Emilio Ocampo y una nueva visión de Alvear ante la historia

Emilio OcampoPresentamos una extensa entrevista a Emilio Ocampo, autor de una erudita y accesible obra sobre uno de los personajes más discutidos de la historia argentina: Carlos María de Alvear. En las charlas que mantuvimos se abordaron temas como la capacidad y formación militar de Alvear, su protagonismo en la toma de Montevideo (uno de los acontecimientos claves en la independencia de América), su actividad política y su papel en la Logia Lautaro, su conflictiva relación con San Martín, la mirada de los historiadores, y los aspectos primordiales de la obra de Ocampo, la dirección de Alvear del Ejército Republicano en el conflicto bélico que mantuvieron las Provincias Unidas del Río de la Plata con el Imperio del Brasil en 1827. La entrevista fue realizada por Gabriel H. Cortes y Pablo Rodriguez Leirado.

Inundados por livianas obras en donde prima el escándalo gratuito, la anécdota trivial, las simplificación maniquea, y fundamentalmente la mitificación del pasado en función de claves ideológicas actuales, fue un verdadero placer encontrar un libro realizado con una extensa base bibliográfica y documental que refleja un exhaustivo trabajo, en una prosa accesible, con una profunda erudición sobre la época y los acontecimientos que describe.

Nos referimos a la obra de Emilio Ocampo titulada “Alvear en la Guerra contra el Imperio del Brasil”, que acerca al lector no sólo los méritos que mencionamos sino también novedosos aspectos y conclusiones sólidamente fundamentadas sobre Carlos María de Alvear, uno de los personajes más controvertidos del pasado argentino. La investigación de Ocampo está centrada principalmente en el conflicto que la República Argentina sostuvo en 1827 con el Imperio del Brasil (la única monarquía absolutista que persistía en América), del cual Alvear fue comandante en jefe del Ejército Republicano que obtuvo la célebre victoria de Ituzaingó. Pero también se abordan aspectos anteriores de la vida de Alvear, como su formación militar, su desempeño en España durante la guerra contra el Imperio de Napoleón, su protagónico papel en la toma de Montevideo en 1814 (acontecimiento fundamental en la guerra por la independencia americana), sus primeros pasos como político y su liderazgo en la Logia de Lautaro, su conflictiva relación con San Martín, son algunos de los sucesos de la vida de Alvear que narra esta obra.

Tuvimos conocimiento del libro gracias a la elogiosa crítica que realizó el historiador Miguel Ángel de Marco en el suplemento cultural del diario La Nación, el domingo 3 de agosto de 2003, en donde lo que más nos llamo la atención fue que Emilio Ocampo no es un historiador “profesional”, aspecto que nos vuelve más críticos hacia los improvisados mercaderes que actualmente existen sobre los temas históricos. Es decir, Ocampo demuestra que con seriedad y mucho trabajo alguien que no proviene del campo académico puede producir igualmente una obra de excelencia.

Nos llevó un tiempo contactar con él, dado que por períodos vive en el extranjero hasta que de manera fortuita pudimos hallarlo. A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores los aspectos más importantes de las charlas que mantuvimos con Emilio Ocampo.

Sitio al Margen: ¿Por qué cree que la historiografía en general critica la actuación de Alvear durante el sitio de Montevideo y le atribuye el éxito de la caída de la ciudad a la prolongada acción de José Rondeau en desmedro del desempeño de Alvear?

Emilio Ocampo: Yo creo que para contestar esta pregunta diría ¿Por qué, en general, la historiografía critica la actuación de Alvear? En realidad esto habría que preguntárselo a los historiadores. Yo tengo mi propia interpretación. Yo considero que esto es parte de un cuestionamiento hacia Alvear producto de dos cosas: ignorancia y mala fe. Algunos que no saben y otros que saben prefieren distorsionar la verdad…, vaya uno a saber porqué… Habría que preguntarles a ellos. Para empezar, Alvear tenía preparación militar. Una de las cosas que me tomé bastante trabajo en demostrar en mi libro es que Alvear no era un neófito en el tema militar, sino que estaba fogueado por una experiencia de guerra importante, que conocía al mejor ejército del mundo, que era el francés. Además tenía una sólida formación teórica y eso lo demostró cuando al ser nombrado jefe del regimiento de infanteria Nº 2 preparó un Manual de Táctica para instrucción de sus oficiales. La única experiencia de guerra importante en el Río de la Plata fueron las invasiones inglesas en 1806 y 1807. No existían muchos militares en esta parte del mundo, en aquel entonces, con una formación militar como la que poseía Alvear. Así también lo reconoció Bartolomé Mitre, quien por otra parte criticó severamente su actuacion politica.

Carlos Maria de AlvearInsisto en un tema que también cito en el libro: Alvear no era oficial de un cuerpo militar cualquiera, era oficial de la Guardia Real española, que era lo que hoy se denomina un cuerpo de elite. Los grados en un cuerpo de elite eran uno o dos superiores a los del ejército regular. Entonces es absurdo insistir con que al llegar a Buenos Aires en 1812 era un simple subteniente o alferez como lo hacen algunos historiadores.

Es una grosera distorsion de la verdad afirmar que Alvear no sabía nada de cuestiones militares y que tan solo por sus conexiones o vinculaciones familiares consiguió los altos puestos que obtuvo. Incluso cuando San Martín apoya el ascenso de Alvear, a fines de 1812, dice que lo hace por las condiciones militares del interesado. Entonces ¿Por qué la historiografía critica? Porque en la historiografía existe un sesgo muy marcado en contra de Alvear por diversas razones, especialmente su enemistad con San Martín.

SaM: ¿Y ese punto de vista es sostenido por todos los historiadores, como Fregeiro, Tasso Fragoso, Beverina, Baldrich, etc.?

EO: Hay que distinguir. Los historiadores militares argentinos, en este campo pongo a Beverina, a Baldrich, a Rottjer no cuestionan a Alvear, sino que le reconocen capacidad y aptitud militar.

Son los historiadores más generalistas (y menos informados específicamente en temas militares) los que a veces plantean esta supuesta falta de conocimientos de Alvear. Lo hacen en muchos casos por ignorancia, porque realmente ninguno se ha tomado el trabajo ni de pedir su foja de servicios al Archivo General de Segovia ni en determinar que hizo Alvear en casi más de un año en que le tocó enfrentar al ejército de Napoleón como oficial de la brigada de Carabineros Reales. Entonces para responder la primera pregunta hay que empezar por tener en cuenta que Alvear no era una persona mal preparada, sino todo lo contrario. Esto lo he demostrado en el libro.

Jose RondeauEn cuanto al merito por la rendición de Montevideo en si, es tan básica la acusación a Alvear que prácticamente no merece ser analizada. Supuestamente Rondeau se merece todo el crédito por la rendición de Montevideo y además se le cuestiona a Alvear haber operado de una manera muy maquiavélica en la negociación con Vigodet, que en definitiva consigue la rendición y el triunfo militar más importante de la revolución desde el 25 de mayo de 1810. Entonces, la crítica a Alvear viene por todos lados. Unos porque consiguió la rendición de manera supuestamente poco honesta pero, por otra parte otros, atribuyen el mérito a otro. Es una cosa que se le busca demasiado la vuelta. Rondeau estuvo dos años en el sitio de Montevideo y no consiguió nada. Además, tres o cuatro meses antes renunció a su cargo ya que tenía a todos los jefes en contra y Artigas se le había separado del ejército. Si Alvear no se merecía el honor por la rendición de Montevideo, menos aún lo merecía Rondeau.

Ahora, hay que ver… Rondeau, era padrino de bautismo de Bartolomé Mitre, a quien le legó su espada y su opinion. Se trató de una relación muy cercana, muy intensa, que sin duda dejó influencia en la opinión de ese gran historiador en contra de Alvear. Recordemos que Rondeau fue desplazado por Alvear en tres ocasiones: Montevideo, el Alto Perú y el Brasil, porque en el momento en que Martín Rodríguez estaba como comandante en jefe del Ejército de Observación se planteó la oportunidad de traerlo a Rondeau, aunque eso nunca prosperó. O sea que Rondeau no era la persona más indicada para emitir un juicio sobre Alvear.

Alte. Guillermo BrownPero hay un punto adicional aquí, que cuando uno observa el tema de la rendición de Montevideo desde el punto de vista militar hay un factor fundamental que es la creación de la escuadra naval y el hecho de que esa flota puede sitiar e impedir el abastecimiento de Montevideo. Ese es uno de los factores claves del éxito de esta operación. Una de las personas primordiales en la creación de esta escuadra naval es Alvear. El famoso Almirante Brown no era en ese momento el almirante Brown, sino que estaba subordinado a Alvear en sus operaciones. Es decir que hay un pensamiento estratégico detrás de esto, o sea que la escuadra naval no se crea porque sí, sino en un momento dado contra mucha resistencia, especialmente de los ingleses que no quieren la escuadra naval. Hay que retrotraerse a principios de 1814, ellos se encontraban muy preocupados por la presencia de corsarios y de buques de guerra norteamericanos en Sudamérica. Un aspecto que nunca se estudia en nuestra historia es que por esos años sucede la guerra entre Estados Unidos e Inglaterra, un conflicto que se extiende desde mediados de 1812 hasta principios de 1815.

Durante 1813 y principios de 1814 la fragata norteamericana Essex opera en el Océano Pacífico y causa estragos en los intereses comerciales ingleses. Resulta que cuando se crea la escuadra naval Argentina la mayoría de los tripulantes y oficiales son norteamericanos, franceses o desertores británicos. Hay que recordar que la guerra de 1812 entre Estados Unidos e Inglaterra en gran medida sucede por aquello que los norteamericanos llamaban los derechos de los marineros, por el tema del ”impressment”, que era una práctica que utilizaba la Royal Navy cuando interceptaba un buque mercantil norteamericano en el medio del Atlántico y consideraba que uno de los tripulantes de ese barco era inglés lo reclutaba forzosamente y eso había causado obviamente mucho daño al comercio norteamericano. Esa es una de las principales causas de esta guerra.

Entonces, a principios de 1814, cuando la fragata Essex está destruyendo todos los intereses comerciales marítimos ingleses en el Pacífico se crea en Buenos Aires una escuadra naval financiada por un norteamericano; tripulada por norteamericanos y desertores ingleses. El Comodoro William Bowles, que es el jefe de la estación naval británica en el Río de la Plata, presenta una protesta al gobierno en la cual afirma que la flamante escuadra es una idea descabellada y que una vez en alta mar estos personajes pueden causar daños a los intereses británicos. Bowles trata de torpedear la creación de nuestra escuadra naval y esto es muy importante porque para entender, por ejemplo, si Alvear era afrancesado o anglófilo. La creación de la escuadra naval argentina era un proyecto definitivamente contrario a los intereses ingleses.

Pero, además, es importante dentro del contexto de Montevideo, porque es la clave del éxito. Sin la escuadra naval Montevideo no se iba a rendir, no tenía el ejército patriota la artillería necesaria para destruir las murallas de Montevideo y la flota española operaba libremente y aprovisionaba sin problemas a la ciudad. Yo creo que el mérito de la toma de Montevideo se lo merece claramente Alvear. Primero por la habilidad con que negoció con Vigodet, segundo por la concepción estratégica de creación de la escuadra y la utilización de esa flota en el sitio de Montevideo y en tercer lugar por poner orden en un ejército que cuando él lo tomó estaba en un estado casi de disolución, además de tener a Artigas y su lugarteniente Otorgués negociando directamente con Vigodet a sus espaldas. Por eso yo creo que un análisis frío y objetivo de la situación debería responder estas preguntas. ¿Por qué no se hace? En mi opinión es por este sesgo que creo existe en la historiografía argentina con respecto a la figura de Alvear.

SaM: Se estudia poco la vida en España de las figuras de nuestra independencia, especialmente de aquellas que lucharon contra el imperio napoleónico, como San Martín. En el caso de Alvear nos llama la atención su presencia en el sitio de Cádiz. Si hay un sitio “famoso” en la época es el de Cádiz. Me imagino que esa experiencia se debe tener en cuenta por los historiadores para evaluar a Carlos María de Alvear como militar en su desempeño en el sitio de Montevideo. Parece que no recuerdan que además era hijo de un marino muy prestigioso.

EO: Además conocía a quien en ese momento era jefe de la escuadra naval española que operaba en Montevideo porque había estado en el célebre ataque a las fragatas españolas en 1804 en el cabo de Santa María. Alvear que lo había visto en acción tenía la opinión que era un cobarde y que no era un rival para temer. O sea que, como menciono en mi libro, la experiencia de Cádiz, fue muy relevante. Los franceses sitiaron Cádiz durante dos años y nunca pudieron rendirla y fue porque la Royal Navy tenía la ciudad bien aprovisionada. Indudablemente esa experiencia la tenía bien clara. Su padre además era jefe de las defensas sobre el puente del Suazo, que él habrá visto de primera mano en su organización.

Alvear mismo lo dice en sus memorias, que lamentablemente se quemaron en un incendio en su casa de Nueva York. Algunos fragmentos han sobrevivido, y yo los cito en el libro, en ellos se refiere que el sitio de Montevideo no era, desde el punto de vista militar, una operación que iba a resultar en la rendición de la plaza. Alvear dice claramente: la participación de la escuadra en esta operación militar era clave.

William Pio WhiteSaM: En general se otorga el beneficio de la creación de la escuadra a la relación entre William Pio White y Juan Larrea, pero creo que se olvidan del liderazgo de Alvear…

EO: Hay que preguntarse porqué White, que es un comerciante norteamericano, se iba a meter en este proyecto. Alvear y Larrea son aliados, para empezar, así que los dos desde el punto de vista político poseen intereses muy estrechos. Larrea después de la caída de Alvear se tiene que escapar. Hay otro personaje que está involucrado aquí también que es David De Forest, y los norteamericanos estaban metidos obviamente cuando vemos que muchos de los capitanes, como Thomas Taylor, quien después se convierte en el segundo corsario al año siguiente y usa el mismo barco (la Zefir). Porque después de la operación de Montevideo el gobierno remata los buques de la escuadra y algunos de sus capitanes las compran para ser corsarios.

Juan Larrea era secretario de Hacienda, no se le puede adjudicar un talento estratégico militar, Guillermo White era comerciante en Buenos Aires y sus intereses eran meramente pecuniarios, en su momento había ayudado a los ingleses durante las invasiones de 1806 y 1807. Creo que adjudicarle a él la creación de la flota es un disparate… White indudablemente facilitó el financiamiento de la escuadra porque aquí había que comprar los barcos y el gobierno no tenía suficiente dinero. Hubo algún tipo de transacción, que no sabemos muy bien sus detalles, y además Larrea facilitó recursos del Estado, pero obviamente él, a cargo de la secretaría de Hacienda, no va a imponerle al jefe militar, que era Alvear, la creación de una escuadra… Ambos apoyaron la creacion de la escuadra frente a quienes se opusieron (tanto San Martin como el Comodoro Bowles). Hay que reconocer que tanto Larrea como White fueron parte del proyecto pero sin la intervención de Alvear la escuadra no sale, por varias razones.

Posadas, en ese entonces Director Supremo, en un momento bajo la presión, incluso de San Martín que le parecía un disparate la creación de la escuadra, decide matar el proyecto y es Alvear el que lo revive y no sólo con Posadas sino que cuando se produce un motín en los barcos que se están preparando para navegar es Alvear quien interviene ejecutando al líder del motín y poniendo orden para que Brown pueda hacerse a la mar. Es decir que la intervención de Alvear no es solamente en los despachos del Director Supremo, también en la propia escuadra. Indudablemente Larrea tuvo su mérito y su participación. White tuvo su mérito por la ingeniería financiera, pero para mí su función todavía deja mucho que explicar, como también la de David De Fortest, un personaje muy vinculado a Larrea por otra parte que luego, se convierte en uno de los principales armadores de corsarios bajo la bandera del gobierno de Buenos Aires. De Forest es otro personaje sobre el que todavía quedan muchas cosas por investigar.

Yo creo que Alvear tuvo la visión estratégica en la creación de la escuadra y en su posterior utilización, porque incluso si él no hubiese tenido injerencia con su establecimiento fue él quien como jefe dirigió sus operaciones como comandante de todas las fuerzas de Buenos Aires. Obviamente Brown es el jefe directo y táctico de la escuadra pero Brown se tiene que sujetar a las órdenes de Alvear que es su superior.

Martiniano ChilavertSaM: Una situación similar a la de Montevideo se produce en la guerra contra el Imperio del Brasil. ¿A qué atribuye esa subestimación de la capacidad de Carlos María de Alvear como militar?

EO: Los historiadores militares argentinos, ni Juan Beverina, ni Juan Amadeo Baldrich, ni Enrique Rottjer subestiman la capacidad militar de Alvear. Hasta Bartolomé Mitre, que lo criticó duramente, reconoció que en cuanto a aptitud y conocimientos militares era solo superado por San Martin. Dos personajes influenciaron a Mitre en su etapa formativa, uno fue Tomás de Iriarte y el otro Martiniano Chilavert. Ambos habían servido bajo las órdenes de Alvear. Iriarte durante diez años fue un personaje dispuesto a morir por Alvear, literalmente, y él mismo lo reconoce, pero luego se convirtió en su principal detractor, mientras que Chilavert siempre fue leal a Alvear y le reconoció talento militar. Para mí el reconocimiento que le da Mitre a Alvear seguramente viene por Chilavert porque no pudo venir por Iriarte, quien en sus memorias no hace más que denostarlo. Creo que al hacerlo Iriarte de alguna manera se perjudica él mismo, porque si Alvear era tan incompetente y tan inepto ¿cómo puede ser que Iriarte durante diez años de su vida, siendo un oficial graduado de la Escuela de Artillería de Segovia, lo hubiera seguido a tal punto de entregar su vida?

Entonces con la historiografía vamos a distinguir lo que hay: historiadores militares argentinos como Baldrich y Beverina que son quienes estudiaron este tema en la primera parte del siglo XX y que reconocen la capacidad militar de Alvear. Ambos son muy neutrales y muy objetivos en sus análisis. Después esta el coronel Enrique Rottjer, que escribe sobre la campaña y también reconoce las aptitudes de Alvear. En cuanto al mayor Félix Best, su trabajo es muy descriptivo pero tampoco hace juicio de valor determinante en un sentido u otro. Clemente Fregeiro, que no es un historiador militar, pero que se convierte para muchos historiadores brasileños en el referente de los historiadores argentinos con respecto a esta guerra. Especialmente aquellos que cuestionan las victorias del ejército republicano.

SaM: ¿Es un historiador específicamente militar o un historiador así en general?

EO: Fregeiro no es un historiador militar, es un historiador generalista, si se puede usar este término, pero que hizo un análisis de esta campaña, basándose principalmente en los diarios de Brito del Pino y de Brandsen, y lo realizó absolutamente sesgado a mi modo de ver. En mi libro cito a Fregeiro en numerosas ocasiones para contradecirlo, obviamente estoy en desacuerdo con la mayoría de sus conclusiones. Francamente escribió su libro para protestar contra el financiamiento público del monumento al general Alvear. Recibe el apoyo moral de Mitre, y básicamente lo que hace es aquello que los norteamericanos llaman un “hatchet job”, es decir un trabajo para desacreditar completamente a Alvear. Fregeiro tenía su agenda como yo tengo la mía, pero muchas de las cosas que planteaba no están justificadas en los hechos.

En cuanto a historiadores militares del lado brasileño el más conocido es Augusto Tasso Fragoso, quien en gran medida se basa en Fregeiro para evaluar a Alvear, de quien sabe muy poco. Por otra parte su tesis principal es que en Ituzaingó no hubo ni vencedores ni vencidos. Tasso Fragoso admite que Barbacena era un incompetente y en su tesis entra muy bien la conclusión de que Alvear también lo era y así de alguna manera subestimar las operaciones militares que se desarrollaron.

Enrique Oscar Wiederpashn, que es el historiador militar brasileño que escribió sobre el tema más recientemente, un historiador muy serio, profesional y objetivo, le reconoce capacidad militar a Alvear, y méritos a su plan de campaña contradiciendo a Tasso Fragoso. Hay un debate sobre si el plan de campaña de Alvear tuvo o no inspiración napoleónica. Baldrich dice que si, Beverina que no, Tasso Fragoso se ríe y dice ¡qué va a tener! Wiederpashn dice que indudablemente la tuvo y que fue como el plan de Napoleón en la primera campaña de Italia en 1796.

Por eso creo que no hay que generalizar con respecto al juicio de los historiadores sobre Alvear, yo no lo haría porque los más serios, los que se dedicaron a estudiar esto de manera detallada y objetiva, y no agarraron un librito de por acá, algunas memorias, y las citaron, ellos si tienen un juicio claro. Baldrich y Beverina, en mi opinión son los dos que estudiaron la campaña del Brasil con detenimiento, el primero tiene un tomo mientras el segundo realizó dos. Yo diría que los historiadores más generalistas siguen con esta postura de antialvearismo, nunca le van a reconocer nada a Alvear ni en Ituzaingó, ni en Montevideo, ni en ninguna otra parte. Es parte de sus agendas.

Por otra parte, como yo indico en mi libro, hacer juicios tan terminantes sobre un personaje público con una actuación tan extensa, y de tanta importancia sin tener ni siquiera una biografía completa sobre él, me parece muy aventurado. Cualquier historiador que salga a hacer estos juicios me parece poco serio. Que se tomen el trabajo de estudiar y que después presenten sus conclusiones, pero la mayoría no se tomaron el trabajo de estudiar profundamente.

Emilio Ocampo en Ituzaingo

SaM: ¿Cómo desarrolló su investigación?

EO: Comencé con este tema por un interés, por una curiosidad intelectual, a raíz de un libro que se escribió por el año 1989 sobre el general Alvear a propósito de las memorias del general Iriarte. Un libro escrito por Carlos de Alvear, que es el tataranieto del general. Fue un paso importante en la reivindicación de la figura de Alvear pero no me convenció del todo, en alguno de sus argumentos me quedé con la duda, al final hay juicios muy distintos y muy opuestos sobre Alvear, es muy blanco o negro, no hay términos medios. La duda me motivó a leer y estudiar sobre el tema. Inicialmente no tenía la intención de escribir un libro y en ese entonces yo trabajaba a tiempo completo en Nueva York, pero me interesaba la historia, el tema y lo que básicamente empecé a hacer fue leer todos los libros del tema que podía encontrar en librerías antiguas, porque las obras de Wiederpashn, de Tasso Fragoso, de Fregeiro, de Beverina, de Baldrich y de otros autores brasileños, incluso del siglo pasado, no son fáciles de conseguir. Con el tiempo me armé mi biblioteca sobre la guerra con el Brasil y al terminar esta primera etapa de lectura todavía no me quedaba claro si podía emitir un juicio respecto a la actuacion de Alvear.

Baron Antoine-Henri JominiEntonces decidí cambiar el ángulo de la investigación y empecé a estudiar el arte de la guerra a principios del siglo XIX, porque muchos de los juicios que se emitían en estos libros tenían como punto principal ciertas decisiones tácticas o estratégicas tomadas por un general en jefe al cual yo no sentía en condiciones de evaluar porque no tenía la formación militar, sobre cuestiones tácticas de como se utilizaba la caballería, la infantería de alguna manera o la artillería. Una de las cosas que comencé a interiorizarme es como aprendían, o como querían hacer la guerra los generales en 1825, a quien miraban como referente, como ejemplo, a quien querian emular. Obviamente me tomó muy poco tiempo llegar a Napoleón y no solo al célebre militar sino a alguno de los autores que también Napoleón había consultado en su juventud, como el conde Guibert, personajes que cambiaron el ejército de la Revolución Francesa, que por otra parte fue un evento fundamental en la evolución militar. Surgieron también contemporáneos a Napoleón como el baron Antoine-Henri Jomini, un personaje que hoy por hoy nadie lo conoce pero, para ese entonces, hablo de 1825, era como hablar de Carl Von Clausewitz después de la guerra Franco-Prusiana. Alguien dijo que Jomini era para el sistema de guerra napoleónico lo que Kepler había sido para el sistema planetario, es decir la persona que había interpretado y destilado todas las enseñanzas. Curiosamente fue una frase de Mitre la que me llevó a Jomini, porque Mitre tiene una carta que escribe sobre la batalla de Ituzaingó que expresa que Alvear, “que había leído a Jomini”, hizo como Napoleón en Waterloo: sacrificó a la caballería para conseguir la victoria. Lo que pasa es que obviamente, Napoleón no obtuvo la victoria en Waterloo… pero esa frase “Alvear había leído a Jomini” me quedó grabada y esa fue una de las razones por las cuales me dediqué a leer tanto a estos autores y todas las campañas de Napoleón.

Mi objetivo era entender que es lo que había podido leer Alvear, que tipo de andamiaje teórico podía tener en su cabeza al desarrollar sus planes de campaña. Traté de armarme una lista de obras contemporáneas sobre el arte de la guerra que Alvear había leído. En un trabajo escrito en 1819 él menciona a los generales Rogniat y Thiebault cuando discute cómo la caballería debería cargar a la infantería. Además no solo había oficiales del ejército de Napoleón en las huestes de Alvear sino que había oficiales veteranos de las guerras napoleónicas en el ejército imperial. Entonces indudablemente eso estaba en la mente de todos. Yo diría que le dediqué varios años de lectura intensa a este tema, el de las campañas militares, de entender verdaderamente como se hacía la guerra en aquel entonces. De eso surgieron varias cosas, la primera es que en relación a las guerras europeas, la batalla de Ituzaingó hubiera sido un simple combate aunque fue la batalla más importante desde el punto de vista puramente militar que tuvo lugar en Sudamerica hasta entonces.

Volviendo al tema de la investigacion estoy hablando de un período de casi diez años, que comienza como una simple curiosidad y se va transformando, yo diría que luego de seis o siete años desde que empiezo. Luego se me ocurre la idea de escribir un libro. Escribo un poco, en un intento de digerir todo lo que he leído de bibliografía secundaria más todo el tema militar, y curiosamente, por las vueltas de la vida, terminé en Inglaterra. Allí decidí ir a los archivos ingleses porque siendo Inglaterra la potencia mediadora quería ver de primera mano que decía el enviado inglés en Buenos Aires respecto al conflicto, y ese fue el cambio fundamental en toda mi investigación porque hasta ese entonces era un proyecto que se había basado en fuentes secundarias y al entrar en los archivos ingleses, que fue una experiencia singular porque son unos archivos increíbles, de alguna manera se me produjo la segunda epifanía. La primera fue que sin entender el arte de la guerra no se podía comprender esta cuestión. La segunda, que sin las fuentes primarias esto era un ejercicio muy superficial y que no me permitía a mí solidificar o elaborar mis conclusiones, porque hasta ese momento había escrito casi ciento cincuenta mil palabras y básicamente tuve que empezar de nuevo.

Carga de la caballeria Republicana

Pero ahí me di cuenta que los archivos ingleses me estaban dando una perspectiva única. Igualmente yo sentí que tenía que ir a consultar los otros archivos, por ejemplo los brasileños. Me fui a Río de Janeiro, no me recorrí todos los archivos de Brasil porque hay en Río Grande y en otros lugares, pero consulté los principales como por ejemplo donde se halla la correspondencia del marqués de Barbacena y especialmente el Archivo Nacional del Brasil, luego el archivo del Barón de Río Branco sobre la Guerra Cisplatina en el Palacio de Itamaraty. El Barón de Río Branco sacó copia y acumuló muchos papeles y documentos respecto a la guerra y finalmente no escribió nada de importancia sobre el tema pero dejó estos archivos que son de gran utilidad.

Luego vine a los archivos del Ejército Argentino y revisé todas las cajas referidas a la guerra del Brasil para ver todas las órdenes, la correspondencia, etc., que me fue de enorme utilidad porque a pesar que tanto Beverina y Baldrich hicieron buen trabajo con respecto a citar fuentes primarias argentinas no lo efectuaron tanto respecto a fuentes primarias brasileñas. En definitiva ningún autor argentino visitó archivos brasileños y viceversa.

Así que yo decidí que hasta no ver todo este compendio de documentación no estaba en condiciones de escribir nada realmente valioso y lo que hacía era pedir prestado opiniones a otros y no formaba mi propia opinión.

SaM: Y de los archivos de Inglaterra ¿A cuáles concurrió?

EO: A varios. Principalmente consulté la correspondencia de Lord Ponsomby, que era el enviado diplomático, pero también la de Robert Gordon, el enviado británico a Río de Janeiro, y otros archivos no relacionados directamente con la guerra del Brasil. Tomé en cuenta la correspondencia de Canning, que fue Secretario de Relaciones Exteriores a principios de 1827 y luego fue Primer Ministro y murió al poco tiempo. Pero fundamentalmente la consulta fue dirigida hacia los archivos diplomáticos, mientras que aquí y en Brasil fueron archivos más de carácter militar.

También los archivos de Uruguay, especialmente los papeles de Antonio Díaz, que era uno de los oficiales de infantería del ejército republicano y que lamentablemente sus memorias fueron en parte publicadas pero muy editadas. Si aún se hallan disponibles todos sus papeles algún día alguien tendrá que recuperar esas memorias porque cubren un espectro o un período de historia mucho más amplio que la guerra contra el Brasil. Díaz era un hombre del riñón del alvearismo.

Hay otro tipo de correspondencia y lo bueno de los archivos del Ejército Argentino es que poseen copias de documentos de archivos provinciales, como el de Entre Ríos, en los que se documenta claramente la falta de ayuda que sufre Alvear cuando lo solicita a los gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, mucha de esa correspondencia esta copiada en el archivo del Ejército Argentino.

Así que ese es el proceso de investigación, con todo me tomó aproximadamente diez años, entre ellos año y medio de dedicación exclusiva.

SaM: En el libro también comenta que recorrió los lugares en donde se desarrolló la campaña.

EO: Es verdad. Eso para mí era muy importante, reconocer el terreno donde se habían desarrollado las operaciones militares, porque a modo de ejemplo, Fregeiro y otros hacen juicio de lo que tendría que haber hecho Alvear en determinadas circunstancias, como por ejemplo, la importancia de cruzar o no un río. Entonces me di cuenta que la única manera que yo podía formarme una conclusión definitiva era reconociendo el teatro de operaciones. Me subí a un auto y recorrí lo que pude, porque gran parte de lo que fue el trayecto del ejército republicano está inundado por la represa del Río Negro, o sea que no se podría hoy en día hacer exactamente el mismo derrotero. Pero si fui a Bagé, fui al río Santa María, al Paso del Rosario, al campo de batalla de Ituzaingó, y recorrí toda esa zona del sur de Brasil que me formó en mi pensamiento la topografía que para mí es absolutamente esencial para hacer juicios y entender esto.

 

Ituzaingo

SaM: ¿El campo de batalla tiene algún recordatorio o monumento?

EO: Si hay un recordatorio, un pequeño monumento donde supuestamente cayó ultimado el brigadier Abreu, que se encuentra en casi línea recta al flanco derecho de la posición que ocuparon las tropas argentinas. La autopista cruza por el costado del antiguo campo de batalla, la ruta es muy utilizada, es la que va desde Uruguayana a Porto Alegre.

SaM: ¿Cuál fue su intención al presentar esta obra?

EO: Lo mío fue estrictamente personal, no para juzgar a otros historiadores. Yo quise llegar a una conclusión firme sobre este tema, no me importa el resto de los historiadores que escribieron sobre este tema y para llegar a mi objetivo me di cuenta que debía manejar fuentes directas porque sino se genera mucha distorsión. Cuando uno empieza a leer se encuentra con muchas falsedades que se van repitiendo, muchas cosas que nadie cuestiona de tanto repetirlas. Siempre me queda grabada la expresión de Paul Groussac sobre la “aficion de nuestros historiadores a los datos de segunda y tercera mano.” Esta expresion, hecha hace cien años, sigue siendo válida.

SaM: ¿Por qué, en la guerra terrestre, el Imperio del Brasil estuvo siempre a la defensiva a pesar de contar con mayores recursos? No sólo nos referimos al inicio de la campaña de Alvear, dado que con su celeridad sorprendió a los brasileños, sino al resto de la guerra. A su juicio: ¿A qué se debe que los brasileños retrasaron el despliegue de su potencial militar en el conflicto?

EO: Yo creo que la pasividad es relativa, recordemos que la declaración de la guerra se produce a fines de 1825 ¿Por que el emperador se retrasó? Desconozco si fue una decisión del emperador sino quizás fue Lecor, un personaje de los más interesantes que vivieron y operaron políticamente en el Río de la Plata de aquellas épocas. Carlos Federico Lecor es una personalidad hasta poco conocida en el mismo Brasil. Para mí es una figura que de conocerse más sobre sus ideas y planes echaría mucha luz a todo lo que sucedió en el Río de la Plata a partir de 1816, que es cuando ingresa la División de Voluntarios Reales a la Banda Oriental. Digamos que desde esa época hasta 1826, Lecor juega un papel fundamental en todo esto.

Alvear lo conocía muy bien y tenía un enorme respeto por él, convengamos que Lecor había ascendido a su elevada graduación luego de foguearse con el ejército de Wellington en las guerras napoleónicas, es decir que era un hombre muy experimentado. Según Alvear, Federico Lecor valía veinte mil hombres en el campo de batalla. Era un rival muy respetable.

Pedro ILecor por alguna razón se mantiene un poco pasivo en Río Grande y eso motivó que el emperador lo reemplazara por el Marqués de Barbacena. Yo considero que Lecor, en su momento tuvo algun plan que no era del todo favorable al Emperador y en esto hay que recordar el contexto político interno del Brasil, es decir, donde en 1821 un grupo de intelectuales y de hombres públicos de convicciones muy liberales que deseaban la independencia de Brasil utilizaron a Pedro I como instrumento para obtenerla. Pero Pedro I les da la mala sorpresa que una vez en el trono, a pesar que supuestamente él profesa ideas liberales, se revela tan o más absolutista que sus parientes europeos y Lecor, en especial, es un individuo que había tomado partido por Pedro I cuando se produce en Montevideo la división entre portugueses y brasileños. Vaya uno a saber si Lecor se había decepcionado, como otros, por la manera que el nuevo emperador se había manejado.

De hecho, existían sospechas en Río de Janeiro que Lecor mantenía alguna negociación paralela en vistas de formar algún estado independiente en el Sur de Brasil y la Banda Oriental. Son todas posibilidades que no se han estudiado lo suficiente… Bueno, de hecho uno de los comandantes del ejército imperial, Bento Goncalves Da Silva, posteriormente a la guerra de 1827, participó en la guerra farroupilha, que es el intento secesionista más importante de la historia del Brasil.

Resumiendo, les diría que yo pienso que no existió tanta pasividad, el teatro de la guerra era muy extenso, recordemos que estamos hablando de un territorio de casi cuatrocientos mil kilómetros cuadrados donde Brasil ocupaba ciertos puntos fortificados, pero el resto se hallaba prácticamente desierto y creo, en definitiva, que el imperio tampoco poseía una opinión demasiado positiva de la capacidad ofensiva de las Provincias Unidas. Además, el bloqueo naval brasileño, que comienza de inmediato, causa un efecto destructivo sobre Buenos Aires en forma muy acelerada. Hacia fines de 1826 la situación económica es acuciante debido al bloqueo, por esto yo les diría que no existió tanto retraso. Indudablemente si el imperio, en el momento de declarar la guerra, hubiera comenzado las operaciones militares de inmediato seguramente su éxito era descontado, porque no nos encontrábamos en condiciones de absolutamente nada.

Pero en sí, Lecor quizás se encontraba a la espera de algo y tenía algún plan propio, recordemos que él casi había reinado sobre Montevideo durante ocho años y se hallaba muy acostumbrado al uso y manejo del poder. Era un hombre maquiavélico, hábil, inteligente y experimentado. ¿Cuáles serían sus planes?… Pero en septiembre de 1826 el Marques de Barbacena lo reemplaza y este comandante en jefe a principios de diciembre se halla en camino a Santa Ana Do Livramento.

Fructuoso RiveraSaM: ¿Cómo es nuestra situación al comienzo del estado de guerra?

EO: Sin duda desastrosa, fíjense, y por eso la pregunta es interesante… Las operaciones militares ejecutadas en la primera mitad de 1826, entre ellas el asalto de Lavalleja a Colonia y la expedición de reconocimiento del Coronel Paz, fueron desastrosas. Es importante entender lo que logra hacer Alvear en un lapso de tres meses. El estado del ejército nacional en agosto de 1826, cuando él se hace cargo, es de una disolución terminal y galopante, con un Fructuoso Rivera y sus secuaces armando problemas y Lavalleja peleado con Rivera. Digamos que con todas estas “tranzas” si en ese momento hacían su presencia las divisiones imperiales la derrota hubiese sido total.

Entonces, Alvear se hace cargo a partir de agosto de 1826 y comienza su campaña tres meses más tarde. Esto fue verdaderamente notable, porque en escaso tiempo remontar un ejército y ponerlo en pie de guerra e iniciar una extensa incursión ante un enemigo más poderoso es un mérito que posee Alvear, que incluso hasta Iriarte se lo reconoce y otros muchos historiadores.

En ese sentido, hay gente que expresa que el mérito fue del General Soler porque era el jefe de estado mayor. Nuevamente entra la asimetría en el análisis. Cuando el ejército hace algo bien los críticos de Alvear dicen: “No. No fue mérito de Alvear, sino de alguno de sus subordinados”, pero cuando el ejército hacía algo mal la culpa era directamente de Alvear. Estas asimetrías son muy extrañas…

SaM: Parte de la oficialidad causó numerosos problemas a Carlos María de Alvear, al punto de minar su autoridad como por ejemplo las actitudes de Lavalleja, Pacheco y Juan Lavalle. ¿Qué papel jugo Alvear en la conformación de la oficialidad? ¿Se le puede achacar una dosis de incapacidad para imponer su autoridad en el ejercicio de su comando?

Juan Antonio LavallejaEO: Es uno de los temas fundamentales que yo traté de comprender en mayor profundidad porque es cierto lo que ustedes dicen. ¿Hasta que punto no era culpa de Alvear que existiera esta discordia dentro del ejército? Por otra parte luego de haber leído mucha historia militar de aquella época, uno se encuentra con la realidad que los “cortocircuitos” dentro de un ejército eran normales y que incluso el propio Napoleón se tuvo que enfrentar con situaciones de mucha tirantez. Digamos: cuanto más cerca está uno de una batalla, más criterio y más sentido común tiene que utilizar el general en jefe. Yo creo que Alvear llegó al ejército y demostró de manera rápida y enérgica que era un hombre que no iba aceptar rebeldes ni discordias y que iba a imponer el orden. Esto lo demuestra cabalmente con Rivera. ¿Que pasa entonces? Indudablemente existen dentro del ejército republicano tres facciones bien determinadas. Una, liderada por Lavalleja, el cual posee una ambición política propia que no es necesariamente consistente con los objetivos del gobierno nacional, pero Alvear lo precisa porque necesita de alguien que represente a los orientales, a pesar que dentro del grupo oriental se encuentran varios oficiales de alto rango como Garzón y Alegre que son totalmente favorables a Alvear, pero que no poseen la presencia o el peso local adecuado que tiene Lavalleja por haber estado ausentes de sus tierras al encontrarse participando en las campañas libertadoras de San Martín y Bolívar, y que obviamente les impide erigirse como caudillos o referentes políticos.

Entonces Alvear realiza una elección: o Rivera o Lavalleja, elige a este último y al otro lo persigue y lo combate. Quizás hubiera sido distinto si lo hubiese elegido a Rivera, pero no muy diferente a la postre porque eran dos personajes muy difíciles de tratar.

Entonces tenemos a Lavalleja con su agenda propia, que no es consistente con los objetivos del gobierno ni del ejército mismo. En definitiva lo que Lavalleja desea es disminuir y hacerle la vida imposible al ejército en lo que hace a los efectivos no orientales.

Otra de las facciones, seguramente la menos poderosa, es la conformada por algunos riveristas sin dirección ni guía con la expulsión de su líder que se encuentran como descolocados.

La tercera camarilla es la liderada por el Coronel Juan Lavalle, que es un personaje difícil, y así resultó para el propio San Martín… es un hombre con mucho coraje, pero quizás de una cabeza demasiado impulsiva…

SaM: ¿Se podría decir que Lavalle era una especie de Mariscal Ney?

EO: Comparar a Lavalle con Ney es reconocerle demasiado mérito, digamos que era un buen oficial de caballería, que poseía ínfulas de líder político y que cuando tuvo la oportunidad de serlo, se manejó muy mal. Fusiló a Dorrego y terminó entregando el gobierno a Rosas. Lavalle fue el principal conspirador en contra de Alvear en el ejército, por eso es el único que tiene más o menos peso, del resto: Brandsen es francés y Pacheco y Paz no tenían la capacidad ni el liderazgo que entonces poseía Lavalle.

SaM: Y bastante golpeado Brandsen por su condición de francés…

Simon BolivarEO: Miren, uno de las cosas que descubrí leyendo el diario de Brandsen fue que entendí el contexto con el que llega Alvear al ejército. Seis meses antes Alvear había estado en el Alto Perú con Bolívar y, de hecho, le había propuesto al libertador la creación de una república bolivariana. Eso se lo propuso en privado. Dorrego estaba con Alvear, en ese entonces era aliado a muerte de Alvear, y seis meses después se encuentran peleados a muerte porque Alvear acepta el nombramiento de Rivadavia. Estas son impresiones que uno se lleva cuando comienza a leer estas cosas, que a veces no se comprenden, pero hasta que punto los conceptos políticos que se le adjudican a Alvear con Bolívar llegaron a conocimiento del ejército distorsionados por la distancia; por el tiempo; por la mala información; por lo que sea… que el propio Brandsen dice que se le ha informado que Alvear es el “pacha” de Bolívar, a quien odia profundamente porque lo puso en la cárcel. En realidad la mayoría de los oficiales veteranos de Napoleón que sirvieron con él lo detestaban y lo consideraban como un hombre sin capacidad militar, un ejemplo de lo expuesto lo podemos encontrar en las memorias de Maurice Persat.

Pero de todas maneras, Alvear llega al ejército y lo irónico es que Brandsen cree que Alvear es el títere de Bolívar, mientras que por otro lado el Dean Funes, agente de Bolívar en las Provincias Unidas, que le escribe al Libertador que este Alvear tiene proyectos que no son acordes con los suyos, y Dorrego dice lo mismo… entonces Alvear no es una persona confiable. Por eso Alvear se encuentra en una situación muy difícil.

Recordemos que cuando Alvear va a reunirse con Bolívar en Potosí, Rivadavia vuelve de Inglaterra y aprovecha para forzar la elección de presidente en el Congreso, que finalmente resulta elegido. Es decir que Rivadavia le realiza una “chicana” a Alvear y lo deja descolocado. Entonces cuando él vuelve a Buenos Aires, Rivadavia, muy hábil por cierto, logra atraerlo para su redil porque sino de afuera le iba a hacer la vida imposible y Alvear se da cuenta de la situación, y cuando Rivadavia le ofrece el Ministerio de Guerra, acepta un poco a regañadientes porque se da cuenta que le ganaron de mano por haber estado alejado de los centros de decisión. Por otra parte, que una vez elegido un presidente y ante la inminencia de una guerra no puede hacer lo que comenzó a hacer Dorrego.

SaM: ¿Cómo era la relación entre Rivadavia y Alvear?

EO: Era una relación muy curiosa y que no ha sido suficientemente estudiada. Rivadavia fue el que en 1812 dijo que Alvear era un “militarcito peligroso.” Pero luego se aliaron y en términos generales compartían ideas muy similares: de liberalismo y republicanismo. Pero en 1825 Rivadavia tenía su ambición y su propia agenda política y consideraba a Alvear como un rival de cuidado.

Es decir, Alvear vuelve a Buenos Aires un poco descolocado: los bolivarianos lo consideran un traidor; Rivadavia lo ve como un rival peligroso y las provincias lo consideran como un aliado de Rivadavia. Para cuando Alvear llega al ejército se encuentra con todas estas facciones diferentes mas la interna entre Rivera y Lavalleja.

Igualmente lo que halla Alvear no es muy distinto que lo que podía encontrarse la mayoría de los generales cuando se hacían cargo de un ejército, en este caso potenciado, porque cuando se encontraba en juego la independencia de la Banda Oriental y la creación de un país nuevo, digamos que… una figura con la personalidad de Lavalleja tiene la capacidad de hacer mucho más daño que en otras circunstancias.

Bernardino RivadaviaSi la integridad territorial de las Provincias Unidas hubiera estado fuera de duda, no hubiera existido tanto problema con Lavalleja, pero éste sabía perfectamente lo que se encontraba en juego. Recordemos que Lord Ponsomby estaba en contacto estrecho con Pedro Trápani, que era un oriental que residía en Buenos Aires, y que había sido en su momento socio comercial del ex cónsul inglés en Buenos Aires: Robert Staples y que a su vez era primo de Lord Ponsomby. Es decir, Trápani recibía toda la información que le comentaba Ponsomby y la comunicaba a Lavalleja, quien sabía cosas que Alvear sólo sospechaba. El tema de la independencia de la Banda Oriental ya se había planteado como una solución en la creación de una liga hanseática, y esto lo sabía perfectamente Lavalleja, que es una situación más que inusual en el ejército, es decir: en tener un segmento del mismo que se encuentra potencialmente en vías de separación.

Volviendo a la cuestión de la discordia en el ejército, pienso: ¿Fue falla de Alvear no haber logrado más concordia entre sus tropas? Es difícil para mí realizar un juicio… en varias ocasiones Alvear demuestra ser enérgico cuando las circunstancias así lo exigen y en otras ocasiones demuestra también ser conciliador, Brandsen, de alguna manera, lo reconoce, pero Pacheco con su historia de la “niña bonita” en Bagé, y tener que lidiar con ese tipo de situaciones es un poco como una escenario de eterno “conventillo”.

Es decir, son hombres bravos y valientes, pero muy individualistas y encima en un ejército nuevo, sumado a los intereses políticos ejerciendo presión. A mi juicio, Alvear hizo lo que razonablemente podía hacer. Quizás podría haberlo echado a Lavalleja de las filas del ejército, mandarlo a Buenos Aires, pero hasta que punto esa determinación dañaba la capacidad ofensiva de la expedición militar. Alvear no podía darse el lujo de prescindir de mil ochocientos o dos mil efectivos de caballería, los cuales ejercían tareas de avanzada, reconocimiento y distracción, elementales y funcionales a la estrategia militar de Alvear para la campaña.

Pero a uno le basta observar los comunicados entre los dos comandantes y Lavalleja ¡hace lo que le da la gana! Creo que dadas las circunstancias, Alvear demostró ser un buen general, pero este es uno de los temas claves y esto es un simple juicio de valor, seguramente habrá alguien que piense diferente.

SaM: ¿Cómo evalúa el desempeño de las tropas, tanto del lado argentino como del brasileño? ¿Existió profesionalidad en ambos bandos?

EO: Considero que el desempeño general de ambos ejércitos fue bueno, en el lado brasileño recordemos y también tengamos en cuenta que Barbacena se encontraba con problemas muy similares a los que poseía Alvear, en las divisiones imperiales se hallaban los riograndenses; los extranjeros, es indudable que existía una trama de cosas que le complicaban su situación de mando.

Ahora, si nos atenemos a lo que fue la batalla de Ituzaingó, yo creo que los dos ejércitos se comportaron correcta y profesionalmente. Hubo una sorpresa y planteos tácticos completamente diferentes. Pero al final, como en todo enfrentamiento bélico, existe un vencedor y un derrotado, esto es claro, pero esto se genera por una cuota de suerte y también por las buenas y acertadas decisiones. Considero que Ituzaingó estaba configurada “a priori” para que Alvear la perdiera: territorio enemigo; ejército exhausto y dividido; inferioridad de infantería y retirada prácticamente imposible. Alvear estaba para perder, la ganó, eso es lo notable.

Bento Manuel RibeiroSaM: Usted nombró como uno de los puntos críticos del ejército republicano la inferioridad de la infantería. ¿A que se debió esta falencia?

EO: Tengamos en cuenta que la infantería de aquellas épocas por su forma de operar tácticamente era un arma que requería de mucho entrenamiento e instrucción. Entonces, para formar un soldado era más práctico entrenarlo en el arma de caballería porque la población era de mayoría a caballo y en el aprendizaje de las evoluciones y movimientos eran más rápidos que formar a un infante que se le debía enseñar a portar, cargar y disparar un fusil, formar y marchar en diferentes formaciones compactas, etc.

La infantería funcionaba con un sistema táctico muy preciso porque sino perdía efectividad, el concepto de la infantería ligera o los cazadores, en ese entonces en Sudamérica se estaba desarrollando y con el agravante que en esta campaña se iba a enfrentar a una infantería absolutamente profesional, de la mejor del continente. Recordemos que a pesar que el Ejército de los Andes poseía una infantería entrenada, esta eventualmente se disolvió en el Peru al integrarse con el ejército de Bolivar. Resulta absurdo afirmar como lo hacen algunos historiadores brasileños que esa máquina militar que derrotó a los realistas en Chile y Perú, posteriormente regresó al país y combatió en Brasil. No fue este el caso. Muchos soldados y oficiales volvieron pero otros lo hicieron recién al finalizar la guerra, como el caso del Coronel Isidoro Suárez.

El objetivo de Alvear era contar con 3.600 hombres de infanteria. Mientras estuvo en la cartera de guerra, trató de reclutar más tropas, pero la deserción fue fenomenal y al final sólo pudo conseguir la mitad.

De todas maneras en opinión de Alvear la base del ejército debía por fuerza ser la caballeria apoyada por infantería ligera y artillería volante.

SaM: Igualmente, esto ya lucía como un mal endémico en la estructura militar del Río de la Plata. El Coronel Juan Beverina cita en su obra sobre los cuerpos militares del Virreinato del Río de la Plata la idea de los primeros virreyes de crear unidades de infantería montada, es decir “ dragones”, para paliar el problema de la infantería en su configuración tradicional…

EO: Bueno, esa es una propuesta de Alvear en su momento. Siendo ministro de guerra explica y justifica en una sesión del congreso porque el ejército va a ser o tiene que ser preponderantemente de caballería, él lo que tiene en mente es un ejército de dragones.

Pero en definitiva existían cuatro batallones de infantería que sumaban mil seiscientos a mil ochocientos hombres como máximo y era una cifra absolutamente insuficiente para lograr ciertos objetivos, pero no los que deseaba alcanzar Alvear los cuales eran realizar una incursión rápida sobre territorio enemigo, lograr la posesión de la ciudad de Río Grande para luego forzar una negociación. Es decir, debemos entender cual era el objetivo básico militar de esta campaña: incursión, no invasión, contando en la velocidad del ejército.

El problema se presenta cuando esta infantería se enfrenta en una batalla campal, su par imperial se encontraba muy bien adiestrada y demostró en el campo de batalla su calidad.

Pero hilando un poco más fino dentro del desarrollo de la batalla de Ituzaingó, se puede observar que el principal problema que debió enfrentar Alvear no fue la carencia de infantería, sino las desobediencias de ciertos oficiales, entre los cuales Lavalleja y Paz figuran como destacados. Con respecto a la artillería al mando de Iriarte y Chilavert y gran parte de la caballería tuvieron una actuación muy buena a mi juicio.

Como dijo alguien fue la “batalla de las desobediencias”, las mismas no fueron las que llevaron al ejercito a la victoria, sino las que complicaron y pusieron en peligro este resultado.

Gral. Jose Maria PazSaM: Otro de los puntos álgidos sobre la campaña que desembocó en Ituzaingó es la cuestión referida a ¿Por qué el ejército republicano, luego de ganar la batalla, no persiguió lo suficiente a las tropas imperiales cuando estas se retiraban del teatro de operaciones?

EO: Este es un tema que lo trato in extenso en el libro porque resulta un foco de atención y polémica muy importante. En mi libro yo traté de responder a los principales cuestionamientos que se le hicieron a Alvear y éste, indudablemente, es de los primordiales. Uno puede discutir eternamente esta cuestión: ¿cuál era la realidad? La misma era inescapable, porque el ejército se encontraba en territorio enemigo, sin caballos frescos y con cabalgaduras no entrenadas, sin herraduras y con el riesgo de ser absolutamente aniquilado. Si ese ejército era destruido, no existía otro cuerpo u otra agrupación militar para proseguir la campaña.

Yo considero que la decisión de Alvear fue prudente en las circunstancias imperantes, también así lo consideran Baldrich y Beverina. Obviamente los críticos de Alvear se aferran a esta decisión como sí hubiera, en las condiciones operativas en que se hallaba el ejército republicano llegar hasta Río de Janeiro, lo cual es un disparate.

Esto es bueno aclararlo, porque en si hay mucha gente que no entiende la operativa de la caballería, la gente no se da cuenta lo que significa andar por un territorio con seis mil caballos, y hay que comprender como se comporta un caballo: consume pasto, necesita agua, etc. En Europa, realmente los caballos eran alimentados a grano, eran caballos pesados, en cambio nuestra caballería siempre era mantenida a pasto natural, es decir que una vez que se consume ese recurso natural hasta que vuelva a crecer…, y estamos hablando de cinco o seis mil caballos, más el ganado que lleva el ejército para alimentar a la tropa.

Aquí no solo marcha un ejército con sus hombres, sino acompañado de los vivandieres y todo el conglomerado de animales al servicio del ejército que por supuesto hay que alimentar, es por eso que por el lugar donde pasan las columnas quedaba todo talado y desierto, el ejército vuelve y no encuentra nada para comer y siendo un cuerpo armado eminentemente de caballería el problema era aún más grave. Imagínense que esto es como un ejército moderno compuesto por tanques y material rodante donde los mismos se quedan sin combustible.

Sobre si podría haberse perseguido a los imperiales llevando los caballos de las riendas, como dijo Paz, es un total disparate, porque en ese momento cae un contragolpe y no existe más la caballería republicana.

Entonces, considero que probablemente Alvear subestimó como se retiraban los brasileños y con la rapidez y calidad con que lo realizaron de Ituzaingó, o sea, que ellos percibieron que su derrota era más seria de la apreciación que tuvo Alvear, quien dentro del campo de batalla divisaba que los cuadros de infantería se hallaban intactos, obviamente los vio abandonar el campo pero no porque estaban diezmados, abandonaron el lugar en orden y la retirada se prosiguió a una velocidad increíble, y si se observa el ritmo de marcha que tuvieron, indudablemente Alvear no estimó que los brasileños se iban a retirar tan lejos y tan rápido.

SaM ¿Estas tropas donde establecen el nuevo frente una vez que se retiran de Ituzaingó?

EO: Se retiran detrás del arroyo Cacequí. Se establecen allí la primera noche y posteriormente prosiguen su retirada hacia el norte del Yacui.

Marques de BarbacenaSaM: ¿Quizás Barbacena y Brown, poseían la intención de continuar retirándose en la seguridad que Alvear no los iba a perseguir?

EO: Quizás la estrategia de ellos era justamente algo muy similar a lo que realizó el Mariscal Kutusov en la campaña rusa, es decir, atraer a Napoleón a lo profundo del territorio. Si Alvear se metía más adentro de Brasil, cada vez iba a estar peor: más lejos de su base; sin aprovisionamiento, etc. Quizás fue una idea de los comandantes imperiales, justamente darle el anzuelo para que siguiera, porque digamos que la capacidad ofensiva de las fuerzas imperiales se hallaba intacta. Tengamos en cuenta que recuperó, después del enfrentamiento, casi todas las piezas de artillería del campo, en parte por culpa de Lavalleja, es decir, el ejército brasilero poseía gran parte de su fuerza en perfectas condiciones para proseguir la campaña.

Además, hay que observar como sigue esto, porque Alvear piensa que ésta no será la última batalla del conflicto, él espera que le envíen refuerzos, por eso le escribe desesperadamente a los gobernadores de Corrientes y Entre Ríos para que le remitan hombres y nadie le manda absolutamente nada.

SaM: Algo que nos sorprendió de sobremanera en otras charlas informales que hemos mantenido, en las cuales Ud. expresaba que la intención política era que este ejército gradualmente fuera desapareciendo…

EO: Correcto. La intención desde el gobierno después de Ituzaingó era que el ejército desapareciera porque las esperanzas de Rivadavia estaban puestas claramente en la negociación con Ponsomby, en la mediación diplomática y en una solución pacífica a través de la intervención inglesa. Si uno contempla la correspondencia entre Agüero, que era ministro de Rivadavia, y Alvear, él mismo se opone a la mediación inglesa y Agüero trata de razonar pero Alvear siempre se mantuvo en oposición de esta operación diplomática y bajo los términos que se realizaba esta mediación, que se produce a espaldas de Alvear, puesto que no se halla informado ni de la misión de García a Río de Janeiro, que obviamente tiene consecuencias nefastas para todo el esfuerzo bélico que se ha montado.

Es decir, al final la intención era que el ejército agotara su capacidad operativa porque se creía que un ejército victorioso, disciplinado y en manos de un general como Alvear era demasiado peligroso. Eso lo tenía asumido Rivadavia por un lado y los caudillos provinciales por el otro.

A nadie le convenía un personaje como Alvear, que era un líder de partido, que poseía su facción y su apoyo. Si Alvear hubiese sido tan ambicioso, al otro día de Ituzaingó se hubiera montado al primer caballo que se encontraba y se venía para Buenos Aires a reclamar el poder. Esto, por supuesto, no lo hizo y se quedó en Brasil tratando de continuar con la campaña.

Pero desde Buenos Aires no le prestaron ninguna ayuda, los únicos refuerzos que le mandaron fue una expedición al mando del Coronel Isaac Thompson que se quedó a mitad de camino y con órdenes de no continuar.

Robert Stewart, Vizconde de CastlereaghtSaM: Con lo que Ud. expresó en la anterior respuesta. Alvear se encontraba en las antípodas de la mediación inglesa. ¿Esto rompe un poco con el famoso mito histórico sobre la anglofilia de Alvear?

EO: Miren, esto yo lo traté en un artículo que publiqué en “Todo es Historia”. Si alguien se toma el trabajo de repasar la trayectoria política de Alvear y observa un solo episodio: como fue la carta a Lord Strangford y a Lord Castleragh, solicitando el resguardo del protectorado británico y saca eso fuera de contexto y lo extrapola, a mi modo de ver, es incorrecto.

Porque, como expresaba el cónsul norteamericano en Buenos Aires, Alvear no poseía simpatía alguna por los ingleses a nivel personal, porque justamente eran ellos los que habían asesinado a su madre y sus hermanos. A esta altura esto es un tema menor pero miren lo que son las cosas, cuando regresa a Buenos Aires, siendo oficial del regimiento de Granaderos a Caballo no duda en moler a palos a varios ingleses en una riña callejera por cuestiones de honor.

Otro dato importante es la creación de la escuadra naval en 1814, la misma es una medida que para nada favorece a los ingleses, todo lo contrario, el Comodoro Bowles se opone fuertemente y trata de destruir este proyecto.

Tampoco es favorable para los ingleses la protección que le brinda Alvear a José Miguel Carrera a principios de 1815 cuando era Director Supremo, siendo Carrera percibido por los ingleses como esencialmente un hombre aliado a los Estados Unidos, país con el que en ese momento mantenían un conflicto armado.

Es José Miguel Carrera quien va a decir a Alvear que desea armar una expedición para ir a Chile y combatir a los españoles y Alvear le contesta afirmativamente. Esto es a principios de 1815 y cuando Alvear, a raíz de la Rebelión de Fontezuelas, se le presenta la situación que el Cabildo lo separa del cargo este proyecto queda trunco. Según la historia es Artigas el que consigue la defenestración de Alvear, pero en realidad es el Cabildo el responsable porque Artigas no poseía capacidad ofensiva contra Buenos Aires y esto lo afirma directamente el Comodoro Bowles, no soy yo quien lo dice.

Recordemos, por otra parte, que el presidente del Cabildo en ese entonces era Francisco Antonio de Escalada que prepara un cadalso para ajusticiarlo a Alvear….

Según relata el propio Carrera a Joel Robert Poinsett, que era el antiguo cónsul norteamericano en Chile y amigo íntimo de Carrera, cuando el Cabildo viene a negociar para sacarlo a Alvear del poder, él propone dejar el mando político y ponerse al frente de un ejército de cuatro mil hombres y marchar juntamente con Carrera a Chile. El Cabildo le niega el pedido. Carrera en su epístola a Poinsett no tiene ninguna razón para mentir. Esa idea de ir en marzo o abril de 1815 a combatir a Chile es totalmente contraria a los intereses ingleses.

¿Cómo se explica que Alvear toma una posición antitética a los intereses ingleses en 1814 como es la toma de Montevideo; como es la creación de la escuadra naval; como es el apoyo a Carrera y entre medio sale éste tema de las cartas a los lores? Digamos pues que lamentablemente nunca vamos a poder saber la verdadera razón por la cual envía estas cartas, si fue para ser mostradas al gobierno portugués para que ellos no prestaran ayuda a la expedición punitiva española que se aprestaba a venir al plata; si era para de alguna forma ver si Inglaterra le “frenaba el caballo” a Fernando VII, no sabemos si la intención era seria o una maniobra maquiavélica. Por otra parte, Alvear le dice a principios de 1816 a San Martín en una carta que le envía desde Río de Janeiro: de Inglaterra no podemos esperar nada, porque esta aliada con el sistema colonial y apoya a España, obviamente Alvear le expresa esto a San Martín, mientras que San Martín de ahí para adelante lo que intenta hacer en conseguir la intervención inglesa.

SaM: Existe evidentemente un choque ideológico entre ellos, más allá que hayan sido “hermanos” de logia… Pero entrando un poco en este tema. ¿Cuál era la relación entre Alvear y San Martín dentro de las logias en que participaron?

EO: Sin duda que lo había, si uno ve las memorias de Matías Zapiola, cuando ya era muy anciano, le contestó un formulario a Bartolomé Mitre sobre la Logia Lautaro y acerca de los Caballeros Racionales en la que expresaba que él y San Martín fueron ascendidos al quinto grado recién en Londres. Es muy importante esto, porque la logia poseía cinco grados y el presidente de la logia era Alvear, no era una presidencia compartida. Aquí existía un venerable. Es decir, cuando San Martín se encontraba en Cádiz, no manejaba la logia, la manejaban Alvear y los hermanos del quinto grado. Alvear siguió liderando la logia en Buenos Aires hasta su caída en 1815. Sin embargo, historiadores como Pacho O’Donnell afirman que compartía este rol con San Martín, lo cual es falso.

Gral. San MartinSan Martín ingresó a la logia mucho después que Alvear, esto es importante porque si recién se incorporó al quinto grado en Londres, eso significa que lo hizo a partir de septiembre de 1811 y él había llegado a Cádiz a principios del mismo año. Con San Martín hay otra asimetría, acá se lo demoniza a Alvear por haber remitido estas cartas a los ingleses y por otra parte no se dice nada de las proposiciones que le hace San Martín al Comodoro Bowles y al Consul Staples, y esto consta en los archivos ingleses, para poner un príncipe inglés en Chile y además entregar la isla de Chiloe a los británicos. Es otra de las tantas asimetrías en la relación Alvear – San Martín

SaM: Sin duda a Alvear, como a todos los personajes de su tiempo, le tocó trajinar por épocas muy complejas y confusas…

EO: Indudablemente en esta época de la revolución existía mucha incertidumbre, además, y especialmente a raíz de la caída de Napoleón, que abdica al trono en abril de 1814, las noticias llegaban con tres meses de retraso, y la misma cae cuando Alvear ya se apoderó de Montevideo y encima luego de que se conociera la novedad que Fernando VII se encontraba ocupando el trono de España, es decir que si Alvear deseaba negociar con España, como en un momento se lo acusó, obviamente no se hubiera enemistado con Vigodet.

La caída de Napoleón dejó al proceso revolucionario americano sin su principal “sponsor” internacional. Recordemos que él único país que apoyó la independencia de las colonias españolas a partir de 1809 fue Francia, y cuando el régimen napoleónico cae el otro apoyo eran los Estados Unidos, pero los norteamericanos poco a poco se comienzan a desentender de la cuestión porque tienen otras agendas mucho más importantes y urgentes que resolver con Inglaterra. Para colmo de males, en Buenos Aires pendía la amenaza de la invasión de Morillo, quien con quince mil hombres partía desde España para restaurar el anterior orden.

Pensemos también que todavía en la urbe existía una facción importante de pro españoles y eso lo reportaban los agentes ingleses en la ciudad: que existía mucho miedo y que muchos corrían el riesgo de perder la cabeza. Indudablemente existe un período entre 1814 y 1815 donde cunde el pánico por esta región, pero, posteriormente las cuestiones comenzaron a equilibrarse y se llegó a cimentar una base militar para dar cara a los realistas.

SaM: ¿Considera Usted que con el trabajo que ha realizado, esta profunda y seria investigación sobre hechos olvidados de nuestra historia, se puede abrir una tercera vía de comprensión, ubicada entre la “historia oficial” y el “revisionismo histórico” para entender un poco mejor nuestra historia?

EO: Hay que distinguir los períodos. En lo que hace a la historia de la independencia creo que hay un deficit importante. El dogma es tan sólido que los historiadores serios no se atreven a cuestionarlo y prefieren ocuparse de otros periodos. Yo creo que es necesario reevaluar muchos episodios de la historia de la independencia argentina a la luz de lo que dicen los archivos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia y España, que raramente han sido consultados por nuestros historiadores. Esto produce un sesgo importante. Si dentro de cien años yo fuera a estudiar el conflicto actual en Irak cometería un grave error si buscara la respuesta en Bagdad y no en Washington. Lo mismo sucede con la independencia de America. Estas colonias no tenian entidad politica propia sino que eran piezas de un tablero de ajedrez controlado en Paris y Londres.

Es natural que nos enfoquemos en nuestros personajes pero hay que entender mejor el entorno internacional para evitar simplificaciones absurdas. La insistencia por crear mitos con cualidades sobrehumanas tampoco nos permite llegar a la verdad. Me refiero especificamente a la figura de San Martin, que se ha convertido en un personaje mitico, casi religioso, “el santo de la Espada”. Si San Martin tuviera las cualidades que se le atribuyen seria un desastre porque nunca hubo ni pudo haber en este país otro personaje comparable. Y de esa manera no se reconoce cabalmente a hombres que contribuyeron mucho a la formacion del pais.

Alvear que vivió catorce años en Estados Unidos decía que una de las grandes virtudes de los norteamericanos era celebrar a sus hombres publicos, aunque no fueran perfectos, ya que asi se creaba un ejemplo civico y se desalentaba a los mediocres y a los corruptos. En Argentina no ocurría ni ocurre eso. A todos se los descalificaba en comparacion con un estandar totalmente irrealista. Como decía Alvear “la mediocridad nunca quiere reconocer nada superior a ella.”

En los Estados Unidos existe el concepto de los “padres fundadores” mientras que aquí insistimos con el “padre de la patria” como si nadie mas hubiera tenido una función en dar a luz a esta Republica, lo cual obviamente es una distorsion grosera de la realidad.

Hay que humanizar a San Martín, traerlo de vuelta a la realidad con todas sus virtudes y todas sus falencias.

También hay que terminar con la proyección del pasado en la situación política actual. Entre otras cosas, y mal que le cueste a los nacionalistas y a los izquierdistas, hay que entender que San Martin fue un monárquico y anglófilo, un verdadero “tory” para usar el término inglés. Sin entender esto no se puede comprender su actuación política en el Río de la Plata. La ironía es que San Martín fue el verdadero anglófilo de la revolución, papel que se ha asignado tradicionalmente a Alvear lo cual es una distorsión completa de la realidad. Pero O’Donnell que nunca en su vida visitó o estudió los archivos ingleses sigue repitiendo esta falsedad como si fuera cierta. Pero la cuestión va mucho más allá. La obsesión de nuestros historiadores por San Martín ha resultado en una falta de investigación de temas muy interesantes. Alvear es un de ellos.

 

Emilio Ocampo en Ituzaingo
  

Nota Aclaratoria: Las fotografías realizadas en el campo de Ituzaingó son de autoría y propiedad del mismo Emilio Ocampo quien amablemente nos facilitó su publicación.

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10 Responses to Emilio Ocampo y una nueva visión de Alvear ante la historia

  1. Jorge Fernández says:

    Interesante vision de Alvear, novedosa y atrevida… Y muy documentada con fuentes directas…

  2. Carlos says:

    Me interesa mucho saber más de LECOR, si tiene parte de su biografia me interesaría.
    Carlos Cádiz Stewart (Chile)

  3. Gerardo Petrarca says:

    Espectacular. Felicito al autor del libro y al entrevistador. Pocas veces he visto tanta claridad y objetividad histórica.
    Mucha suerte y ojalá, señor Ocampo pueda deleitarnos con otros comentarios. Prometo leer su libro.
    Gerardo Petrarca

  4. Víctor García Costa says:

    Alvear no se llamaba Carlos María sino simplemente Carlos de Alvear. Esta aclaración fue publicada por mi en la Revista Todo es Historia, de Buenos Aires, con la partida de nacimiento a la vista.

  5. Marcelo de Olazabal says:

    Ansío leer el libro de Emilio Ocampo. Me sorprendió su claridad y, fundamentalmente su constancia en la investigación de un personaje tan discutido, como es el General Alvear. Además me agradó la entrevista, que permite vislumbrar la gran objetividad de sus apreciaciones. Dentro de mis limitaciones, siempre he sido un entusiasta lector de temas históricos y últimamente me he interesado en el conflicto con el imperio del Brasil, sorprendiéndome las versiones trilladas y repetitivas en que caen sobre el tema, los historiadores (tradicionales) a los que he podido acceder. Me soprendieron gratamente los diferentes puntos de mira en los que a basado su relato. Felicitaciones al “historiador no profesional” Emilio Ocampo.

  6. Aldo Nicosia says:

    La lectura de esta entrevista aumentó mi interés en el tema. El trabajo de investigación que hizo Ocampo empalidece la trascendencia de otros historiadores.

  7. Luis Sole Mases says:

    Una extensa crónica vista en lo profundo de la trama. Los Misioneros (resido en Posadas), sentimos a los 7 Pueblos de las Misiones Orientales (Territorio de la Campaña) al igual que las Islas Malvinas: territorio injustamente despojado y posteriormente vilmente entregado a los Brasileros en pago de “favores” politicos y militares (Urquiza).
    En definitiva los Misioneros hemos perdido millones de hectareas en el hoy estado de Rio Grande do Sul y en el de Parana (NEA de Misiones), en canjes, agradecimientos o ineficacia diplomática (o todo junto).
    Desde el Comandante Andres Guacarari y Artigas, hasta el ejercito Replublicano fueron más de 10 años de resistir y vencer a ejércitos enviados de la Isla de Santa Catarina o el propio Rio de Janeiro.
    Mucha sangre valiente.
    Sin duda Nuestra historia esta plagada de paradojas y oportunidades malogradas. Sigámosla mirando.
    Felicitaciones al sitio.
    Luis Sole Mases.

  8. Juan Fernando del Pazo says:

    Siempre son bien recibidos los nuevos aportes para llegar a conocer personalidades tan controvertidas de nuestra historia como la del propio Alvear

  9. eduardo gomez petrarca says:

    Excelente; siempre me parecieron dudosas las criticas dirigidas al heroe de ituizango, pero lamentablemente el peso que significaba el enfrentamiento entre el centralismo de la capital con las provincias, sumado a los intereses politicos particulares de los caudillos que no querian perder sus influencias en ellas, nos quitó una vez mas de las manos la oportunidad de integrarnos en un solo pais los argentinos, orientales, paraguayos y tarijeños. Por mi parte tengo entendido que Lavalleja estaba a favor de la unión pero por no quedar afuera de las negociaciones, ya avanzadas de Garcia, lo hizo en paralelo.

  10. Marcela Ocampo Healy says:

    Leer ésta entrevista a las tres de la mañana y no poder despegarme del monitor, me hizo dar cuenta de que realmente hay gente que siente pasíón por lo que hace. ¡Felicitaciones Emilo!

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