El holocausto y su polémica en el cine.
La vida es bella... y gris.

La polémica sobre el film de Roberto Benigni, desde la óptica de nuestra colaboradora Veronica Smink, solo beneficia a la película al darle un tipo de promoción que el dinero no puede comprar. Curiosamente permanece fuera del debate aquello que debería ser la verdadera controversia en Hollywood, el lugar de mayor producción cinematográfica mundial.

Por Veronica Smink.

 
 

Si usted cree que la película "La vida es bella" es una comedia sobre el Holocausto, usted no vio la misma película que yo. O vio la misma película pero se quedó dormido por la mitad.

Lo más probable es que si usted considera que este film italiano, que recibió 7 nominaciones al premio Oscar, es controvertido, es porque lo leyó en algún medio y, por ese extraño proceso de ósmosis por el cual la opinión de otro pasa a ser la nuestra, adoptó este pensamiento inconscientemente.

La verdadera controversia en el mundo del cine actual debería ser, entre otras cosas, la falta de creatividad que existe en el vientre de la cinematografía mundial: Hollywood. Este año parece que la tendencia en boga ha sido la de clonar films. Pero dejemos esto para otro artículo (ver la verdadera controversia.

En este momento el tema en cuestión es analizar la supuesta polémica del film escrito, dirigido y protagonizado por Roberto Benigni. Controversia, por otra parte, que no ha hecho más que favorecer la recaudación del film. Después de todo, la polémica es la mejor arma del marketing. No es casualidad que "Life is beautiful", como se la conoce en inglés, se haya convertido en la película extranjera de mayor éxito en los Estados Unidos (un país con una enorme y poderosa comunidad judía), superando inclusive a la otra italiana, "Il postino".

Sin embargo, creo que esta película merece ser vista por más razones que por llevar el atractivo beneficio que acarrea la polémica. Porque es un film que posee una cualidad pocas veces repetida: entretiene al mismo tiempo que informa. Educa, pero no por enumerar atrocidades o documentar el horror. Educa por ser el calzador que permite que el alma de uno se acomode en el cuerpo de otro: el de los protagonistas del film, que viven en la Italia fascista de los años '40.

Ninguna clase de historia imprime una marca tan firme en la memoria como la que llega a esta a través de nuestras emociones.

Los que acusan al film de tomarse livianamente al Holocausto no saben separar la comicidad del comienzo de la película del drama de la segunda mitad. Querer encasillar a un film dentro de un solo género es típico de Hollywood y no se aplica a la mayoría de las mejores películas de la historia que suelen serlo, precisamente, por saber mezclar cuotas perfectas de drama, comedia, suspenso y romance. O eso, o son raros casos de perfección dentro de un género. Pero estos últimos son poco comunes, justamente porque al profundizar en un solo género se corre el riesgo de atascarse en una seguidilla de clichés que concluyen en un film que es clon de sus antecesores.

En ese sentido, "La vida es bella" tiene el enorme beneficio de aportar originalidad al mostrar una nueva visión de ese género que podríamos llamar "películas del Holocausto". Porque aunque suene feo decirlo así, las películas sobre el horror nazi se parecen mucho entre sí, y es difícil pensar en un trabajo que pueda superar a la "La lista de Schindler", de Steven Spielberg, en cuanto a llevar el género a su más perfecta expresión.

 

 

Entonces, aquellos que temen que el lado cómico del film de Benigni, y la exhuberante personalidad de su realizador, pueda hacer que la obra presente una visión alivianada del Holocausto ante los ojos de una nueva generación, no se dan cuenta de que la cuestión es al revés. Es gracias al costado cómico del film -que en ningún momento se mezcla con la dureza del campo de concentración- que mucha gente (en especial los más jóvenes) van a ver la película, y por ende se enteran de las atrocidades que se cometieron en aquella época. Porque seamos honestos: después de ver el film de Spielberg, ¿cuánta gente va a ver otra historia sobre el horror nazi si ya sabe que va a ir a ver algo que lo va a hacer sufrir como un condenado? Para mostrar en el colegio y la facultad, perfecto (es más, debería ser parte obligatoria del currículum académico), pero ¿por gusto?

La mayoría de nosotros vamos al cine para escapar a un mundo fantasioso que nos haga olvidar los dolores que acosan nuestras vidas, no para hacernos más conscientes de ellos.

Es por esto que ahora más que nunca hacen falta películas como "La vida es bella" o la alemana "Jaguar et Aimè", que muestran el horror del nazismo, sin ser este su tema principal. Si tuviera que encasillar a "La vida es bella" bajo un solo rótulo, lo pondría bajo la "t", de "triunfo". Porque al final de lo que verdaderamente trata el film es del triunfo del espíritu humano, algo muchas veces dicho pero pocas veces más cierto que en este caso.

Decir que esta película es una comedia sobre el Holocausto es lo mismo que afirmar que "Quédate a mi lado", el film con Susan Sarandon y Julia Roberts, es una comedia sobre el cáncer. O, para los que no han ido al cine hace rato, como decir que "Piso de soltero" (Jack Lemmon-Shirley MacLaine) ¡es una comedia sobre el suicidio!

Comprendo que la gente que vivió en carne propia la crueldad inhumana que existió durante la Segunda Guerra Mundial, no pueda concebir que en una misma película haya risas e imágenes del Holocausto. A ellos los entiendo.

Pero los demás habitantes del planeta tendrían que considerar que las cosas en la vida no suelen ser blancas o negras. Entonces, que alguien se juegue a hacer una película gris no significa necesariamente que está alterando los colores. Significa que trata de imitar con mayor exactitud los tonos que conforman la paleta humana.

Por Veronica Smink.

 

 

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