Jornada en la UBA: Asturias 1934.
La Revolución: problemas de su historiografía.

Sitio al Margen presenta un dossier con las ponencias expuestas en las jornadas académicas sobre el 70ª Aniversario de la Revolución en Asturias en 1934, los pasados 27 y 28 de octubre y 1º de noviembre de 2004. Fue organizado por integrantes de la cátedra Historia de España de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Tanto los organizadores como quienes realizaron las ponencias autorizaron a que Sitio al Margen tuviera el honor de publicar sus trabajos y así poder difundirlos por Internet. A continuación ponemos a disposición de nuestros lectores la ponencia del día jueves 28 de octubre a cargo de uno de los organizadores, el profesor Gabriel Cora.

Por Gabriel Cora
Febrero de 2005

 
 

Desarrollo aquí un relevamiento de la presencia que la Revolución asturiana de octubre de 1934 ha tenido en la producción cultural española.

Como es natural al difundir este tipo de indagaciones, he debido afrontar alguna disyuntivas. La primera suponía decidir entre la comunicación de todos los elementos reunidos o la ponderación de algunas versiones de los hechos sobre otras, por ejemplo priorizando aquellas elaboradas con un criterio de rigurosidad científica en detrimento de las que resultan de las meras exigencias de la militancia.

He escogido la primera opción para evitar colonizar a mis interlocutores (oyentes y lectores) a fin de que ellos practiquen sus propios recortes y jerarquizaciones en acuerdo a subjetividades, niveles de formación e intereses. Pero soy consciente de los lastres que la labor del censista que todo lo registra lleva consigo: mayor volumen del texto, necesidad de un eje vertebrador que ponga orden en el maremagnum de datos, menor dinamismo, etc.

La búsqueda de tal principio de organización de la información supuso, obviamente, una nueva elección. Decidí abortar todo intento por categorizar ideológicamente las obras que aquí se consignan. Por un lado, porque lamentaría esterilizar el trabajoso proceso de investigación sirviendo a posteriori al debate sin fin de modelos globales basados en pares irreconciliables. Por otro lado, porque yo mismo tendría mucho que decir al respecto, y las comprometidas limitaciones de tiempo para la expresión oral y de espacio para la escrita no lo harían posible.

 

 


Restos de un cañón de las fuerzas revolucionarias y que explotó en el Naranco cuando disparaba sobre las fuerzas gubernamentales sitiadas en Oviedo.

En cambio, un sencillo esquema cronológico nos permitiría orientarnos sin riesgos y al mismo tiempo ganar en significatividad, pues las etapas o segmentos temporales considerados portan además una entidad reconocible en la historia de la cultura española contemporánea.

Tres son los períodos que sugiero identificar. El primero, contemporáneo al suceso, acotado al bienio 1935-1936. El segundo, correspondiente a la producción que vio la luz en la llamada Transición española, entre 1974 y 1980. Finalmente el tercer período se inicia con la moda historiográfica que genera el medio centenario de la Revolución - en 1984 - y ha de proyectarse hacia nuestros días.

Las obras escritas en la inmediata posterioridad de los acontecimientos son abundantes, pero asimismo parten de una dinámica denuncia – descargo, que refleja más las condiciones de producción que una finalidad conscientemente historiográfica. Sus tramas surgen menos de la crónica de los hechos personalmente indagados que de intervenciones en ciertas polémicas en torno a una media docena de episodios.

La siempre resurgente fuerza de succión de la polémica es uno de los elementos que desestiman una posible interpretación generacional de las tendencias divergentes que muestran las tres etapas. Ello puede comprobarse –a título de ejemplo– en las páginas de “1934. La guerra civil empezó en Asturias”, de Angel Palomino, publicada en Barcelona por Planeta en 1997, que será protagonista de una futura reseña de la propaganda y contra propaganda en España, pero que podrían imaginar totalmente nuestros abuelos con sólo recordar los editoriales de la prensa reaccionaria madrileña del ’35. Escritor de ficciones literarias durante casi una década al amparo de una igualmente ficticia identidad (el seudónimo Ulises), Palomino resucita todos y cada uno de los tópicos que sirvieron a los periodistas de derecha para tergiversar a una Revolución que (descontada la presencia infeliz de excesos que son omnipresentes en los conflictos armados) no tenía un periódico desde el que expresarse.

 

 


Explosiones provocadas por el movimiento revolucionario en las calles de Oviedo...

La década del setenta vio la liberación de tantísimos materiales de las bibliotecas particulares a las que las requisas del franquismo por fortuna no habían logrado llegar; mas esa liberación fue escoltada por un notable esfuerzo de síntesis, meritorio de mención porque, además de compilar las obras polemistas de la etapa anterior (que ahora veían su reedición en masa), intentó anclarse en un laborioso trabajo documental. Un Paco Ignacio Taibo II con su Historia general de Asturias, Bernardo Díaz Nosty a través de La Comuna asturiana, se diferencian claramente del cariz ensayístico de los autores contemporáneos al movimiento insurreccional, quienes por cierto son tomados muy en cuenta; estamos ante libros basados en otros libros pero también en artículos de prensa, documentos clericales y sindicales, folletos, entrevistas y hasta archivos sonoros y fotográficos.

La tragedia que supuso la represión militar que siguió a la sublevación, a un mismo tiempo cruel y controversial, inspiró en los meses finales de 1934 y en los años siguientes, un sentimiento de solidaridad con el pueblo asturiano que embargó no sólo al resto de España sino también a otras comunidades ligadas histórica y culturalmente a él, como la argentina. La profusión de crónicas sobre los hechos básicos de la Revolución que fueron escritas en ese lapso se debe en gran parte a tal contexto. Por una parte, los periodistas, quienes querían saber más y difundir; por otra, los militantes partidarios, que antes que idealizadores de una objetividad verdadera eran instrumentos para la toma de conciencia, extraer lecciones con las que profundizar o revertir, dejar en claro.

 

 


Cartel alegórico de la unidad del movimiento asturiano. Corresponde a un almanaque anarco-sindicalista de la época…

Cuando, en 1984, se cumple medio centenario del octubre asturiano, no quedan ya vestigios del viejo espíritu de cruzada en la moda historiográfica que entonces se desata, y que responde sobre todo al oportunismo de la efeméride; no obstante dentro de un plano metodológico conviene destacarse porque en aquélla la síntesis termina de ceder al empuje de la investigación paciente, y a la primacía de la interpretación sobre el dibujo de relaciones de causalidad.

Anteriormente expresé mi negativa a ideologizar en cualquier forma esta sencilla comunicación; pero resulta muy llamativo cuando uno recorre sus primeros pasos en el estudio de la historiografía española, el encono y la aversión con los que intelectuales que esperáramos al menos más serenos, defienden su versión partidaria del pasado y cargan contra la opuesta. En el caso de la revolución asturiana, los dos bandos enfrentados en el mundo real –el Estado y la clase obrera industrial– forman tres en el combate historiográfico, porque a la hora de evaluar hechos y adjudicar responsabilidades entre los sublevados, la vasta mayoría de las interpretaciones coincide en distinguir entre el socialismo asturiano (y nacional) y la insurgencia presuntamente autónoma de los trabajadores, aunque veladamente influenciada por el radicalismo anarquista y comunista.

Versiones resultantes de una visión preconcebida y de la parcialidad de sus fuentes de información, han cuestionado el compromiso del socialismo con la Revolución y esgrimen que existía una suerte de relación inversamente proporcional entre el empuje de aquélla y la toma de decisiones de la burocracia sindical ugetista (la UGT -Unión General de Trabajadores- era la organización gremial del Partido Socialista Obrero Español).

 

 


Francisco Largo Caballero Miembro destacado de la UGT (sindicato de extracción socialista) su figura fue catapultada a la primera escena del PSOE tras los acontecimientos de octubre del ´34

La más difundida de tales versiones sin dudas fue UHP. La insurrección proletaria de Asturias, escrita por Narcís Molins I Fábrega, director provisional de la redacción de La Humanitat, el diario republicano catalán fundado por Companys. Molins tenía una galardona trayectoria militante: integró el Bloque Obrero y Campesino (BOC), la Izquierda Comunista, liderada por Andreu Nin, y simultáneamente al Octubre asturiano aceptaba responsabilidades en el comité provincial de Alianza Obrera en Barcelona. Vencido el levantamiento, nuestro autor viaja a Mieres para entrevistarse con los presos del BOC y del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), siendo esos testimonios los que nutran -a su regreso- la obra que La Batalla publicó en catalán en 1935. En ella se puede hallar desde el descrédito de que la orden cursada por Largo Caballero el día 3 de octubre fuera de “huelga general revolucionaria” (y la aseveración de que sólo era de “huelga general”), hasta la calificación de traidor contra Belarmino Tomás a causa de su encuentro con el general López Ochoa. En vez de un diseño nacido del PSOE, la sublevación en la cuenca minera es interpretada como el producto de la conciencia revolucionaria de un proletariado suficientemente maduro para regirse ya sin la tutela de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero.

 

 


Andreu Nin, dirigente catalán de origen socialista, fundador del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Moriría asesinado en la guerra civil por acción de la NKVD estalinista.

Con la apertura inequívoca de una puerta en Europa a la implantación del fascismo como forma de gobierno (el Canciller Döllfuss en Austria consagraba lo que Mussolini en Italia, Hitler en Alemania, el mariscal Pilsudsky en Polonia, y Metaxas en Grecia), la izquierda española avizora un intento coincidente a consecuencia de la victoria electoral cedista y provoca en 1934 un golpe defensivo. Es ésta la teoría del profesor de la Universidad de Oviedo, David Ruiz (primer catedrático de Historia Contemporánea).

Consumada la descalificación del socialismo, algunos hombres de esa fuerza llevan a cabo el intento por restaurar su imagen.

Es el caso de Ignacio Lavilla, quien en una serie de artículos que aparecieron en El Liberal de Bilbao desde 1935, hará públicos sus encuentros con muchos dirigentes socialistas en el exilio; o en nuestros días el de Aladino Fernández y José Girón, directores del comité local en Langreo.

La idea de un socialismo escasamente comprometido con la revolución iniciada por los mineros el 4 de octubre, o ineficaz para ponerse a su cabeza, ha quedado acotada hoy a Molins I Fábrega, y a algunos pocos autores trotskistas y anarquistas que coinciden con él, como Grandizo Munis y Fernando Solano Palacio.

La lista de los que sí responsabilizan a la tríada PSOE- UGT- SMA (Sindicato de Mineros Asturianos, la expresión local de la UGT) es nutrida y encuentra ecos a derecha (el ya mencionado Palomino o el viejo guerrillero de GRAPO, Pío Moa) e izquierda y centroizquierda (Díaz Nosty, Ruiz, o Francisco Erice).

 

 


Engelbert Dollfuss. Canciller austríaco a partir de 1932, dirigente del Partido Social Cristiano, moriría hacia 1934, en medio de la intentona nazi para incorporar a Austria al Tercer Reich. No era ajeno a las ideas autoritarias y corporativistas de la época. En España, su referente podría ser la CEDA.

En particular (porque aúna ambos enfoques y complejiza la presentación del propio) destaca la posición que adopta Adrián Schubert en Hacia la revolución. Orígenes sociales del movimiento obrero en Asturias, 1860-1934. Señala que la ambigüedad con que es vista la postura del socialismo ante la salida revolucionaria surge de las propias divisiones que existían en su seno.

Al sobrevolar esta tensión historiográfica acerca de la autoría del movimiento insurrecto, nos queda la sensación de que todo es atribuido a la acción de fuerzas político-sindicales institucionalmente configuradas. Porque incluso quienes objetan los méritos del socialismo asturiano y conceden la responsabilidad de la Revolución a la intransigencia de los mineros, reconocen luego la labor decisiva de otras organizaciones como la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) anarquista, en la galvanización y concientización como clase de aquellos.

El libro que constituye un soplo de aire fresco es otra vez el de Schubert. Desde la perspectiva de la historia social, el profesor californiano explora el período formativo de la clase obrera minera asturiana para rastrear en él y no en cualquier tipo de determinación exógena, las causas del elevado grado de radicalización exhibido por los trabajadores en el Octubre. Es en la yuxtaposición de bases sociales y contexto económico, que los grupos políticos llevan adelante la Revolución.

La intentona asturiana fue, recogiendo sus aportaciones, el producto del rencor y la rebeldía gestados entre los mineros como consecuencia de un largo proceso; no la expresión local de una confrontación mayor entre factores de poder y grupos de presión, y menos la respuesta preventiva a la prolongación de una tendencia continental cuyas variadas conformaciones no sin prudencia podrían ser asimiladas al caso español.

 


Fotografía del Cuartel Pelayo tras los bombardeos de la
artillería revolucionaria. En la actualidad este edificio, ya refaccionado, es sede de la Universidad, Campus de Humanidades del Milán.

Bibliografía

Beth – Radcliff, Pamela.
De la movilización a la Guerra Civil.
Debate, 2004.

Camus, Albert
Revolución en Asturias.
Gallimard, 1977; con prólogo de David Ruiz.

Calaf Nasachs, Roser.
Revolución del ’34 en Asturias.
Material para el aula; 1984.

Días Nosty, Bernardo.
La Comuna asturiana.
Madrid, 1974.

Fernández, Aladino y Girón, José, eds.
Historia del socialismo en Langreo.
Agrupación Socialista de Langreo, 1997.

Grossi Mier, Manuel
La insurrección de Asturias.
Quince días de Revolución Socialista.
Barcelona : La batalla, 1935.
Hay ed. castellana.

Lavilla, Ignacio
Hombres de octubre.
Principado de Asturias : Semana Negra, 2004.

Moa, Pío
Los orígenes de la Guerra Civil española.
Madrid : Del encuentro, 1999.

Molins I Fábrega, Narcís
UHP. La insurrección proletaria de Asturias.
Barcelona : Atena, 1935.
Hay ed. castellana.

Oliveros, A.
Asturias en el resurgimiento español.
Madrid : Juan Bravo, 1935.

Palacio Valdés, Antonio
La aldea perdida.
Madrid, 1963.

Palomino, Angel
1934. La Guerra Civil empezó en Asturias.
Barcelona; Planeta, 1997.

Ruiz, David
El movimiento obrero en Asturias. Gijón, 1980.
Insurrección defensiva y revolución obrera. El octubre español de 1934.
Labor, 1988.

Schubert, Adrián
Hacia la revolución. Orígenes sociales del movimiento Obrero en Asturias, 1860 – 1934.
Barcelona : Crítica, 1984.

Solano Palacio, Fernando
La Revolución de Octubre.
Barcelona : Anselmo Lorenzo, 1936.

Taibo II, Paco Ignacio
Historia General de Asturias.
Gijón : Júcar, 1979, t.VII y VIII.

Tuñón de Lara, Manuel
Tres claves de la 2° República.
Madrid : Alianza, 1985.

Folletería

Hermanos de las Escuelas Cristianas. Distrito de Valladolid.

Uría González, Jorge.
Introducción a “El son nos cantares de la Revolución d’ochobre de 1934”.

Por Gabriel Cora
Febrero de 2005
 


Una curiosa fotografía de la época donde puede verse una patrulla armada de mineros en los barrios periféricos de Oviedo.

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