¿Para qué el Teatro Colón en tiempos de la industria cultural?

Teatro Colon ¿Industria cultural?En medio de las variadas transformaciones y proyectos montados en el área cultural para la puesta en valor del tradicional Teatro Colón de Buenos Aires, la profesora Inés A. Buchar, docente de la cátedra de Estética en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y especialista en la denominada Escuela de Frankfurt, nos alerta de los riesgos que esconden algunas propuestas bajo el pretexto de fomentar un “modelo de industria cultural”.En la época del predominio de la industria cultural surge la necesidad de reflexionar acerca del sentido de una institución artística como el Teatro Colón. Más aún cuando los profesionales responsables de las tareas de “puesta en valor y actualización tecnológica” del teatro -el cuestionado Master Plan-, afirman que se trata de “una pieza clave de la industria cultural argentina” (1).

La expresión “industria cultural” (2) encierra una contradicción. El término “industria” designa un modo de producción de objetos en serie, repetibles, valiéndose de procedimientos tecnológicos. Los productos industriales no se diferencian unos de otros y, cuantitativamente, tienen un alcance masivo. El término “cultura” designa, en un sentido amplio, todo aquello que ha sido producido por el ser humano; de aquí que la producción industrial sea cultura. Sin embargo, existe también un sentido restringido del término cultura, que hace referencia al arte, al pensamiento, a las creencias religiosas, aspectos que ponen de manifiesto lo más propio de una comunidad humana. Según este último significado, la esfera de la cultura no se caracteriza por la repetibilidad, sino por la diversidad.

En sus orígenes el arte ha estado ligado al culto religioso, así como también ha estado al servicio del poder político. Es en la modernidad cuando el arte se independiza de su función religiosa y también de su función política, adquiriendo un alto grado de autonomía que hace posible la libertad creativa.

Wolfgang Amadeus MozartPara comprender esta transformación del arte, lo sucedido con Mozart (3) puede ser esclarecedor. En el año 1781, luego del estreno de Idomeneo – ópera en la que se ensalza a un príncipe por su bondad y generosidad –, Mozart obtiene el despido que había solicitado al arzobispo de Salzburgo, junto con el famoso puntapié. En una época en la que el músico profesional debía estar sometido al mecenazgo cortesano como parte de la servidumbre de la corte, Mozart ya no toleraba cumplir con las obligaciones profesionales de ese tipo de cargo y decide convertirse en un “artista libre”. Su intención apuntaba a poder ganarse él mismo su sustento dando clases de música, conciertos por suscripción y publicando sus partituras; sin embargo, sus suscriptores seguían siendo los nobles. Durante un cierto tiempo consiguió su objetivo, pero su situación cambió después del estreno de Las bodas de Fígaro, en el año 1786. El contenido de esta ópera, elegido por Mozart, no obtuvo una buena recepción por parte de la nobleza. En la obra se ponen de manifiesto actitudes de abuso de poder de los nobles, lo cual ocasionó la fría acogida por parte del público cortesano.

El arte no deja de ser el producto de una determinada sociedad, que quedará en cierta medida reflejada en el propio arte. Sin embargo, el rasgo de relativa autonomía que posee permitirá plantear una crítica a la situación social en la que surge, así como también proponer imágenes de un mundo mejor, utopías. Esta característica es compartida tanto por el arte tradicional, tal como se constituye a partir de la modernidad, como así también por las vanguardias y las diferentes corrientes artísticas del siglo XX. En el fenómeno de la industria cultural el rasgo de autonomía se ve reducido al mínimo, cuando no es inexistente. La industria cultural constituye un sistema que abarca el cine – exceptuando el cine arte, no incluido en el circuito comercial – , la radio, la televisión, las revistas, la publicidad, internet, etc., cuyos productos adquieren un carácter uniforme y standard para asegurar su consumo masivo y la consiguiente ganancia económica. Sus productos son planificados de acuerdo a los métodos de la tecnología de reproducción, ejerciendo así control sobre la aceptación del público. La industria cultural no deja espacio para la creatividad espontánea de la conciencia individual, propia del arte, cuyos productos se caracterizan por la originalidad, diversidad, peculiaridad, pluralidad. La producción planificada industrial que predetermina el consumo se contrapone al arte, en el que se da un ejercicio libre de la imaginación creativa y donde es posible el disenso, el desacuerdo. Los juicios de valor referidos a la industria cultural se fundamentan en aspectos cuantitativos; por ejemplo, se considera mejor a la película vista por la mayor cantidad de espectadores, al libro más vendido, etc. La función social de sus productos es la del entretenimiento de masas. Las obras de arte son algo más que un mero entretenimiento, son capaces de despertar emociones y sentimientos profundos en el espectador, así como también promover el pensamiento crítico y la reflexión.

Teatro Colon de Buenos AiresEl Teatro Colón es una institución cultural que posee una notable complejidad: es en sí una obra de arte arquitectónica, teatro de ópera y ballet, sala de conciertos, incluyendo talleres de producción escenográfica, biblioteca, archivo musical, instituto de formación artística y un centro de experimentación en arte contemporáneo. Actualmente el Teatro Colón, y todo lo que él significa, debe resistir al avasallamiento de la industria cultural y a la restauración del mecenazgo.

El avance de la industria cultural se ha puesto de manifiesto en el alquiler de las salas del teatro para eventos diversos, que tienen por finalidad producir ganancias económicas; así, por ejemplo, desfiles de modas, degustaciones de vinos, entregas de premios, banquetes benéficos, etc. De esta manera se va restringiendo el espacio que ocupa el arte en el teatro, para devenir un edificio de alquiler al servicio de la industria del espectáculo y del entretenimiento. Es necesario recordar que el Teatro Colón es una institución artística pública, cuya función es brindar arte a la ciudadanía en general, puesto que vivimos en una organización estatal republicana y democrática, en la que todos los ciudadanos con los impuestos sostenemos las instituciones públicas. Un teatro público, al no estar sometido a los intereses económicos de la industria cultural o de fundaciones, empresas o personas poderosas económicamente, podrá sostener una producción artística con un alto grado de libertad y pluralidad.Uno de los críticos culturales del New York Times, Bernard Holland (4), viajó en el año 2005 para asistir a la puesta de Muerte en Venecia en el Teatro Colón. En esa ocasión, alabó la inclusión en la programación del teatro de obras latinoamericanas y contemporáneas, considerando que esto no ocurre en los teatros de su país. Las instituciones teatrales estadounidenses son financiadas por fundaciones integradas por mecenas, quienes tienen poder de decisión sobre el repertorio, eligiendo según sus propios intereses. La ópera Muerte en Venecia de Benjamin Britten, inspirada en la novela de Thomas Mann, saca a la luz un tema que ha sido por largo tiempo tabú en la sociedad occidental como el de la homosexualidad, y expone también el siniestro entramado del poder político con la industria del turismo y los medios de información que manipulan la noticia de la epidemia de cólera en Venecia.

La preocupación por la situación del Teatro Colón es, a la vez, una preocupación por la sociedad toda. El descuido y maltrato hacia el teatro y hacia otras instituciones públicas como hospitales, escuelas, museos, etc., se dan simultáneamente con el descuido y el maltrato hacia los ciudadanos. La decadencia del teatro está dolorosamente acompañada por la presencia de personas que pasan la noche en sus escalones de entrada, a la intemperie…

Ya Hölderlin se preguntaba “¿para qué poetas en tiempo indigente?” (5), como hoy nos preguntamos: ¿para qué el arte, para qué el Teatro Colón en tiempos de la industria cultural?… Precisamente para preservar un ámbito artístico con rasgos de autonomía y libertad, donde se puedan poner de manifiesto los aspectos negativos y problemáticos de la realidad social, plantear utopías, y expresar las emociones y sentimientos humanos más profundos, que de no ser así quedarían ocultos bajo el velo de la industria cultural.

 

Teatro Colon de Buenos Aires en remodelaciones

:: NOTAS

(1) Master Plan Teatro Colón, Ministerio de Cultura, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Akián Gráfica Editora, 2006, p. 6.
(2) Véase Max Horkheimer-Theodor W. Adorno “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas” en Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Editorial Trotta, 2003.
(3) Véase Norbert Elías, Mozart. Sociología de un genio, Barcelona, Ediciones Península, 1998.
(4) Véase “Elogios para una puesta del Colón. El crítico B. Holland de The New York Times vino al país a ver la función”, La Nación, 8 de diciembre de 2004.
(5) “ …wozu Dichter in dürftiger Zeit?” , tomado de la elegía Brot und Wein de Friedrich Hölderlin.

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4 Responses to ¿Para qué el Teatro Colón en tiempos de la industria cultural?

  1. Roberto says:

    El artículo es de excelente factura. Pero entiendo que el témino industria no debe entenderse sólo como lo interpreta la autora, sino por el contrario, se trata de encontrar usos más intensivos de los espacios culturales y a la vez que estos no se conviertan en una carga social donde las clases acomodades usufructan placeres que solventa la mayoría excluida. De ahí la importancia de “industrializar” conceptos que la sociedad en su conjunto arrastra como deuda originada en la desigualdad.

  2. juan de dios romero says:

    EL CONCEPTO DE “CULTURA”, ES A LA ANTROPOLOGIA FILOSOFICA, LO QUE EL CONCEPTO DE “ENERGIA” ES A LA FISICA, ES DECIR, ES UNA CUESTION “CENTRAL” Y TOTALIZADORA.-
    GRACIAS

  3. Carmen Garcete says:

    Gran vigencia del tema de la nota, no solo para el Colón, para pensar, consensuar o no; valen las opiniones de los comentarios anteriores, interesantes como para un foro.

  4. Diego Orueta says:

    Hola Ines: Soy alumno suyo y estoy de acuerdo con el tema que Usted plantea. El Teatro Colon es tan solo un ejemplo de la triste realidad que pasamos las personas de buen gusto. Decir que Internet nos acerca un poco a los grandes talentos que hoy han sido completamente olvidados y dejados de lado por el amor al dinero que en nuestro pais hoy maneja el arte, obviamente, ya convertida en un mero negocio. Saludos. Muy bueno el articulo.

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