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Una
de las definiciones mas manoseadas de los últimos tiempos es sin duda
"aldea global" (global village). Efectivamente, en ciertos
aspectos y para ciertos sectores, el mundo ha pasado a ser una aldea
global. Las fronteras parecen haber desaparecido cuando de mover capitales
o industrias de una parte a otra del planeta se trata. Pero el ciudadano
de a pié no tiene la misma libertad de movimiento y, por tanto, es incorrecto
generalizar.
Por lo que al ciudadano
común se refiere, el mundo mas bien parece llevar camino de convertirse
en un feudo global donde conviven una increíble opulencia y condiciones
paupérrimas mas propias de la época de Dickens. La moderna espada de
Damocles que pende hoy sobre las cabezas de millones de habitantes del
planeta es precisamente esa facilidad del capital y de la industria
para instalarse en otras naciones donde pueden escapar a las más mínimas
reglas de control que en los llamados países desarrollados existen para
mantener al menos un mínimo de equilibrio que garantice la pacífica
convivencia de sus ciudadanos.
La amenaza de cierre y
desmantelamiento de la empresa se practica impunemente cada vez que
los trabajadores --a la vista de récords de beneficio de las empresas
para las que trabajan-- "osan" pedir que la torta se reparta
mas equitativamente y que ese aumento de beneficios se refleje en sus
percepciones salariales. La medida del temor colectivo nos la dá el
hecho de que los Sindicatos en la actualidad dejan a un lado la lucha
por las reivindicaciones salariales para tratar de conseguir la firma
de acuerdos con la Patronal que garantice la "seguridad de empleo".
Los sueldos llevan años congelados o han aumentado en porcentajes inferiores
al aumento del costo de vida y, consecuentemente, se puede palpar la
reducción del poder adquisitivo. Estamos retrocediendo en el terreno
económico cuando, dado el potencial, deberíamos estar avanzando.
No estamos hablando de
una economía mundial en crisis sino mas bien de una crisis mundial de
valores y prioridades. El problema tiene nombre y apellido: se llama
Avaricia Desmedida. El reparto se hace cada vez de manera menos equitativa
y más excluyente.
¿Como podemos justificar
moralmente que el valor de las acciones de una empresa se dispare en
los mercados bursátiles al menor rumor de "reestructuración"
(eufemismo muy en uso hoy para hablar de despidos en masa) y que los
sueldos y paquetes de compensación (acciones, etc.) que perciben los
más altos ejecutivos de esas empresas estén altamente relacionados con
esos despidos. O sea, a mayor reducción de empleo, mayor el prestigio
del ejecutivo y mas dígitos en su cheque. Algo anda radicalmente mal.
Otra práctica común hoy
en día es la de pedir a los trabajadores que en sus nuevos convenios
acepten un "rollback" (en el idioma de Cervantes: marcha atrás).
Se les "pide" (léase "exige" ya que la alternativa
es ver a tu empresa cerrar para irse a instalar a países con leyes laborales
"más flexibles") que acepten la reducción de condiciones y
salarios que se han conseguido paso a paso (léase centavo a centavo)
a través de los años y, obviamente, la reducción no se va a efectuar
"paso a paso" sino que, de golpe y porrazo, se quiere reducir
cifras que en algunos casos son de hasta un tercio del sueldo. Medidas
todas, por supuesto, "necesarias para que la empresa pueda competir
en los mercados internacionales"...
Un momento.... Se nos quiere
inculcar que debemos aceptar competir con mano de obra barata que ofrecen
otras zonas o países. Se nos habla de "la ley de la oferta y la
demanda". Se reducen programas sociales concebidos en su día para
paliar en cierto grado la miseria de ciudadanos que quedan a la deriva
(en cierto modo, supongo, en reconocimiento de que las tormentas económicas
en las que navegamos, en su mayoría, han sido causadas por decisiones
imprudentes de las elites, ya sean políticas o del sector financiero
e industrial). Todo ello, se nos dice, porque no podemos competir con
otros países debido a las cargas sociales. Se nos predica la virtud
de la "autosuficiencia". El estado de bienestar social produce
la multiplicación del "parasitismo", se nos dice desde ciertos
sectores. Parasitismo... Veamos:
¿Que pasa con tantas y
tantas empresas que dependen de grandes subvenciones gubernamentales
para mantenerse a flote? ¿Que diremos de aquellas que deben cifras millonarias
en impuestos? ¿Y de aquellas que han "diferido" el pago de
las aportaciones a los fondos de jubilación? ¿Acaso el " parasitismo"
no existe a nivel empresarial?
Mientras sucede todo esto,
los diez más altos ejecutivos en Canadá se llevaron a su casa un promedio
de más de 10 millones de dólares cada uno --lo que supone un aumento
de sus compensaciones de un 56%. Concretamente Robert Gratton (de Power
Financial Corporation) recibió la más alta compensación: 27,4 millones
entre sueldo, bonificaciones, acciones, etc. Ganar esa cifra le tomaría
47 años a un trabajador medio, calculando sobre el sueldo promedio anual
de un trabajador a jornada completa. O sea, estamos sobrevalorando a
unos pocos y devaluando al resto.
Si miramos a nuestro alrededor
veremos un ejemplo tras otro de naciones dedicadas a un desestabilizador
y peligroso experimento: dejar que mande el mercado. ¿Y que hemos obtenido
a cambio? Veamos:
El rico se ha enriquecido
mas: En 1973, el 10% de las familias más ricas con hijos menores de
18 años ganaban 21 veces más que el 10% de las familias canadienses
más pobres. En 1996, el 10% de las familias mas ricas ganó 314 veces
más que el 10% de las familias más pobres. Ha disminuido la clase media:
En 1973 el 60% de las familias con hijos menores de 18 ganaban entre
$24.500 y $65.000 (de acuerdo al valor del dólar canadiense en 1996).
Para 1996 solo un 44% de las familias con niños menores ganó entre $24.500
y $65.000. El cambio fue más notable en el medio. Un 40% de la población
ganaban entre $37.600 y $56.000 en 1973. Una generación más tarde, solo
un 27% de la población se encuentra en esa posición. ¿Por que importa
el tamaño de la clase media? Porque la polarización que se crea con
su disminución conduce a la desaparición de experiencias comunes que
unifican. Terminaríamos con dos polos sociales totalmente desconectados.
El pobre ve en la clase media el ejemplo de que se puede prosperar.
La clase media no se ve tan alejada del rico como para no poder soñar
con prosperar a un nivel superior. La desaparición de la clase media
crearía resentimiento, dado que el abismo no permitiría al pobre contemplar
la posibilidad de progresar a otro nivel. Habríamos destruido el ejemplo
a seguir.
Otro cambio notable ha
sido la necesidad del doble sueldo para hacer frente a las necesidades
familiares. Hace una generación, una tercera parte de las madres con
niños menores salía a trabajar. Hoy en día dos tercios de las madres
tienen que salir a trabajar para mantener el mismo nivel de vida. Nos
estamos aproximando a un punto de saturación de difícil solución: ni
siquiera con dos sueldos podemos mantener ese nivel.
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