Entrevistas al margen.
Gaitero y artesano en la Argentina.

Avelino Rodríguez Arteaga fue uno de los más importantes gaiteros y artesanos gallegos que vivieron en la Argentina. Nuestro columnista, Manuel Castro, creador y director de la Banda de Gaitas Ciudad de Buenos Aires recuerda su historia de vida, de gaitero y artesano, y también de inmigrante, en un reportaje realizado poco antes de su muerte.

Por Manuel Castro.

 
 

Cualquier persona ligada la mundo de la gaita de Buenos Aires y alrededores lo conocía. Mucho se le debe por el trabajo que realizó con verdadera pasión. Su esposa, Carmen Carbajales, trabajó a la par de él haciendo los vestidos y adornos del instrumento. Su único hijo le dio dos nietos, Diego y Laura, y es la niña la que sigue sus pasos. Se llamaba Avelino Rodríguez Arteaga. Era una institución en nuestra colectividad y falleció el 4 de abril de 1992, víctima de una crisis cardiaca. Hoy publicamos, como homenaje póstumo, esta entrevista publicada por Manuel Castro en el periódico Faro de España en mayo de 1992. He aquí el diálogo:

- Cuando le pregunté sobre su infancia en Galicia pareció entrar en éxtasis y viajar en el tiempo...

- Nací en Santa Eulalia de Gres, ayuntamiento de Cabria, el 7 de enero de 1920.

- ¿Y por qué se dedicó a tocar gaita?

- Mi abuelo que era maestro de bandas, un gran maestro, tuvo influencia en mí. Primero se me dio por tomar una flauta y empezar a dar las primeras notas "cando iba cas vacas para o monte" (risas), ahí tarareaba mis piezas que fui tocando en la flauta, después una requinta. Más tarde unos primos míos me regalaron una gaita (que era de un conjunto que había allí en Puente Ledesma y que habían dejado de tocar) para que tocara, porque vieron que tenía cualidades. A los dos años ya la dominaba perfectamente.

- ¿Quién le enseñó a tocar?

- Nadie, yo solo.

- ¿Todos los gaiteros aprendían solos?

- De todos los gaiteros que allí había, muchos eran buenos; pero no, no te enseñaban. Era lo que pasaba en aquellos tiempos, cada uno, lo que sabía, lo retenía para sí mismo. Pero conseguí una grabación de Soutelo de Montes y con ella me iba perfeccionando ¡y sabes lo que valió, una barbaridad! Todas las piezas de Soutelo de Montes las tocaba en esa época. Y siempre que había algún conjunto bueno trataba de ir a escucharlo para ver lo que hacían y después volvía a mi casa y copiaba todo, eso me valió muchísimo; siempre tomando las cosas de los mejores gaiteros que he conocido por allí. Cuando iba a Coruña, Orense o Santiago de Compostela, trataba de escuchar a todos esos grupos y copiaba toda esa música, así me fui haciendo. Luego toqué en un conjunto que se llamaba Barreiros de Albín, durante veinticinco años, hasta que vine a la Argentina. Una vez aquí, fui al conservatorio de Helena Spizzo para aprender un poco de música porque llegue a un punto donde me di cuenta que lo que sabía de solfeo era poquito, por eso lo que yo buscaba en la gaita no lo encontraba; en el conservatorio empecé solfeo y acordeón. Cuando me di cuenta de que me podía defender, me puse a hacer gaitas y que los punteros dieran lo que yo quería, porque no encontraba gaita que lo diera. Me acuerdo de que en aquella época las gaitas daban ocho notas, nada más, era más bien de aprendizaje, pero sin fondo musical, eran ocho notas lisas, corridas.

- ¿Qué características tenían?

- La gaita sonaba plana, pero no había otra cosa. Me llamaba la atención de que a los gaiteros de Soutelo de Montes les diera bemoles, sostenidos, era eso lo que me atraía y yo no lo sabía hacer. Pero en Buenos Aires me encontré con José Moldes (que era del Grove) y aquí era presidente del Grove y además gran maestro de música. Por aquel tiempo yo tenía un conjunto que se llamaba "Airiños da Ulla", me buscó y me dijo: "Tendrías que tocar conmigo". Y tanto fue así como fui a tocar con él y llegué a comprender que sabía una barbaridad. Me empezó a enseñar los bemoles, los sostenidos y todas esas cosas y a cada paso más me gustaba porque veía que la gaita daba más de lo que yo sabía, porque no es sólo tener mucha práctica con los dedos y tocar una melodía cualquiera con rapidez sino que hay que buscar la gracia a las notas del puntero, esa gracia que hace gustosa a una melodía.

- Y comenzó a hacer las gaitas...

- Primero empecé a fabricarlas para mí, para sacar lo que yo pretendía del puntero. Tal vez porque vieron que andaban bien, me encargaban; nunca he fabricado gaitas para la venta, sino por encargo: el que me encargaba una gaita, yo se la hacía. Por eso te digo que es muy interesante enseñarles a los gaiteros a hacer sus propias gaitas. Me gustaría que mis alumnos supieran fabricarlas, que supieran lo que yo sé. Eso sería muy interesante para todos.

- ¿Cómo ha sido la evolución de los gaiteros en la Argentina, por lo menos desde que usted llegó al país hasta ahora?

- Cuando vine a este país los gaiteros eran mediocres. El único que manejaba un poco la gaita era de Orense, un tal Sierra; Aurelio Sixto, oriundo de Santiago de Compostela, y paro de contar. Nunca tuvieron un conjunto bueno porque explotaban a los músicos y todas esas cositas (sonrisa socarrona), por eso nunca llegaron a tener un gran grupo de gaitas. Además aquí, los gaiteros no se pasaban los conocimientos.

- Habiendo agrupaciones de emigrantes más o menos fuertes, ¿por qué no se enseñaba de manera metódica y continua; o la colectividad (entiéndase "autoridades") no apoyaba lo suficiente?

- Es que la colectividad no los apoyaba nada de nada. No había ayuda de naturaleza alguna. Las sociedades llamaban a un gaitero para tenerlo ahí, representar a Galicia y listo; eso era algo que verdaderamente me daba pena, oir tocar a gaiteros que daban cuatro notitas locas y a veces ni eso. Sin embargo llegué a contar 65 conjuntos en Buenos Aires, los Grovenses de Pontevedra formamos uno, pero en serio, y andaba muy bien. Cuando murió Moldes, el maestro, formamos el conjunto Los Monfortinos, y ves, somos Los Monfortinos hasta la fecha, pero mientras todo eso sucedía yo seguía torneando.

 

 


Avelino Rodríguez Arteaga 

 

- ¿Le ha gustado siempre experimentar? 

- Si, darle éxito a la gaita, que vibre, que un gaitero tome una de mis gaitas y haga con ella lo que quiera, eso es lo que pretendo.

- Cuando Usted vino a la Argentina, los gallegos eran más numerosos; ahora no quedan tantos, aunque sí muchos descendientes. ¿cuántos artesanos había en su época?

- En aquel tiempo estaban Antonio González; torneaba muy bien por afuera, pero la gaita no siempre daba; otro era un tal Rúa, muy buen tornero, pero las gaitas tampoco daban, me refiero a que los punteros no daban lo que tenían que dar; otro era Muras, José Muras, torneaba bastante bien pero las gaitas dejaban mucho que desear. Por el contrario, Santamarina fue el que más perfeccionaba los punteros en aquella época, con dificultades, pero bastante bien. Hasta que yo me puse a tornear justamente por eso, porque las gaitas no daban lo que tenían que dar y quería que el instrumento fuera completo.

- ¿Cuántos artesanos quedan en la Argentina hoy?

- No quedan más que dos, pero creo que mis gaitas andan mejor que ninguna, acá.

- Hasta ha hecho un puntero escocés...

- Sí, ¿te acuerdas? Era para ti, sacamos la copia y lo hicimos.

- ¿Con qué problemas se enfrenta un artesano de gaitas?

- Aquí, sabes, tenemos el problema con las herramientas, porque no hay quien las fabrique. En ese caso tendríamos que conseguir de España algo; yo conseguí algunas, otras me las he fabricado y las demás me las regaló un viejo que era de Zamora y las había heredado del padre. Pero tengo ganas de escribir a España, a la fábrica, para ver si me enviaban algunas, porque la herramienta es todo.

- La colectividad se debate en tratar de sobrevivir en cuanto a tradición se refiere, ¿cuántos gaiteros buenos hay hoy?

- Hoy en Buenos Aires tenemos gaiteros buenos, hay cuatro en Vedra que tocan muy bien, cuatro alumnos míos; tengo más pero los de Vedra son muy buenos. García toca muy bien, después son todos mediocres y esto se debe a que no hay suficientes maestros y yo no doy abasto con todo. En "Lembranzas" estoy sacando tres, en Valle Miñor van a salir otros cuatro o cinco. Sabes que estuve muchos años en el Centro Galicia y allí tuve once gaiteras, muy buenas por cierto.

- ¿Por qué hay mas gaiteras que gaiteros?

- Porque a la mujer le gusta más la gaita, es mas activa. El varón toca gaita, si, pero cuando llegan a los 18 o 20 años se casan y abandonan; claro, también no hay rendimiento porque no hay ayuda, entonces la gente abandona; es como todas las cosas, no es como nosotros que llevamos la gaita en el alma y tocamos aunque sea gratis.

- En la Argentina se conocen los conjuntos de gaitas, pero no se han creado bandas como las hay ahora en Galicia.

- Además del tipo enxebre, hay conjuntos de una o dos gaitas, clarinetes, saxo, se le mete de todo para fiestas bailables, pero... ¡cuidado!, de no haber sido así la gaita hubiera muerto; por eso hubo que hacer conjuntitos de cinco o seis personas para seguir conservando esa tradición. Distinto que en España (recuerda) cuando tocábamos 6 gaitas y esas 6 gaitas eran un orfeón, en aquella época. Te estoy hablando del año '38 al '48 cuando vine para aquí, tocábamos siempre 6 gaitas, era maravilloso: fue cuando más a gusto me sentí. Gracias que tenemos esto, bandas, por ahora, muy difícil.

- ¿Y por qué no avanzamos más rápido?

- Igual que en Galicia, aquí el que sabía algo se lo guardaba. Teníamos a Sierra que era un gran gaitero, pero no enseñaba. Sixto era buen gaitero, pero se guardaba el conocimiento; entonces no había aprendizaje, el único que ha enseñado he sido yo. Estuve nueve años en el Centro Galicia, desde el año ´53, luego me fui porque no era muy apoyado; la cosa es así, cuando ví que no les interesaba, era ya perder el tiempo. Por esa época saqué esas trece gaiteras.

- Que es el único conjunto de mujeres que hay...

- Si, totalmente de mujeres. Pero a pesar de los contratiempos seguí trabajando en otras sociedades como Tuy Salceda y con los muchachos de Xeito Novo, que eran alumnos míos en la época en que el actual Centro Galicia se llamaba Centro Lucense. Ellos eran socios, ví que tenían cualidades, les dí clases durante nueve años y salieron gaiterazos. Pero todavía hay una punta de gaiteros que tocan bastante bien, no te olvides que cuando vino Fraga Iribarne juntamos 25 gaitas y tocamos marchas, jotas y muñeiras, y salió todo perfecto, no hubo problemas.

- Más de una vez, hemos hablado de lo que se está haciendo en Galicia, de los Festivales Celtas, de la Banda de Gaitas de Orense que dirige José Luis Foxo, de los modelos de gaitas. Se acuerda, nosotros más o menos hace como 10 años (esto dicho en 1992) habíamos hecho una gaita totalmente marcial, parecida a la que se está usando ahora.

- Durante mucho tiempo estuvimos copiando de España lo bueno y a veces lo malo. Pero aquí hay mucha gente con inquietudes, con muchas ganas, con mucha fuerza que se ha puesto a trabajar y contigo he trabajado durante ese tiempo, desde aquel día en que te miré medio extrañado cuando me mostrarse un modelo de gaita gallega totalmente distinto que muchos criticaron pero que quisieron copiar.

- ¿Podrían funcionar las bandas de gaitas en la Argentina?

- Eso es lo que haría falta. Pero, como sabes, para eso se necesita mucho dinero, hay muchos gastos: instrumentos, ensayos, transporte, ropa. Pero sería una gran cosa. El mismo Centro Galicia podría ayudar, ya que es algo importante. Claro que la gente que está a cargo no es muy entendida, porque si no se dan ni una idea de lo que es un conjunto de gaitas gallegas, menos van a estar al tanto como para desarrollar una banda como corresponde. Hay que poner dinero y no sólo mantener un cuerpo de baile con cuatro o cinco gaitas y los mas barato posible. Otro dato: había 65 conjuntos y te estoy hablando de los años ´49 y ´50 y de esos 65 quedaron 5; no hay más, y de esos 5 solo 2 son buenos, y así de a poco se va perdiendo. Pero sería interesante hacer una banda y competir, siempre que se logre, sería extraordinario".

Por Manuel Castro.

 


Avelino Rodríguez Arteaga en su taller, en plena tarea de  construcción de una gaita.

 

Apellido y Nombre

Correo electrónico

Su opinión

 

 


En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.

Muchas gracias.