Hepta y Sargadelos y la Argentina.
Nacida en las pampas, florece en Galicia.

El último trabajo del grupo de música gallego Berrogüetto, llamado Hepta, -del cual presentamos su comentario en otro artículo- constituye un homenaje al más importante complejo industrial-cultural de Galicia llamado Sargadelos, creado originariamente a fines del siglo XVIII. A fines de la década del 60, del pasado siglo, fue recreado con una nueva y dinámica concepción. El proyecto de la nueva vida de Sargadelos se inició en la Argentina con curiosa historia... 

Por Pablo Rodríguez Leirado.
Julio de 2002

 
 

Existe una profunda conexión entre Hepta y la Argentina. Cabe aclarar que no sólo nos estamos refiriendo a los vínculos generales entre la cultura gallega y la argentina, originados por más de un siglo de fuerte inmigración, o el desarrollo que en estas tierras tiene la llamada "música celta (denominación que engloba a las músicas de los pueblos de origen celta, como el gallego, el irlandés, el escocés, etc), estilo que varios argentinos -muchos descendiente de inmigrantes-, interpretan desde los inicios de la década del 80. 

La relación entre el trabajo multidisciplinario que condujo el grupo de música gallego Berrogüetto y la Argentina se hace singular en el objeto de homenaje de Hepta: la empresa cultural / industrial Sargadelos. 

 

 

 

Una creación de exiliados

A mediados de la década del 50 el artista plástico, escritor, diseñador y ceramista gallego, Isaac Díaz Pardo, llegó a la Argentina y, conjuntamente con empresarios de ese mismo origen que vivían en estas tierras, montó a 100 km de la ciudad de Buenos Aires, en la localidad de Magdalena, una fábrica de porcelanas que existió durante más de 30 años. 

Díaz Pardo formó parte del complejo industrial de Cerámicas do Castro, en Galicia, que había iniciado sus actividades en 1949 y que al poco tiempo contaba con una planta de casi unos cien trabajadores y productos con buena aceptación en el mercado. Había nacido en 1920 en Santiago de Compostela y era hijo de un notable pintor, escenógrafo y cartelista: Camilo Díaz Baliño. Su familia, de ideas republicanas, sufrió el peso de la dictadura franquista -su padre fue fusilado-, lo cual lo llevó a emigrar en 1955, ya adulto, para poder desarrollarse en libertad. 

Varios intelectuales, que luego de la Guerra Civil vivían exiliados en Argentina, tomaron contacto con la Fábrica de Porcelanas La Magdalena. Entre ellos estaban Luis Seoane, Rafael Dieste, Lorenzo Varela, Núñez Búa, Antonio Baltar, Blanco-Amor, Laxeiro, Arturo Cuadrado y Alberto Vilanova Rodríguez. La intención de todos ellos fue trabajar por la recuperación cultural y económica de Galicia y uno de los proyectos plasmados fue: el Laboratorio de Formas (1963), constituido por artista argentino-gallego Luis Seoane, Isaac Díaz Pardo y el arquitecto Andrés F. Albalat -quien se incorporó posteriormente-, y del cual nos referiremos más adelante. 

En Magdalena se implementó un modo de trabajo que incluía la coparticipación de los obreros. La planta de la fábrica tenía una estructura productiva circular, en la cual se formaban cuadrillas que rotaban en sus funciones. Así se evitaba la alienación del repetitivo trabajo industrial ya que los equipos cambiaban de tareas luego de un tiempo de estar en una determinada actividad. Eso implicaba que el personal pasaba cíclicamente por todas las tareas de la fábrica. Al moldeado, amasado, horneado y otras funciones, también se le agregaba, a su turno, la participación y colaboración en la etapa creativa: el diseño. Aquellas creaciones, que eran aprobadas por los responsables del diseño, llevaban la firma del obrero que había sido el autor. Así lo demuestran las excelentes piezas que aún se pueden apreciar, que por cierto mantenían una notable calidad ya que no se permitía una segunda selección. El matrimonio de José Martínez Romero y Pilar Jeremías Cela dio a conocer a quien escribe estas líneas un delicado juego de tazas de café con un hermoso esmaltado en el cual se puede apreciar la siglas del nombre y apellido de una operaria, cuyo talento fue reconocido por los diseñadores de la planta cuando a ella le tocó formar parte de la etapa de diseño.

 

 

 

 

 

El personal era en su totalidad de Magdalena, donde además había una excelente materia prima para esta producción -por eso se instaló la fábrica allí-. A los obreros se los había elegido de esa localidad para que estuvieran cerca de sus familias con las cuales se buscaba crear una vinculación más allá de lo estrictamente laboral, como por ejemplo en el caso de los concursos de formas que se realizaban con los niños de esas familias y que posteriormente se horneaban y luego ellos podían llevárselos. 

En definitiva, se trataba de un emprendimiento cultural - industrial muy alejado de la empresa destinada a obtener beneficios con la especulación sobre las necesidades y los recursos de la sociedad. Así lo entendieron los intelectuales que estaban vinculados a este proyecto cuando se desligaron de él, aunque no de esa idea que desarrollaron plenamente en el Laboratorio de Formas.

Había salido la posibilidad de ganar una licitación para fabricar aislantes de porcelana para la luz pública, lo cual produciría un importante ingreso económico. Esto también introduciría la concepción de trabajo serial en masa para cubrir semejante demanda, lo cual echaba por tierra la idea original del proyecto, motivo por el cual los integrantes del Laboratorio se apartaron y luego se mudaron a Galicia. 

Así se tomaron dos caminos cuyo derrotero actual es una buena muestra de lo que pasó a ambos lados del Atlántico.

En Argentina, La Magdalena mantuvo su contacto hasta la década del 80 con Cerámicas do Castro, quien luego se desvinculó de ella. La crítica situación económica argentina provocó el cierre de la fábrica. 

Forma y contenido

El Laboratorio de Formas nació en Argentina, en 1963 como ya se ha mencionado. Sus creadores, mientras estuvieron vinculados a La Magdalena, elaboraron diseños relacionados con la República Argentina, principalmente con el pasado aborigen. 

En Europa se desenvolvió como un instituto teórico de diseño que pretende encontrar en las formas desarrolladas en el pasado de Galicia, tanto en las que fueron olvidadas como en las aún vigentes, las señales de un sistema propio de expresión.

 

 


 

 


 

En su tarea de recuperación de la memoria histórica de la cultura gallega se asiste con el registro y análisis de un extenso número de intentos y de teorías que van desde John Ruskin y William Morris, los racionalistas, constructivistas y productivistas rusos y otros laboratorios, las recientes experiencias de Max Bill, y la escuela de la Bauhaus, entre otras.

En esta búsqueda de identidad esos intelectuales exiliados, que siguieron fieles a sus ideas en el Laboratorio de Formas, suscribieron un convenio con Cerámicas do Castro para la creación de la cerámica de Sargadelos, como intento de recuperar una actividad que nació en Galicia hace más de 200 años. 

A fines del siglo XVIII el Marqués de Sargadelos, Antonio Raimundo Ibáñez, destacado hombre de la Ilustración, puso en marcha la primera siderurgia integral de España. Con respecto a la cerámica, en el mismo complejo, desarrolló una fábrica que, entre otras innovaciones, introdujo el decorado mecánico de las lozas estampadas. Era de origen asturiano - gallego y fue asesinado en 1809 durante los tumultuosos episodios de la revuelta contra la invasión napoleónica. Algunos vecinos prominentes, la curia de Mondoñedo y los intereses de otras naciones, fueron la mezcla que en ese anárquico período se unieron para no solo terminar con la vida de Ibáñez, sino también de su obra. Sin embargo, sus amigos continuaron con su legado hasta el cierre de la industria en 1875.

El acuerdo que unió el Laboratorio de Formas con Cerámicas do Castro puso en marcha una serie de proyectos en Galicia de carácter industrial - cultural. En cuanto a las cerámicas, en 1968 se inicia un sector experimental y el 10 de mayo de 1970 se inaugura la planta circular de Sargadelos. Las instalaciones industriales quedaron fuera del antiguo recinto del primitivo Sargadelos. Las primeras piezas de la nueva etapa estaban diseñadas por el mismo Luis Seoane y un equipo coordinado por Isaac Díaz Pardo. Recordamos también que Seoane dejó una huella importante de este lado del Atlántico (su influencia fue notable en la carrera de Diseño Gráfico en Argentina y en Buenos Aires hay una extensa obra mural: http://www.almargen.com.ar/seoane/),

Así fue como la empresa de más aliento y prestigio del pasado gallego cobró vida en un renovado proyecto que aporta vitalidad económica y fundamentalmente inversión cultural. 

El Laboratorio de Formas, una sociedad sin fines de lucro, fue quien diseñó las líneas estructurales del grupo de empresas Sargadelos, entre las que se incluyen el Museo Carlos Maside, Gráficas y Edicións do Castro, el Instituto Galego de Información, el Seminario de Estudios Galegos, el Laboratorio de Industria y Comunicación, entre otras. 

Uno de los más destacados emprendimientos es el Museo de Arte Contemporánea Carlos Maside (1970), que recoge obra y documentación a partir del destacado Movimiento Renovador del Arte Gallego Contemporáneo que quedó trunco en 1936 (por la Guerra Civil) y del cual formaron parte figuras como el mismo Carlos Maside, Luis Seoane, Laxeiro, Manuel Colmeiro, Arturo Souto Feijoo, José Eiroa, Fernández Mazas, entre otros. La finalidad fue constituir un centro de documentación de las ideas estéticas de Galicia y de los movimientos universales del arte y la creación. En la actualidad exhibe una colección permanente de artistas como Francisco Lloréns, Castelao, Francisco Asorey, José Frau, José Eiroa, Cristino y Maruja Mallo, Laxeiro, Manuel Colmeiro, Urbano Lugris, Fernando Mazas, Carlos Maside, Luis Seoane, Eugenio F. Granell, entre otros consagrados, y además de dar cabida a los jóvenes artistas.

Edicións do Castro (Ediciones del Castro) es otra creación del Laboratorio de Formas, en 1963, que en la actualidad lleva más de 1000 (mil) títulos publicados entre temáticas que incluyen poesía, ensayo, narrativa, filología, economía, teatro, etnografía, arte, historia, etc. El trabajo editorial no constituye una novedad en ese grupo de intelectuales, ya que Luis Seoane, junto con Lorenzo Varela y Arturo Cuadrado, son los creadores de editoriales como Nova, Citania, las colecciones Hórreo e Dorma (en Editorial Emecé), la tradicional de poesía Botella al Mar, entre tantas otras.

 

 

 

 


 

¿Por qué no en Argentina?

El camino iniciado por quienes crearon y colaboraron con el Laboratorio de Formas en la Argentina, que siempre manifestaron querer hacerse notar más por sus realizaciones que por sus formulaciones teóricas, tuvo que realizarse en Galicia -cuando el régimen franquista ya languidecía-, para poder desarrollarse. Un emprendimiento que incluye, más allá de la visión empresaria y comercial, un compromiso ético con la cultura. Evidentemente eso fue una cuestión que en las últimas tres décadas faltó notoriamente en nuestro país. 

Esperemos que la difusión de Hepta, el trabajo musical del grupo Berrogüetto en estas tierras, además de poder apreciar sus notables virtudes musicales, nos permita también reflexionar sobre nuestro pasado. En Galicia se pudo florecer cuando se buscaron fuerzas e ideas enlazadas con la propia historia, como en el caso del actual Sargadelos. 

Los argentinos contamos con un acerbo cultural muy variado conformado por el invalorable aporte de los numerosos inmigrantes que trajeron una infinidad de culturas: italiana, judía, árabe, irlandesa, polaca, gallega, andaluza, coreana, etc., que sumada a las aborígenes, constituyen nuestra mayor fuente de riqueza, de ideas e ideales y al que no le deberíamos darle la espalda. Eso si queremos modificar nuestro tortuoso presente, para que esta tierra vuelva a ser cuna de libertades, ámbito propicio y refugio para la cultura, y oportunidades de vida.

Direcciones útiles: http://www.sargadelos.com

Por Pablo Rodríguez Leirado.
Julio de 2002
 

 

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