TAMBONG, Canciones urgentes y una nación musical para Vitor Ramil

Vitor RamilCamina territorios imprecisos dibujando mapas que sólo él ve, hasta que los convierte en música. Ramil lleva grabados seis discos, con decenas de canciones navegantes de las fronteras. Empezó a los 18 años y en abril del 2002 cumplirá 40. Ahora acaba de editar Tambong, donde busca aunar el triángulo que lo gesta en alma y pensamiento: Uruguay, Brasil y Argentina; Tango, Bossa Nova y Milonga. Sobre el proceso creativo de este disco nos detuvimos a charlar y aquí esta lo que conversamos.

Track 1
“Deja al mundo quemarse en paz” (Cielo no es)

Le gusta modelar palabras. No es inventarlas sino que, casi como un arqueólogo, las redescubre y como un restaurador les da nuevos significados. Vitor es un hermenéutico poeta que construye puentes y paisajes con el lenguaje y la música, hasta que planta bandera, graba un disco y sigue recorriendo nuevos caminos.

Antes de contarles la historia de Tambong, me pregunto, ¿qué es una palabra? El diccionario responde: “conjunto de sonidos que designan una cosa o una idea. Una palabra es una convención y un legado cultural”.

Con esta información previa, saber que la palabra “tambong”, se le apareció a Ramil en un sueño, como quintaesencia para definir la sutil mezcla de tango, bossa nova y milonga de su música, no es descabellado. El vocablo se convirtió, ya en la vigilia, en el motor de un disco que se fue moldeando a si mismo, se expandió y es ahora un espacio sonoro donde todo reverbera: voz, cuerdas, palabras y armonías, donde las canciones le ganan a los géneros y cada imagen esta colocada con esmero dentro de la trama, convirtiéndose la música y las historias, en cuadros vivos e imaginarios.

No va a ser una sorpresa entonces, conociendo el oficio de restaurador de vocablos que ejerce el sulista, enterarnos que “tambong” era un término inventado mucho tiempo atrás, con diversos significados, tanto en Filipinas como en África. Las ¿casualidades?, o el ¿destino?, hacen también que “tambo” sea la raíz lingüística e histórica de la palabra Tango (1).

Su trabajo de arqueólogo sin brújula es el que le devolvió a Tambong su reverberancia y la conciencia de remitir a muchos viajes, a muchas idas y vueltas.

Track 2:
“A la luz del día todas las cosas me perderán, como te perdí” (Espacio)

El gaúcho buscó entre sus asignaturas pendientes, en los recuerdos de viaje y las viejas ropas de la infancia. Transformó el subyugante término en un sofisticado disco. Apostó a otras miradas para redescubrir viejas y nuevas canciones propias y ajenas, y apostó a cambiar de país para obtener una visión renovada. De ese cruce de estéticas y gustos, con una dosis de metamorfosis y vértigo muy saludables, nació este long play, producido por Pedro Aznar y grabado en Buenos Aires, entres cafés, lluvia y humedad.

Track 3:
“Que sea el día real. Si quiero un cuadro ideal” (Prado Verde)

Hijo de papá uruguayo y mamá sulista, Vitor ha viajado todos los inviernos de su infancia desde Pelotas, su ciudad natal, a un Uruguay de asados y tangos. Se crió en una casa donde el castellano era moneda corriente y donde sus padres, sobre la alfombra del living, bailaban el 2×4 que tanto lo emociona. Desde la Banda Oriental, enamorarse de la cultura argentina fue apenas un paso y grabar Tambong en Buenos Aires, terminar de dibujar su propio territorio, su identidad histórico-musical.

“Creo que en el final todo se llena de sentido, porque haber grabado en, y con músicos de este país, es parte de un círculo muy significativo de mi vida. Hay datos que no puedo dejar de relacionar, como por ejemplo que la primer invitación que tuve para venir aquí fue de Mercedes Sosa, que grabó justamente mi primer bossa, mi primera música tan brasileña, “Cielo no es”, que abre este disco. Y luego, paradójicamente, grabó también aquí, la primera milonga que compuse, mi identidad gaúcha. Tal vez estos símbolos sean mi propia justificación para cosas de mi vida, mi pasado y mi familia, de la presencia del español como la segunda lengua en mi casa, de la musicalidad de aquí y de Brasil que están presentes en lo que soy. Finalmente, siento que todo eso esta volcado en este Cd.”

Vitor RamilTrack 4:
“Um dia você vai a servir a alguém. Seja ao diablo. Ou seja a Deus.” (Um dia você vai a servir a alguém)

Tambong es un ejercicio de racconto, de confirmación de lo vivido y elaborado en 20 años de carrera, pero es además, el comienzo de nuevos recorridos. En Brasil temas como “La ilusión de la casa” abrieron nuevos públicos para la música de Vitor, que está cobrando nuevas dimensiones en los otros. En este disco grabó el primer tema que compuso en castellano (“Subte”), y en inglés (“Quiet music”), y debuta editando en español y portugués su trabajo. El nuevo Cd lo reencontró además con Egberto Gismonti, productor de “Estrela, estrela”, el inicio de su carera discográfica, y lo reconcilió con sus canciones más “brasileñas”. Tambong es una puerta doble.

“No había pensado en ello. Un montón de primeros, ¿no?. Tal vez es la primera vez que siento que canto bien por ejemplo, tuve algunos buenos momentos en otros discos, pero en este último me sentí un poco listo en la parte de componer y tocar, y traté de cuidar más la interpretación, cantar buscando una voz linda, una buena forma de colocar. Y además es la primera vez que elijo trabajar con un músico como Pedro Aznar, que tiene un montón de influencias y una capacidad increíble de metamorfosear, de tocar varios instrumentos y géneros. Creo que en su carrera individual también es un desafío buscar la unidad y, entre tantas influencias, trabajamos como dos tipos buscando la unidad, unidades individuales. Nos fuimos trabajando mutuamente y con otros músicos.”

Track 5:
“Voy te ví. Allí desierta de algún alguien.” (Fue el mes que viene)

“Primero grabamos todas las guitarras, me parecía importante empezar por ahí, porque en Ramilonga descubrí que a la gente le gusta escuchar mi guitarra en combinación con la voz. Y entonces todos los arreglos comenzaron desde el concepto de las violas y recién cuando tuvimos todas las bases listas llamamos a Santiago Vázquez para las percusiones. Las sesiones eran sentarnos los tres a escuchar los temas. Ahí empezamos a grabar eligiendo todo muy despacio, como arreglando la decoración de una sala, dónde va esta silla, qué pongo en este rincón, o esto no me gusta, por favor cambiá de lugar aquello. Lo que pensamos fue que teníamos una sala vacía y había que llenarla de muebles, del siglo pasado, del siglo XXI, etc. Fue un muy lindo el trabajo para cada canción, muy tranquilo y muy creativo, con mucha diversión y mucho placer todo el tiempo, mucho disfrute, ¿existe esa palabra aquí? A mí a veces me salen palabras que existen en castellano pero no en portugués, disfrute no existe en portugués y tiene mucho que ver con lo que me pasó aquí.”

Track 6:
“Nada como un día yendo atrás de otro viniendo” (El viejo León y Natalia en Coyoacán)

Varios invitados aportaron sus muebles a las canciones de Tambong. Egberto Gismonti, Chico César, Joao Barone (Os Paralamas), Lenine. Todos ellos grabaron en Buenos Aires.

“Para mí era una onda muy argentina esto de invitar gente, Pedro siempre está con la idea de llamar a otros músicos y yo todo lo contrario, no tengo ese impulso. Pero la convivencia con él terminó ganándome.

Específicamente me dijo que quería otra voz para el tema de Dylan, “Você vai servir alguém”. Yo me fui a Brasil antes de entrar en el estudio y estuve en agosto tocando en Fortaleza. Allí mismo abría el show Lenine, que además es muy amigo mío, de muchos años, y pensé que él era la persona para este tema, porque además el toca una guitarra divina, con cuerdas de nylon, y canta con un acento nordestino que sentí en combinación justa con lo gaúcho que yo traigo.”

“Luego sucedió que durante la grabación, cada vez que escuchábamos notas raras decíamos, `ahí está el maestro´, hablábamos todo el tiempo de Gismonti, lo nombrábamos mucho. Y un día Pedro me pregunto qué me parecía si lo llamábamos, y bueno, vamos a intentarlo, lo llamo y a ver lo que pasa. Yo no hablaba con él hacía como 20 años, desde que grabamos mi primer disco. Y ´qué tal, ¿te acordás de mí?´, ´Si claro, ¿que estais fazendo?´, le mandé música y letra de “Voy te ví” y finalmente me dijo que quería conversar con la letra porque le generaba mucha tensión, pasado-presente-futuro, un amor que no se resuelve. Cuando vino a grabar no sabíamos que iba a hacer, se sentó en el piano y empezó a generar una cosa muy tensa, muy loca, una conversación musical intensa, y yo cantando en el otro extremo, muy relajado, fue una grabación bastante rara. Y era muy difícil arreglar ese tema porque tenés la guitarra y la voz en un plano, y ese piano altísimo, muy arriba. Así que lo mezclamos en tres pistas, la guitarra abajo con los graves, la voz sin graves ni agudos, como si fuera de radio, latosa, y el piano bien agudo; tres regiones distintas en tensión, creando un nuevo espacio. Pedro trabaja muy bien las mezclas, tiene mucha sensibilidad y lo hizo muy bien.”

“Lo de Chico César fue aún más ´casualmente extraño´. Él estaba de paseo en Bs.As. un fin de semana y le comentaron que yo estaba aquí grabando. A su vez Pedro había grabado un tema de él, “A primera vista”, y por otra parte Chico eligió Ramilonga como el mejor disco del año en una encuesta de Brasil. Así que Pedro y yo teníamos una relación con él. Finalmente, así como es Chico, se apareció de sorpresa en el estudio y dijo: `quiero grabar, vine para grabar´ y entró justo en el arreglo de “La ilusión de la casa”, que estaba quedándonos muy africano. Él le aportó una improvisación vocal en el estilo de Salif Keita, muy afro. A João Barone lo invitamos cuando definitivamente ese tema ya tenía una forma muy especial. Es un tema que para mí es un quilombo total, pero ya me había entregado a que fuera así, así que llamé a João que nos pareció el baterista que nos podría dar más de esa cosa africana y negra brasileña. La mujer de él, Tacha, había grabado conmigo en su casa de Río “Quiet Music”, los dos por tocar simplemente, y había quedado una grabación casera con nuestras voces que yo traje para aquí y Pedro la dejó tal cual en el disco. Y así son los brasileños, trajeron mucha brasilidad para el trabajo, y completaron el escenario, porque estaba yo en el medio del camino, los argentinos en su contexto y los brasileños que llegaron y terminaron de definir la estética de este disco.”

Track 7:
“El tiempo es mi casa. La casa es donde quiero estar” (La ilusión de la casa)

Los sonidos graves son la coyuntura que da forma al ritmo armónico, a las líneas melódicas y a la voz de Vitor. Tal vez religado a la tierra extensa, llana y cadenciosa de la pampa gaúcha, los bajos van marcando el pulso interno de sus temas, con una expresividad muy singular. Tambong, por su parte, abrió la puerta a nuevas texturas que aportan Pedro Aznar y Santiago Vázquez, joven percusionista argentino que llenó el espacio aéreo de la estética Ramil. El aporte tímbrico y estético de los tres se combina en esta fórmula. Aznar derrocha su musicalidad cada vez que sus manos se posan en las guitarras de 10 y 12 cuerdas, en el bajo y el bajo fretless, y Vázquez decora los espacios con un sinfín de pequeñas y extravagantes texturas, chillonas, dulces, arcanas, infantiles, étnico – universales.

“Santiago aporta un montón de sonidos diversos y a Pedro eso también le encanta. Si fuera por mí yo me quedo siempre ahí abajo, en la tierra, haciendo lo mínimo, los movimientos más fundamentales. Todo lo demás siempre me parece excesivo, pero aquí hicimos un cambio muy bueno. Aunque debo reconocer que yo estuve siempre conteniendo a la gente, asegurando mi terreno y ellos intentando tocar. Yo tengo que aceptar que eso le encanta a la gente en general, esos sonidos, mirar de un lado para el otro aunque a mí me gustan las cosas que casi no están. Ahora por ejemplo, quisiera hacer un disco solamente de guitarra, pero se van a cansar y creo que la gente tiene razón. Pero yo cada vez que armo un tema, siempre pienso qué puede resultar con lo mínimo, resuelvo casi todo en la guitarra. Volviendo a Tambong, las percusiones de Santiago realmente fueron importantes, además tiene muy buen gusto para hacer las cosas, en el show saca un montón de juguetes para sus soniditos raros y en la grabación todos los días era una sorpresa distinta. Cada recital en vivo con él me abre nuevos intereses y ya quiero hacer nuevas versiones de todos los temas que acabamos de grabar, nunca se agota el impulso.”

Track 8:
“Quero te ver, só pra te esquecer” (Válerie)

Para el cantautor, escribir es un ejercicio confesional, columna vertebral de sus edificios musicales y poéticos. Vitor está latiendo en las canciones, sin necesidad de sobreexponerse ni desgarrarse. Está en sus letras como un solitario navegante que mira al mundo a través de convicciones y contradicciones, contando, siempre, con la presencia inefable y omnipresente de su familia y su historia.

“Tengo repertorio para dos discos de milongas, lo que pasa es que para mí es un género que no tiene edad, puedo hacerlo cuando tengo 60 años o noventa, si todavía tengo fuerzas en el cuerpo. Pero cantar Dylan por ejemplo, no voy a tener tantas fuerzas, creo que este es el momento. Realmente yo iba a grabar las milongas, pero el éxito de Tambong ha sido tan fuerte que estoy muy inclinado a dar continuidad a un montón de canciones que tengo aparte, más cerca del pop tal vez. Porque este disco es un disco de canciones, canciones más urgentes, que tienen la vida un poco más corta, dependen, para mí, del momento, y las milongas las siento un hecho más atemporal. Sigo componiéndolas, pero sin ninguna prisa, es casi como hacer literatura para mí, no tienen la urgencia que sí sentí con estas canciones.”

Track 9:
“A dor vagando em mim como un tiro no coração, desde o começo dessa canção.” (Só você manda en você).

“Nunca reniego de Brasil, yo lo estoy buscando. Tengo conciencia de que en el sur estamos bastante alejados de lo que popularmente identifica a mi país y eso dificulta la comunicación entre los brasileños del sur y del frío, con los norteños del calor.

Pero la diferencia cultural debe ser un estímulo para crear cosas nuevas. Durante muchos años viví con el prejuicio de no permitirme hacer música ´típicamente brasileña´ por miedo a que no fuera a sonar natural y por ejemplo”Cielo no es”, la bossa que grabó Mercedes, me generó una crisis de identidad muy fuerte cuando la compuse, sentía que no iba ser auténtico para un gaúcho cantar así. Y ahí fue cuando dije ¿por qué no?, soy brasileño, tengo derecho a la tradición brasileña, me formé con la música popular, ¿por qué tengo que esta obligado a vivir en una constante crisis?, ¿por qué me permito hacer una balada beatle y no una bossa a lo Gilberto? Componer esa canción me generó un cambio muy importante. “Cielo no es” tiene ese significado, la apertura de mi música, y por eso también cobra significado como primer track de este disco, y tiene sus hijas en “Espacio” y en “A Beça”, donde directamente hablo de ese conflicto de identidad cultural, “con que ropa eu vou” (en “A Beça”), es una frase de un viejo samba brasileño que se llama así, y que me animé a citar en un tema mío. Tambong reúne estas canciones y abre el panorama de mi música.”

Vitor RamilTrack 10:
“Yo veo el tiempo en la pared, que pasa y siempre queda allá” (Subte).

Grabar en Argentina.

“Sentí la necesidad de mostrarle a Brasil las dos lenguas juntas, las culturas rioplatense y brasileña fusionadas, esta confluencia de lenguajes que vivimos en el sur. Sí, mejor era grabar aquí, estar en el ambiente, porque la cosa brasileña yo la tengo todo el tiempo y aquí yo me submití durante los tres meses que estuve en Buenos Aires, a vivir esta cultura, antes, durante y después de terminar la grabación, y haciendo shows en Rosario y en la Capital. En Rosario la gente me decía que era muy bueno para ellos escuchar un brasileño cantar en español, como que dejaba dulce el castellano. Para mí fue importante antes de grabar, escuchar este tipo de cosas, sacarme el prejuicio de que la gente recibiera mal esta locura de grabar en español, yo no quería que pasara como una cosa superficial u oportunista. Es como una fascinación que tengo por esto, me siento llamado. Me encantaría poder hacer cosas también en otros lugares. Ahora por ejemplo tengo ganas de hacer cosas en España, me parece un desafío bastante interesante con mis raíces.”

Track 11:
“O onconsolável caixeiro viajante hacendé um cigarro” (Para Lindsay)

Haciendo historia, podemos agregar a este mapa sobre Ramil y su proceso creativo, que en 1997 se reconcilió con su identidad brasileña pudiendo poner nombre a la convergencia socio-cultural en la que se crió. Es decir, se hizo cargo de ser sulista, de estar religado a las músicas del Río de la Plata, de amar el frío, la pampa y la milonga, y le dijo al Brasil carioca y al mundo, que su universo estaba en la Estética del frío, concepto que desarrolló y profundizó en el disco más aplaudido de su carrera, “Ramilonga, La Estética del frío”. ¿Es este nuevo Cd., la confirmación de la ya ´estética Ramil´?

“No, creo que también es un pasaje. Yo llegué a la estética del frío para buscar unidad en mi trabajo, mi música matriz dentro de un campo definido para componer. Buscaba naturalidad para escribir canciones y con Tambong encontré, desde no tener límites, otra manera de llegar a lo mismo.”

Track 12:
“Brillar, brillar. Casi sin querer. Dejar, dejar. Ser lo que se es.” (Estrela, estrela)

“Este Cd es también parte de mi momento post Estética del frío. Cuando escribí las canciones de este nuevo disco, logré librarme de muchos de los prejuicios que antes me acosaban, ya dueño de mi tradición brasileña, como de la sureña, pero sin necesitar hacerlo evidente. Artísticamente este trabajo llega después de haber probado muchas cosas distintas en cada disco, y trae canciones nuevas y otras como “Estrela, estrela”, que hice con 17 años y grabé en mi primer álbum. Después de un trabajo tan conceptual como Ramilonga, Tambong no fue una cosa muy concebida, aunque siento que le dio vida toda una idea que elaboré con las búsquedas de estos años. No hubo un control racional en las composiciones y se abrió una puerta de componer todo el tiempo y con facilidad. Siento que este es un momento de relajarme, disfrutar de mi voz, de mis caminos armónicos y del trabajo que empecé a los 16 años. Así me encuentra este disco.”

Track 13:
“¿Con que ropa eu vou? ¿A tudo que você me convidou?” (Á Beça)

En estas épocas de sobresaltos mundiales, la propuesta de volver la mirada a las estrellas, a la casa de uno y a la magia del amor y los encuentros, se convierte en un remanso para el alma. Tambong es una invitación a la intimista compañía de Vitor, a observar las cosas desde una mirada curiosa y tradicional, contradictoria y sorprendida.

El reafirmar y redescubrir su identidad en medio de la desarticulación cultural que provoca la hegemonía de lo globalizado, es algo bastante difícil de desarrollar, es ir en contra de la homogeinización que idealiza la posmodernidad y eso lo sitúa en una vereda de la discusión.

“Pienso que hasta ahora vivimos un deslumbramiento con los sistemas de la comunicación mundial, pero eso esta empezando a cambiar. A mí muchas veces la internet me molesta, hay cosas que prefiero no tener tan cerca, no puedo saber todo de todo; me gustan las cosas que van despacio, que me dan tiempo a descubrir. Más que una constante búsqueda de información, a mi me interesa la formación. Tengo tanto que descubrir de mi propio estado, de Pelotas mismo, sabiendo además que no voy a vivir lo suficiente para descubrir todo, que siento que el trabajo pequeño alguien tiene que hacerlo, hay que cargar el piano para que más adelante alguien lo toque en algún lugar. Yo percibo que tanto en Brasil como en los otros países que visito, a la gente le interesa mucho conocer esta historia de la Estética del frío, esta visión del sur, y eso me esta haciendo volver muy específico, regionalista. Y a veces siento que tengo que cargar el piano, a veces me siento un poco responsable por desatar algunos nudos, abrir algunos caminos y ventilar los ambientes”.

Track 14:
“Deep inside it snows. Let me stay there.” (Quiet music)

Vitor se casó a los 18 años con Ana, a quien siempre le dedica alguna canción. Tiene dos hijos adolescentes y hace poco compró la casa donde se crió; la restauró y vive allí con su familia. Se ríe cuando recuerda que en los pasillos de techos altos, de niño el empezaba a probar su voz. Es un hombre que ríe fácil y habla casi sin respirar, con ideas largas de muchas direcciones. Mientras elabora conceptos en español hace muy a menudo dos comentarios: ¿es así como se dice? y ¿te contesté la pregunta o nos perdimos por ahí?. No toma agua fría porque se cuida la voz y guarda la duda de qué diferencia hay entre los fideos y las pastas. Hace unos años editó una novela, “Pequod”, suele escribir ensayos y durante los ochenta, interpretó un personaje en escena que se hizo tan famoso como sus canciones, se llamaba el Barón de Satolep.

Ramil es además un rebelde que maneja el silencio y la quietud, la sutileza y el bajo perfil. Detrás de su música hay una ideología regionalista propia, que universaliza los pasillos de sus canciones. Después de su debut producido por una discográfica multinacional, el hombre decidió por voluntad propia, abrirse de la maquinaria de compra y venta de artistas, y salió a producir, fabricar, distribuir y difundir él mismo su trabajo, porque “quiénes son ellos para tenerme horas esperando en una sala, o para decidir editar o no mi música”. Creó Satolep Music (Pelotas a la inversa), y desde ese momento recorre en su coche las rutas del inconmesurable Brasil que lo rodea, llevando guitarra, voz y discos a todas las regiones de su extenso mapa. Además cantó en enero del 2001, en la inauguración del Foro Social Mundial de Porto Alegre, uno de los hechos políticamente insurrectos, más importantes de la década.

Alguna vez le preguntaron la razón de su vuelta desde Río de Janeiro a Pelotas, viendo los estados del Sur alejados del mercado. La respuesta fue: “Não estou à margem de uma história, estou no centro de outra”, (“No estoy al margen de una historia, estoy en el centro de otra”).

Mientras redescubre esa historia, encontrándole nuevas formas, escribe y compone sin prisas; sigue cantando y silbando…. bajito.

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