de convergencia, ya en vigor desde la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria, el funcionamiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento hizo que los países miembros siguieran comprometidos con la estabilidad macroeconómica y, fundamentalmente, con el control de los déficit públicos.
    Las buenas condiciones macroeconómicas apuntadas se vieron reforzadas por la existencia de una política monetaria única, cuyo objetivo es la estabilidad de precios. Todo ello garantizó además que el Banco Central Europeo goce de una alta credibilidad antiinflacionista, resultando así menos oneroso conseguir los resultados deseados de inflación.

  • Moneda internacional: Finalmente, el poder económico y comercial de la Unión Europea y las bases sobre las que se construyó la moneda única, permitieron que el euro se haya convertido en una moneda de reserva internacional.

EURO: Billetes y Monedas

El 1 de enero de 2002 comenzaron a circular los billetes y las monedas metálicas en euros. Su diseño y fabricación han sido planeados desde el principio como una empresa común de la Unión Europea (UE).

En total existen siete billetes y ocho monedas diferentes, que forman parte de la vida cotidiana de los europeos, después que sustituyeron a los billetes y monedas nacionales de los países de la zona euro.

Los Billetes

Hay 7 billetes de euros. En diferentes colores y tamaños se emiten en 500, 200, 100, 50, 20, 10 y en 5 euros.

Los diseños plasman los estilos arquitectónicos representativos de siete épocas de la historia cultural europea (clásica, románica, gótica, renacentista, barroca y rococó, la época de la arquitectura del hierro y del cristal y la arquitectura moderna del siglo XX ). No representan monumentos reales. Las ventanas y puertas que figuran en el anverso de cada billete simbolizan el espíritu de apertura y cooperación del continente, mientras que las doce estrellas de la UE al dinamismo y la armonía de la Europa contemporánea. El reverso de cada billete representa un puente de una época determinada, metáfora de la comunicación entre los pueblos de Europa y entre Europa y el resto del mundo. Los diseños definitivos se hicieron públicos en diciembre de 1996 en el Consejo Europeo de Dublín. Todos los billetes están provistos de dispositivos avanzados de seguridad.

En los billetes aparecen también los siguientes motivos principales:

  • El nombre de la moneda -euro- en caracteres latinos y griegos.

  • La bandera de la Unión Europea en el anverso de los billetes.

  • Las iniciales del organismo emisor (el Banco Central Europeo) en cinco variantes lingüísticas (BCE, ECB, EZB, EKT, EKP) que abarcan las once lenguas oficiales de la Comunidad Europea.

  • La firma del Presidente del Banco Central Europeo, estampada junto a las iniciales del Banco Central Europeo.

Billetes europeos

Las Monedas

Fueron acuñadas 8 monedas de euros emitidas en 2 y 1 euro y 50, 20, 10, 5, 2 y 1 céntimo de euro. Todas las monedas de euro tendrán una cara europea común. En el reverso, cada Estado miembro acuñó las monedas con sus propios motivos.

Las monedas se utilizan en cualquier lugar de los 12 Estados miembros, independientemente del motivo que lleven. Por ejemplo, un ciudadano francés podrá comprar cigarrillos en Berlín con una moneda de euro que lleve la efigie del rey de España. La cara europea común de las monedas representa un mapa de la Unión Europea sobre un fondo de líneas transversales a las que van unidas las estrellas de la bandera europea.

Las monedas de 1,2 y 5 céntimos destacan el lugar de Europa en el mundo mientras que las de 10, 20 y 50 céntimos presentan a la Unión como una reunión de naciones. Las monedas de 1 y 2 euros reflejan la Europa sin fronteras.

Los diseños definitivos se aprobaron en la reunión del Consejo Europeo de Amsterdam en junio de 1997.

LOS PRIMEROS PASOS

Como estaba previsto, el 1º de enero de 1999 comenzó negociarse el euro en los mercados de divisas, comenzando así su histórico lanzamiento simultáneo en Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal. A la apertura de las transacciones en el primer día hábil del año, el 4 de enero en Sydney, Australia, la moneda única se cotizó a 1,1747 dólares y muy pronto, en medio de la euforia que causó su tan esperado nacimiento, tocó su máximo histórico en el nivel de 1,19.

Los inicios de la vida del euro no pudieron ser más alentadores, pero sus altos tipos de cambio de salida duraron muy poco. La nueva divisa encontró rápidamente su primer obstáculo en la debilidad de la economía europea, situación que en ese entonces contrastaba notoriamente con el alto ritmo de crecimiento en los Estados Unidos, que además tenía tasa de interés mucho más alta que en Europa. La combinación de estos dos factores, junto con la política restrictiva adoptada por el Banco Central Europeo (BCE), empujaron a los inversionistas a apostar fuertemente por el futuro de la economía estadounidense y por su moneda.

Durante su primer año de vida el euro sufrió numerosos tropiezos, de importancia diversa. El primero ocurrió el 11 de marzo, cuando la renuncia del ministro de Finanzas alemán, Oskar Lafontaine, motivó la primera abrupta caída de la flamante divisa única que, en escasos veinte minutos se derrumbó hasta los 1,0940 dólares. El 26 de ese mismo mes comienza la guerra en Yugoslavia y el 8 de abril el BCE rebaja en medio punto su tasa de interés y el euro parece estabilizarse en el nivel de 1,07 dólares por unidad.

No obstante, se acentúan las incertidumbres por los enfrentamientos en Kosovo, mientras el presidente del BCE, Win Duisenberg, declaraba que no estaba alarmado por la caída del valor del euro por dicho motivo. También aclaró que ese hecho tampoco justificaba una posible intervención oficial en el mercado. El 19 de abril la moneda única cerraba a 1,06 dólares.

Tras nuevas subas y bajas, el 2 de junio el euro quiebra el soporte de 1,0340, al generalizarse la idea de que se produciría una mayor brecha entre las tasas de interés de la eurozona y la de los Estados Unidos. La divisa única comienza entonces cotizarse con fuerte volatilidad, obligando al BCE a intervenir, por primera vez, ayudado por el Banco de Japón vendiendo yenes contra euros, y con la colaboración de los diferentes bancos centrales europeos, no logrando esta acción los resultados esperados.

Pero en la segunda quincena del mes de julio todo cambió cuando se supo que el indicador IFO, en Alemania, mostraba una suba inesperada que sorprendió a todos, provocando la inmediata revalorización del euro en más del 6%, superando así el nivel de 1,04 dólares, para alcanzar los 1,0535 al cabo de las tres jornadas siguientes. La sensible mejora de las perspectivas sobre el futuro de la economía de la eurozona provocó cierta inquietud por la posibilidad de que capitales estadounidenses se vieran tentados a cruzar el Atlántico en busca de mayores rendimientos.

Mientras, en los Estados Unidos suben los precios mayoristas y entonces la Reserva Federal decide, el 24 de agosto, incrementar su tasa de interés en 0,25%, llevándola al 5,25%. Allí comienza una nueva historia, porque los capitales vuelven a los Estados Unidos en busca de rendimientos mayores y como consecuencia el euro pierde valor hasta volver a cotizarse en el nivel de 1,04 dólares y dos semanas después marcar un mínimo de 1,0349.

A fines de septiembre una esperada toma de ganancias revierte la tendencia negativa de la divisa europea, que a mediados de octubre lograr recuperarse hasta marcar, de nuevo, un máximo de 1,0911 dólares.

Pero la tendencia de fondo no cambia y el dólar recobra su fortaleza, ayudado por datos negativos sobre la economía europea que hacen suponer que el BCE no volverá a tocar su tasa de interés, fijada en el 4,5%. Durante noviembre aquel sentimiento negativo se mantiene y se refuerza cuando se publica la revisión al alza del PBI estadounidense, se conoce un flojo dato del IFO alemán y suben las acciones en la Bolsa de New York.

Pero el 3 de diciembre de 1999 se marca un hito nuevo histórico: el euro quiebra, por primera vez, su paridad con la moneda de la primera potencia del mundo, que vuelve así a mostrar su fortaleza.

Sin embargo, la divisa de los 11 vuelve a recuperar algo de su valor en los últimos días del año y ayudado, esta vez, por un excelente dato del IFO alemán, logra cerrar el primer año de su vida a 1,0089 dólares, un 16% por debajo de lo que cotizó el día de su nacimiento.

Fue evidente que desde su nacimiento el euro decepcionó a los inversionistas internacionales, principalmente, como también a los líderes políticos y banqueros centrales y a los analistas más encumbrados, muchos de los cuales habían previsto que la moneda común se cotizaría al finalizar su primer año de vida hasta un 20% por encima del nivel de paridad con el dólar estadounidense.

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