| |
Flamenco, primera
parte.
Flamenco:
desgarrándose el alma.
Nacimientos
Toda música con raíces tiene un alma que
palpita en su centro, que resuena en el corazón de los que ante ella se
subyugan. La periodista María Belén Luaces admite que su perdición,
ante la objetividad del oficio, fue escuchar alguna vez el cante jondo.
Partiendo de esa premisa, nos propone un recorrido por el rastro que en
el siglo XV dejaron las huellas de gitanos, moros, judíos y cristianos
en Andalucía. Sus pasos y sus encuentros marcaron el origen de un arte
que conmueve, se reinventa y sacude las ramas del árbol que constituye
la música, por dónde se libera la vida.
 |
Por María
Belén Luaces, aficionada...
|

|
|
|
|
|
"Canto
porque me acuerdo de las cosas que he vivido"
Manolito el de María.
Toda música, como toda expresión artística de un pueblo, es nacida
bajo una constelación de ideas y sentires, modos de ver la vida que van
marcando el cielo que alumbra una época, realidades, historias y vivencias
compartidas por un grupo humano que en sus diferencias y similitudes recrea
una cultura propia. Quizás sin darse cuenta, quizás sin darnos cuenta,
todo grupo humano comienza la historia andando el esquivo camino de construir
una identidad cultural que no se amolda a definiciones estrictas ni a
modelos, es fruto virgen de un momento y un lugar precisos e irrepetibles.
De ese colchón de sucesos que confluyen, nacen las producciones artísticas
étnicas, que nos muestran en sus trazos, en sus ritmos, en sus movimientos,
las vivencias de un pueblo. Desde el mágico y difícilmente metodológico
camino de la música, podemos inventar un recorrido distinto por la historia,
que haga paradas en los sentires del alma más que en los datos
fácticos de una época.
Por eso será que acercarse
a la música con la perspectiva de descubrir el mundo que la engendró,
se convierte en una pasión desconcertante y misteriosa.
El flamenco, como música
y como expresión artística que asume varias ramas, es un movimiento que
concibieron muchas almas, con sus historias a cuesta, que azarosamente
se cruzaron en un tiempo y
un lugar determinados y determinantes, que hicieron mella en su forma
de expresarse. Escuchar flamenco es escuchar a su gente. En eso consiste
la aventura mágica de andar por las raíces del tiempo subidos a un gran
arte que corre por las venas de un pueblo.
Mi acercamiento al flamenco
puedo describirlo como un fuerte hechizo que se apoderó de mis sentimientos
más profundos. Supongo que
algo tiene que ver con mi abuela, con mi padre, tal vez. El flamenco es
la expresión más fiel que encuentra mi sentir y después viene lo otro.
Lo otro ahora es buscar, leer, escuchar, ver, viajar, luego todo es historia.
Pido de antemano disculpas, sólo puedo hablar del Arte Jondo en relación
subjetiva. Ahora si, paréntesis explicativo leído, pasemos a la historia.
Flamenco, para ustedes.
|
|
 |
| |
"Y de pronto sentimos
la tentación de preguntarnos si es que sólo el dolor es duradero".
Esta frase escrita por el
escritor flamenco en quien deposito toda mi confianza y toda mi pasión
literaria, se me figura como el comienzo de la búsqueda de un origen que
no es ni romántico ni agradable. Félix Grande con esta pregunta muerde
la bronca de saber que el dolor es inevitable cuando queremos adentrarnos
en las raíces más hondas del flamenco.
La pobreza, la marginación,
el miedo, la prisión, son los más recurridos temas de los que daban cuenta
las primeras letras de tonás y de seguiriyas, los géneros más duros del
flamenco, los primeros que debieron escucharse hace ya siglos, en algunas
cuevas y patios pobres o también cárceles de la baja Andalucía. Ya a fines
del siglo XVIII los corridos y las tonás se habían convertido en la única
riqueza de algunas familias gitano-andaluzas. Estas letras, esta música
que impacientaba el alma, que ensordecía el dolor, que le daba cauce a
la pena, eran parte de un ritual puertas adentro -que todavía era privativo
y secreto, hereditario, temeroso- de algunos patios, de algunas familias.
Manolito el de María, de
cuya boca salió la feroz respuesta de cantar por recordar, indica con
tal simpleza, con tal orgullo, con tal dolor, lo que intuimos cuando nos
acercamos a la historia del flamenco, el liderazgo que ejerce la memoria
cuando se construye una obra de arte. Manolito, fue casi un mendigo y
un gran cantaor (historia cientos de veces repetida entre los primeros
grandes artistas del flamenco), que vivió en Alcalá de Guadaira, y que
en su voz, como tantos otros, contaba la memoria colectiva de toda una
estirpe, cicatrices que se heredaron a lo largo de la historia. No es
chiste cuando uno siente que con el cante se nos viene al alma algo muy
viejo, no es chiste.
Cabe a esta altura de nuestra
conversación hacer otro paréntesis para desgranar el filigrana historiográfico
que tenía vida en aquellas épocas, en la región madre del flamenco: Andalucía.
Porque la pregunta obvia que surge cuando uno se pone a investigar sobre
flamenco es por qué si existen gitanos en casi todo el mundo, sólo Andalucía
parió al Arte Jondo? Y bueno, es una pregunta acertada aunque tiene su
explicación en esa frase hecha que versa sobre "el momento y el lugar
indicados" y también sobre la mezcla.
La estudiosa sefardita, Sofía
Noel, escribe que "En Andalucía los gitanos encontraron influencias orientales
y helénicas, semíticas y autóctonas, laicas y religiosas: cantos sinanogales,
cantos de muecín, liturgias griegas, visigóticas, melodías hindúes, persas,
iraquíes, bereberes, jarchyas hebreas y árabes..." y que "los gitanos
traerían en sus cantos, muy alterados por las seculares migraciones -latentes-,
ritmos y giros característicos de Oriente: pequeños intervalos, combinaciones
de ritmos contradictorios, riqueza de figuras ornamentales... En Andalucía
encontraron una música hermana". Manuel del Falla, como también otros
estudiosos del folclore andaluz, Don Fernando Quiñones entre ellos, coincidió
en aclarar que "la música hispanoárabe, la visigótica y la judía debieron
irse imbricando en el sur de España medieval hasta llegar los gitanos
con sus melodías de remota procedencia hindú...". Falla agrega que los
gitanos introdujeron la nueva modalidad del cante jondo, dice que "No
es la obra exclusiva de ninguno de los pueblos que colaboraron en su formación;
es el fondo primigenio andaluz el que se funde y forma una nueva modalidad
musical con las aportaciones que ha recibido."
Intencionalmente estoy escuchando
en este momento un disco experimental en el que 18 músicos flamencos se
sumaron a otros tantos hindúes del Karnata College of Percussion. ("Amalgama,
Encuentro". 1995, Nuba Records).
|
|
 |
| |
"Gitanos del Edén".
Una noche, en la Peña Torres-Macarena,
en Sevilla, le pregunto al cantaor Joselito de Lebrija qué representa
el flamenco para él, me responde: "El flamenco no es sólo una música,
es una cultura, una historia". Joselito es gitano, tiene 23 años y casi
la misma cantidad de tiempo sobre este mundo que sobre los tablaos, de
mano de su tío, Manuel de Paula. Acaba de bajarse del escenario, está
disfónico y agotado, ha cantado más de una hora por soleá, seguiriyas,
bulerías, marinetes, los palos que se le suelen pedir a un gitano. Me
dice "canto en las peñas porque intento conservar una cultura, para decir
que esto está aquí, que es nuestra historia".
Y entonces, ¿cuál es esa
historia?
En el siglo XV, un pueblo
nómade que había emigrado hacia varios años del continente asiático, finalmente
llegó al sur de la Península Ibérica, luego de un largo peregrinaje. Esta
región estaba poblada desde varios siglos antes por gran variedad de culturas.
Se cree que los gitanos llegaron
del norte de la India (con un cultura anterior en tres milenios a la era
cristiana), de una región que actualmente pertenece a Pakistán y se habría
llamado Sid, aunque sobre el origen de este pueblo muchas teorías se han
elaborado. De allí los gitanos partieron a Egipto de donde luego de un
tiempo también fueron expulsados. Luego algunos autores hablan de que
los gitanos pasaron a Checoslovaquia , otros hablan a Armenia, o Turquía,
lo cierto es que para ese entonces ya se los confundía con inmigrantes
de Egipto y de allí provendría el término "egipcianos", luego "gitanos"
o "gypsies". Se dice que a sí mismos se llamaban en lengua Kaló -un dialecto
indio maharata- ( para otros en lengua romaní), Ruma Calk, que significaría
"hombre de los llanos" o "corredor de los llanos". También se dice que
se llamaban a si mismos el pueblo rhom, romaní, rroomanò thèm, romà o
romi, que significaría "hombre que hace música". Al parecer en alguna
parte de la Europa oriental se habría dividido el pueblo en tres grupos
que se repartieron por todo territorio europeo.
Según algunos documentos,
en 1425, a través de los Pirineos, dos gitanos llegados a la actual Barcelona,
habrían solicitado una cédula de paso que fue entregada por el rey Juan
II de Aragón, para Juan y Tomás, quienes se hicieron llamar condes de
Egipto Menor.
Muchos de los gitanos que
entraban desde Francia declaraban que iban en peregrinación a Santiago
de Compostela y decían poseer títulos nobiliarios que en un primer momento
les habrían abierto la entrada a España (todos las bandas de gitanos venían
mandadas por un jefe que se hacía llamar conde o duque).
Lo cierto es que más allá
de las fechas o de las razones probables, los músicos errantes en eterno
peregrinaje, se estaban acercando al destino que nos interesa, el sur
de la Península Ibérica. Actualmente en Andalucía el 22 de noviembre se
celebra como "El día de los Gitanos Andaluces", en conmemoración del día
de 1465 en que los gitanos entraron en la provincia.
Pero evidentemente el destino
no estaba bien emparentado con el pueblo rhom ya que poco tiempo después
de su llegada a España cae el reino de Granada, en 1492 (año en que zarpaba
una expedición al mando de un tal Colón que descubriría una India demasiado
al oeste). A partir de ese momento, los monarcas españoles, los Reyes
Católicos, inician una cruenta campaña de expulsión, que se ensaña especialmente
contra los musulmanes, los judíos y los gitanos. Siglos de convivencia
en armonía, entre gentes de muy diversos orígenes y costumbres iniciaban
su caída. Y es que en sus mejores años Andalucía fue un mosaico de rostros
e historias que convivían en un mismo territorio, con sus culturas y costumbres
a cuestas, imbrincándose unas a otras sin perder su identidad. Luego de
las leyes de expulsión, judíos, musulmanes y gitanos debieron resignar
su antigua vida. Los gitanos que elegían quedarse debían aceptar las normas
que imponían los nuevos monarcas: deberían olvidar sus costumbres nómades
y conseguir un trabajo y una residencia fijas, debían dejar de utilizar
su idioma que ya había contagiado con gran variedad de términos el castellano
del sur de España (chaval, por ejemplo) y debieron soportar humillaciones
e injusticias que recién en estos últimos años han empezado a ser admitidas
por el gobierno.
Ya en el siglo XVI muchos
murieron en las minas y la pobreza era crónica entre la minoría más importante
de España. Pragmáticas de 1499 y de 1528 ordenan ya su destierro, y luego
el rey Felipe III promulga ordenanzas que prometen la muerte si en seis
meses no desaparecen del reino. Ya para este momento los gitanos tenían
prohibido usar sus vestidos, sus oficios, sus nombres (Sindel pasa a ser
Miguel; András, Andres) y su idioma. En 1594 la Corte de Castilla propuso
separar a los gitanos de las gitanas "con el fin de obtener la extinción
de la raza". A partir de este momento las leyes que castigan ferozmente
a los gitanos, solo por ser gitanos, se suceden con una frecuencias aterradora
y con penas cada vez más crueles. La historia de destierros forzosos,
marginación, muerte, miseria, terror y maltratos otra vez volvía a ser
moneda corriente para los rommys.
La cuevas de Granada en el
Sacromonte no son sólo un paseo turístico y exótico sino que fueron, y
son, reductos cavados en la piedra viva donde vivieron los gitanos durante
muchos años mientras las ciudades andaluzas florecían, las primitivas
villas miseria de entonces. En esas cuevas, cientos de judíos, musulmanes
y gitanos paganos se refugiaron huyendo de las reconversiones forzosas
de la Iglesia y el gobierno. La música y los ritos de su gente se fueron
acotando a un reducido, temeroso y secreto reducto donde sólo las familias
podían acceder para descargar su miedo, su ira y su pena. Quizás fue en
estas miserables condiciones de vida que las culturas musicales empezaron
a fusionarse hasta que al día de hoy se han convertido en un mismo sentir.
Los gitanos tocaban, bailaban y cantaban en las fiestas de los ricos y
en sus canciones en idiomas ininteligibles para la gran audiencia, comenzaban
a denunciar las penurias de su clase, estaba naciendo el Flamenco.
Los barrios gitanos empezaban
a ser la cuna donde se mecía un arte que llegaría a ser muy grande. A
nivel musical, Andalucía le había ofrecido a los gitanos una región efervescente
de músicas, estilos y culturas que habían florecido en sus tierras trayendo
aires de todo el mundo conocido hasta entonces. También sería esta tierra,
testigo de los martirios del pueblo gitano que serían calcados en las
letras de sus canciones. Los gitanos le devolvieron al folclore andaluz
una de las músicas más inspiradas y bellas de su historia, y Andalucía
la adoptó, no sin recelo en un primer momento, hasta que luego también
los no gitanos, los payos, empezaron a sentir y a crear flamenco, con
pasión y talento. Hoy en día payos y gitanos interpretan, crean y recrean
una música que sobrepasó las fronteras raciales y se hizo portavoz de
todo un pueblo. Se dice que en Andalucía "no se sabe dónde acaba lo gitano
y dónde empieza lo andaluz". Y vale que es cierto.
La versión que acuñó el flamencólogo
Blas Infante en su libro "Orígenes del Flamenco y secreto del Cante Jondo"(me
es afortunado aclarar que el término "flamencología" adoptado para el
estudio científico del flamenco, fue acuñado por un investigador y apasionado
argentino), formula nuevas hipótesis sobre la historia. Según Infante,
cuando los moriscos fueron expulsados de sus hogares, luego de la reconquista
católica de varios de sus reinados, llegaron a Andalucía con la esperanza
de legalizar su situación, para evitar la muerte, y así se encuentran
con un pueblo gitano hospitalario, "hermanos de todos los perseguidos",
quienes los reciben en el ahora su territorio, dando así cuenta de una
unión en la marginalidad. Por otra parte hay algunos autores que casi
descartan la existencia de influencia hebrea en la música gitano-andaluza,
como es el caso de García Matos, en su Anuario Musical del Instituto Español
de Musicología. Todo esto para dejar en claro que respecto al flamenco
hay muy pocos que se ponen de acuerdo.
Pero hay cosas a las que
la verdad se les escapa por los poros. La creación del flamenco siempre
estuvo vinculado a la marginación social, a la pobreza, a su inicial proximidad
a las cárceles, a las cuevas y sus delgadas luces de candil de aceite.
Temerosas rabias, hambre compartida, miedos incorporados a la médula espinal
de una "casta de parias orgullosos". Eso es verdadero.
Alcalá, Utrera y Huelva.
Cádiz y sus barrios de la Viña y el Pópulo. Jerez de la Frontera y las
calles de su Santiago. Sevilla, con Triana y la Macarena. En los lugares
donde se asentaron los gitanos, floreció el arte jondo. Ellos fueron sus
únicos intérpretes y creadores durante casi dos siglos. Eso es verdadero.
Hace poco, leyendo sobre
los músicos gitanos de Rumania, me enteré de que en los pueblos gitanos
de Europa del este, la única riqueza de la gente, la única herencia de
un pueblo sumido en la miseria, son los instrumentos musicales de la familia,
y que en cada puerta se escucha la música en sana competencia con sus
vecinos, ya que el mejor músico del pueblo es la persona más respetada
del lugar. Su único deseo es ser los mejores músicos. Así se vive la música
entre los gitanos. No es de extrañar que una tierra culturalmente fertilizada
con abonos de todas las culturas, como fue Andalucía, en auge luego de
ocho siglos de mezcla cultural arábiga, judía y cristiana, fuese sembrada
y cosechada por los romis.
Desde hace dos siglos el
flamenco es público, es arte de payos y gitanos, es una forma musical
que ha trascendido, se ha reinventado, ha evolucionado, se ha visto influenciado
por otras músicas y también las ha influenciado. Pero no todo han sido
rosas.
|
|
 |
| |

|
|

|
Formato
MP3
566 Kb
|
|
Formato
Real Audio
389 Kb
|
|
|
Fragmento
de "Cuando te conocí", interpretado por Manolo Caracol.
Del álbum Todo el Flamenco.
© 1998 Polygram Ibérica
7314-5658232 0 |
| |
Alumbramiento del "arte
del consuelo y el desconsuelo".
En octubre de 1993 se creó
el Centro Andaluz del Flamenco, en el barrio de Santiago de Jeréz de la
Frontera. Estando en Sevilla, decidí empezar a dedicar algunas horas de
mi día a estudiar el material que con esmero y amor guardan las puertas
del Palacio Pemartín donde funciona este acorazado del flamenco. En tren,
desde Sevilla a Jerez son sólo 40 minutos y desde la estación hasta Santiago,
a pie, serán apenas otros diez (en Buenos Aires, desde mi casa a la Biblioteca
Nacional, tardo bastante más). Estuve allí varias mañanas, viendo, escuchando,
leyendo, asombrándome, acrecentando mi pasión.
-
"En ningún lugar
de Europa contribuyeron los gitanos a la creación de una música tan
llena de complejidades, diversidad, hermosura y fuerza comunicativa
como lo son las músicas y danzas flamencas. El espíritu humano tiene
siempre una deuda contraída con el sufrimiento. La música flamenca
por la que España, y más concretamente Andalucía, es celebrada en
todo el mundo, es la riqueza que resulta de la unión de la antiquísima
tradición musical española con la pena de los gitanos". (Felix Grande)
En primer término entendí
que el flamenco no es una música tradicional ni que pertenece al enorme
tesoro del folclore musical español o andaluz, sino es la reinterpretación
artística de la tradición musical andaluza por el sentir y la forma de
ser gitanos. Es una música popular si, y también universal, que ya no
reconoce fronteras estilísticas, regionales ni de ningún tipo. La complejidad
interpretativa, la dolorosa expresividad que le dieron los gitanos a los
romances populares, moriscos, fronterizos y castellanos que se cantaban
en la época de gestación del flamenco, le dió vida a un estilo que absorbió
a las culturas de la época reinterpretándolas, aprehendiéndolas en un
propio y particular sentir, iluminándolas, dándoles un nuevo baño de frescura.
Esta cualidad por cierto se sigue manteniendo en el flamenco y por ello
se han acuñado términos como "aflamencar" para hablar de esas creaciones
no flamencas que se pueden tocar, cantar o bailar con el aire gitano-andaluz,
con su óptica y su sentir.
|
|

Folleto del Centro Andaluz del Flamenco. |
|
|
Es muy probable que los primeros
palos del flamenco hayan nacido con tan sólo una voz y unas palmas, quizás
también algún zapateo. Todo bajo el impulso de un sentir profundo y desgarrador,
que no necesitaba más que un cuerpo dispuesto para dejarse fluir. Mi autor
favorito, este gran hombre Félix Grande (a quien me remitiré en más de
una oportunidad), definió al flamenco como el arte del consuelo y el desconsuelo,
quizás la definición más sentida y acertada que he escuchado hasta hoy.
Más tarde se incorporó la guitarra, en el siglo XIX, otorgándole al flamenco
una extraordinaria articulación rítmica, generadora de majestuosidad,
júbilo y angustia. Hoy este instrumento es imprescindible para el flamenco,
así como una voz cascada y un repiqueteo incesante como lluvia, de palmas
a tiempo y contratiempo. El baile debe haber surgido paralelamente, en
el mismo instante en que alguien sentía un cante, otro lo hacía baile.
Una de las características
musicales más remarcables del flamenco es la métrica de sus compases,
sus ritmos casi indescifrables para los no flamencos. Los compases pueden
llegar a tener doce cuartas con acentuaciones predeterminadas que forman
una frase rítmica que los intérpretes conocen de antemano, y sobre la
que se pueden ejecutar variaciones casi infinitas (por si caben dudas,
oír Ramón Montoya, Sabicas, Paco de Lucía, Víctor Monje "Serranito", Manolo
Sanlúcar, Tomatito, Rafael Riqueni, por recordar sólo algunos en la injusticia).
En el flamenco se da un romance sin par entre la melodía y el ritmo. Ninguno
de los dos es más en este arte pero si se quiere, con frecuencia la rítmica
gana durante la tensión que generan las dos partes intrínsecas de una
composición musical, y los compases que se modifican al aire de la inspiración
de la guitarra también se transforman bajo el hechizo del cante, y cuando
un músico llega al éxtasis de hacer suya una canción se dice que esta
"pasao de compás", como nombrando delicadamente al artilugio más poderoso
de un flamenco.
El Flamenco absorbió mucho
de la música oriental en sus años de crecimiento. La complejidad y la
variedad rítmica son la causa de los finales flamencos con un carácter
resolutorio que no deja dudas de lo escuchado. Se pueden reconocer ciertos
rasgos de la música y de la expresión danzaria arábigo-oriental, que persistieron
en el folklore andaluz junto a otros de origen judío, de los cuales el
flamenco de los gitanos se habría nutrido. En esto el baile da muestras
acabadas, con un swing (chispa entre nosotros), que muy pocos bailes de
occidente logran crear.
Hace poco leí en un libro
llamado "Jazz, Flamenco, Tango: Las orillas de un ancho río" (por cierto
excelente estudio de similitudes entre estas tres músicas), de José Luis
Salinas Rodríguez, que la cultura musical de un pueblo se concreta como
un lenguaje, "como un sistema de signos de significado colectivamente
codificado", agrega además que "los cuerpos sociales no son entes aislados,
sino que se interrelacionan, y a veces comparten tramos de un misma historia".
Quizás el Flamenco sea el documento vivo de aquella conversación en un
tiempo y un espacio definidos, que mantuvieron las culturas cristiana,
árabe-mora, judía y gitana, en la Baja Andalucía.
Otra característica del flamenco
es la gran inventiva de nuevos "palos" o estilos que se han sucedido continuamente,
dando muestras de enorme crecimiento que se produce inevitablemente en
cada ejecución flamenca. Diferenciados entre sí por sus particulares estructuras,
melodías y temáticas específicas, algunos de estos palos que en próximas
entregas detallaremos más adecuadamente, son los Tangos y Fandangos, las
Soleares (de soledad), las Tonás, Seguirillas, Malagueñas (de Málaga),
Bulerías, Alegrías, Farrucas, Cantiñas. Los Romances, Gilianas y Alboreás
son algunos de los más antiguos. También están el Marinete, la Saeta y
las Carcelarias (que hablan sobre las penas de los gitanos en prisión),
y dentro de las más primitivas formas del cante gitano-andaluz está el
"cantar a palo seco", sin acompañamiento de guitarra, a cappella. Cada
unos de estos palos puede fusionarse con otros dando lugar entre otras
a las "bulerías por soleá" o a la "canción por tientos". También están
los palos que se diferencian por el pueblo que los acuña, dándose los
"jaleos extremeños" (de Extremadura), las "Bulerías de Cádiz", las
"Bulerías de Jerez" (Jerez de la Frontera), y muchísimos más.
Hay por supuesto tantísimos
otros palos que nombrar, como el Garrotín, la Giliana (en pleno trance
de desaparición), las Granaínas, la Levantica, la Caña, la Liviana, la
Serrana, etc.
En interesante comentar una
de las travesuras más apasionantes del gran guitarrista flamenco Sabicas,
cuya historia es digna de leyenda y ya comentaremos en alguna entrega.
Este gran músico, viajero y apasionado del flamenco pero también de todas
las músicas del mundo, creó algo así como un palo (que lamentablemente
solo el se atrevió por aquellos años '30 a explorar) llamado Gallegada,
inspirándose en el folklore de Galicia, en ciertos estereotipos melódicos
que representan a la música gallega en el mundo. Con este, Sabicas, el
Rey de la guitarra flamenca, sin quien hoy el Gran Paco probablemente
no hubiese llegado a tantas innovaciones, quiso mostrar en esta avanzada
(que gracias a Dios, 60 años después el gaitero Núñez retomó) cómo el
flamenco, y sobre todo la guitarra, sabe adaptar y adoptar la música no
andaluza para recrearla en clave flamenca (si no se tiene acceso al original
de Sabicas "Piropo a Galicia" puede escucharse una versión de la mano
de Núñez en el disco "Os Amores Libres").
|
|

Agustín Castellón, Sabicas

Victor Monge, "Serranito"
|
| |

|
|

|
Formato
MP3
815 Kb
|
|
Formato
Real Audio
560 Kb
|
|
|
Fragmento
de "Los llama", interpretado por Antonio Mairena.
Del álbum Todo el Flamenco.
© 1998 Polygram Ibérica
7314-5658232 0 |
| |
Por último, para terminar
este breve recorrido por el interminable mundo de los palos del flamenco,
no podemos olvidar los cantes de "ida y vuelta" que son aquellos
ritmos que llegaron desde la recién descubierta América y que entraron
por los puertos de Cádiz, entre los cuales llegarían las Rumbas, entre
otros palos.
Entre mariposas negras
va una muchacha morena,
junto a una blanca serpiente
de niebla.
Tierra de luz
cielo de tierra.
Va encadenada
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.
Adónde vas, seguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?
Tierra de luz,
cielo de tierra.
(El paso de la Seguiriya,
Federico G. Lorca)
|
|
 |
| |
Un pulso
vital a contratiempo.
Arte: virtud, poder, eficacia
y habilidad para hacer bien una cosa.// Obra humana que expresa simbólicamente,
mediante diferentes materias, un aspecto de la realidad entendida estéticamente.//
Conjunto de obras artísticas de un país o una época.// Cautela, astucia.//
Bellas Artes, pintura, escultura, arquitectura, música y literatura.//
Jondo: Hondo.// Que tiene
profundidad.//
Finalmente podríamos hablar
de la palabra "flamenco" que se ha instituído como el nombre de este arte
musical. Como todo lo que se refiere al flamenco, el misterio envuelve
sus orígenes y varias ideas se postulan para explicarlo. Aquí un breve
detalle de ellas.
Según el Diccionario de la
Real Academia de la Lengua Española el término flamenco "designa el conjunto
de cantes y bailes formado por la fusión de ciertos elementos del orientalismo
musical andaluz dentro de unos peculiares moldes expresivos gitanos."
Hasta allí casi todos de
acuerdo. Pero el uso de la palabra ¿de dónde proviene y qué define?.
Según una versión provendría
de la terminología árabe "felag-mengu" (labrador huido).
Otra versión afirma que habría
sido la esbelta silueta que dibujan los bailaores, por alguna forma comparable
a la zancuda flamenca. Otras razones que se han alegado versan sobre un
posible origen en el cante "ardiente, vívido y flameante". Finalmente
existe otra versión que habla de que habría habido una confusión respecto
a los creadores de este género cuando se los confundió con los inmigrantes
de Flandes, dándoseles por nombre el de flamencos.
Finalmente podemos si tener
en claro que la palabra flamenco empezó a ser utilizada como sinónimo
de gitano-andaluz a partir del siglo XVIII. Y en lo que a mi respecta,
por ahora, eso me basta. En principio me basta porque el flamenco, más
allá de todo, designa una sóla cosa, un arte profundo, puro como los sentimientos
del alma; oscuro como el sufrimiento; fugaz, como la alegría; chispeante
como el fuego; arrullador como el agua. El flamenco es dual, es pasión
y resguardo; risas y llanto; alegría y tristeza; necesidad y aventura.
El flamenco a mi no se me confunde, me inflama el alma con pasión y también
mesura, me arrebata y me contiene. Flamenco para mí es una palma, un decir,
un sentimiento, un rasguido de guitarra, unos pies que zapatean, unas
manos que flamean como aves en vuelo, una de las más hermosas y desgarradoras
músicas que alguna vez se animó a concebir este mundo.
|
|

Paco de Lucía, Tomatito y el desaparecido Camarón de la Isla. Tres nombres
asociados al nuevo flamenco y su lanzamiento definitivo al mundo entero... |
| |

|
|

|
Formato
MP3
573 Kb
|
|
Formato
Real Audio
394 Kb
|
|
|
Fragmento
de "Piropo a Galicia", interpretado por Sabicas.
Del álbum Todo el Flamenco.
© 1998 Polygram Ibérica
7314-5658232 0 |
|
-
Agenda Flamenca.
Félix Grande. Editoriales Andaluzas Unidas.
-
Antología Poética.
Federico García Lorca. Editorial Losada. 1957
-
Jazz, Flamenco, Tango:
las orillas de un ancho río. José Luis Salinas. Editorial Catriel.
1994
 |
Por María
Belén Luaces, aficionada...
|
|
|
<
Bibliografía |
|
|
|
|

En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
|