Renovadores del Flamenco.
Colores bordados en el cuerpo.

El prestigioso Ballet Nacional de España, con la talentosa Aida Gómez dirigiéndolo, se presentó en Buenos Aires en siete funciones desde el miércoles 22 al domingo 26 de noviembre (con doble función durante el fin de semana) en el remozado Teatro El Nacional. Nuestra especialista en el Flamenco, María Belén Luaces (nieta de gallegos y gitanos) nos presenta su comentario de esos extraordinarios espectáculos. 

Por María Belén Luaces.

 
 

Según el diccionario Larousse, "color" es una "Impresión producida en los ojos por la luz difundida por los cuerpos". Nada más 'lúcido' para empezar a hablar de la actuación del Ballet Nacional de España en nuestro país.

Las propagandas promocionaron el espectáculo de este ballet como: "puro ritmo, flamenco, color y movimiento", y han sido justos y medidos en tal afirmación porque el cromatismo estético, técnico y coreográfico desplegado en el escenario por esta compañía, sorprendió gratamente con un espectáculo virtuoso, renovador, sutil y convincente. 

"Nosotros distinguimos cinco sentidos externos. Pero en realidad sólo existe uno: el sentido que a través de los otros cinco órganos es quien experimenta la vida y la percibe en cinco modo diferentes. Por eso todo aquello que es audible y visible son la misma cosa, y nuestro ser es la capacidad que poseemos para resonar al tono y al ritmo que nos llegan del color y del sonido, que nos permite ser influenciados por ellos." (Hazrat Inayat Khan "La Música de la Vida")

 

 
 

Las danzas del mundo son un reflejo de la idiosincrasia de cada pueblo y si bien el Ballet Nacional de España hace un arte que dista mucho de ser tradicional y su técnica esta muy emparentada con el ballet clásico, es cierto también que se vive España en sus bailes. ¿Pero qué España? ¿La andaluza, la gallega, la gitana, la vasca, la catalana, la asturiana, la valenciana o la castellana? Podemos decir que por lo menos en este espectáculo lo que se recreó, aggiornó y bailó fue flamenco, un arte tradicional gitano-andaluz.

En este marco el ballet llegó a Argentina con Aída Gómez a la cabeza. Esta madrileña de 33 años se convirtió en 1998 en la Directora Artística más joven del Ballet Nacional de España. Aída es una de las mejores y más completas bailarinas de la danza española actual, y prácticamente toda su carrera ha estado ligada a este ballet. Se incorporó con sólo 14 años y hoy desde su cargo de Directora continúa la línea más renovadora de la danza hispana. En varias oportunidades Gómez ha declarado que su deseo es acercar la danza española al público joven y en nuestro país ha dado muestras acabadas de esa intención. 

El Ballet Nacional desde su creación en 1978, ha dado la vuelta al mundo representando a España en teatros tan importantes como el Teatro de Bellas Artes de México, el Metropolitan Opera House de Nueva York, el London Coliseum o el Horchard Hall de Tokio, entre muchísimos otros. Su primer director fue el gran Antonio Gades y desde los inicios el ballet ha recreado las obras más representativas de los creadores españoles como Marienma, Rafael Aguilar, el propio Gades, José Granero, Alberto Lorca, Miguel Narrós, Currillo y Antonio Canales entre otros. 

Aída Gómez fue galardonada en abril del 2000, tras las actuaciones en el Teatro Bellas Artes de México, con la Medalla de Plata otorgada por dicho teatro.

Esta vez en Buenos Aires, en el marco de su gira latinoamericana, el Ballet presentó en el renovadísimo teatro El Nacional siete funciones dignas de aplausos.

Cinco coreografías desandaron las casi dos horas de espectáculo, en las que se unieron el flamenco clásico y el moderno, con una insoslayable preponderancia de las nuevas tendencias en la danza. 

 

 

Aída Gómez.

La primera coreografía presentó a un ballet ensamblado y vistoso. Los colores y la gracia de una fiesta flamenca, coreográfica y remozada, llegaron al escenario en "Oripandó", de los creadores Adrián Galla, Israel Galván, Isabel Bayón y Currillo, cuatro jovencísimas promesas de la danza española.

Esta coreografía mostró varios cuadros al ritmo de algunos de los palos flamencos más conocidos (tangos, fandangos, alegrías y rumbas), con los bailarines ensamblados en un vestuario destacable que si bien dentro de algunos cánones del estilo flamenco (largas faldas y bolados), estuvo definitivamente lejos del estereotipo.

Varios cuadros de movimientos conjuntos, enmarcados en una escenografía austera en la que predominó el juego de luces con los colores del atardecer, crearon un clima afable y diferente. 

La belleza de Oripandó radicó en el gusto de la coreografía por las simetrías y los desplazamientos en el escenario, por los dúos de solistas que tuvieron la libertad de marcar su sello personal a los pasos establecidos por la danza. Vibrante, colorido y sugestivo.

La música estuvo a cargo de ocho músicos en vivo que obsequiaron ritmos y melodías de claro corte 'neo-flamenco', incluyendo instrumentos como vientos y percusiones indias. La música en vivo dio un marco de frescura y autenticidad al espectáculo, con una formación precisa.

 

 

Una escena de la coreografía de "Oripandó", realizada por el Ballet Nacional de España
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Dentro de Oripandó brilló con luz propia un cuadro femenino que rompió con la estructura cromática de esta coreografía. Los movimientos de este cuadro estuvieron acotados al centro del escenario, a un grupo compacto de bailarinas ataviadas con brillantes vestidos de bata de cola, que dibujaron el sugerente oleaje del mar en sus movimientos. Estas mujeres supieron encarnar con arte la suposición de algunos poetas: que el mar fue la inspiración para los primeros bailaores jondos. Los abanicos como gaviotas fueron destacables. También aquí, el juego de luces cumplió una función primordial, dando el marco adecuado a la estética de la puesta. La escenografía brilló por su bien desarrollado minimalismo. Como ya se dijo, austera y sutil, remarcó el renovado carácter de las danzas presentadas. Un telón de fondo liso reflejó los cambios de luces, recreando amaneceres y atardeceres puros en Oripandó, un mar azul en el cuadro de las olas. Colores sobre los cuales se insertaba la imagen de unas plataformas altas y escalonadas donde se situaron los músicos, gracias a las cuales se pudo ver simultáneamente uno y otro grupo de artistas. Logradísimo. 

Después del intervalo el escenario cambió rotundamente. Sin músicos en vivo, el fondo se volvió blanco y en escena aparecieron los 30 bailarines del Ballet, enfundados en unos maravillosos trajes de estilo flamenco, pero aggiornados a la sutileza que caracterizó a toda la puesta, en colores blanco y negro, apoyando la idea simétrica de toda la danza. En "Ritmos" de Alberto Lorca, la rítmica (valga la redundancia), se apoderó de la sala al compás del taconeo uniforme de un sinnúmero de coordinados pies y de unas castañuelas que desparramaron sonoridad y belleza. 

 

 

Otra coreografía, en esta oportunidad una escena de "Ritmos", de Alberto Lorca
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Esta coreografía, subrayó una drástica diferencia con la anterior ya que desarrolló la danza clásica española y marcó un contrapunto estilístico muy fuerte también en la puesta escénica, en el aspecto musical y en el vestuario. Pero ante la imprevisible aparición de tantas parejas, bailando en una sincronía llena de fuerza, la belleza pudo más que la sensación abrupta del cambio. La música que se escuchó fue de claro corte clásico, con instrumentación orquestal interpretando composiciones de José Nieto. 

Aquí se lució el dueto que integró Aída Gómez, sumando colores a la fiesta del blanco y el negro, terminando por dar el toque otras dos parejas que en sus vestidos combinaron el fucsia con el negro, cual rosa que se abre. Los movimientos del numeroso grupo de bailarines, simétricos y coordinadísimos, impusieron grandeza al escenario.

A esta impresión de virtuosismo le siguió la coreografía "Mensaje", que volvió a la puesta de la primer parte del show, estética y estilísticamente. Creada por Aída Gómez sobre música de Vicente Amigo, el gran guitarrista flamenco, esta danza fue interpretada por cuatro mujeres vigorosas y exultantes que le dieron vida a un baile pensado para la mujer, para destacar su sensualidad y su fuerza, la magia y la pasión que encierra el baile flamenco femenino. Toda una muestra de buen gusto y bravura.

 

 

"Mensaje", creación de Aída Gómez
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Cuando volvieron los músicos a escena, llegó con ellos la magia de la música de Jorge Pardo, saxofonista flamenco, compositor de las melodías de "Silencio Rasgado", una brillante en una coreografía creada e interpretada por Aída Gómez, en la cual lució su técnica impecable impregnada de casi todas las tendencias de la danza. Ella y su luz brillaron en el flamenco, en la técnica clásica, en los movimientos de mimo, con interpretación y estilo propio. Se destacó también en el vestuario diseñado por ella, el gusto extraordinario de esta bailarina extraordinaria, carismática y virtuosa.

Finalmente llegó "Luz de alma", con toda la compañía y los músicos sobre el escenario, que rompió nuevamente con los cánones clásicos del flamenco tradicional para dejar en claro porque este Ballet ha dado la vuelta la mundo. También fue el broche de oro con el cual el elenco dio crédito del porqué integran esta avanzada de la danza española. El hombre toma la posta en estos cuadros, acompañados por la gracia y sutileza femeninas. Hombres que corroboran la intensa belleza de una danza única en el mundo, honda y salvaje . Los solos de esta coreografía fueron realmente una fiesta.

 

 

"Silencio Rasgado", con la presencia del saxofonista flamenco Jorge Pardo.

Luego de ruidosos y emocionados aplausos y al menos seis saludos de toda la compañía y pese al telón ya bajo, todo el teatro El Nacional comenzó a hacer palmas, palmas que hicieron subir por tercera vez el telón y acercar a los artistas al público en una intensa despedida al modo flamenco, fiesta en la que lejos de la rigidez de un ballet clásico, fueron los músicos quienes esta vez bailaron al compás de las palmas de público y bailarines, en una improvisación colectiva contundente. Toda una gama de sensaciones, todo el cromatismo de la actualidad de la danza española y algunos de los artistas más importantes de la actualidad flamenca estuvieron incluidos en este espectáculo, gran privilegio para nuestra ciudad.

Desde el espacio de Sitio al Margen, nos atrevemos a agradecer al Ballet Nacional de España, al diario El País y a Producciones Teatrales Alejandro Romay, por haber hecho posible que en Argentina se presente un espectáculo de tanta calidad y tronío.

 
Por María Belén Luaces.

 

"Luz del Alma
", con la presencia de toda la compañía del Ballet Nacional de España.

 

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