Herejías, la insurrección en nombre de Dios (parte I).
Herejías de Oriente.

Karina Donángelo presenta algunos de las más influyentes movimientos heréticos dentro de la religión cristiana, principalmente los aparecidos durante la Edad Media y tanto en Oriente como en Occidente, analizándolos en su contexto histórico y estableciendo su relación con la puja por el poder. Esta primera parte se dedica a las herejías de Oriente. Se recomienda la lectura de la Introducción para la adecuada comprensión del artículo.

Por Karina Donángelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nestorianismo

Sobre la frontera turco - persa existen todavía restos de un pueblo reducido a no más de 200.000 habitantes, que descienden de los antiguos pueblos de Asiria. Esta comunidad adoptó la doctrina que le fue enseñada por el clero surgido de la ex-escuela de Edessa: el Nestorianismo.

Iniciada por Nestorio, patriarca de Constantinopla, esta secta herética fue una de las que más fuerza y expansión tuvo durante el siglo V en Oriente. 

Condenado y depuesto Nestorio, y tras recibir la condena del IV Concilio Ecuménico, celebrado en Efeso, en el año 431; los seguidores del antiguo patriarca huyeron a Persia, cuya iglesia estaba ya separada de la Iglesia Romana desde el 424 d.C., hasta que en 481, las doctrinas de Nestorio finalmente son reconocidas. 

Esta secta suponía la división de la unidad de Jesucristo en dos personas, separando en él la naturaleza divina de la humana, y negando al mismo tiempo que el Espíritu Santo procediese del Verbo.

Los nestorianos tampoco admiten que María sea llamada "Madre de Dios" precisamente por la distinción de dos naturalezas. La unión de Cristo con Dios es personal y voluntaria, pero no por la voluntad del hombre mortal, sino por libre condescendencia del Verbo.

En cuanto a la jerarquía eclesiástica, el nestorianismo afirma la igualdad dignataria entre sus patriarcas y la vida y obra de los apóstoles, con lo cual reniegan de la supremacía del obispo de Roma.

Los nestorianos se propagaron hacia el norte de Arabia, la India (donde se los llamaba "Cristianos de Tomás"), las costas de África y por toda el Asia central hasta China, donde según la "Tabla Nestoriana" se fundaron 631 comunidades cristianas. En todo este país, el nestorianismo gozó de una privilegiada situación, aún durante la primera invasión mongólica del siglo XIII.

Ya a principios del siglo V, los cristianos de la Siria Oriental, de Persia, del Asia Central (había iglesias cristianas en Merv, Herat y Samarkanda) y los de la India se habían apartado de la Iglesia de Roma, por motivos similares a los "ortodoxos".

Durante y después de la guerra entre Persia y el Imperio de Constantinopla (Oriente), el cristianismo se extendió en toda la región del Asia central. Fue duramente perseguido, ya que antes de la cristianización de Roma, el monarca persa era considerado como el único dios - rey de la tierra.

 

 

Tabla Nestoriana

Piedra de 7 pies y 9 pulgadas, también conocida como Estela de Si - ngam o Piedra de Si - ngampu, descubierta en 1907 por el explorador dinamarqués Federico Holm, en Si - an (provincia de Chen- si, China). En la parte alta lleva grabada una cruz y debajo de ella una inscripción siríaca que dice: "Monumento Conmemorativo de la introducción de la noble ley de Ta - Tsin en el reino del Centro"; y termina con las siguientes palabras: "Erigida el año 2° del periodo Kien - chung (781) de la Gran Dinastía Tang". Contiene además los nombres de 70 clérigos nestorianos de China.

 

Constantinopla se hizo protectora de los cristianos y Persia de los antiguos adeptos de Zoroastro (en un tratado de 422, un imperio consintió en tolerar el zoroastrismo y el otro el cristianismo).

En 483, los cristianos de Oriente se separaron de la iglesia ortodoxa y así se formó la primitiva iglesia nestoriana.

Desde los días de Ciro en adelante, el zoroastrismo prevaleció sobre los antiguos dioses de Nínive y Babilonia.

Zoroastro -forma griega del iranio " Zarathustra''- , lo mismo que Buda, se cree que fue de origen ario, pero se desconoce en qué tiempo vivió exactamente (hay autores que lo sitúan en el año 1000 a.C, mientras que otros lo hacen contemporáneo de Buda o de Confucio).

 

 

Constantinopla (actualmente Estambul).
 

Sin embargo, las similitudes que existen entre la figura de Zoroastro y la de Jesús son curiosísimas. Así lo testifica el escritor español F. Sánchez Dragó, refiriéndose a Zaratustra (Zoroastro): "... nació tras 15 años de gestación y la naturaleza saludó su navidad con una jubilosa danza de animales, plantas y elementos. El príncipe turanio Karpanturamo Durasrobo desencadenó la consabida degollación de criaturas intentando eliminar al Mesías, que los oráculos anunciaban. Al llegar a su mayoría de edad, y tras enfrentarse a los sacerdotes idólatras, Karpanes y Kavis, el héroe se echó al camino para ayudar a las bestias, dar alimento a los pobres, atizar el fuego y disolver en agua el mirífico jugo de haoma. Pasó luego 7 años de meditación y silencio en el fondo de una caverna y desde allí fue conducido por un arcángel al empíreo de Ahura Mazda, que lo inició en sus misterios. También recibió la visita del Maligno y resistió a sus tentaciones. Así templado volvió al mundo para dedicarse a los milagros y a la exposición de la Doctrina. Zaratustra vivió en las postrimerías del segundo milenio antes de Cristo y narró personalmente estos hechos en los cinco primeros gatha del Zendavesta. Su religión histórica y geográficamente aprisionada entre Jesús y Krishina era tan parecida a las de éstos que terminó por confundirse con ellas".

Por eso, tampoco es casual, que los parsis de la India sean los últimos sobrevivientes de la religión de Zoroastro. Y entre muchas de las costumbres de los "antiguos", todavía dejan a sus muertos encerrados en unas torres abiertas, las "torres del Silencio", a las que se refiere entre otros autores, Fernande de Ossendowski, en su obra "Hombres, Bestias y Dioses".

Desde el tiempo de los sasánidas y las disputas entre el imperio de Constantinopla y Persia surgieron sectas persas que adoptaron las ideas del tiempo antiguo y actual a la vez, como el mitraísmo y el maniqueismo.

El maniqueismo pese a ser muy perseguido por las autoridades oficiales se conservó en Persia oculto tras el cristianismo nestoriano y el zoroastrimo ortodoxo (Mazdaísmo), durante varios siglos, extendiéndose por todo el Turkestán y el Afganistán.

Por todo esto, no faltan críticos que aseveren que el profeta Mahoma se haya visto influenciado por las doctrinas heréticas del nestorianismo. Según el famoso historiador H. G. Wells, "... es posible que Mahoma conociese las iglesias cristianas de Siria y la tradición judaica. Quizás los judíos le convirtieran a la ciencia del único Dios verdadero, es decir, al monoteísmo propio del Islam".

 

 

Zoroastro, según D. Framji Karaka, en "History of the Parsis", Londres (1884).

De sus raíces religiosas judeo - cristianas, y sólo de una parte cristianas, Mahoma, lo mismo que los maniqueos, reconocía que los profetas anteriores a él, especialmente Jesús y Abrahám habían sido maestros divinos, pero que él venía a coronar y completar sus enseñanzas.

De hecho, la influencia árabe era muy fuerte en ciudades como Damasco, donde caballeros árabes de religión cristiana - nestoriana leían y recitaban pasajes de la Biblia. Lo mismo en Medina, cuyo poder fue creciendo, conquistando y sometiendo a la Siria Bizantina y a la ciudad fronteriza de Hira.

Las huestes de Medina ofrecían a los pueblos conquistados la alternativa de pagar tributo o confesarse al Dios verdadero (Alá) y unirse a las tropas o morir. Por lo que prontamente y sin grandes dilemas, los árabes cristianos se unieron a los invasores musulmanes. Sin embargo, como todo bautismo forzoso y sincretismo religioso, las creencias nestorianas han logrado sobrevivir hasta hoy.

Los nestorianos desde hace varios siglos dan a su patriarca el nombre de Mar Chamún; y desde 1450 esta dignidad patriarcal es hereditaria en la misma familia. Pasa del tío a uno de los sobrinos, no por la edad, sino de acuerdo con la elección de la misma familia.

En 1551, una parte de los nestorianos concluyó la unión con la iglesia romana definitivamente, bajo la dirección de un patriarca, primero con sede en Diarbek y después en Mosul.

Entre las condiciones que se le exigen al candidato para el patriarcado está la del celibato; que se haya abstenido durante toda su vida de consumir carne, y que su madre no haya comido en el transcurso de su embarazo y amamantamiento otro elemento que legumbres. Los simples sacerdotes no revestidos de la dignidad episcopal pueden casarse, aún después de la ordenación. La lengua litúrgica conservada por los nestorianos es el siríaco pero, según el Emir Emin Arslan, "su lengua corriente es el caldeo común o el árabe". Los nestorianos actuales, no ascienden a más de 200.000; residen entre Turquía y el Irán con su patriarca. Modernamente y en Europa se ha pretendido restablecer al nestorianismo; los que encabezaron este movimiento fueron A. Günther (1783-1863), con sus discípulos Juan Bautista Baltzer (1803-1871) y Fr. Pedro Knoodt (1811-1889); pero sus doctrinas fueron condenadas en 1857 por la Congregación del Indice y por el Papa Pío IX.

 

   
 

Jacobitas

Los jacobitas pertenecen al grupo de los "monofisitas". El nombre de jacobitas proviene, no como muchos creen, del apóstol San Jacobo, sino de un monje sirio llamado Jacobo Baradai Sanzoli, último obispo de Edessa, en el año 541.

Los jacobitas siguen la doctrina enseñada por Dioscure, según la cual, las dos naturalezas de Jesucristo se unieron para formar una naturalaza personal de dos naturalezas impersonales, sin mezcla ni confusión.

Dioscure expuso su tesis en el Concilio de Calcedonia, en 541, diciendo que el Verbo encarnado era de dos naturalezas; y no, en dos naturalezas.

La lengua litúrgica de esta secta es el siríaco y su idioma usual es el árabe. El Papa León XII trabajó duramente, en pos de la unión de los jacobitas con la Iglesia Católica sin conseguirlo. La secta fue creada en Siria, el mismo lugar de procedencia de los "monofisitas". En 1646, un gran número de monofisitas jacobitas abjuró el cisma y se unió a Roma, creándose para ellos el Patriarcado de Alepo, que reúne a gran parte de los sirios católicos.

Los armenios, monofisitas jacobitas yacen bajo la jurisdicción de un patriarca, que lleva el título de "universal" o católico, y al cual están sometidos los patriarcas armenios de Jerusalén y Constantinopla. Dentro de la secta de los monofisitas están los "monofisitas coptos", que en su mayoría viven en Egipto. Y también los "monofisitas de Abisinia", que profesan doctrines similares a la de los coptos y responden al Patriarcado de Alejandría.

Del monofisismo devino lo que se consideró la última controversia cristológica, en tierras del cercano Oriente, es decir, el "Monotelismo". Se trata de una secta herética del siglo VII, que admitía en Cristo las dos naturalezas (divina y humana) bajo una sola voluntad, esto es: dos naturalezas para una misma persona. Esta herejía oriental surgió del intento del emperador Heraclio para reconciliar a los monofisitas con Roma. El monotelismo, que ya había sido condenado en el Concilio de Letrán en 649; lo fue nuevamente en el de Constantinopla (VI Ecuménico), en 680. Allí se definió explícitamente la dualidad de voluntades en Cristo y las dos operaciones, pero nunca llegó a reconocerse oficialmente por la Iglesia Católica.

El monofisismo y el monotelismo fueron dos vertientes de los jacobitas, no obstante, todas en mayor o menor medida se oponían al poder papal de Roma. Pese a las numerosas y complicadas discusiones que mantuvieron acerca de las naturalezas de Cristo, como así también sobre la Parausía (segunda venida de Jesús), tampoco ellas dejaban de mantener una marcada jerarquía dentro de sus círculos.

Si bien es cierto que muchas de las antiguas herejías recuperaron y mantuvieron un sinnúmero de creencias paganas, sus doctrinas diferían con las de la Iglesia romana, en función de la interpretación que le daban a las Escrituras.

Recordemos que en aquella época, la Iglesia católica fue participe de la quema de Biblias. Además, esta poderosa institución eclesiástica se opuso férreamente a que se hicieran traducciones de este libro en cualquier otro idioma que no fuese el latín. El estudio de las Sagradas Escrituras sólo estaba reservado a los padres de la Iglesia. Cualquiera que desobedeciera esta orden era considerado hereje, y en consecuencia, quemado en la hoguera.

Pero volviendo a los jacobitas, podemos ver cómo se confirma la tesis de muchos estudiosos medievalistas, ya que los miembros de esta secta, pese a considerarse "cristianos", no dejaban por ello de mantener ritos y creencias paganas. 

Uno de los símbolos ocultos de los jacobitas fue el azabache. Acostumbraban utilizar este material como talismán y también para la construcción de mezquitas e iglesias. Antiguamente, se creía que el azabache espantaba a los reptiles sin patas y poseía atributos adivinatorios. No sólo los jacobitas le tenían un alto aprecio y lo llevaban prendido de colgantes, pulseras o como adorno en las prendas de vestir. Ya en el Egipto primitivo se lo veneraba junto a los fenicios, caldeos y asirio-babilónicos.

Otro símbolo muy estimado por los jacobitas en sus ceremonias religiosas fue la concha de mar. El carácter de estos objetos dista mucho de lo que comúnmente se considera "católico" para la mayoría de los feligreses cristianos... Pues, el azabache era el elemento utilizado por los jacobitas para construir las "higas" o talismanes eróticos, en forma de puño (sexo de mujer) con un dedo erecto (sexo masculino). En tanto que a la concha, también se le daba un sentido mágico y sexual; simulaba una mano extendida, con los dedos abiertos, como emblema del amor carnal.

 

 
 

Melquitas

Así se ha denominado a los cristianos yemenitas de Siria y Egipto. Aunque su rito es griego, la lengua que practican es el árabe. La palabra "melquita" deriva de la expresión semítica y árabe "Melek" que quiere decir "rey".

Cuando el emperador Marciano, en el ano 451 hizo promulgar el Concilio de Calcedonia -que acababa de pronunciarse contra Eutyches y Dioscure-, los cristianos de la Iglesia de Oriente se dividieron en dos partidos: los que rehusaron someterse al decreto, que se llamaron "mardites", es decir, rebeldes; y los que aceptaron: melquitas, que quiere decir imperialistas. 

Durante la época en que Siria y Egipto cayeron bajo la dominación árabe, a este grupo de imperialistas se los siguió denominando "melquitas".

La Iglesia había conservado el rito griego, pero los feligreses aprendieron la lengua árabe e incluso la introdujeron en la liturgia. Después de Photius, Los patriarcas melquitas de Antioquia, que se regían por el patriarca de Constantinopla, se separaron de la Iglesia romana.

Se intentó una reconciliación durante la época de Las Cruzadas. En el año 1.500, el papa Sixto V envió a Oriente al obispo Sidón, con la doble misión de realizar la unión y hacer aceptar a los melquitas el calendario gregoriano, pero sus esfuerzos fueron en vano. Por fin, el primer "palium" acordado a un patriarca melquita fue el enviado par el papa Benedicto XIV, el 29 de febrero de 1744.

Hubo también serias discusiones, a propósito de los trajes y el peinado. Los griegos ortodoxos no querían que los sacerdotes melquitas llevaran el mismo bonete y el mismo traje que los sacerdotes ortodoxos. Esta curiosa reyerta ocupó la atención de estos grupos religiosos, durante muchos años. Y a este dilema se sumaba también, la cuestión del calendario gregoriano.

Las últimas discusiones entre escritores e historiadores de Oriente consiste en saber si los griegos melquitas son de origen griego o sirio. Es difícil resolver este problema, porque los habitantes de Siria y Palestina, antes de la irrupción de Alejandro el Grande pertenecían a la raza siria y hablaban una lengua semítica. La conquista de Alejandro permitió la formación de una nueva cultura en Occidente: el helenismo. Con el tiempo, la influencia del helenismo se expandió par todas las colonias griegas de Oriente. Incluso el idioma griego fue muy utilizado por los mercaderes de toda esa región; lo que motivó su amplia difusión. Con la conquista romana, el helenismo persistió y se acentuó, sobretodo bajo el mandato de los emperadores bizantinos, hasta la conquista de los árabes, en el siglo VII.

Por todo esto, se comprende que la Iglesia romana "no haya tenido más remedio" que aceptar los ritos griegos dentro del cristianismo. Tampoco hemos de olvidar, que el elemento griego, dentro del cristianismo deriva de Platón. Pues, fue la filosofía clásica griega, especialmente la concepción platónica de lo absoluto (la Deidad Eterna), la que preparó al mundo para recibir una religión universal.

 

 
 

 

 

 

Maronitas

El origen de los maronitas ha sido muy discutido por los historiadores. Muchos textos antiguos dicen que desde el siglo VII al X, los maronitas profesaron el monoteísmo. Admitían dos naturalezas de Jesús y una sola voluntad. Su doctrina fue condenada por el VI Concilio Ecuménico de Constantinopla en los años 680 a 681.

Uno de los textos sobre el que se basó dicha condena es un pasaje de los anales de Eutichius, patriarca de Alejandría del siglo X, que dice: "En tiempos del emperador Mauricio vivía un monje llamado Marón, que atribuía a Jesús dos naturalezas, una voluntad, una obra y una persona y corrompía así, la fe de los hombres. La mayoría de los que abrazaron sus doctrinas y fueron más tarde sus discípulos eran originarios de las antiguas ciudades de Hamas y Kanesrin, y se los llamó maronitas, por el nombre de su fundador..."

Otro texto perteneciente a Guillermo de Tir, el célebre historiador de los Cruzados, dice: "Después de haber profesado durante quinientos años el error de un heresiarca, llamado Marón; los habitantes de una región de la Siria, que rodea la montaña del Líbano, cerca de la ciudad de Biblos acudieron por inspiración divina al patriarca de Antioquia; abjuraron de su error volvieron al seno de la Iglesia católica".

Algunos historiadores maronitas refutan esta última opinión. Monseñor José Debs, un ex- arzobispo de Beirut publicó numerosos escritos en árabe, donde contradice esta acusación. Algunos de los más tenaces críticos de Monseñor Debs fueron los Augustinos de la Asunción.

Se cree que a principios del siglo V vivía al norte de Siria, un santo monje llamado Marón. Después de su muerte, los discípulos del piadoso ermitaño construyeron en la orilla izquierda del Oronte, el monasterio de San Marón. Pero además, y según una vieja tradición habría existido un segundo hombre llamado Juan Marón; también considerado santo por los maronitas, que llegó a ser patriarca de Antioquia, y por consiguiente se cree que fue el primer patriarca maronita.

Los sacerdotes maronitas pronuncian la misa en siríaco, sin embargo, tanto el evangelio como las epístolas son leídas en árabe. Utilizan los mismos ornamentos que los latinos; han suprimido la comunión y adoptado el calendario gregoriano. Su sede permite que hombres casados se ordenen como sacerdotes seculares, aunque los que optan por esta decisión no pueden llegar a ser obispos. Recién en el año 1753, el Papa Benedictino XIV confirmó este culto.

De acuerdo con la opinión de algunos historiadores y teólogos, los maronitas podrían haber sido los sucesores de los monotelitas, quienes buscaron refugio en el Convento de San Marón.

 

 

Poblado libanés a las afueras de Beirut.

Hacia el año 1860, los maronitas sufrieron grandes persecuciones por parte de los drusos, antiguos habitantes de la región occidental del Líbano. El origen de los drusos es dudoso, y está plagado de fábulas y leyendas. Se cree que fueron descendientes de una secta musulmana, fundada por el califa de Egipto Hakim Biamrillah (996-1020). Poseen cuatro libros sagrados, los cuales, aún en la actualidad son leídos y comentados en asambleas secretas.

Según los drusos, Dios es uno, y se ha encarnado en diferentes ocasiones, pero siempre está asistido por cinco espíritus que también se manifiestan a los hombres. Su odio y las feroces matanzas a los cristianos, incluso a los maronitas, durante los años 1860 y 1861 obligaron a Francia a intervenir en tan cruento conflicto. Ya con la intervención extranjera, los drusos se vieron obligados a emigrar al Huarán, según los relatos del Emir Emin Arslám.

Esto pueblo, guerrero y rebelde, se opuso tenazmente a la influencia y dominación turca y francesa. Aún hoy ya dentro de los límites políticos y geográficos de la ciudad de Damasco, los drusos continúan reivindicando sus ideas independentistas; lo que ha motivado sucesivos levantamientos armados, frente a las autoridades de Siria.

Por Karina Donángelo.
   

 

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