Historias patagónicas. Parte I.
Los patagónicos originales, según cómo se los mire.

Considerada una de las regiones más ricas en recursos naturales la Patagonia constituye una particular geografía que abarca principalmente el sur de Argentina y que también es reconocida por la extraordinaria belleza de sus paisajes. El fotógrafo, periodista y escritor Alejandro Aguado, quien vive en la Patagonia, presenta el inicio de una serie de breves artículos destinados a revelar la parte más ignorada, pero sin duda la más interesante, de este particular territorio: sus habitantes y su historia. 

Por Alejandro Aguado, desde la Patagonia.
(Fotografías: Alejandro Aguado)

Abril de 2001

 
 

A fines del año 2000, Blair y su esposa dejaron atrás España para visitar a sus parientes en Argentina y conocer Patagonia. Ni bien llegaron a Comodoro Rivadavia, comenzó a azotar una tormenta de viento que dejaría de soplar recién tres meses más tarde. A la semana, Blas, mi tío, preocupado por el forzado encierro de sus parientes, me pidió que oficiara de guía turístico para que Blair y su mujer pudieran visitar el bosque petrificado ubicado en la ciudad de Sarmiento, a 144 kilómetros de Comodoro Rivadavia. Entonces tuve la oportunidad de conocer a Blair. Delgado, alto, de sesenta años de edad, reservado, de pocas palabras pero precisas, cordial, agudo observador y propenso a descomponerse durante largos viajes en automóvil y avión. Durante el viaje se aburrieron en la desolación de las mesetas, y se sorprendieron de lo separadas que se encontraban las poblaciones patagónicas. Permanecimos menos de media hora en el bosque petrificado porque ese día el viento soplaba con fuerza descomunal. A cada paso amenazaba con levantarnos en el aire y arrojarnos a varios metros de distancia. Camino a la ciudad de Sarmiento, ya de regreso, se interesó por el destino de los indígenas que alguna vez poblaron la zona. Para saciar su curiosidad visitamos el museo de la ciudad. Luego lo interioricé acerca de la historia y las costumbres de los tehuelches. 

 

 

El tehuelche Andrés Cuyapel y Rubén Cunningham, poblador de Lago Blanco, descendiente de colono norteamericano.
 

Dos semanas más tarde, en la estancia de Blas, ya un tanto familiarizado con el viento, siguió demostrando interés por los antiguos pobladores de Patagonia. Percibía injusta la situación de marginalidad a la que los había sometido el blanco. Según sus palabras, le resultaba incomprensible que siendo ellos los verdaderos dueños de la tierra nadie se los reconociera. Cuanto más le contábamos acerca de cómo se los combatió, marginó, despojó de las tierras que el gobierno argentino les asignó y, en muchos casos, se los exterminó, más se indignaba. Ante cada respuesta nuestra guardaba silencio, pensativo, y luego nos bombardeaba con preguntas precisas e incisivas. Se entusiasmó cuando le conté mi experiencia con los tehuelches de la reservación del Chalía, en el suroeste de Chubut, a los que visité por un capítulo de un libro en el que estaba trabajando. Luego le acerqué el borrador del texto, lo leyó con detenimiento y al finalizar me solicitó que se lo enviara una vez que estuviera impreso. También me interrogó acerca del por qué no le dedicaba un libro completo a los tehuelches. Primero, le expliqué que ya existían muchos libros realizados por eruditos en el tema indígena; pero se terminó de sorprender cuando le argumenté que en la Patagonia el tema le interesaba a muy pocas personas. En realidad, la sociedad actual los percibe como seres derrotados, extintos en otros tiempos muy lejanos; a fuerza de balas, enfermedades y sus propias debilidades. Los prejuicios que nacieron tras el contacto con el blanco, siguen vigentes a fuerza de ignorancia: el indio borracho, ladrón, vago. Las imágenes que los rescatan del pasado tampoco los favorecen. Las fotos, que en su mayor parte fueron captadas cuando su cultura se extinguía, sometida por la del blanco que necesitaba domar a la naturaleza y a quienes vivían en ella para explotar sus riquezas, los presentan sumidos en la pobreza, o como atracciones exóticas. Son numerosas las fotos en que elegantes señores de traje posan sonrientes junto a algún tehuelche vestido con primitivas pieles de guanaco, como si lo hicieran ante algún espécimen raro de la naturaleza. Lo que sigue es más conocido: el indio reducido a peón de campo, aislado en la miseria de las reservaciones o marginado en los cordones de barrios pobres de las ciudades. Muchos de los rostros que hoy se observan en las ciudades patagónicas delatan sus raíces indígenas, aunque ellos mismos no lo sepan. Entonces se concluye en que la dominación también se extendió al despojo de su identidad. Los jóvenes tehuelches, para poder sobrevivir y no ser marginados en la sociedad de las urbes, ocultaron o renegaron de sus raíces, olvidando voluntariamente un pasado que les resulta vergonzoso, o poco conveniente. Por ese motivo el habla de su idioma se perdió sin remedio. Por la labor de algunos pocos antropólogos perduran escritos de su idioma, mitos, costumbres y la historia más reciente. Lo paradójico, es que del rescate se ocuparon individuos pertenecientes a la sociedad sometedora.

 

 

Luis Quilchamal, actual cacique de la reservación del Chalía, en el suroeste de Chubut.
 

La sociedad actual, materialmente más poderosa y compleja, los asimiló casi hasta hacerlos desaparecer. Sin embargo, pese a su supuesta superioridad, no alcanzó ni por asomo el profundo sentido espiritual de aquellos que se veían a sí mismos como los administradores o cuidadores de las riquezas de Dios en la tierra. Es decir, concebían al hombre en unidad y armonía con la naturaleza, o bien, con toda otra manifestación de vida. 

Desde hace varios años se viene escuchando el reclamo de restitución de parte de sus antiguas tierras. Sobre todo en las provincias de Neuquen y Río Negro, donde el pueblo mapuche tiene cierta presencia y está en pleno proceso de revalorización de su cultura. Sin embargo, décadas de silencio hacen que sus palabras suenen ingenuas, a destiempo. Aún a pesar de que su razón está sustentada, en algunos casos, en 13.000 años de historia. 

Los razonamientos de Blair se acercan a los de ellos y eso fue lo desacostumbrado. A él no le interesa la historia de sacrificio de los colonos que poblaron Patagonia; a los que los patagónicos consideramos héroes de una epopeya. Al contrario, los percibe como usurpadores, tal como lo sienten tehuelches y mapuches. Quizás es la respuesta lógica de un representante del equivalente del indio europeo. Aunque la principal diferencia radica en que los europeos no fueron reemplazados por otro pueblo. 

En el presente, a los tehuelches que aún habitan en reservaciones la comunidad científica le asigna el rol de piezas vivientes de museo. Por lo tanto, son sometidos a los más diversos estudios científicos, tal como si fueran ratones de laboratorio. Numerosas congregaciones religiosas también encuentran en ellos un justificativo para sus misiones anuales de caridad.

Por Alejandro Aguado, desde la Patagonia.
(Fotografías: Alejandro Aguado)

Abril de 2001
 

Cacique Luis Quilchamal. De fondo, valle de la reservación del Chalía.

 

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