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América Negra (parte
1)
La
Gran Llamada.
Un espectacular encuentro, que transcendió
las fronteras del tiempo como una serie de manifestaciones espontáneas
del pueblo, constituye esta celebración de la cultura afro-americana (particularmente
la de Uruguay), que posteriormente se oficializó como un desfile que forma
parte del Carnaval rioplatense. María Belén Luaces, convocada
por los mágicos tambores, se adentró en una de estas desbordadas reuniones,
con muy particulares ritos, que tiene sus orígenes en una situación trágica
y vil de la historia americana, el comercios de esclavos.
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Reportajes,
textos y fotografías de
María Belén Luaces.
Agosto de 2001
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"En otros tiempos los
harapos fueron galas,
los viejos fueron jóvenes y las ánimas seres humanos"
(Proverbio Mbedé).
La
tarde que Montevideo espera año tras año estaba ya dando paso a la noche,
y dejaba un presagio de lluvia que pese a la oscuridad del cielo nocturno
se sentía en todo el cuerpo. Pero más que las nubes fue el sudor el que
empapó la fiesta. Una oleada de calor humano elevando la temperatura de
una de las jornadas más álgidas de la costa charrúa.
La Llamada se convierte ritualmente,
al cabo de 12 meses, en una explosión de emociones contenidas durante
un largo año.
Desde la avenida 18 de julio,
bajando por Wilson Ferreira Aldunante hasta Durazno, el mar, de frente,
parece un muro omnipresente. Sobre la calle Isla de Flores, las casas
tapan lo que es en realidad la fuerza más arrebatadora de esta ciudad,
la puerta a la inmigración que le dio forma a la cultura que hoy palpita
en los barrios.
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"... y a pesar del excesivo
calor que reinó
durante el día, bailaron hasta caerse de espaldas."
(Diario El País, Montevideo, enero de 1864)
A las seis de la tarde, todas
las agrupaciones de negros y lubolos que desfilarían en esta Llamada estaban
ya ocupando las esquinas. Las comparsas se movían por todas partes como
un pulpo viviente de extremidades diversas maquillándose, arreglando el
vestuario o templando las lonjas en las fogatas de papel de diario. Corridas
de gente por acá y por allá, y por todos lados el calor que se mete en
los huesos como un demonio. El calor y la emoción que desbordan, cuando
se cruzan veloces los grupos de tamborileros, los de bailarinas, todos
ultimando los detalles que siempre se demoran.
La altísima temperatura y
la multitud ansiosa en las estrechas calles del barrio sur, hacen que
para llegar a algún lugar elegido de antemano sean precisos poderes extrahumanos.
Sobre Isla de Flores es imposible caminar o moverse, entrar a la marea
de gente o, una vez dentro, salir. Hay personas que para respirar levantan
la cabeza al cielo, opacado con las luces del desfile. Una vez que salgan
las agrupaciones cada uno irá acomodando su humanidad en algún hueco de
aire, si queda.
La calle se desborda y todo
se pega al cuerpo, hasta el aliento.
Recuerdo las palabras de
Pedro Hugo, un negro gramillero con el baile en el alma, "el tambor tiene
una convocatoria, llama, cuando se toca bien convoca a muchas almas".
Pero...
¿Qué son las Llamadas?
¿Desde cuándo existen?
¿Qué significan?
Necesariamente tenemos que
hacer memoria sobre la historia funesta de América, que sin embargo, con
el paso de los siglos fue transformándose en un enriquecedor humus de
la cultura rioplatense.
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"Si avanzar es morir
y retroceder morir,
más vale avanzar y morir".
(Proverbio Zulú).
Se estima que desde mediados
del s.XVIII en que comenzaron a llegar los barcos de esclavos a las costas
de América, desembarcaron no menos de 10 millones de "piezas de ébano".
También se estima que entonces unos 60 millones de seres humanos deben
haber sido transportados desde África hasta Sudamérica, ya que cada seis
personas sólo una sobrevivió al forzoso tráfico. Su origen étnico era
sudanés, guineano, congolés, sudafricano y bantú (la macro etnia de mayor
densidad demográfica en el Río de la Plata.) Tantos seres, tanta cultura
en su haber, impregnaron nuestra identidad hasta fusionarse con la de
los inmigrantes europeos, que en esa época no alcanzaban a las sesenta
mil almas en la ciudad de Buenos Aires.
El término candombe se ha
intentado descifrar tal vez desde el mismo momento en que comenzó a oírse
por las calles rioplatenses del 1800 y tal vez antes. Pero cualquiera
fuera su origen, el término se popularizó como sinónimo de todas las expresiones
pertenecientes a los negros, sus reuniones, danzas y rituales, remembranza
de la lejana África, así como el tambor, marcando el pulso ritual.
" Una antigua esclava que
conocí siendo yo muy joven y ella ya muy vieja, Donata se llamaba, de
grandes ojos y muy tiesa todavía, a pesar de sus años, lo que le daba
un aire de dignidad a imponer, apenas oía remedar el tamboril, de cualquier
modo, se desasosegaba, y decía: ¡No hagan eso! Si seguíamos un instante
más nuestro tamborileo, la pobre negra, ya ebria de sus evocaciones salvajes,
entornaba los ojos y comenzaba a bailar, hipnotizada; y así que volvía
en sí, comenzaba a reír, mostrando su dentadura que brillaba aún como
un collar de perlas, y parecía decirnos: yo no tengo la culpa ¿para qué
me hablan de aquella vida soberbia, deliciosa?".
Este fragmento es de una
carta que en 1927 escribió el pintor uruguayo Pedro Figari, nacido a mediados
del 1800 y famoso por haber sido el primero en pintar temáticas de negros,
arte que desarrolló de acuerdo a sus propios recuerdos de infancia y adolescencia.
Citado en el libro "Los candombes de reyes" (Ed.Galeón), Figari solía
ir con su padre a ver danzas de negros al conventillo Porcile, ubicado
en la zona de tres cruces (donde actualmente esta la terminal de ómnibus
de Montevideo.)
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"Pero vaya un día por
trescientos sesenta y cuatro..."
(Diario La Reforma Pacífica, Montevideo 7 de enero de 1864)
La calenda, bámbula, chica
y semba, fueron las primeras danzas que dieron origen al candombe que
recién surge como tal a principios del s. XIX, como una adaptación de
las antiguas danzas africanas a los bailes que se realizaban en las casas
patricias de la época. Y aunque era común que en sus días libres, los
esclavos se reunieran en candombes, el 6 de enero, fiesta de los Reyes
Magos, se elegían los reyes congos y angolas, tras los cuales se marchaba
en procesión año tras año. Finalmente esta fiesta se fue diluyendo junto
a su real significado, sumándose a los festejos del carnaval occidental,
pero en ella reside el origen del actual Desfile de Llamadas.
Hace más de un siglo que
los Candombes de Reyes desparecieron de las costumbres afro-rioplatenses
y sin embargo subsisten hasta el día de hoy en las raíces del candombe
de hoy.
¿Qué son las Llamadas? Ancestralmente
fueron espontáneas manifestaciones populares que alrededor del tambor
convocaban al encuentro, a una recorrida por las calles al ritmo del candombe
y de su danza. Hasta 1956, partían estos desfiles de sus naturales reductos,
los conventillos en los que vivían casi todas las familias negras del
Uruguay. Especialmente de los dos más famosos, Medio Mundo y Ansina, en
los barrios Palermo y Sur. Estos conventillos fueron cerrados y demolidos
por el más reciente gobierno militar que padeció Uruguay y con ellos se
fueron algunas de las últimas y más arraigadas costumbres afro. Hoy estos
antiguos espacios comunales, son cascarones de tristeza, una herida abierta
en el corazón de todos los afro-uruguayos.
En 1956 se oficializó un
Desfile de Llamadas dentro del carnaval tradicional, que en cierta medida
terminó de desvirtuar su verdadero origen. No obstante y fuera de las
fechas turísticas, todos los fines de semana salen nuevas Llamadas, de
distintos barrios, recuperando el ancestral ritual de convocar por medio
de los tambores. La ceremonia siempre comienza con la fogata de papel
de diario donde se templan las lonjas de los tamboriles. Aún conservan
el sentido de pertenencia (ya no tal vez a un conventillo, ni a una nación)
pero sí a un barrio, a un estilo de tocar.
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"Palo y tamboril tiene
mi candombe,
llama y le responde la luz de la estrella,
dejando una huella sobre el río mar".
Georges Roos.
Actualmente en cada comparsa
desfila primero el cuerpo de baile, chicas que envueltas en trajes vistosos
y sensuales le hacen honores a una danza intensa y apasionada. Más cerca
de la cuerda de tambores hacen sus pasos y malabares los personajes de
la agrupación, verdaderas estrellas en el firmamento de la tradición.
La mamá vieja, el escobero, el gramillero, quienes son el lazo vivo que
une este desfile con su antecesor. Y justo delante de los tamborileros
desfilan las vedettes, expresiones de la belleza uruguaya, morenas y blancas,
incorporación actual a este desfile.
Pero sosteniendo el aire,
marcando el compás, en la retaguardia de su comparsa, vienen los 30 o
40 tambores que son el pulso del desfile. Y detrás, en el espacio aéreo
donde los tambores ganan más potencia, están los fanáticos de la cuerda
o los bailarines espontáneos que se sienten atraídos por la fuerza de
cada comparsa. Atrás está el cielo y el infierno, el privilegio de estar
pegados al fiero retumbar de las lonjas y sentir cada golpe resonando
en el cuerpo, y también esta el desborde emocional de algunos personajes
nocturnos. Allí hay niños y adolescentes, pocos viejos, hay mujeres y
hombres indefinidos en el movimiento que cada uno inventa a cada paso.
Atrás, apretados y sin respetar posición alguna, los pies y los cuerpos
se enciman, se fusionan y sudan. La gente que se sienta en las veredas
alienta y desde adentro se sonríe con complicidad a quienes pronto pueden
sumarse.
Es cierto que hoy estas espontáneas
manifestaciones de algarabía son censuradas por el negocio de la municipalidad
que vende asientos para ver el espectáculo y con sus vallados de sillas
pagas impiden el libre acceso a la calle, pero colarse también es arte
sudamericano y se ejercita en las Llamadas.
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"Tiritar de escobilleros,
las lonjas vienen llamando".
(José Carabajal)
Febrero del 2001. El Desfile.
Se fueron sucediendo en este
orden las siguientes comparsas: Sarabanda (última ganadora del concurso),
Jambo Kenia, Senegal, Serenata Africana (con maravillosas bailarinas y
tamborileros), Kanela y su Barakutanga (imponente y una de las más antiguas
del carnaval), Cuareim 1080 (con un sonido fuerte y particular; su nombre
recuerda la dirección del conventillo Medio Mundo), Morenada (agrupación
que está festejando sus 50 años en el carnaval), Mi Morena (estrenándose
en las Llamadas, con muy buena tamborileada y mucho color y fiesta), Generación
Lubola, Los Chin Chin (prueba de una inversión sensata y constructiva
en vestuario, ideas y ensayos), Afro Can, Afro Pueblo (una sorpresa deslumbrante),
Candonga Americana (otra excelentísima cuerda de tambores) y La Dominguera
(con sobradas muestras de su fiereza). Naturalmente hubo muchas más agrupaciones
pero para esta altura eran ya las doce y media de la noche y hasta el
puesto 46 el desfile no paraba.
La recomendación de algunos
conocidos fue "hay que irse antes de que termine". Igualmente creí difícil
poder resistir desde las 7 de la tarde hasta las casi cuatro de la madrugada
que duró la fiesta, desde Barrio Sur hasta Palermo. Notando el cansancio
pero emocionándome con la cuerda que pasaba frente a mí, en cuanto llegaron
frente a mi vereda me sumé al séquito de La Dominguera, donde comenzó
la verdadera fiesta.
Luego en casa de una amiga
que vive sobre Isla de Flores y Magallanes (justo enfrente a los que fue
alguna vez el conventillo de Ansina), me quedé mirando un rato más algunas
agrupaciones que llegaban detrás y pude apreciar a la comparsa de Cerro
Largo y a Melodía de Ansina. Lo que siguió se fue confundiendo en más
baile al son de tambores calientes.
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"Revolotear de abanicos
en
las abuelas de barro
quebrando los almidones
el parche de tantos años
cuando levanta el repique
se eriza el inquilinato"
(José Carabajal).
El comercio del espectáculo
le quitó bastante brillo a lo que alguna vez fue un rito. Su esencia,
simple y profunda, permanece viva en los movimientos mágicos de los gramilleros,
los escobilleros y las mamas viejas. En el chico, el repique y el piano,
los tamboriles característicos del "borocotó, chas chas". En la gente
que en la calle aporta su espíritu a la fiesta. Y en la música, el ritmo,
que desde las entrañas de la historia vuelve a convocarnos. La llamada
es también un ejercicio de memoria, una revancha.
Lamentablemente la cantidad
de gente sobrepasó la capacidad de organización y el espacio físico. Presencié
también el triste espectáculo que, paralelo a la fiesta, dan algunos grupos
de personas y la policía. Y quizás lo que más me decepcionó fue la sensación
de que en algunas agrupaciones la preocupación principal parecía ser la
rapidez y la fuerza con que lograban tocar, quitándole magia y musicalidad
a una tamborileada que no debería convertirse en un mero ejercicio físico
o de resistencia. Es cierto que la mística también reside en vencer al
cansancio, en bailar hasta que las piernas no quieran ya más rumba en
las eternas subidas y bajadas, y ganarle a esa sensación hasta que el
cuerpo se funda con el ritmo y solo pare cuando este acaba. Y es cierto
también que hay que tocar aunque los dedos sangren (porque sí que sangran),
aunque la espalda parezca desmoronarse como la torre de pisa, aunque las
piernas y los brazos ya no puedan moverse y entonces pareciera que la
sangre es la acción-reacción que los mueve. Es cierto, todo eso es la
magia de las Llamadas, pero también la fiesta, una fiesta compartida por
las agrupaciones y por los vecinos, por quienes miramos y sentimos y por
quienes tocan y bailan, porque sino el público se petrifica como mero
espectador ajeno ante tanta destreza donde se pierde la maravilla de estar
en una calle, al lado del mar, batiendo los tambores de una herencia africana
que no se calla, que no ha muerto, que tiene mucho para decir, que es
fuerte y resiste, pero también es hermosa y emociona.
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"Dirigíase la procesión
hacia el sur,
donde ellos tienen sus tronos"
(Diario La Nación, Montevideo, 23 de enero de 1860)
Sólo cuando el desfile terminó y los últimos
rezagados, en bares o zaguanes, depende los hechos, estaban aún en las
calles, la lluvia hecho a rodar desde las nubes, bajando una cortina de
despedida. Hasta el año que viene, hasta la próxima Llamada.
Barrio Sur,
casas pintadas
De colores diferentes
Hoy entré a tu conventillo
Donde habita tanta gente
Alegrías por doquier
Aunque se ve la pobreza,
Son morenos de grandeza
van llevando su añoranza
Que viven para sufrir,
Su alegría permanente
El chas chas del tamboril. |
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Siento hervir
en mí la sangre
salgo ya pa´ la llamada,
nunca estuve entreverado
ahora de grande me llama,
calentando tamboriles
y ensayando la comparsa,
los morenos por las calles
de los años ya pasados,
de los parches también rotos
de los blancos que bailando
Se quedaron con nosotros. |
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Balconea la morena
Con su moreno de enfrente,
Mamás viejas, gramilleros
Es el candombe y se viene,
La historia del conventillo
De nuestro Montevideo,
Puerta abierta para todos
Invitación de morenos.
("Por si vuelvo" Jorge
do Prado)
Continuará...
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| Agradecimientos |
Tía Tina (mama vieja)
Pedro Hugo (gramillero)
María Noel (bailarina)
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| Bibliografía
consultada. |
- "Los Candombes de Reyes. Las Llamadas"
Tomás Olivera Chirimini, Juan Antonio Varese.
Ediciones El Galeón, 2000.
- "El Candombe"
Rubén Carámbula, Ediciones del Sol, 1995.
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Reportajes,
textos y fotografías de
María Belén Luaces.
Agosto de 2001
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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