Cine al margen
Toulouse era una fiesta.

El cine de toda iberoamérica tiene su cobijo en la tierra de los antiguos galos, la ciudad de Toulouse. Allí se llevó a cabo, del 20 al 28 de marzo, el 12º Encuentro de Cine Latinoamericano destinado a noble tarea, y también heroica, de difundir el talento y la creatividad de los cineastas de la "Otra América", como igualmente a continuar la lucha contra los prejuicios, estilísticos y culturales, que existen hacia esa cinematografía. Nuestra corresponsal en París, Geraldine Lublin, se traslado a esa otra ciudad francesa para realizar una cobertura del Festival. Además nos envía, a modo de relevamiento, un particular y breve cuestionario a varios de los directores presentes

Por Geraldine Lublin, corresponsal en Francia.

 
 

Del 20 al 28 de marzo de este año, el vapuleado cine latinoamericano encontró refugio en Toulouse. El 12° Encuentro de Cine Latinoamericano celebrado en esta ciudad meridional de Francia invitaba a luchar "contra una visión pobre y estereotipada de las cinematografías de la Otra América" para descubrir "la creatividad de jóvenes cineastas, la audacia de directores poco conocidos y el talento de los maestros del cine latinoamericano". A caballo de la moda latina que hace furor en Europa, se intentó ampliar el espectro de interés del espectador hacia diferentes manifestaciones que van más allá de lo musical y lo gastronómico. El gran éxito del film Buena Vista Social Club y la nueva campaña publicitaria de Mango, cuya modelo sostiene un mate, son muestras de la exaltación de algunos aspectos "pintorescos" de América latina en el mundo. ¿Por qué no acercarse al cine de este continente? Cumpliendo con creces el objetivo de favorecer el descubrimiento y la difusión del cine latinoamericano, el Festival crece año a año y sigue ganando batallas.

 

 
 

La dinámica de estos encuentros parece reflejar el continente cuyo cine fomenta. En una cuasi-heroica gesta contra las fuerzas de la globalización liberal y el gigante hollywoodense que todo lo arrasan, tanto el cine latinoamericano como su festival toloseño se las rebuscan para encontrar los medios necesarios y llevan a cabo una tarea realizada a pulmón que no se doblega ante las leyes del mercado.

Estos Encuentros comenzaron hace doce años en la ciudad a la que se denominaba "la España de Francia" dada la gran cantidad de refugiados de la Guerra Civil Española. Además de ser un lugar bellísimo y la pretendida cuna de Charles Gardés (más tarde Carlos Gardel), Toulouse constituye un polo cultural hispanófilo y cinéfilo cuyo festival se ha granjeado considerable renombre en el universo del cine de Iberoamérica. La ARCALT, asociación que organiza este evento anual, apuesta al trabajo a largo plazo en su designio de apelar a "un combate cultural permanente" para sostener el potencial del cine de América latina. Entre sus éxitos se encuentra el haber descubierto al cineasta argentino Alejandro Agresti antes de su furor europeo. 

 

 

La ciudad de Toulouse, en Francia, sede del 12° Encuentro de Cine Latinoamericano.

En un contexto al que los iberoamericanos no somos extraños, los organizadores del Festival se afanaban por sobrellevar contratiempos e imprecisiones varias basándose mayoritariamente en el trabajo voluntario, tras haber remontado una huelga postal que obstaculizó los preparativos desde el comienzo. Al igual que en nuestro continente, se puso al mal tiempo buena cara, literalmente, y prevalecieron la calidez, la confraternidad y la alegría. Muchos destacaban el clima familiar y relajado que favorecía la facilidad de contacto. Ante la virtual falta de puntos de encuentro en Iberoamérica, parece que hay que venir a Europa para ver cine y contactarse con nuestro propio continente.

Además del objetivo general de mostrar "la nouvelle vague versión latinoamericana", generada por la llegada impetuosa de las jóvenes camadas de cineastas y la expansión de la oferta de películas no convencionales que comienzan a salir del guetto, este año en Toulouse se destacaron tres temas específicos. En primer lugar, el diálogo entre cine y música, esa relación visceral entre el sonido y la imagen que ofrece al espectador una doble percepción. En muchos casos, es la música la que suscita el interés de las audiencias europeas por el cine latinoamericano, que es el que más ha integrado las músicas populares regionales. En segundo lugar, al cumplirse el quinto centenario de la llegada de los europeos a Brasil, se convocó a un cuestionamiento sobre las representaciones del acto fundador de este país, sobre su identidad, el mestizaje y la importancia histórica del pueblo africano en su desarrollo. Por último, se ofreció la posibilidad de apreciar dos filmes "malditos" y sus caóticas historias paralelas: It's All True, de Orson Welles (Brasil, 1942) y Que viva México, de Serguei Einsenstein ( México, 1931) fueron objeto de un estudio comparado que intentó dilucidar por qué estas obras inconclusas han llegado a ser legendarias. Como uno de los eventos centrales, se pudo disfrutar del trabajo de Welles musicalizado por Jorge Arriagada e interpretada en la principal sala de la ciudad por la Orquesta Nacional del Capitole de Toulouse.

Coronando las secciones "Panorama" y "Descubrimiento", dedicadas a producciones recientes, se otorgaron tres premios. El "Coup de Coeur" (Flechazo) del jurado profesional fue para Mundo Grúa, de Pablo Trapero, que sucedió al galardón de 1999 para Fernando Spiner por La Sonámbula y conquistó la cuarta victoria consecutiva de una película argentina. Santitos, del mexicano Alejandro Springall, recibió una mención de este jurado y el gran premio de la critica francesa, que también le concedió una mención a Luminarias, del chicano José Luis Valenzuela. El gran premio del público fue para el aclamado Chacotero sentimental, del chileno Cristián Galaz.

 

 

Afiche de la película "El Chacotero Sentimental",  del chileno Cristián Galaz.
 

El público de Toulouse tuvo asimismo oportunidad de ver más de noventa producciones (largos, cortos y mediometrajes) como Cien años de perdón (José Glusman, Argentina), A través da Janela (Tatá Amaral, Brasil), Hans Staden (Luis Alberto Pereira, Brasil), El intruso (Gullermo Alvarez, Colombia), A la medianoche y media (Mariana Randón y Marité Ugas, Venezuela y Perú), El visitante (Javier Olivera, Argentina), El mar de Lucas (Victor Laplace, Argentina), Zapada (Raúl Perrone, Argentina), Silvia Prieto (Martin Rejtman, Argentina), Corazón iluminado (Héctor Babenco, Argentina), Garaje Olimpo (Marco Bechis, Argentina), Sólo gente (Roberto Maiocco, Argentina), Yepeto (Eduardo Calcagno, Argentina), El mismo amor, la mima lluvia (J. José Campanella, Argentina), En memoria de los pájaros (Gabriela Golder, Argentina), Botín de guerra (David Blaustein, Argentina), Saluzzi-Ensayo para bandoneón y tres hermanos (Daniel Rosenfeld, Argentina), Borges (Tristán Bauer, Argentina), Harto the Borges (Eduardo Montes-Bradley, Argentina), El entusiasmo (Ricardo Larraín, Chile), Fernando ha vuelto (Silvio Caiozzi, Chile), El desquite (Andrés Wood, Chile), El intruso (Guillermo Alvarez, Chile), Golpe de estadio (Sergio Cabrera, Colombia), Ratas, ratones y rateros (Sebastián Cordero, Ecuador), Anita la cazadora de insectos (Hispano Durón, Honduras), Segundo siglo (Jorge Bolado, México), Un dulce olor a muerte (Gabriel Retes, México), El valle (Gustavo Balza, Venezuela).

 

 

El argentino, Martín Rejtman, director del film Silvia Prieto.

Como complemento de la muestra cinematográfica propiamente dicha, se desarrollaron encuentros literarios, exhibiciones fotográficas, mesas redondas, charlas con ciudadanos latinoamericanos, fiestas, conciertos y espectáculos de danza y teatro, y se instaló una pantalla libre para difundir material de las escuelas de cine y video. Además, recibieron homenajes especiales los compositores de música para cine como Gustavo Beytelman, Oscar Cardoso Ocampo y Jorge Arriagada. También se le dio un espacio a cinco largometrajes incompletos con el objetivo de atraer apoyo profesional europeo.

Pese a la notoria falta de espacio de la que adolece el cine de Iberoamérica, el nuevo Festival de Cine Independiente de Buenos Aires representa una meta importante dentro del limitado circuito. No es fácil para el cine de nuestro continente encontrar un espacio que no le resulte hostil, sobre todo cuando se sale del estereotipo de mostrar indígenas y miseria tercermundista. Aquellos que tengan la posibilidad de disfrutar de este encuentro pueden considerarse afortunados. Un deseo entonces para quienes aprovechen esta oportunidad: como dicen en Toulouse, bon cinema!

 

 

Ulises Dumont en una escena del film Yepeto, de Eduardo Calcagno.

Como una suerte de limitado relevamiento de algunos cineastas participantes en el 12º Encuentro de Cine Latinoamericano en Toulouse, se presenta un breve cuestionario -constituido por dos preguntas- a varios directores, realizado por la misma corresponsal.

Por Geraldine Lublin, corresponsal en Francia.

  < Aclaración

 

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