Los celtas. Parte 13.
Algunas consideraciones sobre el idioma galés y su historia.

Walter Ariel Brooks presenta los particulares rasgos del idioma de la nación céltica menos conocida de las Islas Británicas: Gales. Se trata del país celta que con mayor tenacidad conservó su lengua y sus tradiciones y que aún cuenta con el festival itinerante más grande de Europa: el Eisteddfod, la quintaesencia de la lírica céltica y música galesa. En el sur de la Argentina, concretamente en la Patagonia, se encuentra la comunidad galesa más importante del mundo, de donde proviene el autor de este artículo quien además es profesor de galés.

Por Walter Ariel Brooks (profesor de galés en la Argentina).
Agosto de 2001

 
 

De las naciones célticas de las Islas Británicas, los galeses ocupan el lugar menos prominente. De un modo u otro, todos conocemos los rasgos insoslayables que distinguen a escoceses e irlandeses, ya sea el whisky y las gaitas y los kilts, ya sea la música y los duendes que cuidan el oro o, desafortunadamente, los conflictos en el norte de Irlanda. Sin embargo, la única referencia mundial que caracteriza a los galeses es el Príncipe de Gales, título honorario que se le confiere al primogénito de los reyes de Inglaterra y que, según la opinión de los galeses mismos, encarna la antítesis del espíritu de libertad que persiguió el pueblo galés. ¿Por qué se sabe tan poco de este pueblo de tres millones de habitantes, que ha conservado su idioma mejor que el resto de las naciones célticas británicas y que todavía celebra anualmente el Eisteddfod, que es el festival itinerante más grande de Europa, quintaesencia de la poesía y la música célticas? Muchos factores obraron en contra de la preservación de la cultura galesa, pero la admirable tenacidad del pueblo ha conservado a través de los años una identidad que merece ser difundida con mayor asiduidad.

Los galeses son descendientes de los pueblos célticos indoeuropeos que comenzaron a llegar a las Islas Británicas desde el continente alrededor del año 600 a.C. Una de las ramas de estos pueblos fue la de los Brythoniaid (británicos), que se estableció en Inglaterra, Gales y sur de Escocia. La otra rama --la de los Goidels-- se estableció en Irlanda.

En el año 43 a.C., los romanos invadieron las islas, pero no fue sino hasta el año 78 d.C que se produjo la conquista definitiva. Permanecieron en las islas casi cuatro siglos. Como solían hacer en todos los territorios que conquistaban, construyeron ciudades fortificadas y vías para intercomunicarlas y así consolidar su civilización. Pero la influencia romana no fue duradera y se desvaneció rápidamente una vez que las tropas imperiales abandonaron la isla en el año 383 d.C. No obstante, persisten ejemplos en el galés moderno que dan testimonio de la impronta romana, como braich (brazo), lladron (ladrones) o ffenestr (ventana) entre otros.

En el período que siguió a la retirada de los romanos, comenzó a producirse una diferenciación tripartita en la antigua lengua británica debido a la invasión de los pueblos anglos, sajones y jutos que comenzó en el siglo VI de la era cristiana. Los británicos del oeste comenzaron a llamarse Cymry, que significa "compatriota", el mismo término con que se identifican los galeses actuales. La palabra "Welsh", que se emplea en el inglés para denominar a los Cymry célticos, proviene del antiguo germánico e identificaba, con sentido peyorativo, a los extranjeros.

 

 

Bandera de Gales.
 

Los Cymry se enfrentaron en muchas batallas con los nuevos invasores continentales. Fruto de los combates de esta época son las leyendas artúricas. Gracias a las narraciones épicas de estos enfrentamientos compuestas por los bardos es que hoy en día se puede afirmar con certeza que ya en el siglo VI d.C. existía el idioma galés en su versión primitiva. A través de manuscritos medievales preservados cuidadosamente, podemos leer un recuento bárdico de la batalla de Manau Guododdin (Stirling, sur de Escocia), testimonio histórico y literario que le adjudica al galés una de las literaturas más antiguas de Europa.

El dominio de anglos, sajones y jutos se fue extendiendo progresivamente hasta ocupar la mayor parte de la actual Inglaterra. Los pueblos célticos se replegaron hasta encontrar un refugio en donde preservar su identidad cultural en la península de Cornualles, desde donde algunos cruzaron el mar y se instalaron en la actual Bretaña francesa, en el País de Gales y en el norte de Inglaterra y sur de Escocia. Estos grupos quedaron aislados entre sí y de esa manera se fueron produciendo variantes regionales que resultaron en la formación de diferentes idiomas: el brezhoneg (bretón) en el norte de Francia, el cernaweg (córnico) en la península de Cornualles, el cymraeg (galés) en el País de Gales y el gaeleg (gaélico) en la zona norte gracias a la influencia de los monjes cristianos que cruzaban el Mar de Irlanda para evangelizar en Escocia. De este modo, el galés quedó restringido al actual País de Gales sin una defensa natural -como las cadenas montañosas en Escocia o el mar en el caso de Irlanda- para protegerse de las invasiones.

El siguiente embate que sufrieron las Islas Británicas afectó tanto a celtas como a anglosajones. En la batalla de Hastings, en el año 1066 de nuestra era, las tropas de Guillermo "el Conquistador", Duque de Normandía, derrotaron a las de Haroldo II, rey de los anglosajones, y quedaron las puertas abiertas para que los normandos se adueñaran de toda la isla.

Gales es un país pequeño de aproximadamente 210 kilómetros de norte a sur por unos 140 km de este a oeste en su parte más ancha. Su geografía se divide en extensas llanuras onduladas en el sur, una zona de transición en el centro y una zona montañosa en el norte, en donde se alza Yr Wyddfa, al pico más alto de Gales e Inglaterra (1085 metros). Esta geografía fue la que definió el pulso de la penetración cultural de los pueblos invasores. En tanto que las llanuras fueron presa fácil de los barones normandos que se establecieron en las zonas fronterizas sudorientales, las montañas del norte --con excepción de ciudades costeras como Caernarfon o Bangor--, permanecieron impermeables a través de los siglos, a pesar del cerco que los ingleses consolidaron con una serie de fortificaciones que sobreviven hasta nuestros días, como los castillos de Caernarfon, Conwy, Beaumaris, Harlech o Caerffili en el sur. En la actualidad, el porcentaje de hablantes de galés en Caerdydd (Cardiff) es del 7 por ciento, guarismo que no varía demasiado en el sur, mientras que en las regiones del norte la cifra oscila entre el 70 y el 87 por ciento.

No se sabe a ciencia cierta cuántos hablantes de galés hay en el mundo. Dentro del País de Gales, se calcula que hay entre 600.000 y 700.000 hablantes. Esta cifra es algo engañosa porque no tiene en cuenta a los galeses que conforman vastas comunidades en ciudades como Londres, Liverpool o Birkenhead, centros que durante siglos han cobijado a los galeses que emigraban en busca de un mejor pasar. Resulta sorprendente entonces que un país con nulas barreras geográficas en sus fronteras, y que fue la primera nación celta -en las Islas Británicas- en caer bajo dominio extranjero, haya conservado su idioma mejor que las demás.

 

 

Castillo en la geografía de Gales.

Hubo varios factores que contribuyeron a la preservación de la lengua. En el año 1588, el obispo William Morgan tradujo la Biblia al galés. Su trabajo es un ejemplo de purismo y perfección bárdica en cuanto al refinamiento del lenguaje. Así, el pueblo pudo practicar la religión en su propio idioma. Más tarde, con el Avivamiento Espiritual del siglo XVIII, que modificó el carácter alegre y festivo de los galeses y los transformó en un pueblo devoto y temeroso de Dios, el idioma cobró nuevos impulsos y se comenzaron a editar todo tipo de libros religiosos en galés. Además, la vida religiosa fue de la mano con la instrucción. Se crearon sistemas de escuelas itinerantes compuestas por jóvenes que iban de pueblo en pueblo enseñando a leer y escribir y formando nuevos maestros que multiplicasen este esquema. Gales desarrolló su sistema de educación popular mucho antes que Inglaterra e incluso llegó a atraer emisarios de la corte rusa, deseosos de desarrollar un plan parecido.

Sin embargo, no todo fue color de rosa para los hablantes de esta lengua céltica. En 1846, el gobierno inglés envió un grupo de tres inspectores angloparlantes a inspeccionar las escuelas galesas. Concluida su tarea, elevaron un informe en el que consignaban que los galeses eran un pueblo ignorante, analfabeto y burdo porque los niños no podían contestar las preguntas que los inspectores formulaban en inglés, idioma que los escolares desconocían por completo. Este hecho, que pasó a la historia como la "Traición de los libros azules" por estar el informe encuadernado con tapas de ese color, asestó un golpe fulminante al estatus del galés.

Otro revés que conspiró contra la preponderancia de este idioma fue la masiva explotación carbonífera en los valles del sur durante los siglos XIX y XX, que atrajo a una cantidad inesperada de inmigrantes que sólo hablaban inglés, algo imposible de asimilar sin que la sociedad sufriera modificaciones sustanciales. Además, el gobierno en Londres prohibió definitivamente la enseñanza del galés en las escuelas. A los niños que lo hablaban se les colgaba un cartel con las letras WN (Welsh Not) y, al final del día, quien quedaba con el cartel recibía un castigo físico. Esta medida generó suspicacias entre la nueva generación de galeses e instauró un estigma sobre los hablantes de la lengua. Incluso muchos padres alentaban a sus hijos a optar por el inglés, porque era una herramienta de trabajo indispensable y la única manera de poder llegar a ocupar un cargo digno (los hablantes de galés estaban excluidos de los cargos gubernamentales, políticos y administrativos); en resumen, el inglés pasó a ser el idioma del progreso y el galés, una lengua inferior que retrasaba el desarrollo y la formación de verdaderos ciudadanos del Imperio Británico.

Desterrado de las aulas y de los ámbitos oficiales y tildado de idioma retrógrado que impediría el sano desarrollo de un pueblo civilizado, el galés entró en una vertiginosa espiral descendente que sólo comenzó a detenerse en la década del '50 y '60 gracias a las voces de intelectuales como Saunders Lewis, un escritor que desde su obra y su accionar arengaba a los jóvenes para que luchasen por el reconocimiento y la preservación del idioma por todos los medios -incluyendo los violentos, en caso de ser necesario- so pena de perder la identidad lingüística y el espíritu que distinguía a Gales del resto del mundo. Surgieron además activistas más radicales que crearon grupos como los Meibion Glyndwr (Hijos de Glyndwr), que quemaban las casas de veraneo que familias inglesas compraban en Gales aprovechando los precios accesibles ya que, según los activistas, este tipo de visitantes destruía el espíritu de la comunidad al no tener la más mínima consideración por la cultura local.

La acción de muchos dio resultados. Hoy en día, el galés goza de reconocimiento oficial y el bilingüismo es una posibilidad que se brinda a todos. Surgieron diversos programas oficiales para promover la enseñanza del idioma en las escuelas en el ámbito escolar y comunitario. Movimientos como el Urdd Gobaith Cymru o Menter Iaith tienen sucursales en todo el país y trabajan activamente para ganar terreno en la difusión del galés. Además, hay un canal que transmite en galés (S4C, Sianel Pedwar Cymru) al igual que Radio Cymru (una emisora de la BBC), y varios periódicos y revistas que contribuyen al mismo propósito.

En la última década del siglo pasado, las estadísticas comenzaron a mostrar un leve pero esperanzador repunte en el porcentaje de hablantes de galés. Resta tan sólo seguir trabajando en la dirección correcta para afianzar este crecimiento positivamente. En una época en que la unión de Europa borra las fronteras del viejo mundo, se yerguen casi paradójicamente pueblos que desean reivindicar su identidad para compartir desde sus singularidades. Los galeses no son la excepción y desde la creación de la Cynulliad Cenedlaethol Cymru (Asamblea Nacional de Gales) en 1999, las relaciones de este país con el resto de Europa y el mundo se han dinamizado. En medio de un contexto internacional cada vez más mixturado, la vieja lengua de los bardos continúa siendo una opción interesante que nos abre las puertas de un mundo antiquísimo y a la vez más vigente que nunca.

 

 

Castillo de Caernarfon.

Rasgos generales del galés.

El galés es una de las lenguas célticas de la rama P. Es "primo hermano" del bretón y del córnico. Algunas de sus características son las siguientes:

  • El alfabeto galés consta de 28 letras. En comparación con el español, carece de la J, K, Q, V, X, y Z, en tanto que aparecen la CH, DD, FF, NG, LL, PH, RH, y TH. Teóricamente, el galés es un idioma fonético (es decir, se debería pronunciar como se escribe) pero, en la práctica, el lenguaje oral se desvía del escrito ya que este último evolucionó a un ritmo más lento por apegarse a los patrones sentados por la traducción de la Biblia de William Morgan.

  • En cuanto a las variantes dialectales, la división mayor se da entre el galés del norte y el del sur, aunque fácilmente se podrían hacer tres subdivisiones más. Estas diferencias abarcan términos característicos de una región u otra, pronunciación (más nasal en el norte), conjugación de verbos, etc. Un capítulo aparte merece el galés de la Patagonia, puesto que a la colonia del Chubut vinieron galeses de todos los rincones de su país natal. En el sur de la Argentina se desarrolló una variante muy particular que mezcla rasgos de todas las cepas dialectales, conserva características de fines del siglo XIX y evolucionó de una manera muy diferente del galés de las Islas Británicas.

  • El galés sorprende, entre otras cosas, por la profusión de maneras de contestar simplemente "sí" o "no" a una pregunta. La respuesta varía de acuerdo con la persona y el tiempo verbal en que se formule la pregunta. Para la primera persona del singular, contestar "sí" puede equivaler a decir ie, ydw, on, byddaf, byddwn, do, gwnaf, caf, hoffwn, baswn, etc.

  • Existe un sistema de mutaciones (treigladau) que implica modificar la primera consonante al comienzo de una palabra. Las mutaciones se producen siguiendo reglas estrictas. Pueden ser suaves (meddal), nasales (trwynol) o aspiradas (llais). Afectan respectivamente a 9, 6 y 3 consonantes. Por ejemplo, la palabra trwyn (nariz) puede pasar a ser fy nhrwyn (mi nariz), ei drwyn (su nariz, masculino), o ei thrwyn (su nariz, femenino).

  • * El concepto de posesión se expresa en galés de manera diferente comparado con otras lenguas de origen indoeuropeo. En galés no se "tiene" una cosa. Ejemplos como Mae llyfr gen i (Hay un libro conmigo) o Mae arian ganddo fo (Hay plata con él) nos confrontan ante un concepto de posesión diferente, que nos permite vislumbrar huellas del temperamento del pueblo galés.

Mayor Información: Clases de galés en Buenos Aires todos los sábados a las 11hs en la Casa del Chubut (calle 24 de noviembre 1142). 

Profesor: Walter Ariel Brooks (tel: 4632-8761) 

Por Walter Ariel Brooks (profesor de galés en la Argentina).
Agosto de 2001
 

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