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Jorge
Castelli al margen.
La huella del General Whitelocke.
Sitio al Margen entrevistó al autor de la novela histórica
"El delicado umbral de la tempestad", Jorge Castelli, que recientemente
ha sido galardonado por esa obra con el Premio La Nación a la Mejor Novela
del 2000. En una extensa charla Castelli cuenta su visión sobre el auge
de las narrativas históricas y del personaje protagonista de su obra:
el general inglés John Whitelocke, comandante de la Segunda Invasión
Inglesa al Río de la Plata, acontecimiento que modificó sustancialmente
la vida y el futuro de estas tierras y del cual su novela da una particular
y refrescante mirada.
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Por Gabriel H. Cortes y Pablo Rodríguez Leirado.
Julio de 2001
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-¿Coronel Sir Dennis Pack?
-Eh... no, todavía no llegó. ¿General John Whitelocke?
Esta breve conversación se produjo en una fría y lluviosa
noche del invierno porteño. El año fue incierto... bien pudo ser en 1807.
La prolongada charla que siguió a este encuentro fue en junio de 2001.
Los redactores de estas palabras habíamos decidido entrevistar al escritor
del momento, el flamante ganador del Premio La Nación a la Mejor Novela
del 2000 por "El delicado umbral de la tempestad", escrita
por Jorge Castelli en primera persona y desde la óptica del general
inglés John Withelocke. La forma con la cual se presentó Castelli tiene
que ver con el artículo que Gabriel Cortés escribió en Sitio
al Margen sobre el coronel
Dennis Pack, el militar británico que participó en ambas invasiones
inglesas.
Esa pequeña broma fue el prólogo de un largo encuentro
en el cual, aparte de tener la oportunidad de entrevistar a un escritor
que se admira, se tuvo la fortuna de conocer a un hombre afable que habla
de su trabajo y de sus logros con una enorme sencillez y naturalidad.
Mantiene un tono de voz suave, habla pausado con suma tranquilidad, y
no se obsesiona con sus temas ya que no pierde detalle de lo que pasa
a su alrededor. A continuación presentamos un extracto de la charla en
los aspectos que consideramos de interés para nuestros lectores.
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"El delicado umbral de la tempestad. Cuestiones de un general inglés"
Jorge Castelli.
Editorial Sudamericana. |
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Sitio al Margen: ¿Modificó su vida
el premio "La Nación a la Mejor Novela"?
Jorge Castelli: Mira, modificar la vida... (hace un gesto de extrañamiento),
de repente lo que escribo es leído por mucha gente, algo que uno busca
durante años, porque aquel que dice que sólo escribe para uno mismo, miente.
Se escribe, en principio para uno, para no morirse, es la verdad. Pero
después, ¡vaya si uno tiene en cuenta al lector! No se piensa en el lector
como algo físico pero se lo tiene en cuenta. Sino no dejarías escritos.
Un escrito es una huella y se deja para que otro la vea. En ese sentido
es muy gratificante saber que el libro es leído, porque son las ideas
que tiene uno.
SaM: Es su primera novela. ¿Por qué se decidió por
el género histórico?
JC: Es una novela histórica casi por accidente. A mi me gustó el personaje,
que actuó en un momento determinado e importante de la historia Argentina.
Pero lo que más me interesó -más que la historia que es ineludible porque
precisamente se trata de una narración histórica-, es sin duda el personaje.
SaM: ¿Y qué encontró en este personaje?
JC: Es muy interesante, yo creo que el tenía... bueno, no sé si
probabilidades de ganar la batalla, pero seguro posibilidades de continuarla.
Por alguna extraña razón -que yo no sé definir-, se rinde sin haber agotado
todos los recursos. Es evidente que podía haber intentado muchas cosas
antes de rendirse. Podía intentar un bloqueo. También un bombardeo a la
ciudad, había piezas de artillería del 24 en la flota del Almirante Murray
que no fueron desembarcados, había cañones en el Retiro -donde estaba
la plaza de toros- que se encontraban en buen uso ¿por qué no bombardeó
la ciudad? Se rinde y entrega Montevideo. Bueno eso me pareció más que
históricamente llamativo, literariamente terrible... ¿qué le pasó en ese
momento por la cabeza a ese hombre? En la novela doy una explicación que
es literaria, desde la historia aún no me explico porque se rinde.
SaM: Pero se supone que deben existir cartas, escritos,
documentos de este hombre que explican su decisión.
JC: La explicación que da con respecto al bombardeo, por ejemplo,
está en el juicio y es muy clara. Por eso se me ocurre que hay algo relacionado
con el alma humana en todo esto, quiero decir decisión humana que no tiene
que ver con lo político. Él dice que un bombardeo sistemático sobre Buenos
Aires hubiera afectado la vida de los habitantes... ¡Un general en combate
que diga eso!... lo dice en el juicio, no es un invento. Es rarísimo.
Díganme si no es shakespereano. Es un tipo que está frente a una enorme
encrucijada...
SaM: ¿Algo que excedía el manual militar?
JC: Si, los manuales y los códigos militares. Y eso era más que
interesante y en base a eso surgió toda la historia.
SaM: ¿Cuánto tendrá que ver este Whitelocke, el de
la novela, con el real?
JC: La verdad es que no lo sé, posiblemente poco. Es un aspecto raro
que tiene la literatura, que por ahí se encuentra y se devela algo. Pero
eso yo no estoy en condiciones de poder decirlo.
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General John Whitelocke.
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SaM: Supongo que también se trata de
encontrar algo real que un historiador a través de los documentos no puede,
porque los documentos solo muestran hechos no motivos...
JC: Y estos no se explican, no terminan mostrando la realidad de
lo que pasó. Poner todo el peso en la brillante defensa que tuvo Buenos
Aires, que eso es innegable, parece casi pueril porque como dice el editorial
del Times de aquella época ¿qué esperaba el comandante en jefe, que la
población no se defendiera? Era ridículo, era obvio que iban a encontrar
resistencia aunque es cierto que fue mayor de la que esperaban.
SaM: Tampoco se explica por qué tomaron la decisión
de ir con los fusiles descargados.
JC: Eso si tiene una explicación: el avance rápido. Es discutible
pero es una decisión militar para ganar tiempo, llegar al río lo más rápido
posible y ahí converger sobre la Fortaleza. Hicieron un cálculo, tantos
hombres, tanto tiempo, es aceptable, es negocio. Mentalidad militar. Tantos
hombres me cuesta tomar esa colina, 200 hombres, es negocio. Yo no podría
aplicarla nunca. ¡No hay colina que valga un hombre! Yo soy escritor.
El plan inglés fue obviamente un desastre. Es muy extraño todo, fíjense
una cosa, cuando Whitelocke está en Montevideo es verdad eso que cuento
en la novela que le dice al general Robert Craufurd "mire las calles,
son iguales que las de Buenos Aires" (ángulos de 90 grados sin ochavas,
frentes lisos, ventanas enrejadas, no había lugares donde guarnecerse).
Whitelocke dice que nunca va a entrar en Buenos Aires con tropas de infantería
porque es un suicidio. ¿Qué hace que 10 días después decide entrar con
tropas de infantería? Las cartas prueban que manifiesta todo esto a Craufurd.
No se condice con la lógica que había aplicado. Este plan es del General
Lewison Gower, pero evidentemente quien tiene la responsabilidad final
es Whitelocke. ¿Por qué cambia? Es cierto que venían las épocas de lluvia,
pero una ciudad -como Buenos Aires de ese entonces-, en un tiempo no prolongado
se hubiese tenido que rendir por hambre. Utilicé personajes y hechos históricos
para expresar cuestiones que yo quería decir más allá de la historia.
Al fin y al cabo, como me dijo un amigo -a veces los amigos te abren los
ojos con respecto a lo que estás haciendo-, es una novela sobre la obediencia.
Yo no lo sabía hasta ese momento, pero es verdad, es una novela cuyo tema
central es la obediencia. Es la "obediencia debida" también, por supuesto,
pero va mucho más allá de ella. Es más que nada un hombre frente a una
encrucijada, si sigue los dictados de su conciencia o aquello que desde
chico mamó sobre lo que era el deber.
SaM: Habitualmente se lo toma a Whitelocke como general
de escritorio o general burocrático con ciertos contactos con el comandante
en jefe de las fuerzas armadas británicas, el Duque de York. Cuando leímos
la novela recién nos enteramos que este hombre si estuvo previamente en
acción. No entendimos nunca porque los ingleses habían elegido a un tipo
que no tenía experiencia en combate, teniendo a militares en Europa como
John Moore, Arthur Wellesley entre tantos. Pero por la manera en que se
conduce en el juicio que le realiza posteriormente el ejército británico
y por lo que revela su foja de servicios Whitelocke no era tonto ni mediocre.
JC: Es un poco lo que nos han mostrado, que este hombre era sólo
un general de escritorio. El propio White, general que actúa en Antillas
durante mucho tiempo y que fue jefe de Whitelocke, en el juicio dice que:
cuando los británicos toman Puerto Príncipe el propio Whitelocke encabeza
una de las columnas principales y lo hace con la mayor enjundia y bravura.
En cuanto a la disciplina, era un tipo absolutamente a favor de ella.
Las referencias a la creación del regimiento integrado por 800 presidiarios
en Barbados es cierto, ocurrió. Creó uno de los más notables regimientos
que actúan en las Antillas... ¡con presidiarios! Eso revela que es un
militar bien metido en su oficio. No se explica luego su decisión. Entonces
me pareció que tenía categoría de personaje shakesperiano, alguien que
tiene todo o mucho para ganar y que por alguna razón, que puede ser política
-pero yo no lo creo-, decide tirar todo por la borda.
SaM: ¿La cuestión política es por el tema de Richard
Hunter, el periodista del Times?
JC: Esa fue una discusión que tuve con un profesor de historia,
me pareció tan rica que la volqué en la novela, porque este hombre me
decía: "pactaron con los catalanes" ¿Pero cómo que pactaron? "Y estaba
la logia metida". ¿Por qué la logia va a tener más poder que el propio
rey que le da el título de Gobernador de Sudamérica? ¿Sería masón Whitelocke?
Linda idea. Pero no obstante él sabe que va afrontar un juicio que como
mínimo va a terminar con su vida fuera del ejército. Después logra mover
sus influencias y consigue que no lo fusilen. La historia del pacto no
me cierra.
SaM: Nosotros hacemos un paralelo con otro general
que es de una época aproximada, con el Mariscal Grouchy, que era un excelente
general y quedó en la historia, para la mayoría, como un fracasado.
JC: ¡Ah, claro, el que no llega a tiempo en Waterloo! Creo que,
como en la vida, en una batalla a veces la diferencia entre el éxito y
el fracaso es muy pequeña, un delgado hilo. A veces una decisión incorrecta
en la vida hace que termines en la lona. Una decisión o un error en una
batalla cambia la historia del mundo. Imaginemos que Whitelocke hubiese
triunfado, hagamos historia ficción.
SaM: Hubiese sido un mundo totalmente diferente.
JC: No estaríamos nosotros hablando acá, pero más aún hubiera
cambiado la historia del mundo sin ninguna duda. Bueno, también cabe la
posibilidad que a lo mejor se retiraban y terminaban dominando económicamente
todos estos territorios, como en verdad hicieron. Ahí todo hubiese sido
más o menos igual. Es una pregunta que siempre me hago ¿qué hubiese pasado?
La verdad es que no sé, es muy difícil de decir ¿seríamos como Canadá?
¿Seríamos como Nigeria?
SaM: Los dos paradigmas del imperio británico, las
naciones desarrolladas como Canadá o Australia, y por el contrario Nigeria
y otros países -especialmente de África- donde estuvieron los británicos
y hoy son lugares subdesarrollados y en un estado calamitoso.
JC: A juzgar por como estamos hoy, si estuviese en mis manos me
gustaría averiguarlo, aunque la historia de lo que pudo haber sido y no
fue realmente no tiene sentido.
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"Una charada".
Caricatura de John Whitelocke de 1808.
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SaM: ¿Cuáles fueron sus principales
fuentes bibliográficas?
JC: Fue mucha, realmente mucha. Crónica de Historia Argentina
(de Gibelli y Amuchástegui), las obras de José María Rosa, de Groussac
(el libro sobre Liniers), el de Carlos Roberts, ¡hay tantos! "Buenos Aires
y el interior", de Gillespie, "Inglaterra y Argentina durante el siglo
XIX", hay muchos más. Quiero aclarar que yo escribí una novela, que toda
esta bibliografía es necesaria para sustentarla en algunos pilares que
sean más o menos inatacables para que resulte creíble. Pero es literatura,
quiero remarcar esto. Pero es interesante porque los historiadores, básicamente,
manejan el análisis de los documentos y objetos testimoniales. La historia
entre un documento, o un objeto y otro, tiene baches. El verdadero secreto
está en rellenarlos con ficción. Obviamente desde la lógica, aunque es
muy riesgoso contar una historia así, yo creo que vale la pena.
SaM; ¿Considera que las narrativas históricas, desde
esa colección de la editorial que publicó su libro, o desde el Soy Roca
de Felix Luna, son un motor para que la gente se interese por la historia?
JC: Estamos muy mal, en todos los aspectos, no sólo en el económico.
Es una crisis moral, cultural y social. Me parece que la gente está buscando
algunas respuestas. No descubro la pólvora al manifestar que si uno no
sabe de donde viene, no puede saber a donde va. Por eso sucede el auge
de la novela histórica, aunque dentro de ella hay de todo, buenas y malas
narraciones. Sin embargo, creo que hay una búsqueda de la gente por ver
un poco los orígenes o de entender de alguna manera lo que pasa. No sé
si es la llave correcta, pero me parece muy bien que exista la inquietud
en ese sentido.
SaM: ¿Cuales, a su criterio, son los novelistas destacados
en las narrativas históricas?
JC: Andrés Rivera, sus novelas son insoslayables. "La revolución
es un sueño eterno" es realmente de lectura obligatoria. Creo -a mi humilde
juicio- que es uno de los mejores novelistas en la actualidad de la Argentina,
sino incluso el mejor aunque es una opinión muy particular. Rivera cuenta
una historia y también busca un anclaje en la realidad actual, ¡sino para
que sirve! Es un poco alumbrar lo que vivimos, por eso creo que hay tanto
interés en la novela histórica. Claro que también hay mucha frivolidad.
SaM: ¿No es también una contrapartida a lo que estuvimos
padeciendo durante muchos años de la historia oficial, la historia paralítica,
del subjetivismo oficial sobre los próceres?
JC: Por alguna razón nuestra historia está contada de un modo
muy "edulcorado", y justamente no dejan "tocarla". Es lo mismo con la
religión. A mi me parece que está mal porque si se pretende pensar un
poco, siempre es mejor conocer la verdad que la mentira en todos los ámbitos
de la vida. Hay cosas que están prohibidas, que no se pueden tocar, y
creo que todo lo que han hecho los hombres es revisable y "tocable", con
decencia y honestamente. Si se descubre que gran parte de nuestra historia
ha sido mal contada o falseada es como enterarse que tus padres no son
tus padres, y es un trago duro. Yo preferiría saber que soy adoptado y
conocer la verdad. Es una cuestión de identidad, por eso hay cuestiones
que no se pueden tocar porque sino se viene todo abajo.
SaM: ¿Por eso la novela histórica surge como un anticuerpo
contra esas posturas inmovilistas?
JC: No está mal que se revise, hemos pasado por tantas situaciones
penosas porque el origen no fue como nos contaron. Fíjense que, por ejemplo,
no se pueden tocar la figura de San Martín. Ignacio García Hamilton escribió
una novela donde de alguna manera dice que era hijo de una indígena y
se le vino el mundo encima. ¡Cómo si eso fuese importante, al contrario,
por ahí hasta es mejor! Hay cuestiones mucho más trascendentes sobre San
Martín. Tengamos en cuenta que tiene unos cuantos puntos oscuros en su
historia. ¡Mamita querida si te metés con eso! Es algo como sagrado, intocable.
Yo digo que no hay nada que haya nacido de una madre que no pueda ser
revisado como idea. ¿los dogmas? Son cosas pétreas y establecidas que
no tienen razón de ser, creo que hemos avanzado mucho para saber eso,
pero bueno, será cuestión de seguir insistiendo a ver si esa mentalidad
cambia un poco.
SaM: ¿Qué otros escritores, aparte de Rivera, admira
y con los cuales se formó literariamente?
JC: Son muchos, es una larga lista. Hay dos lugares comunes, Jorge
Luis Borges y Julio Cortázar, pero igual hay que nombrarlos. Luego desde
Feodor Dostoievski hasta William Faulkner hay muchísimos. Me gustan mucho
los escritores argentinos, pero no por un falso nacionalismo, porque son
los que te cuentan la historia en el oído, hablan tu mismo lenguaje. Marcos
Aguinis, es uno de los más importantes del momento. Lamentablemente hablo
de lugares comunes, de esa gente a la cual entrás a un libro de ellos
y no salís siendo el mismo.
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Jorge Castelli. |
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SaM: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
JC: Yo tengo una novela terminada, que no tiene nada que ver con
la historia. Yo básicamente soy cuentista y pasar a la novela es todo
un problema porque el cuento requiere de una precisión y de una fuerte
concentración. Esta es la primera que termino, porque muchas veces llegaba
a la página 100 y me aburría muchísimo. Si a mi me sucede, que va a pasar
con quien la lee, así que la dejaba inconclusa. Fue la primera que no
me aburrí y la terminé. Ahora estoy con otra totalmente diferente, nada
que ver con la historia. Es una novela psicológica si querés definirla
de algún modo.
SaM: Entonces lo suyo es definitivamente la literatura...
JC: Así es, si es histórico o no, es secundario para mi. A mi
me interesan las cuestiones que, dicho pomposamente, dan tu visión del
mundo. Pero ahora también estoy escribiendo otra novela histórica relacionada
con el fusilamiento de Liniers, que -me parece- también hay mucho paño
para cortar. Podemos decir que fue el primer fusilado de la historia argentina,
o mejor dicho, el primer eslabón de una larga y prolongadísima cadena
de sangre. Bueno, como hay dos posiciones tan antagónicas -Liniers y Moreno-,
me parece que da para un buen juego literario. En este momento está por
salir un libro de cuentos que ganó un concurso en la ciudad Alcalá de
Henares (en España) cuyo premio es la publicación, retrasada por problemas
editoriales que desconozco. Son cuentos, no tienen nada que ver... aunque
ahora que lo pienso, uno de los cuentos que figura en ese libro es el
que da origen a la novela, porque está ambientada en las Invasiones Inglesas
y se hace un paralelismo entrecruzado con la Guerra de Malvinas. Es un
cuento fantástico por esa relación del tiempo. Los otros no tienen nada
que ver con lo histórico.
SaM: Otro tema que nos llamó la atención de su libro
es el mundo militar, la pequeña historia del capitán George Sternwood
-la narración de la toma de la colina-, por ejemplo ¿se puede comparar
con la historia, a nivel universal, de la Primera Guerra Mundial y una
historia argentina que tiene que ver con la dictadura?
JC: La novela es también sobre la guerra. Una novela siempre es
muchas cosas a la vez. Toca el tema de la obediencia, que para los civiles
es una cosa un poco extraña -para un escritor, ni te cuento-. Entiendo
que un ejército debe tener disciplina. Pero la obediencia ciega, contra
órdenes que son contra la lógica y la moral, no sólo en el caso argentino,
es algo que siempre me llamó mucho la atención. ¿Cómo puede ser que un
tipo vaya en contra de las más elementales normas de ética y de humanismo
nada más que por cumplir una orden? Es una cosa que no me entra en la
cabeza.
SaM: El holocausto judío -la Shoa- es algo que no
hicieron dos tipos, sino miles...
JC: De militares y de civiles a la par. Es un lado oscuro que
tenemos, el de la barbarie que sigue estando vigente. Sino fuese así,
más allá que las armas son un negocio tal cual lo podemos ver en la realidad,
bien próximo, la guerra es una cosa -vamos a decir tonterías- que debería
haberse erradicado de la faz de la tierra desde hace mucho tiempo. Debería
haber otra forma de solucionar los problemas. Es muy pueril lo que estoy
diciendo pero sin embargo es así. El siglo XX era el de la esperanza,
a partir de los grandes inventos, los avances tecnológicos y de la medicina.
La tecnología iba a salvar al mundo. Sin embargo fue el siglo más terrible
con personajes siniestros. Fue el siglo en que la tecnología nos dio el
corazón artificial y la bomba atómica. Tenemos dos ciudades arrasadas
por esa bomba, los campos de concentración, ya hablamos de la Primera
Guerra Mundial (con los gases tóxicos), un siglo terrible. La guerra no
se ha erradicado ni muchísimo menos. Se ha puesto la tecnología al servicio
de ella. Todas estas paradojas para un escritor son llamativas. Yo no
digo, por favor, que una novela va a cambiar eso, pero que por lo menos
que la lean algunos y reflexionen ya está justificada la escritura de
ella.
Al concluir la entrevista, a avanzadas horas de la noche,
lo contemplamos partir bajo la persistente y gélida lluvia de junio. El
agua nublaba nuestra vista y por un momento no supimos si el hombre que
deambulaba por las calles de Buenos Aires era un afamado escritor o el
fantasma de un apesadumbrado general. Sí sabíamos que era alguien sensible
a las tempestades que asolan el alma humana.
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Por Gabriel H. Cortes y Pablo Rodríguez Leirado.
Julio de 2001
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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