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Belleza americana.

El film que acaparó los principales Oscar curiosamente se sale de los patrones ideológicos que habitualmente imperan en Hollywood y presenta una crítica al remanido cinematográfico "sueño americano". 

Por Karina Donángelo.

 
 

La belleza está en todas partes. Aún en la conciencia de nuestras propias miserias. Así lo demuestra la película Belleza Americana, del director inglés Sam Mendes. El film es una ácida crítica del sueño americano, donde con mirada sarcástica y desesperanzada se presenta a una familia burguesa de las afueras de Estados Unidos, compuesta por un matrimonio desavenido y una confundida hija adolescente.

Enmarcada en el cine independiente norteamericano, extrañamente acaparó los principales Oscar, a la película no le falta nada, ni estética, ni contenido. Mendes expone con notable virtuosismo, las modas derivadas; la mujer objeto, feroz militante de la autodisciplina del éxito; la pérdida del liderazgo masculino y la contracara de una bucólica vecindad.

La trama pone de manifiesto la hegemonía de las apariencias, carentes de sentido existencial; y más aún, carentes de afecto. En este "hogar, dulce hogar", sólo subsiste un vestigio iluminado de cariño cotidiano, acartonado por la rutina y las apariencias. Las riendas de la casa y de la familia no las lleva ni el padre, ni la hija, ni la mujer, sino las circunstancias que transforman a los personajes en esclavos de sí mismos, sometidos a los típicos clichés de la "posmodernidad".

 

 

Belleza Americana.
 

En el protagonista, el padre de familia encarnado por el galardonado con el Oscar a la mejor actuación Kevin Spacek, se despierta la llama sagrada, es decir la búsqueda desesperada por el sentido de la vida. Anclado en un pasado dorado, enmarcado en recuerdos y portaretratos, Lester Burnham intentará transitar el hoy a conciencia, aunque en la mayoría de las veces no lo logre.

Es notable la utilización de metáforas, pasajes oníricos y el fluír de la conciencia, como técnica utilizada por el protagonista, que opera como narrador testigo, y un meticuloso trabajo en la dirección de arte que, por ejemplo, cuenta con el detalle de reiterar los colores de la bandera americana en todas las escenas claves.

 

 

Kevin Spacek, ganador del Oscar por su actuación en "Belleza Americana"

El papel de los personajes secundarios no es menor, respecto al de los protagonistas -encabezados por Kevin Spacey y Annette Bening- . un joven misterioso con cámara en mano a la pesca de la belleza del mundo; un padre militar y autoritario; una joven seudoemancipada y un amante-vendedor exitoso de bienes raíces conforman una verdadera melange de personajes dantescos, que sin embargo no peca de grotesco.

No obstante, la desazón, el sarcasmo y la distracción en las cosas, con la posterior cosificación de una conducta en decadencia, no debiera reducirse al marco de la familia disfuncional, ya que la película traspola todas las tipologías sociales y económicas, para ubicarse en la misma instancia del ser.

Tampoco podría decirse que esto signifique el ocaso del "Imperio americano"; más bien es la transición hacia algo nuevo y distinto. Aún no sabemos si para mejor o para peor. Lo bueno, tal como lo demuestra esta película, es que pese a todo, la humanidad se sigue reinventando, sin perderse de vista a sí misma y reconociendo sus propios errores.

 

 
"Belleza americana" 
("American Beauty", EE.UU.1999)

Fotografía: Conrad L. Hall. 
Música: Thomas Newman. 
Diseño de producción: Naomi Shohan. 
Basada en un guión de Alan Ball.
Producción: Bruce Cohen y Dan Jinks. 
Dirección: Sam Mendes. 
Intérpretes: Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Wes Bentley, Mena Suvari, Peter Gallagher, Chris Cooper, Allison Janney, Scott Bakula, Sam Robards. 

 

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