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LETRA.
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Letra:
esqueleto de mi grito,
pongo mi corazón sobre tu muerte,
pongo mis más secretas cualidades de pétalo,
pongo
la novia que he guardado entre el aire y mi cuerpo,
,y enfermedad de ángel con cuchillo,
mi caballero ausente cuando muerdo manzanas,
y el niño que hay en mí, el niño
que sale en cierto día, el día
en que la mano casi no trabaja,
el día en que sencillos
mis pies pisan los duendes que están en el rocío
haciendo el oro joven del domingo.
Todo lo pongo en tí,
y tu siempre lo mismo:
estatua de mis vientos,
ataúd de presencias invisibles,
letra inútil.
Todo,
todo lo pongo en tí, sobre tu muerte.
La letra no me entiende.
Sin embargo...
El viernes 14 de mayo de
1999 falleció en su República Dominicana natal, el escritor Manuel del
Cabral. Don Manuel, nacido en Santo Domingo en 1907, es junto con Neruda,
Vallejo, Huidobro, Guillén y otros tan renombrados uno de los cimientos
en que se sostiene la más alta poesía Iberoamericana de nuestro tiempo.
Con más de setenta libros editados, la mayoría publicados en Buenos Aires,
fue un defensor incansable de los derechos de los desheredados y jamás
dejó de reflejar en su obra sus preocupaciones políticas y sociales. Manuel
del Cabral atravesó las fronteras de su país con su estilo poético sumamente
descriptivo, tanto de su Caribe natal como de los matices de una América
misma. Bien llamado "poeta mayor", ha sido reconocido internacionalmente,
en especial por su poesía negra, que juntamente con Nicolás Guillén fueron
los primeros en poder expresarla. Junto a Rubén Darío y Pablo Neruda es
uno de los grandes cultores de la poesía erótica y también fue maestro
en el género del cuento y la novela. A pocos meses de su muerte, en
Sitio al Margen nos proponemos recordarlo.
Lo que hoy conocemos como
las Antillas fue el mágico paraíso a donde llegaron los españoles buscando
una ruta hacia la India. Pero la historia no comenzó con el llamado 'descubrimiento'.
República Dominicana, Puerto Rico, Haití, Cuba, eran antes de la llegada
de los conquistadores cuna del esplendor de la cultura taína, indígenas
diezmados en la conquista. Esta cultura, con su lengua rica en voces y
en imágenes luego pasó a ser una de las tantas raíces en las cuales crecieron
los habitantes de estas islas y su cultura actual, entretejida con aportaciones
que llegaron en barco desde África y Europa. Es precisamente en lo que
hoy llamamos Dominicana, donde Cristóbal Colón arribó en ese histórico
12 de octubre de hace ya 507 años, un día que para bien o para mal cambió
el rumbo de la historia de nuestro continente. Lo que hoy conocemos como
Santo Domingo, capital de Dominicana, fue bautizada por aquellos días
como "La Hispañola", un lugar donde se implantó la civilización
cristiana por primera vez en América y donde se efectuaron los primeros
intercambios culturales de carácter permanente entre indígenas, españoles
y esclavos africanos, dando inicio a un proceso de mestizaje del que es
hijo todo el territorio antillano. Ese encuentro de razas y culturas fue
el origen de una identidad en la que se inscribió el escritor Manuel del
Cabral.
Esta república, como todas
sus hermanas iberoamericanas, luego de su independencia del reino de España
sufrió los avatares de pertenecer al hoy llamado tercer mundo sobre el
cual se ciernen las potencias del norte. También sufrió dictaduras, revoluciones
y ha acumulado una increíble deuda externa, casi como escalón obligado
en la historia de los pueblos de este continente.
Muy cercana a la frontera
con Haití, la ciudad de Santiago de los Caballeros, probablemente fuese
hace 93 años un pueblo apenas echando cimientos de lo que es hoy la segunda
ciudad en importancia de Dominicana. Un pueblo que en el corazón de un
retazo de tierra escondida en entre el inmenso Océano Atlántico y el Mar
del Caribe, daba a luz a Manuel del Cabral, uno de los más notables poetas
de nuestra América. Un pueblo al que estaban llegando nuevos inmigrantes
europeos y en el que la raza negra era una de las influencias culturales
más fuertes que había dejado la conquista.
El 7 de marzo de 1907 nacía
Don Manuel, mientras su país caía en manos norteamericanas que lo habían
llevado primero a la banca rota y que ahora se preparaban para ocupar
Dominicana, lo que se llevó a cabo en el periodo entre 1916 y 1924. La
prosperidad emigró rápidamente de la isla, a pesar de sus recursos naturales,
y con ella, muchas posibilidades culturales. Por aquella época, el Manuel
adolescente, rebelde ante el mandato familiar de ser abogado emigra a
New York, cuna cultural de esos años, donde trabaja como lavacopas y limpiavidrios.
Cabral padre, finalmente lo convence de trabajar en el servicio exterior
donde comienzan sus viajes a otras culturas y a otros mundos donde comienza
a escribir.
Lo que sigue en la historia
de Manuel es un viaje a Argentina que marcaría un hito en su vida personal
y en su prosa. Aquí se casa con la madre de sus cuatro hijos, vive durante
más de diez años y publica algunos de sus libros más emblemáticos: "Compadre
Mon" y "Chinchina busca el tiempo", entre otros. También
adopta este país como propio y gana importantes amistades en el mundo
de las letras y de la cultura en general. Antes de volver a Dominicana
en 1944 varios amigos le organizan una despedida, estos amigos eran Quinquela
Martín, Nicolás Avellaneda, Luis Cané, Arturo Capdevila y Oliverio Girondo
entre muchos otros.
En los siguientes años como
diplomático, recorrería diversos destinos entre ellos Colombia, Perú y
España donde durante cuatro años de estancia elabora una amplia obra pictórica
que lo acerca aun más a sus raíces mestizas y a su Dominicana natal.
En su obra literaria Manuel
no dejaba de denunciar las injusticias de los poderosos contra el pueblo
y hace también incapié en la defensa de la negritud en América. Fuerte
e idealista, mantendría sus convicciones políticas siempre unidas a su
carrera artística.
Sus años en España lo convirtieron
en una de las presencias más consistentes en las letras hispanoamericanas
en ese país. Luego Brasil, nuevamente Dominicana y durante la revolución
del '55 en su país, vuelve a la Argentina. En esa época el gobierno del
dictador Trujillo hizo que Del Cabral pidiera asilo político en Argentina
durante otros 17 años en los que Don Manuel ganó amistades y un amor incondicional
por esta tierra que siempre consideró como su segunda patria. Sus más
allegados han dicho que de Manuel se puede decir que es dominicano, argentino
y continental.
Su obra, que abarca varias
décadas, es vasta y exquisita. Se desenvuelve en varios géneros de la
poesía, desde la amorosa hasta la épica, pasando por la negroide y metafísica.
Encarnó algunos de los más bellos poemas afrosantillanos con "Doce
Poemas Negros"(1935), "Compadre Mon" (1940) y "Trópico
Negro" (1943). En 1998 fueron editados por la Biblioteca Nacional
dos antologías con sus escritos: "Antología poética" y "Antología
de cuentos".
Fue junto a Pablo Neruda
precursor de la poesía erótica y junto a Nicolás Guillén y Luis Pales
Matos, de la poesía negra. Igualmente se desempeño con maestría en sus
facetas lírica, epopéyica, existencial y metafísica. Pero Del Cabral no
sólo fue poeta mayor, también escribió varios libros de prosa, novelas
y hasta obras teatrales. De uno de sus más conocidos y admirados libros
de cuentos, "Chinchina busca el tiempo" (que se utiliza en varias
escuelas primarias de nuestro país como libro de estudio), la Sra. Gabriela
Mistral declaró en París, luego de recibir el Premio Nobel, que "Chinchina
busca el tiempo" es superior a "Platero y Yo" de Juan Ramón
Jimenez y que es uno de los libros más significativos de las letras castellanas.
También el escritor Ernesto
Sábato sería uno de sus más grandes admiradores y en una carta le escribió:
"Tu sabes bien Manuel, cuanto admiro tu obra, que considero lo más
grande que se ha hecho en nuestra lengua..."
Manuel del Cabral falleció
a los 92 años de edad en Santo Domingo y dejó un legado de obras magistrales
entre las que se encuentran "Sangre Mayor", "Trópico Negro",
"De este lado del mar", "Los Huéspedes secretos",
"Sexo y alma" y muchos más. En 1992 recibió el Premio Nacional
de Literatura y en 1997 fue propuesto para el premio Cervantes que se
otorga en España. Ha sido un incansable defensor de los derechos humanos
en toda América. En Argentina muchos lo recuerdan como un gran hombre,
un gran escritor y un gran amigo. Sus más de setenta libros son conocidos
en todo el continente y fuera de él.
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Manuel del Cabral.
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LOS HOMBRES NO SABEN MORIRSE.
(*)
Los hombres no saben morirse...
Unos mueren no queriendo la muerte;
otros
la encuentran en un beso, pero sin estatura...
otros
saben que cuando cantan no le verán la cara.
Los hombres no se mueren completos, no
saben irse enteros...
Unos reparten en el viaje sus retazos de muerte;
otros
dejan el odio para cuando vuelvan...
Otros se van tocando el cuerpo
para saber si salen de la trampa...
Los hombres no saben morirse...
Unos van dejando su yo sin comprenderlo;
van dejando basura para esciba esotérica;
otros
se vuelven hacia adentro ante el vacío...
Pero todos,
con el cadáver de su tiempo al hombro,
todos,
todos son el Uno,
el Uno
que sólo por amor vuelve a la tierra.
Quizás en estos versos Don Manuel haya descubierto
una forma de irse de este mundo, quizás dejando un poco de él para nosotros,
quizás volviendo en cada palabra. Nosotros en este breve resumen de su
historia y de su obra deseamos rendirle un humilde homenaje y un emotivo
recuerdo.
Quienes deseen más información
puede comunicarse con la Fundación Manuel del Cabral en dominicana: C/A
Edificio Manzana II, Apt. 204 Proyecto, José Contreras, Sto. Domingo,
Rep. Dominicana. O con la Manuel del Cabral Asociación para la Cultura
en Argentina: Av. Belgrano 258, 1 piso, (1092), tel.: 4331-3619/3829 o
4343-1382, Cap.Fed., Argentina.

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