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Las cacerolas que atronaron a partir de la noche del
miércoles 19 de diciembre marcaron no solo el final del (des) gobierno
de Fernando de la Rúa -y luego de Adolfo Rodríguez Saá-, sino también
de una actitud pasiva en la población argentina. Desde esta redacción
nos hemos referido a ese anterior comportamiento en el artículo que irónicamente
titulamos "El síndrome de la angustia pasiva", en abril del 2001. Pero
hoy en día la calle ha ganado el ánimo ciudadano y se han multiplicado
las manifestaciones, "cacerolazos", marchas de protestas, piquetes, "escraches",
y otras expresiones populares (pacíficas o violentas) de rechazo a la
actual dirigencia, con un especial hincapié en los líderes políticos.
Bien puede definirse al actual sistema político y económico
como un "régimen", en el cual el poder lo detentan desde 1983 unos pocos
grupos de personas, bajo apariencias democráticas, con la finalidad primordial
del enriquecimiento personal y corporativo (con el período de Carlos Menem
a la cabeza) y muy de vez en cuando se acuerdan de la responsabilidad
que tienen para con sus representados.
Cabe recordar que en la historia argentina existieron
varios regímenes en los cuales grupos oligárquicos utilizaban formas democráticas
para encaramase en el gobierno. Cualquiera de esas castas gobernantes
(la "Generación del 80" del siglo XIX, o la clase dirigente de la "Década
Infame", en los años 30 del pasado siglo), con todos sus múltiples errores
y carácter decididamente oligárquico, se revelan notoriamente superiores,
éticamente y pragmáticamente en la función de gobierno, a los líderes
del presente.
La expoliación de las riquezas de la Argentina por parte
de la actual clase dirigente alcanza grados escandalosos en quienes ocupan
cargos en el gobierno y discretos para los que se encuentran en la oposición.
En este sistema la alternancia en el poder solo se trata de un simple
reemplazo de funcionarios que marca la llegada de otro grupo de rapiña.
Las diferencias entre ellos se diluyen definitivamente con pactos que
consagran la impunidad casi absoluta y el reinado de la corrupción.
Todo esto implica que los argentinos no sólo hemos errado
terriblemente a la hora de elegir adecuadas y competentes autoridades
sino que también no supimos poner límites al poder que ejercieron nuestros
representantes. Una mayoría impasible contempló una cadena interminable
de hechos de corrupción que muchas veces se transformaron en meros entretenimientos
mediáticos. Nadie, de quienes ocuparon cargos de relevancia en los distintos
poderes del Estado, esta preso a pesar del enorme descalabro que padece
la Argentina como nación tal como mencionamos en el artículo "¿Y los responsables?".
La vedette del momento.
Los "cacerolazos" indicaron el hastío final de la población
ante semejante "régimen" y su deseo de modificar el actual sistema. Claro
que para ello se tuvo que llegar a una terminal crisis económica. Las
cacerolas se han constituido en las indiscutidas protagonistas de la política
argentina de los últimos tres meses.
Sin embargo, su utilización no puede considerarse una
adecuada forma de hacer política. En una carta al diario La Nación, publicada
el 26 de febrero del 2002, el notable escritor argentino (y curiosamente
biógrafo del ex presidente Carlos Menem) Daniel Herrendorf, define atinadamente
el carácter de los "cacerolazos": "Aun la justicia enorme de su causa,
los cacerolazos constituyen una viva regresión simbólica a las formas
menos complejas de la comunicación. Como acto político o como cualquier
otra cosa, parecerían ser bastante agrestes. Por instinto mamífero el
bebe de pocos meses grita golpeando una cosa contra otra, con una propuesta
que apenas alcanza el prestigio solitario del berrinche. Esa es hoy la
expresión política más alta de las clases medias urbanas. El mismo contenido
desolado de la propuesta "que se vayan todos" confirma la naturaleza primaria
del grito tarzánico. La expresión sin lenguaje del tachín tachín es ligeramente
básica y está por fuera de las categorías analíticas de la ciencia política,
que no puede categorizar el dolor como juicio. Una sociedad que deja de
ser representable asume su historia como conflicto puro y sale a la calle,
pero no sabe a qué. En ese instante feroz no entiende lo que le pasa,
y eso es todo lo que le pasa."
Una vez manifestado el claro repudio a la actual dirigencia
y al régimen político imperante, las cacerolas deben delegar su protagonismo,
ya que hoy, en opinión de quien escribe estas líneas, solo constituyen
la expresión de una sola cosa: ruido.
Es ahora donde debe empezar la construcción de un nuevo
sistema que tenga una verdadera base y espíritu democrático, ya sea encarnado
en las asambleas populares u otras nuevas expresiones y organizaciones
políticas que superen la propuesta del simplemente "que se vayan todos".
El vacío de poder siempre resulta útil a quienes desean la regresión a
la edad de piedra que significa una dictadura o un régimen cívico - militar
que lideran los "salvadores" de turno.
Pero, ¿cómo construir desde el fracaso actual y la corrupción
generalizada de toda la clase dirigente? En una entrevista realizada por
diario argentino La Nación al escritor Fernando Savater (publicada el
8 de enero del 2002), nos deja una esperanza: "No se puede conformar una
sociedad si por un lado tenemos una casta despreciable -la de los políticos-
y, por el otro, ciudadanos que "virtuosamente" se abstienen de participar".
Es obligación de los argentinos, de todos nosotros, participar
decididamente en política, ocupando las más variadas actividades cívicas,
como el control a los funcionarios, cargos públicos, organizando y colaborando
en ONG u otras formas que impliquen la construcción de espacios de participación
popular que aporten soluciones. Esto si aún queremos vivir y disfrutar
de los beneficios de una verdadera democracia.
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Por Pablo Rodríguez Leirado.
Marzo de 2002
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Triste saga de presidentes
argentinos que signaron una supuesta democracia, que resultó ineficaz y
corrupta:

Dr. Raul Alfonsín: "No supe, no pude, no quise..."

Dr. Carlos Saúl Menem: "Sigo pensando que en cada corrupto se identifica
un traidor a la Patria..."

Dr. Fernando de la Rúa: "Me comprometo a encabezar un gobierno que
defienda a los humildes y le corte la cabeza a la corrupción...".

Dr. Adolfo Rodríguez Saa: "Vamos a crear un millón de puestos de
trabajo..."

Dr. Eduardo Duhalde: "El que puso dólares, tendrá dólares..."
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