Carlos Núñez al margen.
Un gaitero indómito y libre.

Los recitales de Carlos Núñez en Buenos Aires ya se han transformado en una costumbre y Sitio al Margen presenta un Informe Especial. Para esta oportunidad nuestra colaboradora María Belén Luaces se entrevistó con el famoso gaitero vigués.

Por María Belén Luaces.

 
 

Carlos Núñez nació hace 27 años en el puerto de Vigo, España. Desde sus trece años, los ojos de los amantes de la música celta no han dejado de seguir ni uno sólo de sus movimientos. Hasta Joan Manuel Serrat cedió ante sus encantos y en su último disco lo tuvo como invitado.

Núñez es de esa casta de artistas que se mueven entre las capas del tiempo y de los horizontes, rasgando los misterios de un pasado cultural que ha dejado marcas en el relieve de su historia. Es el gaitero vigués que forma parte de la revolución que está viviendo la música celta de España, es uno de esos personajes de fábula que a veces nos cruzamos en los caminos de la vida.

Las giras, los conciertos en todas partes del mundo, son la cara más visible de la vida trashumante que llevan la mayor parte de los músicos. Carlos Núñez entró en ese mundo cuando era muy pequeño y por eso quizás es un joven con un alma de varios años. La historia del niño prodigio, adolescente sensible, joven buscador y viajero empezó a germinar en tierra propia cuando en 1997 salió editado “A Irmandade das Estrelas”, un disco que pasó los límites de los amantes de la cultura celta y conmovió a través de los sonidos del viento a más de un desprevenido. Y es que Núñez sabe reunir en sus soplos de gaitas, ocarinas, tin twistles y flautas, el alma de varios puertos. El hombre se hizo a la mar del desafío de desentrañar el misterio de su tierra, de sus antepasados, de los inmigrantes que volvieron y de los que no, de los sonidos celtas que lo llevaban al sur, a la tierra de los gitanos andaluces y a los puertos de América.

¿Cómo? se preguntaron de una punta a otra de España; ¿el sur con el norte?, no hay forma. Carlos la encontró y este año dio a conocer “Os Amores Libres”, un alegato al entendimiento musical que no conoce de fronteras, ni de divisiones ni de ataduras. “De norte a sur y de este a oeste la música refleja los paisajes del alma, el encuentro festivo y pasional de una estirpe que busca la libertad”, así define el poeta Manuel Rivas la música de Núñez, así comenzamos nuestra charla en su cuarta visita a Buenos Aires.

- La música, los viajes, la gente, ¿cuál fue el desencadenante de esta búsqueda que se propuso como creador?

-En verdad, hay un Carlos Núñez de antes y de después de los viajes, porque desde muy pequeño me vi involucrado en un mundo donde los músicos tratábamos de recuperar una tradición, una memoria que estaba a punto de morir, creo que conocer tanta gente que buscaba rescatar del olvido sus orígenes hizo mucha mella en mí. Eso me sucedió en mis primeros años, cuando tenía 13 o 14. Muchas preguntas que empezaron a surgir fueron encontrando su camino en los viajes. Desde muy pequeño empecé en esa dinámica de aprender de los viejos maestros que son tan grandes que, como joven, te tientan a hacer nuevas cosas, esa es un poco mi vida misma. En esa aventura hacia el norte empecé a tocar con los Chieftains que son los grandes maestros, y fueron ellos los que buscaban conexiones entre la música gallega y la irlandesa y además decían que sonaba un poquito “spanish”, flamenca. Yo no lo podía creer, sentía que el flamenco era un género que estaba a mucha distancia de nosotros, artísticamente era una música como prohibida. Pero que la mirada de otros viera esas cosas me hacía preguntarme qué estaba pasando y entonces empecé a conocer a gente muy interesante, a ver que hay toda una serie de ritmos en común, melodías cercanas.

 

 
 

- En este disco provocó un revuelo desde el título, ¿Cómo fue la sensación de meterse en un terreno tan riesgoso como el de mezclar y desestancar identidades históricamente cerradas en sí mismas?

-Yo estoy convencido de que la música debe ser libre y es que de hecho lo es, debe ser como los amores. Las gentes de Galicia, los músicos, los artistas, el pueblo todo, desde la llegada de los reyes católicos y nuevamente durante los años de dictadura vivimos un sistema de aculturamiento absoluto. Se nos prohibió el idioma, las costumbres, las tradiciones musicales. Debíamos ser toda España como un mismo compacto, música alegrosa que nada tenía que ver con nosotros y lo mismo les pasaba a los vascos, a los catalanes, a los andaluces. En el norte nos aferramos a la música celta, a ese sueño celta de Irlanda, Escocia, de los héroes, de las batallas. Venimos de una música tradicional que siempre estuvo relacionada con una mirada hacia el mar, hacia el Atlántico y el norte. Es por eso que en este disco hablamos de esos amores prohibidos que significaban la mirada hacia el sur, una mirada que esquivamos siempre por miedo a perder nuestra identidad tan vapuleada, cuando en realidad yo creo que la fortalecemos. Y en este viaje del reencuentro fueron apareciendo otras músicas ya que en toda España, como en otros países, los gitanos tuvieron una música muy viajera, traían todos aquellos pasos dobles, música de posguerra, del norte, del este, del oeste. En ese punto empecé buscar más allá.¿Por qué hasta ahora no habían tocado juntas una gaita con una guitarra flamenca, estando tan cerca? Quizás porque ha habido un gran complejo, los españoles no nos identificábamos con esa “gran y única España” que proclamaba Franco, estaba un poco mal visto que se tocasen los del norte con los del sur. Yo creo que los lazos están estrechados desde hace muchísimo tiempo y volver a reconocerlos enriquece y fortalece las identidades de cada pueblo. Debemos vencer esos prejuicios y barreras que antes no existían y los reyes y los gobiernos nos impusieron.

Sus vientos de buscador también lo llevaron a las costas de Gales, al Tánger, luego Marruecos, Rumania y hasta Buenos Aires. “Os Amores Libres” finalmente se grabó en 10 países diferentes y contó con la colaboración de más de cien músicos como Ry Cooder, Jackson Browne, Paddy Keenan, Liam O’Flynn, Phil Cunnigham, Tino di Geraldo, Vicente Amigo, Juan Manuel Cañizares, entre otros, todos ellos los más importantes músicos de sus tierras. También están presentes el Coro Sufí Andalusí del Tanger, la flamenca Carmen Linares y la Portuguesa Teresa Salgueiro del grupo “Madredeus”. Además aparecen entrelazados a estas músicas los cantos y los cantes, las palmas y los jaleos de varios músicos callejeros que el propio Núñez descubrió en sus viajes.

-¿Las críticas han sido muchas?

-Al principio, por no conservar una “tradición pura”, pero yo me pregunto si existe eso, o qué es?. Al final ¿la música que recogemos ahora en 1999 no es válida? ¿Sólo la de hace cincuenta o más años es tradicional y pura? Porque tampoco era la misma hace cincuenta que hace cien años. A veces cuando yo más purista quiero ser descubro a la música como una catedral, que esta formada de muchos estilos superpuestos y al final esta terminada con colaboraciones de todo eso, del paso de la historia, de las culturas, de los momentos y las gentes que la habitaron. Para mi la música tradicional es como una catedral con estilos góticos, románticos, barrocos, bizantinos, es una construcción constante. Hace cien años la gente estaba escandalizada porque llegaban esos sonidos perturbadores de los inmigrantes, que desde los barcos volvían tocando sus tangos y sones, ritmos que a la gente le empezaban a gustar y luego esa música pasó también a formar parte de la tradición, yo no quiero perderme la gran emoción de seguir construyendo. Me dijeron bastante que no me metiera en este terreno tan arriesgado, que me iban a criticar mucho y al final hace un tiempo que persigo a mis grados de locura sin miedos ni prejuicios. Cuando hace sólo cuatro años Manuel Cañizares, uno de los más virtuosos guitarristas flamencos, tocó en Vigo lo apedrearon directamente. Ahora, en la gira anterior a la salida del disco, tocó con nosotros y la gente salía emocionada porque sintieron que de verdad existía esa conexión con el sur, que superaba cualquier barrera y nos engrandecía. Ya ves como también las cabezas se van fusionando.

Este viaje también lo llevó hasta Rumania en la frontera con Serbia, concretamente a Timisoara, cuna de la revolución que acabó con el dictador Ceaucescu, donde vive uno de los mayores grupos de gitanos del mundo. Allí grabó con Taraf de Cansebes, un grupo de gitanos que hacen música tradicional de Rumania. También encontró que la antigua música judía tenía sus raíces en común con lo que estaban gestando y Noa, de Israel, aportó su voz a uno de los temas del disco que retoma en su letra la leyenda del fantasma de una lavandera que lava sus pecados en el río.

 

 
 

- Mucha literatura se mezcla en sus discos, las letras de muchas canciones son antiguos poemas o están basadas en leyendas populares.

-Es que la poesía es música y la verdad es que al transformarlas directamente en canciones llegas a conocer esos versos hasta en sus entrañas. En este último disco le hemos puesto música a un poema de Federico García Lorca, uno de los seis que hizo en gallego, él que era “el poeta de los gitanos”, un hombre del sur de España que también tuvo relación con el norte, con la música celta. Creo que él debe haber soñado el mismo sueño que me impulsó a hacer este disco. Pienso en él y en mucha gente cuando digo que hemos concretado la utopía de muchos que, desde varias décadas y hasta siglos atrás, habían empezado a vislumbrar estos amores imparables. Históricamente los judíos, los gitanos, los árabes, los bretones, los celtas, los moros, los africanos, han sido parte de esto que ahora es España, ¿cómo dividir en fragmentos una cultura que nació de la fusión y la convivencia de tantas almas? Hasta hace cincuenta años había familias en Galicia que seguían manteniendo ritos judíos de una forma secreta y algunos incluso sin saberlo, eran tradiciones que mantenían desde sus antepasados. Este viaje nos llevó hasta Marruecos, porque allí también hay una música que llaman andalusí, que tiene mucha relación con la música irlandesa y con la música gallega y por supuesto con la flamenca

-En las letras de este último trabajo tampoco deja de arremeter contra la discriminación y el racismo, contra los obsoletos prejuicios y las históricas masacres que este mundo ha vivido.

-Es que la mayor impresión que te llevas viajando es ver que la música no responde a las fronteras que tenemos metidas en la cabeza, las fronteras nacionales más que culturales son una marca económica y estamos en un mundo que esta organizado dentro de esos intereses económicos y al hablar de música nos tenemos que olvidar de eso, a veces nos llevamos sorpresas increíbles. De pronto grabábamos en Marruecos porque los músicos no podían viajar a España por problemas de visados y en cambio la música era casi la misma y estábamos hablando un mismo lenguaje y encontrábamos unas barreras tremendas, pero la música era de hermanos. La misma sensación tuve al empezar a tocar con los flamencos, barreras que yo tenía en mi cabeza que empezaron a caerse. Descubres que adentro de la música, y de la música tradicional, hay una tolerancia infinita, ella no es racista, no es excluyente, en la música ves como han viajado las cosas, como un pueblo ha aprendido a disfrutar lo que le viene de otro y lo hace suyo y de pronto eso ya se queda allí. En estos momentos en que la música celta en Francia o en Italia está siendo utilizada por la extrema derecha como un símbolo de raza pura hay que recuperar las hermandades, no hay más absurdo que decir que la música es pura, porque la música tradicional es la música mestiza, como somos nosotros y toda nuestra cultura, somos sumas de partes. Esta es la mayor lección que me han podido dar los amores libres. Cambiamos mucho al viajar, se te abren puertas, creo que es cuando uno como músico empieza a disfrutar. Todo el mundo sabe buscar la felicidad y el placer, en cualquier país del mundo sean pobres o sean ricos siempre buscan lo mismo, ser felices y la música es un medio para conseguirlo, que nos unifica en todas partes. Al final lo más importante es el sueño de una aventura a través de la cual vas descubriendo raíces y que todo esta muy ligado.

-¿Y cómo empezó a relacionarse con el flamenco?

- Fuí conociendo luego uno por uno a grandes maestros, los discos de los años 20, los discos de piedra o pasta, incluso descubrí grabaciones flamencas antiquísimas muy interesantes como la de Sabicas que incluimos en el disco. Fué grabada aquí en Buenos Aires en los años 30 y es una muiñeira tocada por las manos mágicas de un flamenco, un genero que él llamó gallegada, como otro de los palos del flamenco. Nosotros recuperamos esa grabación y nos pusimos a grabar con él, en su mismo sonido de hace seis décadas, allí nos metimos nosotros, sin trastocar esa esencia. El tema terminó sonando como de aquella época, eso nos pareció lo más fantástico. Todo ese viaje a los discos antiguos fue el que me hizo encontrar el flamenco en sus formas más simples, no con todo el desarrollo actual, allí encontraba que la alegría era como nuestra jota, que los zapateados diferían con nuestras palmas sólo en sus acentos, que las bulerías se conectaban con varias de nuestras músicas tradicionales. Mi proceso de acercamiento vino por el flamenco antiguo, creo que siempre después de grandes maestros que han innovado lo más interesante es volver a las raíces para recomenzar otro nuevo viaje.

-¿Y cómo esperaba que resultara esta aventura, que acogida soñó que iba a tener su trabajo?

-Cuando te metes en una aventura de estas creo que en lo que menos se piensa es en que va a suceder, sientes que debes emprenderlo y ya, hasta el final. Curiosamente dimos algunos conciertos por España antes de que saliera el disco, empezamos por el sur, Málaga, Murcia, los recuerdo bien. Íbamos con músicos flamencos, Bernavent, Cañizares, un bailaor flamenco y la gente estaba encantada, pero la duda era que iba a suceder a medida que la gira fuese subiendo hacia el norte, a los flamencos nos los van a apedrear, es que habíamos tenido malas experiencias. Pero curiosamente cuando llegamos a Vigo y a Santiago la gente se quedo muy contenta, sintieron que realmente había una conexión, fué realmente precioso el debut.

-¿Y en el resto de España lo ayudó el nuevo impulso que ha cobrado la música celta?

-Quizás, aunque yo no creo que este auge de la música celta sea simplemente una moda, un rasgo de corto tiempo, creo que la sensibilidad de la gente está muy despierta, se está abriendo. La música perdurará. No importa ya lo que toques o con qué sino lo que digas con ello, lo que quieras transmitir con lo que haces, los instrumentos son eso, instrumentos, sólo medios para decir algo. No es sólo estar afinado y dar en el compás justo y yo estoy seguro que eso la gente lo percibe y lo recibe, por eso ya no se si importan tanto las etiquetas, quizás si es cierto que de un tiempo a esta parte se abrió la mirada de la gente y mucha música que estaba tapada o circunscripta a una región, como la nuestra, ahora tiene la posibilidad de llegar a otros lugares y es que también se está viviendo toda una renovación.

Núñez habla de que también hay una literatura que lo ha influenciado mucho y es “una que no se edita pero que se mueve por el mundo igual que sí” y son las cartas y los e-mail que recibe en un apartado postal y una dirección de correo electrónico que aparecen en sus discos. Dice que lo emociona leer a tanta gente que sin conocerlo personalmente siente una afinidad sin fronteras hacia su música.

- La música te relaciona sobre todo con la gente, es muy fácil hacer amigos con ella, sobre todo compartir con otros lo que de otra forma sería casi imposible, poder intimar con el público que te esta escuchando. A veces tengo la sensación de que cuando toco me olvido de lo que estoy haciendo y entro en una energía que me envuelve y me supera, y de pronto vuelvo, y una y otra vez me enamoro de la música, del lado que no se puede escribir en la partitura, de ese secreto, como una pócima mágica guardada que generan los sonidos. Es el lenguaje con el que más cosas puedes decir, puedes expresar hasta tu energía, eso es música. Cada vez me voy desligando más de la parte teórica y cada vez me interesa más lo otro, lo que con ella dices y trasmites, las cosas con las que sólo ella te conecta.

- Ha recorrido los caminos que muchos siglos antes ya hicieron otros pueblos, otros hombres, hasta se animó a salir hacia América desde el puerto de Vigo como muchos de los gallegos de Argentina.

- Este segundo trabajo ha sido la unión norte sur de España pero efectivamente está la otra pata del castillo que es la inmigración atlántica y creo que desde que descubrí que llegaban tangos a Galicia y allí los hacían con gaitas y luego volvían y se convertían en nuevas músicas pero con reminiscencias ineludibles, me he formado la idea de que siempre hubo un puente allí, que es algo maravilloso y tangible. En mi caso los discos son finalmente el resultado de los amigos que voy haciendo, nuestra vida son los viajes y las cosas surgen de una forma muy cálida y natural con las influencias de todas esas gentes que te encontraste en el camino. Probablemente los mejores gaiteros y los mejores músicos desde la época de las inmigraciones no han vivido en Galicia sino en esa otra Galicia que es la transatlántica, la americana. En Argentina y en Cuba estuvo probablemente uno de los sectores más avanzados de lo que en España era una Galicia congelada y que siguieron desarrollando nuestra cultura aquí. Los inmigrantes son los gallegos de cabezas más abiertas y además los barcos han sido un gran espacio de creatividad musical.

- Un joven gallego arriesgado, que se hace a la mar, cruza las montañas, que atraviesa continentes... parece el cuento de una larga travesía.

- Es así, la música es mi vida privada, pero para mí no es una renuncia a nada. Soy un trovador, un gaitero por la aldea del mundo, un gallego errante. Es una magia que mucha gente descubrió, como los afiladores, los gitanos, los nómades. Dedico mi vida a la música, sé que mientras toque estaré vivo, seré joven. Es mi forma de vivir y de ella estoy enamorado.

Y cuando dice “ella” uno siente que sin duda habla de la música, una musa en las palabras de Núñez y en los sonidos de sus gaitas en los que toma forma, se vuelve palpable. Un comentarista español definió a este joven vigués con la magia de un poeta: “Sólo los gaiteros por libre, los indómitos, pueden hacer llover estrellas. De esta estirpe de reyes, celtas o mohicanos, que mas da, es Carlos Núñez”.

Y leyendo esto recuerdo la anécdota sobre el día de grabación del primer tema del disco. Se cuenta que eran las seis de la mañana y el duelo final del tema, entre la guitarra flamenca de Cañizares y la gaita de Carlos no llegaba a concretarse. Estaban exhaustos de tocar repetidas veces hasta que en un momento a Núñez los dedos le empezaron a danzar más rápido que el pensamiento y las manos de Cañizares comenzaron a jugar a las escondidas, fue cuando se definió la toma y la magia se concretó. Alguien dijo por ahí que habían despertado al duende.

Por María Belén Luaces.

 

 

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