1er. año de gobierno de la ALIANZA.
Un enfoque económico para la realidad que vivimos.

En el primer aniversario del gobierno que encabeza Fernando De la Rúa la Licenciada en Economía Vanesa Pappolla realiza un equilibrado análisis de la nueva administración a la cual ya no le cabe responsabilizar por la recesión y la crisis al pesado lastre dejado por la década menemista.

Por Vanesa Pappolla.
(Licenciada en Economía de la USAL)

 
 

Por estos días la realidad golpea duramente a, por lo menos, una gran mayoría de los argentinos. La sensación que esta causa, en todos los que habitamos en este querido suelo argentino, se percibe fácilmente en los rostros de la gente que transita por las calles de la ciudad y se vuelve aún más evidente en los de aquellos que habitan nuestras pampas. 

Pero este artículo, fuera de querer ser crítico o meramente enunciativo de la realidad que ya todos conocemos, intentará plantear, lo más sintéticamente posible, las principales fallas de las medidas tomadas en este último año por nuestros gobernantes y bosquejar algunas de las posibles medidas alternativas que contribuirían a poner en marcha nuevamente nuestra economía.

Si bien la herencia recibida por el actual gobierno de la Alianza no fue ni desde el mejor de los puntos de vista liviana, debemos, y aquí incluyo fundamentalmente a nuestros gobernantes, dejar de echar culpas a las administraciones anteriores y, al igual que cuando uno toma el desafío de un nuevo trabajo o proyecto, o como en este caso, el gobierno de un país, tomar dicha función con responsabilidad y profesionalismo, asumiendo la realidad y buscando las alternativas para solucionar los problemas que nos aquejan.

De esta manera, en una economía en recesión, con déficit fiscal, como la que recibió este gobierno, el cual ha tomado hasta la fecha como principales medidas económicas la baja en el salario de los empleados públicos y un fuerte aumento de la presión tributaria, no se deben tomar medidas propias de políticas de corto plazo, como las recién mencionadas.

Nombro estas dos medidas por considerar que son las de un carácter más relevantes a nivel económico para la realidad del pueblo argentino hasta el momento.

Pasemos a analizarlas brevemente. En un país, como el nuestro, donde existe una ley de convertibilidad cambiaria que nos obliga a mantener una paridad con el dólar estadounidense, moneda que actualmente debido al nivel de crecimiento de su país emisor se ha posicionado fuertemente sobre las demás monedas del mundo y que nos deja en una situación muy desfavorable a nivel de competencia con el resto del mundo al querer vender nuestros productos al exterior, y de la cual por lo menos en el corto plazo, debido al nivel de endeudamiento que poseemos los argentinos -y fundamentalmente el sector público- es imposible escapar, no podemos pretender basar el crecimiento en el mercado externo.

Dada esta situación la única alternativa posible para lograr soluciones será el crecimiento del mercado interno. 

Habiendo arribado entonces a esta conclusión, quien escribe estas líneas se pregunta ¿qué sentido tiene tomar medidas de reducción de salarios o aumentos en la presión impositiva si lo único que generan es reducir el salario real de los habitantes lo cual reciente el consumo y el ahorro, principales bases para alcanzar el crecimiento? ¿Será que nuestro gobierno, sin ser mal intencionado, está mirando cumplir con metas impuestas por organismos externos antes que con las del pueblo que los votó, que sin ser contrapuestas, como ya aclararé, sólo complacen a dichos organismos en el corto plazo y perjudican al país fundamentalmente en el largo plazo?

Observemos entonces nuestra realidad ya que ella nos enseñará si estamos en lo cierto.

En el gráfico siguiente podremos apreciar el nivel de recaudación tributaria en los meses de enero a diciembre tomando los datos desde el año 1996 al 2000.

 

 

Dr. Fernando De La Rúa, presidente de la República Argentina.
 

 

 
Desarrollo de la presión impositiva entre los años 1996 y 2000. 

Como podemos observar con las medidas impositivas tomadas a principios del corriente año (dejando de lado las moratorias) nos damos cuenta que lejos de incrementarse el nivel de recaudación se ha paralizado y levemente reducido.

¿A que se debe esto entonces? La recaudación impositiva, como hemos visto al graficarla, conforma una curva de rendimientos decrecientes, que nos muestra que al aumentar el nivel de presión impositiva, pasado un punto de inflexión, lejos de ampliar los niveles de recaudación comenzarán a descender, esto se puede atribuir ya sea a una mayor evasión impositiva o fundamentalmente a la disminución en la actividad económica a la cual estas medidas han contribuido.

Con el aumento tributario implementado a principios del 2000, como podemos advertir se ha sobrepasado este punto de inflexión, por lo cual lejos de lograr un mayor nivel de recaudación solo han provocado resentir aún más a todos los contribuyentes y crear expectativas negativas sobre el futuro de la Argentina, al contribuir a disminuir el nivel de crecimiento.

Esta es hoy nuestra realidad, ¿Qué hacer entonces con ella? En primer lugar y básicamente la respuesta lógica sería tomar mediadas que incentiven al mercado interno, pero, ¿cuáles deberían ser? 

Sin ser la totalidad de las medidas, que a nivel económico deberían implementarse, trataré por lo menos -debido a no hacer demasiado extenso este artículo- de nombrar algunas de las fundamentales que a criterio de quien realiza este breve análisis deberían ponerse en práctica. Algunas de ellas serían:

- La reducción y generalización del IVA. 
- Subsidio a la tasa de interés para créditos de largo plazo destinados a inversiones para PYMES.
- Desgravaciones fiscales a empresas extranjeras que se instalen con inversiones a largo plazo en nuestro territorio.

Todas estas medidas incentivarían por un lado al consumo y a la inversión, lo cual llevaría a un mayor crecimiento económico y del empleo, esto a su vez aumentaría la recaudación para el gobierno, así no lo pondría en contra de los objetivos impuestos por los organismos internacionales y de esta manera lograría su principal objetivo, un mejor nivel de vida para el pueblo argentino en su conjunto.

A nivel externo, fuera de las desventajas ocasionadas por nuestro tipo de cambio, el tener un fuerte mercado interno nos pondría en una posición mucho más ventajosa a la hora de negociar la colocación de nuestros productos en el exterior.

Todas estas medidas son posibles de implementar pero no deben dejar de estar acompañadas por el respaldo político necesario, sin el cual no tendrían sentido alguno. Es por eso que se debe apelar y exigir a los gobernantes, porque está en ellos el que este pueblo pueda volver a confiar en un futuro mejor. Y para que no nos defrauden más.

Por Vanesa Pappolla.
(Licenciada en Economía de la USAL)
   

 

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