Entrevista a Enrique Bouchard.
Artista de la conservación.

Enrique Bouchard se destaca, entre otros méritos, por haber sido quien rescató y preservó numerosas películas argentinas del período mudo, y algunas películas extranjeras -de esa misma época- como por ejemplo un corto del celebérrimo Charles Chaplin que se creía perdido. Sitio al Margen entrevistó a este investigador que fue definido por un importante crítico argentino con el título de este artículo.

Por Pablo Rodríguez Leirado.
Marzo 2001

 
 

No es aventurado afirmar que el siglo XX será recordado, en cuestiones artísticas, como la época del reinado del cine, un arte -y a la vez una industria- que sin embargo aparece a fines de la centuria anterior. La trascendencia del cine no sólo se debe a una extraordinaria aceptación social como materia expresiva de la sensibilidad artística, también está presente como espectacular medio de masas para el entretenimiento, la información, o la educación.

A pesar de ser un medio y una manifestación muy nueva dentro de la historia humana, ya se puede claramente diferenciar períodos muy particulares y distintos, como el del denominado "Cine Mudo", uno de los más relevantes principalmente por ser un período fundacional.

Enrique Bouchard nos aclara que cuando se habla de películas mudas, en verdad son "relativamente mudas, porque jamás el cine mudo fue estrictamente mudo. En realidad decir la palabra mudo es achicarlo un poco, ya que hasta en la sala del cine más pobre, la más paupérrima, había un tipo que tocaba el piano, y no hablemos de un cine grande donde había orquestas, inclusive había partituras que se prepararon para las películas. La primera película que tuvo una partitura original fue "El asesinato del Duque de Guisa", en 1908. Posteriormente otros films más importantes, y salas más complejas, ya tenían orquestas de profesores, sobre todo en Estados Unidos. Tenían el foso de la orquesta en el cual interpretaban o de acuerdo a lo que veían o de acuerdo a una partitura".

Y es que para este hombre de 69 años la fuerte pasión por este particular cine nació ya a los cuatro años, cuando su padre le regaló un proyector Pathé Baby para películas nueve milímetros y medio. A los 10 años su entusiasmo encuentra otro canal más porque ya dispone de la edad suficiente como para ir solo a los cines de su barrio, el Cataluña (hoy Cosmos) en la calle Corrientes, Radio City -enfrente del anterior-, Columbia (Pueyrredón y Bartolomé Mitre). En ellos se podía disfrutar de algún viejo western mudo, intercalado en un programa sonoro. Claro que las condiciones tal vez no eran las mejores ya que como recuerda Bouchard del cine Columbia, "los acomodadores pasaban tirando bolas de desinfectante entre las patas de las butacas".

En una mayor profundización de lo que hasta ese momento era su pasatiempo, toma contacto con el Cine Club Argentino, fundado en 1932 por Alex Connio Santini, futuro propietario de los laboratorios Alex. 

Inicia una breve etapa de realizador, en la cual filmó dos cortos: "Tic tac" y "Evocación", conoce y se relaciona con algunas figuras del cien independiente de aquella época, Roberto Robetié, Osvaldo Vacca, y Carlos Barrios Barón. También se contacta con un recordado coleccionista, crítico y teórico, Pablo Christian Ducrós Hicken -cuyo nombre hoy lleva el Museo del Cine de la Ciudad de Buenos Aires-, quien le proyecta sus películas y puede aprender el sentido artístico que perdura en la cinematografía muda. 

"Yo voy siempre al cine, voy permanentemente, la cuestión de haberme especializado en el denominado cine mudo no quiere decir que desprecie el cine actual. Mi pasión fue esa principalmente porque entiendo que ese es un período que nunca se va a repetir. Hay obras maestras maravillosas, extraordinarias, son "mudas" y no pueden ser de otro modo". 

Aquí es cuando la vida de Bouchard cambia de rumbo, aunque siempre ligada al mundo del cine, porque surge el deseo de mejorar ese material y darlo a conocer en exhibiciones especiales. En 1962 funda el "Círculo Cultural del Cine", que fue, en sus palabras, "prácticamente cuando empecé una actividad que en cierto modo fue comercial, porque de algo hay que vivir". Junto con su amigo José Vigévano se dedicó a la compra y venta de películas, algunas en estado deplorable, tanto en la Argentina como en el exterior, y muchas de las cuales las restauraban en su totalidad. Para ello se recorren negocios de viejo que guardaban esos rollos, se contacta a otros coleccionista y a las antiguas distribuidoras. Vigévano había construido una máquina especial que permitía la recuperación de viejos films, cuyo principal problema consistía en el soporte material en que venían impresas las primeras películas, nitrato, que no resistía el paso del tiempo y siempre estaba sometido al peligro de la autocombustión. En esa máquina el rollo de película en nitrato y 35 mm pasaba de un carrete a otro, permitiendo el registro fotograma por fotograma en un nuevo negativo de 16 mm. 

 

 

Enrique Bouchard.
Fotografía del diario Clarín (20-01-2001). Autor: Santiago Porter. Material provisorio.
  Entonces, estos "artistas de la conservación", como los definió el crítico Claudio España en una amplia nota del diario La Nación (el 3 de julio de 1998), consiguen rescatar una numerosa cantidad de películas mudas -films, documentales, noticieros, filmaciones particulares- argentinas y de otros lugares. Entre la nutrida lista se destacan "Amalia" (1914), que había conservado la Sociedad del Divino Rostro, su productora; "La Revolución de Mayo" (1908); "El entierro de Bartolomé Mitre"; "Perdón viejita" (1926), el clásico de José A. Ferreyra; "Hasta después de muerta" (1916) primera película de dos célebres actores argentinos, Florencio Parravicini y Pedro Quartucci; "El último malón" (1917), de Alcides Greca y las operaciones de quiste hidatídico y hernia inguinal del doctor Posadas, filmadas en un patio del Hospital de Clínicas hacia 1899 y halladas en la demolición del viejo hospital de Clínicas. Muchos de estos trabajos fueron realizados para la Cinemateca Argentina.

Una gran aportación fue la adquisición de la colección de Ducrós Hicken, de la cual "se pasó un 70% de las películas a material fílmico y algunas se pueden ven en video, aunque el soporte no es lo mismo". 

 

 

Entierro del general Mitre, con la presencia de sus correligionarios y amigos frente a su casa...
 

La tarea de recuperación fue compleja, ya que muchas veces se debió trabajar los fotogramas uno por uno para devolverles el formato original. Así se tuvo que hacer con un corto de Charles Chaplin, llamado "Cruel, cruel Love", al cual se lo consideraba perdido. Todos estos trabajos le permitieron darse a conocer en el exterior, cuyo primer paso fue publicar un aviso en Estados Unidos, "en una revista especializada y tuve muchos clientes en todas partes del mundo. Esto no quiere decir que sea un hombre de dinero, es todo lo contrario. Lo que pasa que las ventas eran cifras pequeñas, 10 o 15 dólares, ninguna venta de importancia. Pero me dio muchas satisfacciones porque gracias a eso tuve conocidos, por ejemplo, en Estados Unidos, México, Venezuela, Portugal, España, Francia, Italia, Islandia, Grecia, Polonia, Japón, y muchos países más". Entre las innumerables anécdotas recuerda particularmente una "cuando Grecia estaba gobernada por la dictadura de los coroneles yo hice enviar -por vía Londres- varias películas, a raíz de un pedido, de Buster Keaton que entraban subrepticiamente en Atenas. Era una estupidez porque no tenían nada para censurar pero como no dejaban hacer nada. Era lo mismo que pasaba acá durante la dictadura, yo recuerdo el problema, por poner un ejemplo cualquiera de los tantos que hubo, que en esa época tuvo en Argentina la película de John Travolta, Fiebre de Sábado por la noche, porque se menciona la palabra preservativo, a la cual se le corto todas las partes en donde mencionan "preservativo". Típico de la época. Igual acá hubo tantos golpes de Estado... empezando por el realizado a Hipólito Irigoyen, el 6 de septiembre de 1930. Ahora que salió el tema, yo de eso tengo material porque tengo películas de la Revolución del 30 con la óptica de los que ganaron, que eran conservadores, bueno, ultraconservadores. Los títulos de las películas son ridículos, porque hablan de Irigoyen como el tirano...". 

La cantidad de anécdotas y datos que posee Bouchard sobre cineastas, actores, coleccionistas, de las películas propiamente dichas, son innumerables. Entre ellas recuerda que una vez "recibí una carta, eso hace relativamente poco tiempo, de una prisión de los Estados Unidos, como indicaba en su remitente, y adentro aclaraba el nombre y número del presidiario. Tenía un cheque de un dólar que indicaba "páguese a Enrique Bouchard la suma de un dólar". Abajo, venía una aclaración de lo que debería ser una especie de celador en la cual manifestaba que por buena conducta a ese presidiario se le permitía comprar mi lista del material que yo tenía, que valía un dólar".

 

 

Marlene Dietrich, con quien Bouchard mantuvo correspondencia...
 

"En otra oportunidad tuve un cliente en Marruecos que me pidió, por carta, que le faltaba una película de Max Linder y la precisaba para dar una tesis final sobre cinematografía. Yo se la mandé, de regalo, y gracias a eso pudo terminar la carrera. Después tengo otras anécdotas rarísimas, porque había uno que me escribía -me pedía varias películas de Keaton- y yo no sabía quien era y resultó ser un payaso, un saltimbanqui y ecurier de un circo de Washington -me envió una foto-, que quería las películas de Keaton para aprender con ellas. Hoy las conseguís en cualquier lugar, pero en aquella época no había, era una pieza rara y muchas veces teníamos que armarlas. Es lo mismo que las películas de Chaplin, por ejemplo Carlitos Policía tuve que unir un pedacito de uno y luego de otra. Para "El Circo" me tuve que poner en combinación con un amigo en Dinamarca. El hizo un arreglo con un exhibidor de cine y de noche cuando no había nadie nos extractó en 8mm los fragmentos que nos faltaban a nosotros". 

Otro cliente especial fue el director del célebre Teatro Lido de París, de quien recuerda que "cundo yo tuve la posibilidad de ir a París -hoy lamentablemente es algo muy alejado de mis posibilidades-, en dos oportunidades, me invitó y estuve en el palco real, e incluso cené con él. Después tuve un cliente en Barcelona, que resultó que nos hicimos amigos y al final le mandaba las películas sin cargo. Cuando viajé a Barcelona, me fue a buscar y me alojó en su casa y hasta me dio la llave. Los siete u ocho días la pasé ahí, viviendo, comiendo y viendo películas. Esto lo comento para que marcar la afinidad que se genera muchas veces entre coleccionistas de cine".

Y en esta cuestión, Enrique Bouchard se muestra generoso recordando a otros colegas -aparte de los mencionados Vigévano, Ducrós Hicken y la Cinemateca Argentina-, como Pablo Louché, Pascual Moles, Manuel Peña Rodríguez, un doctor Canela, otro coleccionista llamado Rossi, Enrique Rizzo (poseedor de una enorme colección en nueve milímetros, Félix Guiolidori, y Alfredo Li Gotti.

 

 

"Circus", con Charles Chaplin.
 

Por su actividad también se contactó con célebres personalidades, entre ellos, muchos de sus admirados. "Recibí cartas, entre otros, de Marlene Dietrich, Fritz Lang, René Clair, del crítico francés Georges Sadoul, de la nieta de Georges Méliès, de Joseph Von Sternberg -a quien pude conocer en un festival-, de la hija de Max Linder, una muy especial de Stan Laurel -el "flaco"- porque me llegó un día después de su muerte. Otra de François Truffaut, que estuvo en mi casa el 1 de abril de 1962 porque estaba buscando a un actor francés que admiraba, Robert Le Vigan, que hizo una película llamada "Gólgota", en 1933, en la que hacía de Jesucristo -incluso se había hecho limar los dientes para asemejarse a la iconografía popular-. Parece que en la época de la 2ª Guerra Mundial había sido colaboracionista con los nazis y por eso se vino a la Argentina. Estaba en Tandil, donde daba lecciones de francés y vendía huevos en una feria. Yo eso lo sabía y se lo comuniqué a Truffaut, que finalmente pudo contactarse con él. También tengo cartas de Carl Dreyer, de Abel Gance quien también me visitó, de Querino Cristiani, un italiano que vino a la Argentina cuando tenía tres o cuatro meses -prácticamente se lo puede considerar argentino-. Aquí es casi un desconocido y en Italia se han escrito libros sobre él y le han realizado homenajes. Un error muy común es pensar que Walt Disney hizo el primer largometraje de dibujos animados. No es así, fue Cristiani -en la Argentina- quien hizo el primer largometraje en 1916. Lamentablemente no se conserva, aunque igual me imagino que la calidad habrá sido mediocre".

Pero de todos los trofeos, hay dos que guarda con especial orgullo y son la carta dirigida a él por Charles Chaplin, en la cual se aprecia claramente su firma, y un rollo con fotogramas de "L'arrivée d'un train en gare de la Ciotat" (conocida en castellano como "La llegada del tren"), al igual que un Pierrot coloreado a mano y guardado en la cajita original.

 

 

François Truffaut
 

Muchas de estas cartas constituyen reconocimientos a su labor por parte de artistas y críticos. También posee otros, de tipo más institucional semejante al enviado por el Congreso de los Estados Unidos por una donación de películas "que yo acá no las podía pasar, que eran dibujos animados del gato Félix". Otros son artículos periodísticos, como el mencionado del diario La Nación, de medios de Japón o Dinamarca. Recientemente, el 20 de enero de 2001 el diario Clarín publicó su foto y un artículo titulado "El hombre que rescató el cine mudo argentino", elogiando su tarea. 

En diciembre de 1999 la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina le otorgó un diploma en reconocimiento por su destacada labor.

En cuanto al futuro, Bouchard manifiesta que si bien "ahora es muy difícil encontrar algo, nunca hay que decir que no". Como ejemplo se da el caso de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cinematografía, que dirige Salvador Sanmaritano, que recientemente ha comprado cuatro películas sonoras argentinas, de notable importancia histórica, que se creían desaparecidas hasta que se encontraron en un conjunto de 180 latas que compró un coleccionista. Ellas son: Mosaico criollo (1928), de Edmundo Cominetti y Roberto Guidi; "Noche federal" (1932), de Mario Sofficci; "La voz del tambor (1938); Ambición (1939) de Constantino Ambrosione, y fueron restauradas por Enrique Bouchard. 

Lamentablemente en Argentina no hay una verdadera conciencia de la importancia de la conservación del material fílmico artístico e histórico. Bouchard cuenta una de las más tristes narraciones en cuanto a este aspecto. "Federico Valle era un cinematografista que tenía el Film Revista Valle y se editaba todas las semanas. Ahí había partidos de fútbol, la salida de misa, políticos como Victorino de la Plaza, Irigoyen, la Semana Trágica (1919), todo muy variado, de eso tenía como 40 años. Por problemas económicos se lo ofreció al gobierno y como no lo compraron y tuvo que venderlo a una fábrica de pinturas como materia prima, por lo cual lo disolvieron todo. ¡Ahí se perdieron 40 años de historia del país! Como dato curioso te cuento que la casa donde vivió Valle es la misma donde hoy vive Ernesto Sábato". 

 

 

Charles Chaplin en su film sobre los inmigrantes.

Hoy el "Círculo Cultural del Cine", de Enrique Bouchard todavía funciona y también se dedica a realizar transcripciones al video de películas personales, familiares, fotografías, "ya que forman parte del acervo cultural de las personas y familias". Con respecto a lo que hay se debe guardar, concluye que se debe seguir la senda señalada por Henry Langlois, el padre de la Cinemateca Francesa, "fue él mismo quien me dijo que debemos guardar absolutamente todo, ya que cuando vengan las nuevas generaciones juzgarán con eso sobre épocas pasadas. Yo conservo, por ejemplo, el entierro completo de Hipólito Irigoyen, que fue verdaderamente multitudinario, y tengo también el del General Uriburu, en donde en una parte fugaz aparece un oficial, joven, con cara de pibe, que es Juan Domingo Perón, se lo ve clarito, con cara de pibe pero se lo identifica perfectamente".

En cuanto al soporte para la preservación del patrimonio cultural e histórico, Bouchard prefiere el material fílmico sobre el video, porque "es mucho mejor aunque reconozco que gracias al video podemos ver miles de películas que ni soñé que podría verlas. Pero también hay que tener en cuenta que cambian las proyecciones, el sonido (dolby) y otras cuestiones, pero todavía no se pudo reemplazar la película, la prueba está en las nuevas salas. Hasta ahora la película es lo que más dura y lo mejor para conservar. Una empresa como Eastman Kodak sacó una película que anuncian que durará 100 años. Ahora no sabemos que aportará la tecnología digital, que cada muy poco tiempo nos sorprende con sus avances logrando que lo prácticamente nuevo quede desactualizado rápidamente. Igual también en el cine se pierde mucho, recientemente se ha perdido "Lawrence de Arabia", lo cual motivó toda una fuerte tarea de recuperación. Otros films famosos y relativamente recientes "Siete novias para siete hermanos", pero es más fácil rehacer eso, que queda algo, que un video que por ahí no sirve nada, porque son partículas magnéticas, que se ve todo rayado y ya no se puede hacer más nada. Yo estoy seguro, aunque esto es simplemente una apreciación personal, -estoy arriesgando una opinión-, creo que lo último registrado en película cinematográfica es la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Lo que si debe haber es en video, pero el problema es que los canales de televisión los borran para grabar otras cosas. A lo mejor me equivoco, últimamente parece que hay un cambio, como el caso de Tato Bores, eso fue fantástico. Pero es muy poco lo que se guarda sobre manifestaciones, actos políticos, o sociales, o culturales, que debe hacerse en fílmico. En este aspecto es importante destacar que resulta imprescindible una Filmoteca o Cinemateca Nacional, como en un principio parece postular un proyecto de Pino Solanas". 

Finalmente, en cuanto al futuro del "Círculo Cultural del Cine" reconoce que es dura la competencia del video, pero "quien quiera comprar alguna de mis películas en video lo puede hacer, como en cualquier video club, aunque con algunas diferencias como el precio, ya que esto se hace a pedido. Tampoco no es una cosa de otro mundo. Lo que ocurre es que atrás de ese video hay mucha información que yo le puedo proporcionar". Basta con mirar su estudio, con las paredes forradas de libros, cartas y fotografías, y ver la cantidad de latas con los rollos de películas para darse cuenta que no exagera. "Antiguamente, aunque todavía quedan algunos, uno iba una librería y charlaba con el librero, y aprendía y se asesoraba sobre literatura. Hoy, un tipo agarra el libro de la estantería y te lo da. Es un despachante, no son conocedores, y aclaro que no estoy despreciando a esa persona que cumple una función social como cualquier otra, pero hoy no hay quien verdaderamente sepa asesorar. Este no es el caso del Círculo Cultural del Cine, quien viene acá se lleva un valor agregado de años..." a lo cual agregamos nosotros, que no se lo puede dar ninguna cadena masiva, industrial, de alquiler o venta de videos.

 
Por Pablo Rodríguez Leirado.
Marzo 2001

 

Stan Laurel -el Flaco- de quien Buchard recibió una carta al día siguiente de su muerte...

 

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