| |
Por
estos días la realidad golpea duramente a, por lo menos, una gran mayoría
de los argentinos. La sensación que esta causa, en todos los que habitamos
en este querido suelo argentino, se percibe fácilmente en los rostros
de la gente que transita por las calles de la ciudad y se vuelve aún más
evidente en los de aquellos que habitan nuestras pampas.
Pero este artículo, fuera
de querer ser crítico o meramente enunciativo de la realidad que ya todos
conocemos, intentará plantear, lo más sintéticamente posible, las principales
fallas de las medidas tomadas en este último año por nuestros gobernantes
y bosquejar algunas de las posibles medidas alternativas que contribuirían
a poner en marcha nuevamente nuestra economía.
Si bien la herencia recibida
por el actual gobierno de la Alianza no fue ni desde el mejor de los puntos
de vista liviana, debemos, y aquí incluyo fundamentalmente a nuestros
gobernantes, dejar de echar culpas a las administraciones anteriores y,
al igual que cuando uno toma el desafío de un nuevo trabajo o proyecto,
o como en este caso, el gobierno de un país, tomar dicha función con responsabilidad
y profesionalismo, asumiendo la realidad y buscando las alternativas para
solucionar los problemas que nos aquejan.
De esta manera, en una economía
en recesión, con déficit fiscal, como la que recibió este gobierno, el
cual ha tomado hasta la fecha como principales medidas económicas la baja
en el salario de los empleados públicos y un fuerte aumento de la presión
tributaria, no se deben tomar medidas propias de políticas de corto plazo,
como las recién mencionadas.
Nombro estas dos medidas
por considerar que son las de un carácter más relevantes a nivel económico
para la realidad del pueblo argentino hasta el momento.
Pasemos a analizarlas brevemente.
En un país, como el nuestro, donde existe una ley de convertibilidad cambiaria
que nos obliga a mantener una paridad con el dólar estadounidense, moneda
que actualmente debido al nivel de crecimiento de su país emisor se ha
posicionado fuertemente sobre las demás monedas del mundo y que nos deja
en una situación muy desfavorable a nivel de competencia con el resto
del mundo al querer vender nuestros productos al exterior, y de la cual
por lo menos en el corto plazo, debido al nivel de endeudamiento que poseemos
los argentinos -y fundamentalmente el sector público- es imposible escapar,
no podemos pretender basar el crecimiento en el mercado externo.
Dada esta situación la única
alternativa posible para lograr soluciones será el crecimiento del mercado
interno.
Habiendo arribado entonces
a esta conclusión, quien escribe estas líneas se pregunta ¿qué sentido
tiene tomar medidas de reducción de salarios o aumentos en la presión
impositiva si lo único que generan es reducir el salario real de los habitantes
lo cual reciente el consumo y el ahorro, principales bases para alcanzar
el crecimiento? ¿Será que nuestro gobierno, sin ser mal intencionado,
está mirando cumplir con metas impuestas por organismos externos antes
que con las del pueblo que los votó, que sin ser contrapuestas, como ya
aclararé, sólo complacen a dichos organismos en el corto plazo y perjudican
al país fundamentalmente en el largo plazo?
Observemos entonces nuestra
realidad ya que ella nos enseñará si estamos en lo cierto.
En el gráfico siguiente podremos
apreciar el nivel de recaudación tributaria en los meses de enero a diciembre
tomando los datos desde el año 1996 al 2000.
|
|

Dr. Fernando De La Rúa, presidente de la República
Argentina.
|
|
Como podemos observar con
las medidas impositivas tomadas a principios del corriente año (dejando
de lado las moratorias) nos damos cuenta que lejos de incrementarse el
nivel de recaudación se ha paralizado y levemente reducido.
¿A que se debe esto entonces?
La recaudación impositiva, como hemos visto al graficarla, conforma una
curva de rendimientos decrecientes, que nos muestra que al aumentar el
nivel de presión impositiva, pasado un punto de inflexión, lejos de ampliar
los niveles de recaudación comenzarán a descender, esto se puede atribuir
ya sea a una mayor evasión impositiva o fundamentalmente a la disminución
en la actividad económica a la cual estas medidas han contribuido.
Con el aumento tributario
implementado a principios del 2000, como podemos advertir se ha sobrepasado
este punto de inflexión, por lo cual lejos de lograr un mayor nivel de
recaudación solo han provocado resentir aún más a todos los contribuyentes
y crear expectativas negativas sobre el futuro de la Argentina, al contribuir
a disminuir el nivel de crecimiento.
Esta es hoy nuestra realidad,
¿Qué hacer entonces con ella? En primer lugar y básicamente la respuesta
lógica sería tomar mediadas que incentiven al mercado interno, pero, ¿cuáles
deberían ser?
Sin ser la totalidad de las
medidas, que a nivel económico deberían implementarse, trataré por lo
menos -debido a no hacer demasiado extenso este artículo- de nombrar algunas
de las fundamentales que a criterio de quien realiza este breve análisis
deberían ponerse en práctica. Algunas de ellas serían:
- La reducción y generalización
del IVA.
- Subsidio a la tasa de interés para créditos de largo plazo destinados
a inversiones para PYMES.
- Desgravaciones fiscales a empresas extranjeras que se instalen con inversiones
a largo plazo en nuestro territorio.
Todas estas medidas incentivarían
por un lado al consumo y a la inversión, lo cual llevaría a un mayor crecimiento
económico y del empleo, esto a su vez aumentaría la recaudación para el
gobierno, así no lo pondría en contra de los objetivos impuestos por los
organismos internacionales y de esta manera lograría su principal objetivo,
un mejor nivel de vida para el pueblo argentino en su conjunto.
A nivel externo, fuera de
las desventajas ocasionadas por nuestro tipo de cambio, el tener un fuerte
mercado interno nos pondría en una posición mucho más ventajosa a la hora
de negociar la colocación de nuestros productos en el exterior.
Todas estas medidas son posibles
de implementar pero no deben dejar de estar acompañadas por el respaldo
político necesario, sin el cual no tendrían sentido alguno. Es por eso
que se debe apelar y exigir a los gobernantes, porque está en ellos el
que este pueblo pueda volver a confiar en un futuro mejor. Y para que
no nos defrauden más.
 |
Por Vanesa
Pappolla.
(Licenciada en Economía de la USAL)
|
|
|
|