Cine independiente norteamericano
Felicidad.

El estreno de la película "Felicidad" del controvertido director Todd Solondz, ha causado un monumental revuelo dentro del mundo de la cinematografía independiente norteamericano. El film es una lograda muestra de   las miserias ocultas en la clase media estadounidense.

Por Verónica López Quesada.

 

Los últimos festivales de cine han descubierto el crecimiento, cada vez mayor, de una filmografía norteamericana que nada tiene que ver con los dictados de Hollywood. Si bien estas producciones han estado presentes a lo largo de toda la historia del cine, la marginalidad a la que fueron sometidas durante décadas parece ceder paso a una relativa popularización dirigida a un público para el cual los modelos de la industria ya no bastan para cubrir el amplio espectro de situaciones humanas pasibles de convertirse en historias.

Ahora bien, frente a esta oleada "independiente" surge un interrogante acerca de la supuesta innovación temática que predican dichos films. La ambigüedad sexual, las familias disfuncionales, la promiscuidad y la perversión no son tópicos frecuentes en el mainstream, sin embargo, la intención que engendra la mayor parte de los films "independientes" paradójicamente los despoja de su carácter marginal.

Transgredir la escala de valores de la corriente principal se convierte en objetivo, y es en este contexto en el que el calificativo de "independiente" se relativiza, ya que sólo adquiere significado en relación con los productos surgidos de la industria.

Claro que siempre hay excepciones que confirman la regla, y este parece ser el caso de "Felicidad", uno de los films más "políticamente incorrecto" que ha dado el cine norteamericano de los últimos tiempos. Si bien es cierto que "Felicidad" se inscribe con comodidad dentro de los parámetros del ideario independiente, las historias que describe van más allá de lo meramente provocativo para dar de lleno en el corazón del "sueño americano" y mostrar las miserias ocultas en la clase media estadounidense.

Típico producto del fin del milenio, caracterizado por la hibridación genérica y la mirada constante sobre la tan mentada incomunicación de la era posmoderna, "Felicidad" vacila entre la tragedia y la oscura comedia de situaciones. Narra acerca de las historias cotidianas en las que está inmerso un grupo de hombres y mujeres de los suburbios de New Jersey. Solondz ("Mi vida es mi vida") centra su segundo film en la vida de tres hermanas (una escritora de moda, un ama de casa aburguesada y una cantante sin éxito) para, a partir de ellas, describir las múltiples relaciones que se generan con quienes las rodean.

Para esto hace uso de una mirada descarnada que quiebra con los tabúes morales alumbrando las conductas y deseos más oscuros de la clase media norteamericana. Sus personajes encarnan tipos humanos vulnerables a la hipocresía de una sociedad que se empeña en descubrir en ellos las pasiones más contradictorias: el amor paterno y la pedofilia, el deseo y el temor de no ser amado, el éxito y el fracaso afectivo.

El gran acierto de Solondz consiste en describir, utilizando el poder de la sugestión y las palabras, la ambigüedad propia del ser humano mediante una mirada sin concesiones, pero cargada también de gran humanidad. Recrea un mundo en el que los protagonistas son , a la vez, víctimas y victimarios, concepto que la óptica maniquea hollywoodense siempre se encargará de castigar.

Por Verónica López Quesada.

 

 

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