| |
El Imperio Británico
El Reino, ¿Unido?
El Imperio Británico, un conglomerado
disímil de pueblos, culturas y naciones, se ha ido desmoronado durante
el siglo XX hasta quedar circunscrito a una comunidad con lazos más formales
y simbólicos que de unidad efectiva. En los últimos años esta declinación
ha alcanzado al núcleo mismo de imperio, las Islas Británicas, primordialmente
a causa del florecimiento de los nacionalismos galés, escocés e irlandés.
Nuestra corresponsal en Londres, Geraldine Lublin, analiza
este nuevo panorama y como afecta a Inglaterra, el corazón y la cultura
rectora del Reino Unido, en donde empiezan a aparecer cuestionamientos
sobre su propia identidad como nación.
 |
Por Geraldine Lublin, corresponsal en Londres.
Julio de 1999
|
|
|
|
| |
El epígrafe de una foto de la Guerra de Malvinas que
fue seleccionada por el periódico británico The Guardian entre
las imágenes más representativas del siglo XX plantea como interrogante
si quedará aquélla en la historia como la última vez que Gran Bretaña
va a la guerra para preservar lo poco que queda de su imperio. Pese a
que el año pasado Australia se pronunció en un referendo a favor de seguir
respondiendo a la Renia de Inglaterra, cada vez se ve más claro que el
antaño omnipotente Imperio Británico está bastante alicaído. Atrás quedaron
las épocas de gloriosas batallas e infinitas conquistas. El Reino Unido
de hoy en día no sólo ha perdido brillo en escala mundial sino que también
se ha deslucido su prestigio en cuestiones internas. A la cabeza de la
Unión, Inglaterra no sólo debe hacer malabares para mantener un cierto
equilibrio sino que también debe replantearse su propia identidad.
Durante alrededor de tres siglos, Gran Bretaña constituyó
el eje de un sistema mundial de dependencias cuya administración y soberanía
ejerció a lo largo y a lo ancho del planisferio mundial. Estos territorios,
protectorados y colonias que gozaban de diversos grados de autonomía gubernamental
llegaron al siglo XX como miembros de lo que se dio en llamar oficialmente
en 1931 "la Mancomunidad de Naciones británica". Pese a que el adjetivo
"británica" se dejó de utilizar en documentos oficiales en 1946, los estados
que componen esta libre asociación mantienen vínculos de cooperación con
la madre patria y, sin perder su soberanía, reconocen a la monarquía británica
como cabeza simbólica.
|
|
|
| |
Entre los miembros de la actual Mancomunidad se encuentran
países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, India, Pakistán, Chipre,
Malta, Jamaica, Singapur, Sri Lanka, Ghana, Malasia, Nigeria y otros países
de Africa, el Caribe, Asia y el Pacífico. La mayoría de los territorios
a los que se concedió independencia en las décadas de 1950, 1960 y 1970
decidieron permanecer bajo la custodia de la corona. Los diversos lazos
que unen a los miembros van desde el sentimiento de pertenencia y la tradición,
especialmente en las antiguas posesiones, hasta acuerdos comerciales y
monetarios, pasando por las migraciones poblacionales, el deporte y la
conservación de legados educacionales, profesionales y jurídicos.
Sin embargo, la dominación imperial no goza de semejante
popularidad en las propias Islas Británicas. Flameando la añeja bandera
del derecho al gobierno local (el tradicional pedido de "home rule" contra
la monarquía inglesa), Escocia, Gales e Irlanda hacen oír su reclamo de
autonomía -por ahora- administrativa y legislativa.
El gobierno laborista de Tony Blair recibió como herencia
la prometida delegación de poderes regionales, que ya le ha causado varios
dolores de cabeza. Sin embargo, esta imagen de valiente modernizador que
se atreve a reestructurar al Reino Unido en nombre de sus ideales le ha
granjeado considerable reconocimiento político. El laborismo se enfrenta
a la dura tarea de encontrar un nuevo lenguaje que haga atractiva a Gran
Bretaña y deje atrás las negativas imágenes de brutalidad, nacionalismo
y racismo que suele evocar. Es necesario darle un aspecto cosmopolita,
abarcativo, multinacional, multiétnico y multicultural, que la proyecte
como un experimento en democracia y justicia social igualitario para todos,
así se trate de escoceses, galeses, asiáticos o negros. Se ha hablado
incluso de la posibilidad de cambiar el nombre oficial y la bandera a
fin de dejar atrás las resonancias desfavorables y escoger un símbolo
que represente una mayor diversidad.
La burocracia regional que estableció el Laborismo en
1999 al dividir al Reino en 8 departamentos de desarrollo regional fomenta
la instauración de democracias regionales. Si bien esto no está bien visto
por el gobierno central, los reclamos autonomistas tienen eco en la Unión
Europea. Una vez más, las Islas contra el continente.
Los nuevos cuerpos legislativos regionales no le temen
al Parlamento de Westminster, la legislatura bicameral del Reino Unido,
en donde el 80 por ciento de los legisladores responden a Inglaterra.
En cuestiones territoriales, la organización del gobierno central británico
no se muestra muy equitativa. Por ejemplo, algunos departamentos administrativos
se dividen entre "Inglaterra" y "Gran Bretaña".
|
|
La reina Isabel II
|
|
Los nuevos organismos regionales de Escocia, Gales e
Irlanda intentan aprovechar al máximo todas las oportunidades de reafirmar
su propia voz. Aunque los poderes concedidos por el gobierno central no
dan mucho margen para la oposición, estas legislaturas no titubean al
desafiar a Westminster. Los miembros del Parlamento escocés, por ejemplo,
se definen como "escoceses" y "europeos", pero no "británicos".
Escocia no contaba con una legislatura propia desde que
el Acta de Unión de 1707 la fusionó con la cámara inglesa y así quedó
conformado oficialmente el Reino Unido de la Gran Bretaña. En el referendo
que se había llevado a cabo en 1979, los partidarios de la delegación
del poder regional no alcanzaron una mayoría significativa. No obstante,
en la consulta de 1997, donde votó un 59 por ciento de la población escocesa,
registró un 74,3 por ciento de apoyo. En las elecciones de mayo de 1999,
los laboristas obtuvieron la mayoría, se disolvió la "Oficina escocesa"
de Londres (que equivaldría a un ministerio) y el Parlamento escocés comenzó
a deliberar en Edimburgo. Si bien puede legislar sobre cuestiones de salud,
educación, gobierno local, derecho, desarrollo económico, carreteras,
medioambiente y arte, Westminster todavía conserva formalmente la soberanía
sobre la cámara y ejerce responsabilidad exclusiva en cuanto a defensa,
política exterior, seguridad social, macroeconomía y política fiscal.
Edimburgo tiene la importantísima facultad de poder recaudar impuestos
y modificar la tasa con un margen de tres puntos porcentuales con respecto
al índice de referencia británico.
Gales no recibió tantas libertades. Tras un rechazo a
la legislatura en el referendo de 1979 y un tibio apoyo del 50,3 por ciento
del total del 46 por ciento de la población que votó en 1997, en Cardiff
no se ha establecido un parlamento sino una asamblea con poderes reducidos.
Pese a que esta aparente falta de interés se atribuyó a lo poco que estaba
en juego, el nacionalismo galés está en constante crecimiento.
El último parlamento galés se había reunido en 1495,
pero la nación nunca antes había tenido un organismo responsable de la
elaboración de leyes. La Asamblea galesa inaugurada en mayo de 1999 heredó
las tareas de la "Oficina galesa" londinense: puede legislar sobre educación,
salud, agricultura, carreteras y planeamiento. Sin embargo, no puede recaudar
impuestos y está sujeta a Westminster en lo que respecta a política exterior,
defensa, seguridad social, comercio y asuntos laborales.
Finalmente, tras prolongadas negociaciones nacionales
e internacionales, en diciembre de 1999 se reunió por vez primera el Gabinete
multipartidario de Irlanda del Norte que estipulaba el Acuerdo del Viernes
Santo firmado en abril de 1998. Hasta principios de la década de 1970,
Irlanda del Norte contaba con un parlamento y un gabinete con autonomía
en cuestiones internas. El Acta de Constitución de 1973 abolió este esquema
y desde entonces la región había quedado bajo el dominio directo de la
Secretaría británica para Irlanda del Norte. Ahora el Parlamento británico
le ha delegado oficialmente el poder político sobre la región a un nuevo
gobierno provincial, una concesión que no había otorgado durante décadas.
|
|

Londres, capital de un Reino ¿Unido?...
|
| |
En noviembre, el Partido Unionista del Ulster aceptó
compartir un ejecutivo multipartidario con dos miembros del independentista
Sinn Fein (brazo político del violento Ejército Republicano Irlandés (IRA)
tras venir reclamando el desarme durante meses. El Gabinete, liderado
por los unionistas, celebró su histórica primera sesión con un inédito
encuentro entre las facciones rivales que sienta precedentes para una
futura convivencia pacífica.
Mientras las demás naciones crecen y se desarrollan,
Inglaterra cae en una crisis de identidad. Pareciera que por haberse impuesto
a la cabeza del Reino Unido, ya no le quedan rasgos distintivos propios.
Si cada región cuenta ahora con su propia legislatura, ¿por qué no revivir
la Comisión de cuestiones regionales inglesas, que ya existe pero no se
reúne desde 1978? Hay quienes señalan que se ha generado un déficit democrático
ya que ahora, además de tener sus propios organismos, todas las regiones
siguen formando parte del gran Parlamento de Westminster, único foro de
debate para los asuntos netamente ingleses. Ha surgido además una intensa
indagación de los rasgos característicos de la cultura inglesa, que parece
haberse desgastado tras todos estos años de dominación. Frente a interrogantes
como "¿Qué significa ser inglés?" o "¿Cuáles son los rasgos que identifican
a Inglaterra?" no es fácil encontrar una respuesta consensuada.
Según una encuesta del periódico The Guardian, más de
un 50 por ciento de la población cree que el Imperio Británico tarde o
temprano se desmembrará. Mientras el poder central inglés intenta realizar
una autoevaluación profunda y mantener el statu quo, los nacionalismos
regionales ganan cada vez más terreno. Aunque nada perturbe el té de las
cinco -o las cervezas en el pub-, esta es una cuestión candente que acecha
y merita un replanteo desde las bases.
 |
Por Geraldine Lublin, corresponsal en Londres.
Julio de 1999
|
|
|
|