Panteísmo celta y cristianismo.
A la sombra de los monasterios gallegos.

El cristianismo y el panteísmo celta, una magnífica y muy especial simbiosis que se dio en la mágica región de Galicia, en el abrupto norte hispano.

Por Eduardo Rodríguez Leirado.

 
 

 

Podría decirse que era una noche perfecta para la muerte. El frío de la montaña cortaba la piel del anciano que, marcado por los años de trabajo servil e inhumano, no dudó a la hora de enfrentar la nieve y la ventisca por el impulso que solo ofrece la fe. Es que en las cumbres del Cebreiro, que separan los Reinos de Galicia y León, los inviernos ofrecen características de inusitada crudeza y el esfuerzo de asistir a la misa, solo se explica a través de una razón religiosa. Nada nuevo para un alma tan espiritual y panteísta como la gallega. Al fin, cuando llegó a la iglesia y entra, se encuentra con una pasmosa soledad no carente de dignidad y belleza, sensación que solo puede darse en un espacio románico. En el altar y de espaldas a la feligresía ausente, como se acostumbraba antes del Concilio Vaticano II, un sacerdote estaba en plena consagración de la hostia y el vino cuando el anciano, temblando de frío, se acercó para participar del ritual de fe. Tamaña sorpresa fue la del clérigo que, digno de un incrédulo, se mofó de su sacrificio para asistir solo a una celebración religiosa con semejante tormenta. En ese preciso momento, un rayo partió en dos al desgraciado cura y convirtió en sangre el vino y en carne la hostia.

Historias como estas abundan en la memoria del pueblo gallego en donde la fe cristiana se integró al panteísmo de los pueblos celtas de manera perfecta. Los espíritus viven y recorren toda la campiña gallega a tal punto, no recuerdo quien había dicho, que existen miles de "meigas o bruxas" (brujas) por metro cuadrado de tierra. En cada árbol, piedra, "corredoira", castillo o "castro", hay un alma, un espíritu, una virgen, un santo.

El ejemplo del santuario de Nuestra Señora del Cristal en la villa de Vilanova dos Infantes, de la provincia de Orense, puede servir para comprender esta creencia. La iglesia guarda entre sus reliquias una piedra cristalizada caída del cielo en una tormenta de granizo y lo sorprendente es que, en su interior, se puede observar la perfecta figura de una virgen. A tal punto es la influencia de estos elementos para la devoción, que el propio escritor gallego Manuel Curros Enríquez, anticlerical hasta el tuétano, escribió unas de las poesías gallegas más bellas en esa lengua y de carácter religioso: A Virxe do Cristal (La Virgen de Cristal). En ella, Curros recoge cantares y romanzas populares que, entre otros, decían:

 

 

Perfil del alma y sentir romántico del pueblo gallego.
Rapazas de Vilanova

ben vos podedes grabar;

que non hai Virxe no mundo

como a Virxe do Cristal...

 

  Muchachas de Vilanova
Bien se pueden alardear;
Que no hay Virgen en el mundo
Como la Virgen de Cristal ...

Sin embargo no todas las tradiciones tienen que ver con los santos, las vírgenes y los espíritus. La conformación de la idiosincrasia de este pueblo campesino y marinero es alimentada por la tradición de sus guerras intestinas, las disputas palaciegas y la falta de unidad entre la misma nobleza, que dan origen a historias absolutamente increíbles para una mente desaprensiva.

El caso de la catedral de Mondoñedo, al norte de la provincia de Lugo, esconde bajo alguna de sus piedras el cuerpo del "Mariscal" Pedro Pardo de Cela, noble gallego que representó el símbolo de un pueblo y su monarquía despojados de todo derecho por parte de las cortes de León y luego de Castilla. Recuerda la leyenda que, al ser derrotado producto de deserciones y traiciones de sus camaradas, don Pedro y su hijo sufren la condena de degollación y al caer la cabeza del primero por el patíbulo, con un último aliento de vida, llegó a proferir tres veces la palabra "credo". Esta historia alimentó la imaginería popular, recordándose hasta hace algunos años un cantar que decía:

 

   
  Por trayzón tamén vendido

Xesús nosso Redentor;

E por aqueste treidores

Pedro Pardo, meu señor.

 

  Por traición también vendido
Jesús nuestro Redentor;
Y por estos traidores
Pedro Pardo, mi señor.

 

No menos famosa fue la leyenda de uno de sus obispos, San Gonzalo, el cual fue producto de devoción en el norte de la provincia de Lugo. Se le atribuye el milagro de haber hundido las flotas normandas y sarracenas que, por esos siglos, asolaban las costas de la península. Grande fue la sorpresa cuando el obispo Arévalo, en el siglo XVII, tuvo que desistir de su idea de suprimir la devoción por el santo cuando, en la iglesia de San Martín de Mondoñedo, apareció el cuerpo del santo obispo incorrupto... Y no menos sangrienta es la leyenda que encierra la iglesia de San Vicente del Pino, en Monforte de Lemos, también de la provincia de Lugo, de la cual se difundió en el siglo pasado una historia que sirvió de tema para una novela del escritor Amor Meilán y una poesía de Galo Salinas, "A Mitra do Ferro Ardente". Cuenta sobre un abad sacrificado por un conde quien mandó poner sobre su cabeza una mitra de hierro, pero en estado incandescente. Se afirma que la urna funeraria fue abierta hace unos cuantos años y se encontró un cráneo con huellas de un círculo de fuego a su alrededor...

Es importante destacar como marcó una presencia trascendente en la vida del pueblo gallego los cientos de monasterios y abadías, tanto las que se encontraban a lo largo del Camino de Santiago como los dispersos por el reino. Las costumbres, las artes, la economía, la música tienen en Galicia la impronta de la era románica y gótica, tiempos en que el poderío de la Iglesia sirvió para contener a parte de la nobleza enfrentada por el poder terrenal. La "paz de Dios" era así garantizada al vulgo y estos actuaban en situación de vasallaje respecto del clero.

Historias menos sangrientas que las descriptas poseen otros monasterios como el de San Salvador de Lourenzá, fundado por un tal conde Osorio, "de muy ilustre familia", que llegó a ser célebre por las contiendas que generaba un torneo en que los monjes liberaban un pájaro en ciertas festividades y su caza generaba tropelías de todo tipo. Muy diferente es la tradición cultural del monasterio benedictino de Samos, en donde el padre Feijoó pergenió la magnífica y enciclopédica obra "Teatro Crítico del Mundo". Hoy día es refugio de estudiantes e investigadores en busca de paz. El monasterio de Osera, uno de los más brillantes por sus riquezas, llegó a llamársele "El Escorial de Galicia". Santa María de Sobrado de los Monjes, en la provincia de Lugo, llegó a ser uno de los de mayor poderío del reino.

Sin embargo, todos ellos sufrieron el embate de las luchas entre revolucionarios y monárquicos durante el siglo pasado. En sus claustros se refugiaron huestes carlistas (que pretendían el retorno a los antiguos fueros medievales), por lo que llevó, en el año 1835, a tomar medidas de supresión, por parte del gobierno liberal, de las prebendas y derechos adquiridos cientos de años antes. Aquellos imponentes y magníficos edificios como los monasterios de Osera, Sobrado de los Monjes, Samos, etcétera, fueron afectados por la desamortización, llegando algunos de ellos a convertirse en graneros y depósito de ganado. Justamente, todo ello significó un duro golpe para la economía rural gallega, acostumbrada a la norma religiosa de los monjes. Junto con la desaparición de esos monasterios, se hundían para siempre la antigua aristocracia de sangre real para dar paso a otra, de carácter burgués y liberal. Probablemente, Ramón del Valle Inclán fue quien mejor comprendió lo que significaba ese cambio y lo reflejó en muchas de sus obras. Carlista (o sea, tradicionalista, como lo era), sintió que Galicia no luchaba ya en masa por esos ideales: uno de sus esperpénticos personajes, un viejo guerrero del carlismo, terminaba entregando los fondos y las armas de los gallegos a los pares navarros, mas comprometidos con la causa.

Personajes como Curros Enríquez, Valle Inclán y la incomparable Rosalía de Castro, cada uno de ellos desde sus posiciones, el primero anticlerical, el segundo tradicionalista y la tercera, con un espíritu que demostraba el renacimiento del romanticismo gallego, contaron el desenlace de la agonía de estos centros de piedad y cultura. En Curros leemos una de sus poesías, llamada "La Iglesia Fría", la descripción de esta caída y abandono de los monasterios y abadías:

 

 

Monasterio de
Ferreira de Pallarés,
Provincia de Lugo.

  Por cima dos agros,

do monte no medio,

levántase aínda,

hidrópico e negro,

cal xigante hipopótamo morto,

de vermes cuberto

rodeado de tréboas e gramas,

o lombo deforme do vello mosteiro.

 

  Por encima de los sembradios,
en el medio del monte,
se levanta aún,
hidrópico y negro,
cual gigante hipopótamo muerto,
de gusano cubierto
rodeado de tréboles y enredaderas,
el lomo deforme del viejo monasterio.

Todos estos elementos hacen que, sumados a una geografía de fuertes contrastes y colores, conformen el carácter tan particular del pueblo gallego. A tal punto es así que, en 1934, un personaje de mínima relación personal con dicho pueblo, como lo era el periodista y escritor argentino Roberto Arlt, en una corresponsalía que le encomendó el diario El Mundo de Buenos Aires, define en forma magistral el espíritu e idiosincrasia de esta región, escribiendo una serie de notas que se terminan compilando en sus Aguafuertes Españolas. El paisaje, su música llena de nostalgia, hacen que solamente la gaita pudiese ser el instrumento emblemático de Galicia; un instrumento que se deja oír apretándolo contra el corazón...

Absolutamente injusto fue don Miguel de Unamuno cuando, al hacer mención del pueblo gallego diría que, "ese pueblo está permanentemente llorando, con gaita o sin ella". Vivir Galicia y su pueblo permite comprender y sentir la poesía de Rosalía de Castro:

 

 

Monasterio de Samos
Provincia de Lugo
  Sin ela vivir non podo

Non podo vivir contenta,

Qu´ adonde queira que vaya

Cróbeme unha sombra espesa...

 

  Sin ella vivir no puedo
No puedo vivir contenta
Que adonde quiera que vaya
Cúbreme una sombra espesa ...

"Negra Sombra" por Carlos Nuñez...
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A la memoria de mi amigo, Braulio Díaz Sal

 

   
  • Guía de Galicia. Ramón Otero Pedrayo.
  • Historia de los Reinos Peninsulares. Claudio Sanchez Albornoz.
  • Geografía del Reino de Galicia, la provincia de Lugo. Manuel Amor Meilán.

 

  < Fuentes

 

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