Gadjo Dilo o "El extranjero loco".
Retazos de la vida en estado puro.

Gadjo Dilo o "El Extranjero Loco" es una producción francesa de 1997 que fue presentada en Argentina durante el Festival de Cine de Mar del Plata y que se proyectó en dos cines de la Capital Federal durante agosto y septiembre de 1999.

Por María Belén Luaces.

 
 

La película del director Tony Gatlif es una emocionante aventura que se palpita en cada imagen. Una aventura que uno intuye entre camarógrafos, director y actores, porque principalmente Gadjo Dilo es un manantial de imágenes, sonidos y colores que van tejiendo la trama donde se desarrolla una historia sencilla y emotiva que en realidad pierde su sentido narrativo ante la profundidad de cada escena (o quizás encuentra otra veta) que nos introduce en el mundo gitano con la astucia, la pasión y los extremos de emoción de esta raza. Es que la película esta contada por un gitano, o por lo menos eso hace sentir.

El invierno y la nieve, vasta y brillante, de Rumania, son el camino por donde empiezan a caminar la cotidianeidad de un asentamiento gitano, las relaciones con los blancos (o gadjos), las fiestas, la tristeza, las alegrías, las costumbres, la música, el baile y la trama social que envuelve a una comunidad con mucha riqueza en su cultura y mucha historia de desprecio y prejuicios. Entre ellos se mueven con gracia Stephane (Romain Duris), un francés que busca a una cantante gitana; Izidor (Izidor Serban), el maravilloso cabeza de familia de la comunidad; y Sabina (Rona Hartner), una gitana que logra unir el mundo de Stephane al de los suyos.

 

 

Tony Gatlif.

La cámara y los que estamos frente a la pantalla somos casi como ese gadjo dilo (extranjero loco, en rumaní) que se mete en la vida de unos gitanos que serán su puerta de entrada a una cultura inmensa y atrapante.

El tratamiento de la imagen es sencillo, el trabajo del director y de su equipo quedan escondidos tras la pureza de la imágenes. Y todo cobra magia cuando uno presiente que quienes representan cada escena no son actores profesionales sino gente que esta viviendo lo que actúa. La música, de Gatlif y Rona Hartner, es un factor clave que enlaza los momentos y las imágenes de la película. Es profunda y auténtica, conmovedora y fugaz, y además es el cauce que provoca la mayoría de los acontecimientos, desde la aparición de Stephane en la vida de estos rommis errantes hasta cada interrelación que se da con ellos. Para los que desandamos la historia desde las butacas de un cine, la música de la película es un refrescante baño de vitalidad.

 

 

La película deja los contrastes para el relato. La narrativa que utiliza el director es la misma que conlleva cada acto de la vida romaní, el paso instantáneo de la tristeza más honda y calante a la alegría exultante y abrumadora. Escenas dramáticas son contrapuestas a otras de fiesta y en casi todas las situaciones está implícita o explícita una mirada sarcástica de la vida, un humor ácido, crítico, tierno, grosero, real. Vale repetir la sensación: quien cuenta es gitano, o por lo menos siente como tal.

Por momentos la película puede parecer un documental hecho con una sensibilidad cautivante pero cuando uno sale del cine la sensación que deja es otra, es la de haber sido traspasado por la historia de un grupo de gente hermosa que desanda caminos a través del tiempo y que tiene mucho para decir. Intimista, áspera y tierna, alegre y triste, como los gitanos. Gadjo Dilo encierra un testimonio, un modo de vivir, en definitiva algo tan maravilloso como los rasgos de una cultura.

Y de vuelta en el cine, casi en la misa butaca de la misma sala, la segunda vez salgo más divertida y más emocionada, salgo riéndome... de la emoción.

Por María Belén Luaces.

 

 

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