La infancia acosada
Elián González a merced de los fanáticos.

El niño balsero cubano que fue rescatado de aguas internacionales, después de la trágica muerte de su madre, su padrasto y otros compañeros que intentaban llegar a la Florida, es objeto de una cruel e infame lucha. Nuestra corresponsal en Toronto (Canadá), Ana Mayte Mendía de Coria, analiza los pormenores de este lamentable caso.

 
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Por Ana-Mayte (Mendia) Coria,
desde Toronto (Canada)

 
 

Desde que el pasado 25 de Noviembre un niño balsero cubano fue rescatado de aguas internacionales tras haber vivido la traumática experiencia de ver perecer, entre otros, a su madre y su padrastro en un fallido intento por llegar a las costas de Florida, el mundo está siendo testigo del espectáculo más deplorable que cabe imaginar.

Independientemente de las ideas políticas que se profesen es indudable que la utilización y aberrante explotación de una tragedia personal con fines políticos merece el más absoluto repudio por parte de todos. Que el escenario donde se desenvuelven los acontecimientos sea un país de los llamados desarrollados viene a demostrar que cuando el salvajismo se produce en la selva urbana, practicado por fieras con intelecto, es mucho mas refinado, nefasto, detestable e inexcusable.

Dudo que exista mucha gente con la suficiente ingenuidad como para pensar que estos dos bandos que se disputan la "propiedad" del niño, tironeando de Elián como si de un muñeco de trapo se tratara, lo hacen por un deseo altruista de protegerlo. ¿Protegerlo de que? ¿De regresar con la única familia directa -padre y abuelos- que le ha quedado tras la muerte de su madre? Es evidente que de haberse tratado de un niño con otra ciudadanía que la cubana se habrían necesitado apenas horas para devolverlo a su hogar. Si en lugar de tratarse de castristas y anticastristas disputándose el niño se hubiera tratado de un padre y una madre utilizándolo para zaherirse mutuamente el Tribunal Tutelar de Menores habría intervenido retirando al menor inmediatamente de tan pernicioso ambiente. Tampoco parece muy probable que si esta situación se hubiera producido en Noviembre con un niño cuya madre intentaba escapar de una dictadura militar o de derechas nos encontraríamos discutiendo el caso todavía en Febrero.

Hasta aquí los argumentos que enarbolan para justificar tamaño despropósito no son que su familia en Cuba le vaya a maltratar o que no le vaya a dar cariño sino que los Estados Unidos le ofrecen mejores perspectivas económicas y es un país libre. Vayamos por partes. En primer lugar, la necesidad primordial de un niño que acaba de cumplir los seis años de edad no es su futuro económico sino emocional. En segundo lugar, las perspectivas de futuro para los niños estadounidenses están directamente relacionadas con la situación económica de sus padres y la pobreza en los EE.UU. puede ser mucho mas cruel que la pobreza en Cuba donde al menos sus necesidades de escolarización -incluida la post secundaria- y salud están cubiertas. Obviamente, las garantías de futuro de Elián están basadas en el hecho de que se trata de un niño al que la colectividad cubana en Florida puede explotar como mascota de su causa anticastrista y no están a disposición de todos los niños estadounidenses. 

Finalmente, quienes enfatizan que los EE.UU. le ofrecen a Elián libertad parecen ajenos a la ironía que representa la situación de rehén que padece el niño. Irónico es también que el niño cubano esté siendo victimizado por los propios cubanos.

Asistimos al poco edificante espectáculo de unos líderes políticos que con la sola motivación de cortejar el voto cubano en Florida se lavan las manos como Pilatos y permiten tan vergonzosa situación. Que el Servicio de Inmigración y Naturalización se auto adjudique el derecho a decidir sobre la devolución del menor a su progenitor -Elián fue rescatado en aguas internacionales- es ya una seria trasgresión de la ley. Que encima tenga la audacia de culminar su cúmulo de errores transfiriendo jurisdicción al estado de Florida es inexcusable y una clara violación de las propias leyes estadounidenses, ya que inmigración y naturalización son competencia federal. Por lo que se refiere a las leyes familiares americanas estas son claras: son los padres biológicos quienes tienen el derecho de custodia.

Si pudiéramos desasociarnos o sustraernos del hecho que está en juego la estabilidad emocional de un niño, tendríamos que concluir que estamos presenciando un espectáculo circense en el que predominan los payasos y las fieras. 

 

 


Elián González

En un país donde tanto Republicanos como Demócratas se disputan la hegemonia sobre los valores morales y familiares, el congresista republicano Dan Burton (uno de los arquitectos de la infame y controvertida ley Helms-Burton con la que los EE.UU. se adjudican el derecho a tomar represalias contra directivos de empresas que invierten abiertamente en Cuba) está exigiendo que Elián comparezca a testificar ante el Congreso. ¿Acaso en su cruzada anticastrista el Sr. Burton puede justificar la inmoralidad de hacer comparecer ante el Congreso a un niño de seis años que acaba de pasar por las traumáticas circunstancias de haber estado a punto de perecer y que ha visto perecer a su madre? Inclusive en el supuesto caso de que Elián lanzase una serie de improperios contra el régimen castrista y expresara su deseo de quedarse en "la tierra prometida"... ¿podría acaso caber duda de que se presentaba debidamente aleccionado? ¿Qué valor se podría conceder a la capacidad de un niño de su edad de saber decidir lo que le conviene? ¿Y que se puede decir del bochornoso espectáculo de los miembros de la prensa que envían a sus publicaciones notas en las que se hacen constar que el niño dijo "Me quiero quedar"? ¿Se sabe acaso en que contexto fue dicha esta frase? ¿Se sabe si el niño es consciente de que "quedarse" significa no ver mas a su padre, abuelos o compañeros de clase y juegos? ¡Señores de la prensa, un poco de madurez, por favor! De acuerdo al doctor David John Berdnt, en la aplicación de la ley familiar americana en un caso de divorcio el juez no consideraría las preferencias de un niño de esa edad a la hora de otorgar la custodia por considerar que es vulnerable, fácil de manipular e inmaduro para tomar una decisión. La edad promedio típica en la que la opinión de un menor tiene cierto peso en la decisión del juez de otorgar la tutela es de 15 años.

¿Se ha detenido la colectividad anticastrista de Florida a ponderar la moralidad de colmar de regalos a un niño con el único objeto de mostrarle "lo que su padre o Cuba no le pueden dar"? ¿Tiene Elián a su lado alguien que como contrapeso le recuerde que su padre y sus abuelos en Cuba le quieren y sufren debido a su ausencia o que sus compañeros de escuela lo echan de menos? ¿A que se debe esa percepción de que los bienes materiales son los únicos que cuentan? Por lo que se ha podido saber hasta aquí, el padre de Elián participaba activamente en la vida del niño. El contacto con sus abuelos -tanto paternos como maternos- era también prácticamente cotidiano. Sus maestros lo describen como un niño feliz. 

Los funcionarios del Servicio de Inmigración y Naturalización estadounidense que se trasladaron a Cuba para entrevistar al padre así lo pudieron constatar y sus informes fueron positivos, lo que sin duda contribuyó a que ese departamento decretara semanas atrás la devolución del niño a Cuba. Era rico en afectos pero, evidentemente, eso no importa en Miami. Desde su perverso sistema de valores ellos juzgan que deben mostrarle a Elián las "impúdicas carencias" que estaba sufriendo bajo el sistema cubano. La arrogancia de quienes quieren impedir que Elián regrese a Cuba no reconoce los lazos familiares ni otros valores que los específicamente materiales. Con toda probabilidad Elián en Cuba no era ni más pobre ni más rico que el resto de niños cubanos. Con toda probabilidad era feliz con lo que tenía. Con toda probabilidad no sabía distinguir entre un sistema político y otro. Los fanáticos exaltados de la colonia cubano-americana se han otorgado la dudosa distinción de ser quienes lo han despertado para que pueda percibir el juego político entre fanáticos en toda su hediondez. 

Tanto la postura del decrépito régimen cubano como la postura estadounidense de dejar las decisiones en manos de la exaltada y politizada administración del estado de Florida son patéticas. En este último caso tiene además el agravante de ser una postura cobarde porque demuestra a todas luces que los derechos fundamentales de un niño están siendo inmolados en el altar de las elecciones. Las manifestaciones en Florida han sido orquestadas por la poderosa colonia cubano - americana. Las celebradas en Cuba, a no dudar, han sido apoyadas u orquestadas por el gobierno cubano. Pero el enojo del pueblo cubano que salió a la calle es sin duda genuino y están en su derecho. En Florida, un puñado -énfasis en la palabra "puñado" ya que no todos los cubanos en Florida son fanáticos- de inflamados activistas políticos les ha robado uno de los suyos bajo el insultante pretexto de que son demasiado pobres para poderle ofrecer un futuro. La probabilidad de que para cuando Elián tenga edad de analizar e inclinarse por un ideal político determinado Fidel Castro no estará en el poder y que sin Castro es poco probable que sobreviva el castrismo parece escapar a sus "protectores" de Florida. Entretanto están dispuestos a privarlo de la única familia que el niño conoce y a utilizarlo para sus turbios propósitos políticos. 

Quieren, dicen, librarlo de crecer adoctrinado en Cuba. ¿Quién lo va a proteger de crecer adoctrinado y materialista en Miami? Por lo que a adoctrinarlo se refiere, ya las pantallas de nuestros televisores nos han mostrado las imágenes de Elián vestido con una camiseta de la Fundación Nacional Cubano-Americana, el frente anticastrista más fuerte en el exilio. Personajes de la vida política cubano-americana como José Basulto e Ileana Ross Lehtinen han dicho públicamente que se reúnen casi a diario con el niño y otros han divulgado que han mantenido con él entrevistas de varias horas. ¿Es esto un clima saludable para una criatura que ha perdido a uno de sus progenitores en circunstancias trágicas y separado de la única familia que conoce? El asedio de la prensa es constante hasta el punto de producir la sensación de que el niño vive una existencia de vidriera o escaparate. En cuanto al materialismo, es evidente que en su afán por convencer a Elián de que en América se vive mejor y por conseguir que el niño pronuncie para la prensa esas frases tan "políticamente electrizantes" como "Me quiero quedar" lo han colmado de extravagantes regalos -con algunos de los cuales pudimos ver fotografiado a Elián en su fiesta de cumpleaños- lo han paseado por el Mundo de Disney en Orlando, etc. En el colmo de la irresponsabilidad y la crueldad están arriesgando que el menor, desde la inmadurez que dan sus pocos años, a su regreso a Cuba pueda pensar que si sus parientes lejanos en Miami le hacen mas regalos que su padre en Cuba lo deben querer más.

Otra sería trasgresión de los derechos, tanto del padre como del hijo, es el hecho de que según la portavoz familiar en Miami el niño está recibiendo tratamiento psicológico. Considerando que Elián es un menor, cabe preguntar: ¿con la autorización de quién? 

Imaginemos por un instante que se trata de un niño estadounidense rescatado de aguas internacionales y llevado a Cuba. Imaginemos que Cuba se niega a devolver al niño a su padre en cualquier lugar de los EE.UU. bajo el pretexto de que en ese país corre el riesgo de no sobrevivir el ataque armado de un lunático en su escuela. O que quieren protegerlo de la posibilidad de ser víctima de la drogadicción. O que en Cuba tiene acceso al sistema de medicina universal. O que su padre en EE.UU no tiene los medios para mandarlo a la universidad y en Cuba también la educación post-secundaria es gratuita y le ofrece más futuro... 

¿Sería descabellado creer que los EE.UU. considerarían la posibilidad de acción militar contra Cuba? Si a la Fundación Nacional Cubano - Americana le preocupa tanto el futuro de los niños pobres puede empezar a poner sus poderosos recursos a los pies de los cientos de miles de niños abandonados por sus familias en las favelas brasileñas, las calles de las grandes urbes de Colombia, México, Haití, Santo Domingo... Eso suponiendo que sus cabezas, como la de la avestruz, estén tan firmemente enterradas en la arena que no pueden ver los miles de niños que en las calles de muchas ciudades de EE.UU. viven en la miseria más absoluta rodeados por obscena riqueza y sin acceso a atención médica o a una universidad pese a haber nacido en la tierra prometida que los exiliados cubanos abrazan y que ofrecen a Elián a cambio de renunciar a su vida familiar en Cuba.

Cada día que pasa sin devolver a Elián a su familia es una afrenta más a un niño asustado y traumatizado que lo que menos necesita es crecer en un ambiente donde los trucos publicitarios políticos se interponen entre el amor de un niño huérfano y el padre que le queda. Regresar a su hogar y reanudar en lo posible la vida a la que estaba acostumbrado antes de la tragedia es probablemente la mejor medicina para su salud mental. Aquellos que tienen hijos lo saben por experiencia. Los que no los tienen lo saben por sentido común. Los extremistas de Miami lo sabrían si su odio hacia el régimen castrista no los cegara hasta el extremo de explotar la tragedia de Elián para sus propios fines.

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Por Ana-Mayte (Mendia) Coria,
desde Toronto (Canada)

 

 

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