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En un país donde tanto Republicanos como Demócratas se
disputan la hegemonia sobre los valores morales y familiares, el congresista
republicano Dan Burton (uno de los arquitectos de la infame y controvertida
ley Helms-Burton con la que los EE.UU. se adjudican el derecho a tomar
represalias contra directivos de empresas que invierten abiertamente en
Cuba) está exigiendo que Elián comparezca a testificar ante el Congreso.
¿Acaso en su cruzada anticastrista el Sr. Burton puede justificar la inmoralidad
de hacer comparecer ante el Congreso a un niño de seis años que acaba
de pasar por las traumáticas circunstancias de haber estado a punto de
perecer y que ha visto perecer a su madre? Inclusive en el supuesto caso
de que Elián lanzase una serie de improperios contra el régimen castrista
y expresara su deseo de quedarse en "la tierra prometida"... ¿podría acaso
caber duda de que se presentaba debidamente aleccionado? ¿Qué valor se
podría conceder a la capacidad de un niño de su edad de saber decidir
lo que le conviene? ¿Y que se puede decir del bochornoso espectáculo de
los miembros de la prensa que envían a sus publicaciones notas en las
que se hacen constar que el niño dijo "Me quiero quedar"? ¿Se sabe acaso
en que contexto fue dicha esta frase? ¿Se sabe si el niño es consciente
de que "quedarse" significa no ver mas a su padre, abuelos o compañeros
de clase y juegos? ¡Señores de la prensa, un poco de madurez, por favor!
De acuerdo al doctor David John Berdnt, en la aplicación de la ley familiar
americana en un caso de divorcio el juez no consideraría las preferencias
de un niño de esa edad a la hora de otorgar la custodia por considerar
que es vulnerable, fácil de manipular e inmaduro para tomar una decisión.
La edad promedio típica en la que la opinión de un menor tiene cierto
peso en la decisión del juez de otorgar la tutela es de 15 años.
¿Se ha detenido la colectividad anticastrista de Florida
a ponderar la moralidad de colmar de regalos a un niño con el único objeto
de mostrarle "lo que su padre o Cuba no le pueden dar"? ¿Tiene Elián a
su lado alguien que como contrapeso le recuerde que su padre y sus abuelos
en Cuba le quieren y sufren debido a su ausencia o que sus compañeros
de escuela lo echan de menos? ¿A que se debe esa percepción de que los
bienes materiales son los únicos que cuentan? Por lo que se ha podido
saber hasta aquí, el padre de Elián participaba activamente en la vida
del niño. El contacto con sus abuelos -tanto paternos como maternos- era
también prácticamente cotidiano. Sus maestros lo describen como un niño
feliz.
Los funcionarios del Servicio de Inmigración y Naturalización
estadounidense que se trasladaron a Cuba para entrevistar al padre así
lo pudieron constatar y sus informes fueron positivos, lo que sin duda
contribuyó a que ese departamento decretara semanas atrás la devolución
del niño a Cuba. Era rico en afectos pero, evidentemente, eso no importa
en Miami. Desde su perverso sistema de valores ellos juzgan que deben
mostrarle a Elián las "impúdicas carencias" que estaba sufriendo bajo
el sistema cubano. La arrogancia de quienes quieren impedir que Elián
regrese a Cuba no reconoce los lazos familiares ni otros valores que los
específicamente materiales. Con toda probabilidad Elián en Cuba no era
ni más pobre ni más rico que el resto de niños cubanos. Con toda probabilidad
era feliz con lo que tenía. Con toda probabilidad no sabía distinguir
entre un sistema político y otro. Los fanáticos exaltados de la colonia
cubano-americana se han otorgado la dudosa distinción de ser quienes lo
han despertado para que pueda percibir el juego político entre fanáticos
en toda su hediondez.
Tanto la postura del decrépito régimen cubano como la
postura estadounidense de dejar las decisiones en manos de la exaltada
y politizada administración del estado de Florida son patéticas. En este
último caso tiene además el agravante de ser una postura cobarde porque
demuestra a todas luces que los derechos fundamentales de un niño están
siendo inmolados en el altar de las elecciones. Las manifestaciones en
Florida han sido orquestadas por la poderosa colonia cubano - americana.
Las celebradas en Cuba, a no dudar, han sido apoyadas u orquestadas por
el gobierno cubano. Pero el enojo del pueblo cubano que salió a la calle
es sin duda genuino y están en su derecho. En Florida, un puñado -énfasis
en la palabra "puñado" ya que no todos los cubanos en Florida son fanáticos-
de inflamados activistas políticos les ha robado uno de los suyos bajo
el insultante pretexto de que son demasiado pobres para poderle ofrecer
un futuro. La probabilidad de que para cuando Elián tenga edad de analizar
e inclinarse por un ideal político determinado Fidel Castro no estará
en el poder y que sin Castro es poco probable que sobreviva el castrismo
parece escapar a sus "protectores" de Florida. Entretanto están dispuestos
a privarlo de la única familia que el niño conoce y a utilizarlo para
sus turbios propósitos políticos.
Quieren, dicen, librarlo de crecer adoctrinado en Cuba.
¿Quién lo va a proteger de crecer adoctrinado y materialista en Miami?
Por lo que a adoctrinarlo se refiere, ya las pantallas de nuestros televisores
nos han mostrado las imágenes de Elián vestido con una camiseta de la
Fundación Nacional Cubano-Americana, el frente anticastrista más fuerte
en el exilio. Personajes de la vida política cubano-americana como José
Basulto e Ileana Ross Lehtinen han dicho públicamente que se reúnen casi
a diario con el niño y otros han divulgado que han mantenido con él entrevistas
de varias horas. ¿Es esto un clima saludable para una criatura que ha
perdido a uno de sus progenitores en circunstancias trágicas y separado
de la única familia que conoce? El asedio de la prensa es constante hasta
el punto de producir la sensación de que el niño vive una existencia de
vidriera o escaparate. En cuanto al materialismo, es evidente que en su
afán por convencer a Elián de que en América se vive mejor y por conseguir
que el niño pronuncie para la prensa esas frases tan "políticamente electrizantes"
como "Me quiero quedar" lo han colmado de extravagantes regalos -con algunos
de los cuales pudimos ver fotografiado a Elián en su fiesta de cumpleaños-
lo han paseado por el Mundo de Disney en Orlando, etc. En el colmo de
la irresponsabilidad y la crueldad están arriesgando que el menor, desde
la inmadurez que dan sus pocos años, a su regreso a Cuba pueda pensar
que si sus parientes lejanos en Miami le hacen mas regalos que su padre
en Cuba lo deben querer más.
Otra sería trasgresión de los derechos, tanto del padre
como del hijo, es el hecho de que según la portavoz familiar en Miami
el niño está recibiendo tratamiento psicológico. Considerando que Elián
es un menor, cabe preguntar: ¿con la autorización de quién?
Imaginemos por un instante que se trata de un niño estadounidense
rescatado de aguas internacionales y llevado a Cuba. Imaginemos que Cuba
se niega a devolver al niño a su padre en cualquier lugar de los EE.UU.
bajo el pretexto de que en ese país corre el riesgo de no sobrevivir el
ataque armado de un lunático en su escuela. O que quieren protegerlo de
la posibilidad de ser víctima de la drogadicción. O que en Cuba tiene
acceso al sistema de medicina universal. O que su padre en EE.UU no tiene
los medios para mandarlo a la universidad y en Cuba también la educación
post-secundaria es gratuita y le ofrece más futuro...
¿Sería descabellado creer que los EE.UU. considerarían
la posibilidad de acción militar contra Cuba? Si a la Fundación Nacional
Cubano - Americana le preocupa tanto el futuro de los niños pobres puede
empezar a poner sus poderosos recursos a los pies de los cientos de miles
de niños abandonados por sus familias en las favelas brasileñas, las calles
de las grandes urbes de Colombia, México, Haití, Santo Domingo... Eso
suponiendo que sus cabezas, como la de la avestruz, estén tan firmemente
enterradas en la arena que no pueden ver los miles de niños que en las
calles de muchas ciudades de EE.UU. viven en la miseria más absoluta rodeados
por obscena riqueza y sin acceso a atención médica o a una universidad
pese a haber nacido en la tierra prometida que los exiliados cubanos abrazan
y que ofrecen a Elián a cambio de renunciar a su vida familiar en Cuba.
Cada día que pasa sin devolver a Elián a su familia es
una afrenta más a un niño asustado y traumatizado que lo que menos necesita
es crecer en un ambiente donde los trucos publicitarios políticos se interponen
entre el amor de un niño huérfano y el padre que le queda. Regresar a
su hogar y reanudar en lo posible la vida a la que estaba acostumbrado
antes de la tragedia es probablemente la mejor medicina para su salud
mental. Aquellos que tienen hijos lo saben por experiencia. Los que no
los tienen lo saben por sentido común. Los extremistas de Miami lo sabrían
si su odio hacia el régimen castrista no los cegara hasta el extremo de
explotar la tragedia de Elián para sus propios fines.
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Por Ana-Mayte (Mendia) Coria,
desde Toronto (Canada)
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