Historias de la inmigración.
Manolo del Campo.

Sitio al margen tuvo la oportunidad de entrevistar a un hombre que ha sido el creador del conjunto de danzas del Centro Asturiano de Buenos Aires. Hablamos de Manolo del Campo, un hombre que ha mantenido vivas las tradicionales danzas de todas las regiones españolas en Buenos Aires. Una verdadera historia para destacar de nuestra inmigración.

Por Pablo Rodriguez Leirado y Juan José Díaz.

 
 

En tiempos de la tan mentada globalización, la panacea de las comunicaciones y de la tolerancia entre las distintas culturas, que determinan una no muy aconsejable uniformidad cultural, la tarea de aquellas personas que revalorizan las identidades y la diversidad y que se basan en sus raíces por cada paso que dan, constituyen faros que iluminan el camino que transitan los diferentes matices y particularidades de cada cultura en particular. Su labor nos enriquece a todos, al rescatar lo diferente y el detalle por encima de una aburrida uniformidad, que nos lleva hacia la falta de memoria, la despersonalización y finalmente a desconocer nuestra identidad.

Manolo del Campo, apelativo con el que es conocido en la Avenida de Mayo, en el Centro Asturiano de Buenos Aires, en cualquier asociación de la colectividad española o en cualquier sitio en que suenen las notas de una jota, una muiñeira o aún una chacarera, es uno de esos notables personajes. Se trata de un hombre de setenta años, muy bien disimulados por su erguido porte juvenil y su agilidad a la hora de danzar, que ha dedicado su vida a difundir por toda la Argentina y por España, el folclore y las costumbres de los millones de inmigrantes españoles que arribaron a estas tierras, atesorando puntillosamente trajes, formas de baile y tradiciones de las culturas que conforman a España.

Nuestro hombre llegó a la Argentina en 1949 proveniente de Llanes, una localidad de Asturias, y aunque en ese momento no se lo había propuesto, se transformó en el maestro que enseñó a miles de argentinos, y a los mismos españoles, la belleza y las singularidades de sus raíces culturales. Su labor, o tal vez sea mejor definirlo como su legado ya que fue concebido a lo largo de casi medio siglo de trabajo, es el Conjunto de danzas Pelayo, una institución de casi 70 bailarines, que posee una escuela a la que concurren más de 30 chicos y un vestuario de 800 trajes regionales -realizados respetando hasta el más mínimo detalle-, con un capital de conocimiento de numerosas piezas musicales, con sus partituras y pasos de baile, de todas las regiones de España y, en menor medida, de las provincias argentinas. Por estas cuestiones se puede calificar a Manolo como "pieza única", dado que no existe otra agrupación folclórica hispano-argentina de esas características y que se aproxime a su antigüedad -casi 50 años de existencia continua-.

En el bar del tercer piso del Centro Asturiano de Buenos Aires -su segundo hogar-, nos confiesa: "el conjunto no nació aquí". Algo que nos sorprende un tanto, ya Manolo es considerado como el más popular asturiano de la capital argentina. Continúa diciendo "por aquel entonces aquí había mucha política, como en todo los centros, ya que era la posguerra (se refiere a la Guerra Civil española de 1936-39) y cada cual tenía su historia. Yo venía de bailar en España y vine aquí a bailar, al Centro Asturiano, con un primo mío que ahora mismo vive en Aldo Bonzi, y en total éramos cuatro. El presidente de ese entonces nos dijo que en el Asturiano no bailaban hombres, sólo lo hacían las mujeres. Ahí nos enojamos y nos marchamos. Es que éramos todos jóvenes y de sangre caliente", dice riéndose. "Al poco tiempo conocí a un señor gallego, llamado Cañizo, que tenía una banda -pequeña- y tocaba en Casa de Galicia y también a veces venía a tocar al Asturiano. Yo siempre bailaba con él, que tocaba jotas, muiñeiras y lo que sea... bailábamos todo, bailábamos igual la ranchera que otra cosa, eso si, siempre con estilo de jota... (risas)

Un día vino y me preguntó ¿Tus amigos? Le comenté lo de la pelea y que no querían venir más. ¿Por qué no vais a Casa de Galicia? Y finalmente fuimos los cuatro. Entonces, estando ya en Casa de Galicia, vino un señor, García Pérez, y me dijo: Oye, tenemos la fiesta de Covadonga ¿no querrás bailar con una hija mía algo asturiano?"

Así se fue generando un cuerpo de baile, al que denominó Pelayo -por alusión al legendario heroe asturiano que derrotó en Covadonga a los árabes en el siglo VIII-, independiente de las instituciones. Pero como no podía ser de otra manera finalmente, retornó al Centro Asturiano, sin embargo no terminaron las complicaciones. "Nosotros íbamos a bailar a todos los lugares y eso nos traía problemas, porque sólo podíamos ir a la Federación de Sociedades Gallegas, la Casa Vasca, el Casal de Cataluña, y otros pocos centros más. Me quisieron echar más de 50 veces". Una de las características sobresalientes de Manolo del Campo y su conjunto, ha sido la de bailar para todo público, para todas las asociaciones de inmigrantes, sin importar su bandería política, su origen, su capacidad económica o status social. "Yo no quería mezclar la política, en parte porque no entendía mucho. A mi la política me quitó a mi padre cuando tenía cuatro años, que fue asesinado por los franquistas".

A pesar de que la condición de inmigrantes iguala a todos los individuos en un mismo dolor y angustia por su tierra, muchos no sabían diferenciarlo por el odio generado en la Guerra Civil. Manolo tuvo que padecer algunas cuestiones lamentables. "Yo tengo un traje de porruano que en esa época no me lo dejaron poner porque no lo conocían, y decían o presuponían que era un traje franquista... Es un traje que yo quiero mucho porque es de mi pueblo. Mi padre pertenecía a un grupo al que se le llamaba los porruanos. Esa palabra viene de Porrua, que es un pueblo y seguramente la gente de ese pueblo fue la que implantó ese baile. Mi madre fue la que me lo enseñó. Como a mi padre lo mataron cuando ella tenía 28 años, ella no salió más a bailar, pero me enseñaba en casa".

Como todo inmigrante que añora volver a ver o intensificar el conocimiento de sus raíces, Manolo viajó 49 veces a España. Sin embargo, tenía también otro motivo. "Todos los años, voy a una región distinta de España a aprender bailes, especialmente en los últimos 25 años. Si los bailes que tengo desarrollados están mal hechos, no tengo la culpa yo ¿Entendéis? Entonces todos los años traigo cosas nuevas y las vuelco en mis muchachos, porque si las aprendo yo y no las enseño, cuando vengo después me olvido. Lo mismo con las músicas, yo tengo una pila partituras de todas las comunidades, de las Baleares, de las Canarias, de Galicia, que está a un paso de mi tierra, Valencia, en donde fui a hacer un curso que duró 7 días".

La perfección en el tema de los bailes constituye una verdadera obsesión en su vida y por eso se manifiesta un poco contrariado ante algunas cuestiones. "Lo que pasa es que ahora han cambiado todos los bailes, los modernizaron todos, a lo mejor estoy algo desfasado, que se yo... Ustedes saben que cuando fuimos a Asturias, no esta última vez, porque ya se han cuidado un poco más, cuando llego Llanes, a mi pueblo, les digo que el día de San Roque voy a bailar el Pericote y el Corri corri, las danzas de mi pueblo. Cuando anuncia el locutor dice: el Centro Asturiano de Buenos Aires va a bailar el Pericote seguramente distinto o en alguna versión diferente ¡Así, por micrófono, yo me quería morir! Cuando las chicas estaban bailando vienen y me dicen "lo que estamos viendo no lo podemos creer, que a 11.000 km. bailen los mismos bailes que nuestros abuelos". Le digo "zoquete, yo tengo 70 y qué bailes voy a hacer yo, qué cosas les voy a enseñar". Yo lo bailo igual que lo hacían mis padres".

La función de maestro no sólo la ha desempeñado en la Argentina, también en su tierra, en donde el Ayuntamiento le ofreció un cargo para se quedara a impartir clases. "Lo que pasa es que yo no puedo quedarme en mi pueblo, porque tengo que echar a media familia. Allí bailan todos, pero como ellos quieren, como les da la gana, dan la vuelta para allá y otros para el otro lado. En un conjunto no se puede hacer eso".

La capacidad y la maestría del conjunto bien puede encontrar su adecuada descripción en una anécdota sucedida el año pasado cuando sus amigos del Casal de Cataluña en Buenos Aires lo invitaron a bailar, con motivo de la visita del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. "Cuando se enteró que éramos los del Centro Asturiano, los que íbamos a bailar para homenajearlo, mandó a una persona, porque tenía miedo que hiciéramos cualquier cosa. ¡Imagínate, asturianos bailando catalán! Los de la otra punta. Cuando vino acá ese hombre me dijo "esto sólo lo pudo aprender en Barcelona". Y así es, yo lo aprendí con el señor Comas, para eso me fui cuatro veces a Barcelona, porque es muy difícil el baile catalán, no es sólo la sardana. Porque es tan apagado, pero tan apagado que nosotros que somos del norte atlántico, que es pura sangre...", entre risas concluye "eso a los chavales míos, tener que hacer esos movimientos de brazos, esos gestos tan...", afrancesados, acotamos nosotros, "eso, y los nuestros ¡que va! no lo entendían. A mi me dieron una copa y unos gemelos de oro".

Mantener un conjunto como el Pelayo no sólo es complicado desde el punto de vista económico, sino también desde la cohesión humana del grupo y desde la continuidad. Pero Manolo, también tiene previsto el futuro y ha preparado de igual forma a quienes se puedan desempeñar como futuros líderes. "Ya hay cuatro o cinco chicas y tres o cuatro muchachos que están capacitados para enseñar. Lo que pasa es que son todos compañeros y si no estoy yo, hay problemas entre ellos. Por ejemplo, hay una chica del Pelayo que está enseñando en el Centro Riojano, y también otra chica de aquí que está en el Andaluz. Cuando yo viajo quedan ellos a cargo. Si se arma algún lio a la vuelta lo arreglo. Soy un tipo embromado..." Sin embargo, por lo que pudimos recoger de los integrantes más lo que observamos en los ensayos y presentaciones del conjunto, él se maneja con firmeza pero sin ser autoritario. Seguramente en un grupo tan grande y con tanta familiaridad, con varios matrimonios, hijos, hermanos, primos, sobrinos, nietos, padrinos, novios y amigos, si no existe una mínima disciplina se desbarranca todo. "A veces, que haya tanto parentesco lo complica todo, porque cuando uno tiene problemas, los tienen todos". Por otra parte, esa particular situación ha sido un elemento de contención en su vida. Una muestra de ello la ofrece el cariño con que fue tratado el año pasado con motivo de una intervención quirúrgica que lo obligó a estar convaleciente 6 días en el sanatorio y 15 en su casa. "No estuve ni un segundo solo, y hasta los médicos quedaron asombrados de lo bien organizados que estaban, porque se habían hecho una lista para turnarse y que en ningún momento me faltara compañía. Después vine para mi casa y tuve que echarlos, porque se venían a dormir todos los días y hasta chicos casados. Basta, les tuve que decir, que ya me puedo cuidar solo. Por el día venían las mujeres y por la noche los maridos."

En sus inicios como bailarín los mejores recuerdos los tiene para la Casa de Galicia. "Arranqué a inicios de los años 50 con Celia Caneda -una verdadera institución en la danza- y con Dopazo. También estaba Montero. Para mi, en aquella época era el mejor conjunto de la Argentina. Éramos todos jóvenes, llegamos a bailar en el Teatro Colón". También integró el cuerpo estable del Teatro Avenida durante cinco años, en la época de "las romerías", aunque nunca quiso vivir de la danza. "Trabajaba en una fábrica en Morón y por eso nunca iba a las giras -por eso me despidieron en el teatro- que hacían por el interior o a otros países. La plata que ganaba con el baile la destinaba para viajar a España y a arreglar la casa de mi madre".

Resulta notable su condición física, que le permite seguir presentándose en los espectáculos. "A veces me encuentro con mis compañeros de Casa de Galicia y les digo porqué dejasteis de ensayar, porque si yo me dejara estar, andaría igual que ellos. Además la juventud te enseña mucho, la juventud alrededor te mantiene joven".

 

 


Don Manuel del Campo, un verdadero ejemplo para toda la colectividad española en Argentina.

 

En ese aspecto, la relación que mantiene con los jóvenes es muy particular. "Me da bronca que protestan contra la juventud porque cambian esto o hacen lo otro. Yo tengo cinco chicos de entre quince y diecisiete años que son hijos de los que bailan y mientras dirijo el conjunto los padres no les pueden decir nada, cuando van para casa ahí es otra cosa, pero aquí mando yo. En una oportunidad, estos chavales, después que terminamos a las nueve de la noche una función, querían ir a bailar, como es lo normal a su edad. Le dije a uno de los padres que no protestara que yo iba con ellos -siempre hago lo mismo-, que si el lugar valía la pena se quedaban. Cuando llegué allá les pregunté si les gustaba y me dijeron que no, que nos vamos. Así que cuando llegué al hotel los padres no se habían acostado todavía. Pero si tu a los chavales les dices que no, es peor. Eso si, no hay que dejarlos solos nunca. En España yo me sacrificaba, y eso que a veces tenía ganas de quedarme durmiendo en el hotel, y andaba, por ejemplo, yo por Llanes por los boliches a las cuatro de la mañana. No se le puede prohibir todo a los chicos. No me puedo meter en ciertas cosas, si una sale con el otro, me guste o no. Tengo mis hermanos mis sobrinos, a mi familia en España, pero cuando estoy allí, yo extraño a la Argentina, a mis muchachos. Aunque me ponga a enseñar en España no es igual. Yo tengo una casa en mi pueblo y les doy la llave a todos los chicos del Conjunto que van a España. Les dije a mis hermanos -que me pedían que me quedase allí-, que no podía porque la casa era para mí y para mis amigos".

Hay también otro aspecto en que Manolo del Campo es patriarca: la difusión de la gaita. Ha posibilitado a muchos acceder a información que les resultaba inalcanzable. Pero sin lugar a dudas su mayor logro en ese tema fue la creación de la Banda de Gaitas Covadonga que acompaña al cuerpo de baile, y últimamente se está presentando en forma independiente del cuerpo de baile. Para su mejor desarrollo ha traído a renombrados gaiteros. Prueba de ello son los casos como los de Hevia, Xuacu Amieva -por dos años consecutivos- y especialmente a Flavio Benito, quien integró la legendaria Xan de Cubel, y con quien ya se ha constituido una sólida relación. En este último año, ante la imposibilidad de traer a Flavio, trajo a Oscar Fernández González, último ganador del prestigioso trofeo Macallan, del Festival Intercéltico de Lorient.

Con el Conjunto ha viajado por toda la Argentina y también por casi toda España (tres parejas en el 95, un número mayor en el 96 y 55 integrantes en este año). Se presentó ante los presidentes Perón, Alfonsín y Menem -cuando era gobernador los invitó para el aniversario de los cuatrocientos años de La Rioja-, también ante autoridades españolas, sin ir más lejos se presentó para el Rey Juan Carlos -en esa famosa ocasión que le robaron por unos minutos la capa a la Reina Sofía en el Centro Galicia-, en los festivales celtas. Asimismo, fueron uno de los números principales del enorme desfile que se realizó para el 12 de octubre de 1962 en Avenida de Mayo. Citar todas sus presentaciones destacadas sería interminable.

Otra cuestión para destacar es que varios directores de conjuntos folclóricos, especialmente del interior, se acercan para aprender bailes y conseguir partituras musicales, como por ejemplo Susana D'Alu, de la provincia de Neuquén, en donde por lo menos una vez al año se presenta el Pelayo. Por eso le preguntamos si tiene conciencia de la magnitud de su labor, "es mi responsabilidad", responde sencillamente y enseguida elude hablar del tema refiriéndose a otros. "Un pueblo pequeño de Córdoba, Alejo Ledesma, en donde me quedé frío. Fui a bailar y vi una sociedad española muy cuidada, toda pintada. ¡Y eso que no había un español! Me emocioné y les dije a través del micrófono; me siento realmente orgullosísimo de tener descendientes como ustedes. Tenían unos vestuarios muy prolijos, con perchas para cada uno, con sillas para nosotros y todo limpio. Y después la atención, llegamos por la mañana y había tres personas esperándonos para servirnos el desayuno ¡Y tampoco eran hijos de españoles!

Allí es donde él centra su crítica, a la escasa memoria y desaprensión por la cultura y la identidad. "Hay gente que tiene hijos que los trae a bailar y después los sacan porque dicen que están perdiendo el tiempo. Pero por suerte hay unos diez o doce chicos y chicas que se interesan permanentemente. No hablo de los que bailan, que esos conocen todo, las costumbres, los cantos, los significados, tal vez no a la perfección, pero saben bien de que se trata, porque se usa de una determinada manera el pañuelo, el blanco o el negro, las diferentes comidas y sus variedades -como se preparan-, cosas que hasta hace poco no las sabían". En ese aspecto plantea que en la Argentina son los gallegos los que más se han desarrollado -nosotros creemos que se debe a la situación mayoritaria de la colectividad gallega en Buenos Aires-, aunque lamenta que últimamente se esta perdiendo la diversidad, ya que "hace pocos años han empezado a venir profesores de Galicia para enseñar en los distintos centros y asociaciones. Ellos han unificado todos los bailes, cuando la realidad gallega no era así. El baile de Lugo es mucho más vital, más bruto -y parecido al nuestro-, más de montaña que el de la Coruña. Nosotros tenemos varios trajes gallegos, de acuerdo a cada región, y hacemos esa distinción cuando actuamos danzas gallegas".

Una de las características de la personalidad Manolo del Campo es la de no querer hablar de sus premios. A tal punto sucede esto que no pudimos obtener ninguna información relevante preguntándole directamente a él sobre sus innumerables reconocimientos. Por suerte la gente del Conjunto Pelayo, por intermedio de Alberto Rodríguez -también corresponsal en Buenos Aires de la principal web asturiana, www.asturies.com - nos facilitó algunos datos, aunque desconocen los laureles de su director antes de 1973 -nosotros sabemos que tuvo bastantes...-

Es más, cuando uno de quienes firman el presente reportaje; Juan José Díaz Gaitero, le confió que lo volvió a ver sobre un escenario después de más de dos décadas, en el Festival Keltoi organizado en 1996 en el teatro Astral y quedó maravillado, porque se encontró con la misma imagen, la misma vitalidad y hasta un estilo mucho más pulido para bailar, nuestro invitado de hoy esbozó un gesto de sonrojo, que habla a la claras de que lo que hace, lo hace con humildad y por Amor. ¿Qué más le podemos pedir?

  • 1973: Medalla del Instituto Español de Emigración.

  • 1979: Bunyol D´or. Bunyol de Covre. Junta Central Fallera de Valencia

  • 1981: Cruz de Caballero Orden del Mérito Civil otorgada por S.M. Juan Carlos I de Borbón.

  • 1984: Centenario de la Regenta 1884-1984. Excmo. Ayuntamiento de Oviedo

  • 1987: Plaqueta Hijo predilecto de Llanes. Excmo. Ayuntamiento de Llanes, Alcalde Don Antonio Trevin Lomban.

  • 1987: Socio de Honor Plaqueta y Medalla de la F.I.C.A. (Federación Internacional de Centros Asturianos).

  • 1988: Medalla de Oro del Centro Riojano Español de Bs.As.

  • 1989: Medalla de Asturias de Plata del Principado de Asturias. Presidente Don Pedro De Silva Cienfuegos Jovellanos.

  • 1991: Medallad de Oro del Centro Numancia de Bs. As.

  • 1994: Urogallo (Feria de Muestras de Gijón). Centro Asturiano de Madrid.

  • 1995: Réplica de la Catedral Grima de Plata Horreo del Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, en el Teatro Campoamor

  • 1995: Carabela de Plata de la F.I.C.A. (Colombres-Asturias).

  • 1995: Medalla de Oro del Centro Asturiano de Buenos Aires, (Colombres-Asturias)

  • 1999: Cruz de la Victoria del Centro Asturiano de Buenos Aires.

 

 


Manolo del Campo en una entrevista muy agradable brindada a Sitio al margen. Un hombre que es un verdadero ejemplo para muchos jóvenes...

Desde esta humilde tribuna de opinión, queremos dejar sentado nuestro agradecimiento a Manolo del Campo, por ser simplemente como es, un incasable promotor de todo aquello que esté relacionado con el arte de la danza y de la música folclóricos y de las tradiciones de cada rincón de España y hacemos votos para que siga en ese mismo camino por muchos años más, permitiéndonos disfrutar de la historia viviente que trasmite el Conjunto Pelayo

Por Pablo Rodriguez Leirado y Juan José Díaz.

 


Conjunto de baile Pelayo, dirigido por Manolo del Campo.

 

Apellido y Nombre

Correo electrónico

Su opinión

 

 


En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.

Muchas gracias.