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Bretaña del 2000 La situación planteada con el idioma
bretón, respecto de su lenta y paulatina desaparición, en contraste con
su auge cultural y económico dentro de una Francia que se inserta en la
Unión Europea y la globalización.
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Lengua céltica de la familia del galés, el gaélico y el córnico, el bretón es según ciertos especialistas un idioma virtualmente muerto. El propio Jean Le Du, profesor de la Universidad de Brest, reconoció sin ambages el inminente peligro de extinción de la lengua: "En Bretaña nadie cree en la posibilidad de salvar al bretón", y acusó a ciertos grupos militantes de tomar el bretón como excusa para cumplir con designios de carácter nacionalista o federalista en la lucha por el poder regional. La lengua bretona se ha convertido en una suerte de moderno Graal que inspira a lanzarse a la obsesiva recuperación del objeto mítico. De acuerdo con los movimientos regionalistas; el silenciamiento del bretón es otra de las formas de represión del poder central francés. Ya en tiempos de la Revolución Francesa, el famoso convencionalista Barère había afirmado: "El federalismo y la superstición hablan bretón". Según los círculos jacobinos, un Estado único en indivisible no podía sino hablar un solo idioma. El tiempo pasó pero ciertos conceptos no se modificaron; en 1925, el ministro De Monzie afirmó al inaugurar el pabellón bretón en una exposición de arte: "Para la unidad francesa, es necesario que el bretón desaparezca". El auge de la cultura bretona parece excluir a la lengua, que corre contra reloj por su supervivencia. Su práctica se ha precipitado en el sector de la baja Bretaña de un 75 por ciento en los años 50 a un 20 por ciento de la población actual, del cual dos tercios sobrepasan los 60 años. Pese a que no basta para reflotar las estadísticas, hay una leve renovación del interés por el bretón: las inscripciones escolares en los establecimientos bilingües o en las exclusivas escuelas bretonas Diwan ha crecido un 19 por ciento, y también ha aumentado la cantidad de adultos que aprenden el idioma en clases vespertinas. Estas cifras podrían reforzarse de tener éxito el lanzamiento del proyecto "TV Breizh" en agosto de este año. Se trata de una cadena bilingüe que difundirá exclusivamente material de Bretaña. Sin embargo, hay quienes ya la acusan de "instrumento de reconquista al servicio de una ideología católica regionalista y ultraliberal" que serviría de fachada al Opus Dei. Algunos estudios indican que la gran mayoría del millón de personas que saben bretón no pueden leerlo ni escribirlo. Se proyecta que el uso de este idioma disminuirá todavía más en las zonas rurales pero permanecerá como segunda lengua de las clases cultivadas gracias al sostén de la enseñanza universitaria. Dado el curioso fenómeno por el cual la actividad literaria se mantiene mientras que la lengua retrocede, los escritores de Bretaña parecen tener garantizado un público fiel, aunque restringido. ¿Cómo volver al dorado período de gloria del siglo XII, cuando los relatos caballerescos bretones encantaban a lectores de toda Europa?
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