Conflictos religiosos
Afganistán, el reino del terror.

En occidente se califica a Irán y Afganistán como países fundamentalistas. Esta simplificación desconoce el duro conflicto que actualmente los enfrenta, en donde se contradice, incluso, a la religión que tan denodadamente afirman sostener: el Islam.

Por Karina Donángelo
Marzo de 1999

 
 

Entre las montañas del sur de Asia Central y sin acceso al mar se encuentra Afganistán, un país signado por la tragedia.

La instauración de un Estado caracterizado por la dictadura de la alienación fundamentalista hoy no sólo es sinónimo del relativismo cultural en este país, sino también la demostración de las miserias humanas.

En Afganistán, la violencia no tiene límites. Las violaciones sistemáticas a los derechos humanos son moneda corriente. Allí, el paradigma de las mujeres se reduce a la esclavitud. La ley está supeditada a la demencia.

Las medidas pseudo-religiosas son insoportables, aún para culturas orientales. Pues, el régimen talibán hoy se ubica en las antípodas de la razón, expresando además un autoritarismo que tergiversa groseramente las mismas leyes sagradas del Islam.

 

 

Un gerrillero talibán afgano.
Un poco de historia

Desde el siglo VI a. C., Afganistán formó parte del Imperio Persa. Conquistada por las huestes de Alejandro Magno, la región llegó a ser el centro del reino griego de Bactria, lo que dio lugar a un notable sincretismo entre las culturas griegas, hindú y budista. Siglos más tarde, y con la llegada de los árabes, se produjo una amplia difusión del Islam, consagrando a esta religión como pilar cultural de la franja central del continente asiático.

Bajo el mando de Gengis Khan, los mongoles dominaron el país en el siglo XIII y transformaron a Kabul en el centro desde donde se inició la invasión mongol y la conquista de la India. Mientras que otros sectores del actual Afganistán quedaron bajo el dominio de los persas.

Luego de sucesivas revueltas entre facciones y desmedidas ambiciones territoriales por parte del imperialismo ruso y británico, el país obtuvo su independencia en 1919.

Al comenzar la guerra fría, Afganistán gozaba de la ayuda tanto de los Estados Unidos como de la URSS. La región estaba dominada por la etnia pashtun, específicamente la tribu de los durranis, a la cual pertenecía el príncipe Daud, primer ministro "modernista" desde 1953.

La entrada de Pakistán al sistema de alianzas de los Estados Unidos provocó la división de los pashtun afganos con sus hermanos pakistaníes. De este modo, Kabul -capital de Afganistán- buscó acercarse a Moscú.

En 1963, frente a la injerencia de la URSS en Afganistán, el rey Zaher intenta inútilmente un acercamiento a Washington. Una década más tarde, en medio de una terrible hambruna, Daud depone al soberano y se proclama presidente de la república con el apoyo de oficiales formados en la URSS y de la fracción moderada del Partido Comunista, el Parcham, dirigido por un miembro de su propia tribu, Babrak Karma.

En 1978, Daud, al constatar la infiltración comunista decide orientar su gobierno hacia Pakistán e Irán. Pero, su falta de estrategia política provocó la enconada oposición del Parcham, quien se reconcilió con sus hermanos enemigos del Khalq.

Finalmente, Daud es derribado, los edificios públicos son tomados y se proclama una "república democrática", bajo la presidencia de Taraki. Un año más tarde, con el apoyo de tropas soviéticas, se impuso un gobierno controlado por el Kremlin, aunque no llegó a implantarse en todo el país. El objetivo era instalar una nueva versión de la Revolución de Octubre de 1917: reparto de tierras, adopción de la bandera roja, enseñanza obligatoria y lucha contra la religión. En suma, un giro de 180 grados, sin tener en cuenta lo que esto significaba para el 99% de la población, que era musulmana.

Afganistán, pese a los controles de la URSS, generó resistencias comandadas por los talibanes y apoyadas por los Estados Unidos, India y Pakistán. La guerrilla afgana combatió durante 10 años la presencia de los rusos en ese país, mientras ambos bandos en pugna eran alimentados por las armas más sofisticadas, enviadas por países occidentales y sirio-libaneses.

Después de haber enviado más de 100.000 soldados, la Unión Soviética terminó por emprender la retirada en 1988. En 1992, los talibanes finalmente derrocaron al gobierno respaldado por Moscú y el presidente Mohamed Najibula, que gobernó entre 1986 y 1992 al amparo del régimen comunista, fue torturado y baleado antes de ser colgado en la Plaza Ariana, frente al Palacio Presidencial de Kabul.

Empezó entonces la paulatina conquista del país, con la promesa de depurarlo según los preceptos religiosos de los talibanes, que habían surgido a principios del 94 de las escuelas religiosas llamadas MADRASSAT y son el principal bastión del conservadurismo religioso.

El 27 de septiembre de 1996 fue derrocado Burhanudain Rabbani, el último presidente; y más de dos tercios del país quedó bajo el control de los talibanes.

Hoy, el objetivo es llevar el Islám hasta las fronteras de la antigua Unión Soviética.

 

 

Miembros de la guerrilla afgana recorriendo campamentos militares.

El oscurantismo a las puertas del 2000

En virtud de un orden supuestamente basado en la Sharia, ley religiosa del Corán, el gobierno afgano de los talibanes impuso el reino del terror.

Las mujeres no tienen derecho a estudiar, ni trabajar; deben llevar una túnica que les cubre el cuerpo hasta rozar el suelo, el "chador"; deben bajar la cabeza y caminar varios pasos detrás del hombre. Se obliga a los hombres el uso de la barba y del turbante. Los residentes son obligados a rezar a palos. Se prevé la amputación de manos pies a los ladrones y la muerte por lapidación a los adúlteros. Los cirujanos tienen prohibido operar a pacientes del sexo opuesto. Violar a las mujeres es admitido por los líderes guerrilleros, no sólo como una recompensa para sus milicianos, sino como una táctica de conquista territorial.

Hombres y mujeres deben viajar por separado en el transporte público. A la prensa le está prohibido fotografiar a las mujeres. Está también prohibido remontar barriletes, jugar al fútbol y ver videos. No se permite el uso de bolsas de papel para impedir alguna página desprendida del Corán vaya a dar al tacho de basura o se recicle y sea transformada en bolsa. Las mujeres tampoco pueden usar los baños públicos, ni usar medias blancas, porque pueden atraer la atención de los hombres.

Afganistán alberga actualmente cerca de 22.143.000 habitantes. Se cree que las mujeres representan el 51% del total de la población musulmana.

De acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano de 1996, la tasa de alfabetización es solamente del 30%. La tasa de alfabetización de las mujeres apenas alcanza al 13,5%.

 

   

Refugiados del espanto

A finales de los años 80 unos 6 millones de refugiados afganos habían huido de su tierra natal a causa de la ocupación soviética. Tres millones se dirigieron a las planicies orientales de Pakistán. Los otros 3 millones huyeron a la República Islámica del Irán.

En Pakistán, la mayoría se instaló en campos de refugiados administrados por el Gobierno, en cooperación con una multitud de agencias locales e internacionales. Actualmente, este país alberga a 1.200.000 refugiados.

Los pashtuns, una etnia rural, eran tradicionalmente el grupo más conservador de todos los círculos sociales afganos. Durante los primeros años crearon allí una cultura de dependencia, pues las mujeres afganas estaban confinadas al cuidado de sus familias.

En Irán, menos del 10% vivía en los campos. Las mujeres afganas que vivían en las zonas urbanas de Irán tenían mayores oportunidades y se enfrentaban a una desaprobación menor que en su país de origen. Muchas de ellas se apuntaron en cursos de formación, uno de los cuales (el más popular) es el tejido de alfombras al estilo iraní.

Debido al totalitarismo religioso instalado en Kabul, 84.000 nuevos refugiados huyeron a Pakistán en 1994. Pero esta vez, los pakistaníes cerraron las puertas de las fronteras obligándolos a asentarse en los campos de Jalalabad. A fin de este año, estos campos ya reunían a 300.000 personas desplazadas.

 

 


Guerrillero musulmán de Afganistán con su uniforme típico y acompañado de una ametralladora.

Algunas consideraciones

La implantación del horror por parte del régimen talibán y la interpretación estricta de la sharia, ley sagrada del Corán, ¿es verdaderamente el Islam?

Hoy la discusión se dirime entre el uso y el "abuso" de la ley islámica. Sucede que las prácticas dictatoriales y fundamentalistas de esta religión ancestral, han creado un sentimiento anti-islámico en todo el mundo.

La cuestión es qué tipo de reformulación se puede dar a la religión en vistas de las actuales condiciones sociales, políticas y económicas. Cuando la interpretación es hecha por un jefe de Estado, un líder espiritual o un bloque parlamentario musulmán, las posibilidades de adoptar concensuadas y equilibradas en beneficio de la comunidad se tornan inciertas, y quedan al arbitrio subjetivo de intereses personales o sectoriales, donde, en nombre del Islam, se permite todo tipo de atropellos.

La historia ha demostrado que el casamiento entre la política y la religión no se ha caracterizado por sus buenos frutos. Mas bien ha resultado en desmedro de la población general y de los más débiles en particular.

El crecimiento del fundamentalismo islámico en el mundo, que rechaza el laicismo en coincidencia con una vuelta a las fuentes religiosas más ortodoxas representa una amenaza para la integración de los pueblos.

Por Karina Donángelo
Marzo de 1999
 

Ubicación geográfica de Afganistán y mapa físico en detalle.

 

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