Salvador Dalí. Parte II.
Gala: mujer violenta y esterilizada.

Roberto A. Buchi, artista plástico argentino, egresado del Taller de Arte Contemporáneo y Director de la Escuela de Arte "Salvador Dalí", presenta la segunda parte de su artículo dedicado al genial creador catalán, en el cual narra la particular relación que mantuvo con quien fue no sólo una musa inspiradora, sino la razón de su vida, sin la cual no se puede conocerse la personalidad de Dalí. Esta nota ha sido publicada en el periódico "La Brújula" (Año 1, nro. 5) y es reproducido por Sitio al Margen gracias a la gentileza del autor y del director de ese medio, Jorge Acosta.

Por Roberto A. Buchi.

 
 

La irrupción de Gala (Helena Devulina Diakanoff) en la vida de Salvador Dalí será fundamental, tanto en su vida como en su obra. Tal es así que pasó a firmar sus obras como Gala-Dalí. 

Ella encarnaba la figura de la mujer de sus sueños infantiles. La reconoció porque poseía la misma espalda desnuda. La prueba de ello era su anatomía, precisamente igual a la mayoría de los personajes femeninos representados en sus dibujos y pinturas. "Su cuerpo tenía una complexión infantil, sus omóplatos y sus músculos lumbares la tensión de los adolescentes. La curva de la espalda, por el contrario, era extremadamente femenina y unía con gracia el torso enérgico y altivo a las finas nalgas que su talle de avispa hacía todavía más deseable", apuntó Dalí.

 

 

Gala hacia 1936
 

Cada vez que quería hablar con ella le acometía un ataque de risa y apenas ella se daba vuelta Dalí se retorcía de risa revolcándose por el suelo. Durante un paseo por el cabo de Creus, en el recodo de una cala, en Es Cayals, Dalí declaró su amor a Gala, quien poseía un encanto fascinante mezclado con una seguridad que no había dejado de impresionar al joven pintor. 

Dalí nos abre la puerta histórica y freudiana de este incipiente amor en la siguiente frase: "Elle sería mi Gradiva (la que avanza), mi diosa de la Victoria, mi mujer. Para ello era necesario que me curase. Y ello me curó gracias a la potencia indomable e insondable de su amor, en que la profundidad de pensamiento y la destreza práctica rebasaban los métodos psicoanalíticos más ambiciosos". Dalí, temblando, preguntó a Gala: "¿Qué-quie-res-que-ha-ga?". Y Gala le respondió con el rostro transformado, duro y tiránico: "¡Quiero que me mates!". "¿Y si la tirara desde lo alto de la catedral de Toledo?", se preguntó Dalí. Pero como estaba previsto, Gala era la más fuerte. "Gala me liberó de mi crimen y me curó de mi locura. ¡Gracias! ¡Quiero amarte! Te desposaré. Mis síntomas histéricos desaparecieron uno tras otro como por encantamiento y yo volvía a ser el dueño de mi sonrisa, de mi risa, de mis gestos. Una salud nueva brotaba como una rosa de mi cabeza", explicó el catalán.

 

 

El Ángelus de Gala, 1935.
Oleo sobre madera, 32x26 cm. 
The Museum of Modern Art, New York.

 

En el "Diccionario Abreviado del Surrealismo, publicado en 1938, cuyos autores con Breton, Dalí y Éluard, se inserta la siguiente definición sobre Gala: "Mujer violenta y esterilizada". Por encima de cuáles fueran las relaciones con Gala, que oscilaron entre cielos y abismos, convivió con ella 52 años. Ella fue su verdadera riqueza, lo acompañaba a todas partes, lo defendía, lo protegía de los otros y de sí mismo.

Dalí decía: "Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Yo no existía más que en un saco lleno de agujeros, blando y borroso, siempre en busca de una muleta. Ciñéndome a Gala he encontrado una columna vertebral y, haciendo el amor con ella, he rellenado mi piel. Hasta este momento mi esperma se perdía por la masturbación como arrojado a la nada, con Gala lo he recuperado y me ha vivificado. Primero creí que ella iba a devorarme; pero por el contrario, me ha enseñado a comer lo real. Firmando mis cuadros como Gala-Dalí, no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala".

Entre sus últimos cuadros existe uno especialmente perturbador, pintado algunas semanas antes de la muerte de su Gradivia, "Los tres enigmas gloriosos de Gala", donde reunía los tres períodos de su carrera. Fueron "La mujer visible", la "Leda atómica" y "La Madona de Port Ligat" el último y triple homenaje a aquella.

La mayor catástrofe que podía abatirse sobre Dalí ocurrió el 10 de junio de 1992, cuando a los 89 años muere su Gala, abandonándolo a la soledad. Entonces quiso "suicidarse por deshidratación".

"¿No es una molécula de ADN garantía de inmortalidad? Ella es la célula monárquica por excelencia: cada mitad de un barrote está engarzado a su mitad correspondiente con toda exactitud, como Gala lo está a mí...". 

Por Roberto A. Buchi.

 



"Mi mujer desnuda contemplando su propio cuerpo convirtiéndose en escalera, tres vértebras de una columna, cielo y arquitectura". Óleo sobre madera (61 x 52 cm.) 1945. En colección privada, Nueva York

 
  • "La irracionalidad de un genio" 
    Un acercamiento a la obra y a la extraordinaria personalidad de este genial creador es el que realiza Roberto A. Buchi, artista plástico argentino, de la localidad de Avellaneda, egresado del Taller de Arte Contemporáneo y Director de la Escuela de Arte "Salvador Dalí". Este artículo ha sido publicado en el periódico "La Brújula" (Año 1, nro. 4) y es reproducido por Sitio al Margen gracias a la gentileza del autor y del director de ese medio, Jorge Acosta.

  < Otros artículos de la misma temática.
  • Romero, Luis: "Dedálico Dalí".
  • Dalí, Salvador: "La vida secreta de Salvador Dalí".
  • Descharnes, Robert y Néret, Guilles: "Salvador Dalí".

 

  < Bibliografía consultada

 

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