El Boyne.
El recrudecimiento de la resistencia irlandesa.

La dramática batalla del río Boyne terminó por configurar una triste realidad en la Irlanda del siglo XVII cuya mayor consecuencia fue la trágica hambruna que padeció el pueblo irlandés dos centurias después. Pero a pesar de haber sido derrotados y que mucha sangre y dolor enrojecieran las aguas del Boyne, muy lejos estaban los irlandeses de considerarse vencidos. Sitio al Margen presenta una breve descripción de los acontecimientos, con sus antecedentes y posterior desenlace, en el cual la constancia, la perseverancia y un profundo orgullo -propio del espíritu celta- les permitió sobreponerse y llegar a constituir actualmente una sociedad moderna que permite a sus integrantes desarrollarse plenamente en su cultura y libremente poder incorporar valores ajenos a los propios.

Por Gabriel Cortés.
Abril de 2001

 
 


"Los ingleses nunca pueden recordar
y los irlandeses nunca pueden olvidar" (1)
Marshall Mc Luhan

Lapidarias y justas palabras del afamado ensayista contemporáneo, autor de la obra literaria: "La Tercera Ola" - que nos hemos tomado la licencia de utilizar - para describir en términos generales el conflicto histórico entre estas dos culturas, y que mejor frase que la citada para adentrarnos directamente en el comentario de un acontecimiento históricamente relevante en la vida de Inglaterra e Irlanda.

Podemos advertir y señalar que los enfrentamientos entre las dos naciones citadas precedentemente se remontan a partir de la Baja Edad Media cuando Irlanda florecía culturalmente pero a su vez la anarquía política sumía al territorio en un futuro incierto, de esta manera se produjeron innumerables actos de saqueos e invasiones - principalmente por parte de noruegos - que desde fines del siglo VII hostigaron las costas irlandesas y se instalaron en diversas poblaciones - tan estratégicas - como Dublin; Cork y Limerick. Aunque a la vista de los acontecimientos no lograron controlar el país en su totalidad, el gran héroe nacional Brian Boru los derrotó en la batalla de Clonfart en el año 1014, acabando con la amenaza de las incursiones viquingas.

Esta importante victoria no dio por terminada con todas las amenazas y el desorden interno corporizado en la anarquía, lo que a la sazón otorgó la ocasión de intervenir a los belicosos Normandos, para esa época (posterior a 1066) ya instalados en Inglaterra. Los temibles guerreros del norte de la Antigua Galia fueron llamados por el Rey Dermot Mc Murrough, soberano de Leinsteir para apoyarlo en una causa política y también presumiblemente "amorosa" contra el Rey O'Rourke, soberano de Brefny, los normandos tomaron Dublín y consiguieron para su jefe Pembroke dicho reino hacia el año 1171 de nuestra era.

Inmediatamente estos hechos suscitaron el enojo y la envidia del rey de Inglaterra, Enrique II, el cual obtuvo por concesión papal en el año 1172 la soberanía sobre la Iglesia y el pueblo de Irlanda, sumado que hacia el 1175 por el Tratado de Windsor esta quedó totalmente sometida a la corona inglesa, con la correspondiente y posterior repartición de tierras y beneficios a los nobles ingleses. Podemos establecer que este es el episodio que genera la génesis de la tan discutida y estudiada "Cuestión Irlandesa".

Estos hechos se ven temiblemente agravados a partir del gobierno de la dinastía Tudor (de ascendencia galesa) en Inglaterra que potenciarían el fortalecimiento de la corona inglesa en la isla, practicando una sistemática represión de todos los intentos independentistas (Rebeliones de O'Neill y O'Donnell) sustentados por las potencias extranjeras enemigas de Inglaterra como lo eran España y Francia, en donde los pueblos del Norte de éstas naciones se transformaban en históricos trampolines de ayuda política; militar y logística para la causa independentista irlandesa.

 

 

Enrique II, rey de Inglaterra, quien obtuvo una concesión papal en 1172 otorgándole la soberanía de Irlanda.
 

Pero toda esta situación se salió de todo control cuando en el Siglo XVI gobernó Inglaterra el padre de la Reina Isabel, el polémico Enrique VIII, quien al propugnar la reforma religiosa en el reino y reemplazar el credo católico por el novel credo anglicano, generó en la vieja Irlanda un furibundo y enconado enfrentamiento religioso que un siglo después explotó en la última década del Siglo XVII, materializado en la batalla de El Boyne, librada el 1º de Julio de 1690 en las márgenes del río homólogo a pocos kilómetros al norte de Dublín ente las tropas del ex Rey Jacobo II y el - en ese entonces - monarca de la Gran Bretaña: Guillermo III.

Los últimos años del siglo XVII resultaron extremadamente tormentosos y complicados en materia política para la gran isla europea, sobre todo por los graves altercados religiosos mantenidos entre católicos y protestantes que resultaban cada vez más fuertes y acentuados, tornándose en forma acelerada en guerras de religión por el control político del reino.

Las profundas divergencias religiosas se convirtieron en la génesis del conflicto entre Jacobo II (fervientemente católico convertido) y Guillermo III (Príncipe de Orange), que a la sazón contraería enlace con la hija de su contendiente político, llamada María. Tanto Guillermo como su esposa eran acérrimos declarados anticatólicos, rasgo que agradaba a gran parte de los súbditos de la corona británica.

 

 

Enrique VIII.
 

La situación marchó en forma equilibrada desde el punto de vista político y religioso hasta el momento en que se produjo el nacimiento del hijo varón del Rey Jacobo II, llamado Jacobo Eduardo, por consiguiente heredero directo al trono, siendo educado y formado en la fe católica, este hecho fue la gota que derramó el vaso de la frágil situación política que vivía el Reino Unido por aquellos momentos.

El clima de tolerancia político-religioso se esfumó totalmente y en 1689 Guillermo de Orange y Maria Estuardo fueron invitados a compartir la corona de Gran Bretaña e Irlanda, por medio de la Revolución Gloriosa (unas de las pocas en la historia del mundo donde no se registraron víctimas ni calamidades) expresada jurídicamente en la Petición de Derechos (Bill of Rights) en donde se declaraba que ningún católico podría gobernar Gran Bretaña y además atribuía supremacía política al Parlamento entre otras resoluciones de gran importancia que a la postre se convertirían en una de las bases constitucionales del sistema político británico. De esta manera el Rey Jacobo desprovisto del necesario apoyo para revistar en su trono, se vio obligado a abandonar Gran Bretaña.

El monarca destituido comprendió perfectamente que había perdido una batalla, pero no la guerra, por consiguiente cruzó el Canal de la Mancha y buscó apoyo en el Rey de Francia Luis XIV para de esta manera reconquistar la corona perdida.

Llegado el mes de Marzo de 1689, Jacobo II, desembarcó en Irlanda para vengar la afrenta acompañado por las tropas, armas y vituallas suministradas por el monarca francés.

Su llegada a Irlanda fue muy bienvenida, razón lógica, porque en la misma se hallaban la mayor cantidad de adeptos jacobitas y católicos. No tardó en extender sus dominios por todo el país a excepción de las regiones de Derry y Enniskillen en el norte de la isla.

A mediados del mismo año el Rey Guillermo III despachó tropas gubernamentales al mando del Duque de Schomberg (veterano de la Guerra de los Treinta Años) para combatir y reprimir a los jacobitas irlandeses y a las fuerzas expedicionarias francesas pero sin conseguir resultados relevantes.

En el verano siguiente (1690), Guillermo se colocó personalmente al mando de las tropas y la situación cambió diametralmente al haberse contado con la reunión de un ejercito compuesto por ingleses, holandeses, hugonotes e irlandeses protestantes, que totalizaban la cantidad de treinta y seis mil efectivos mejor armados y entrenados que las tropas jacobitas.

 

 

Guillermo III.
 

Esta situación de franca ventaja táctica permitió que los cuerpos de ejércitos gubernamentales marcharan sobre Dublín obligando a los jacobitas a movilizarse hasta la orilla sur del río Boyne, a 50 kilómetros de la capital. El destituido rey católico al mando de veinticinco mil hombres, decidió detenerse en ese punto geográfico y presentar batalla.

Jacobo presumía de su ventaja estratégica al posicionar sus tropas en la margen opuesta del río, obligando a los efectivos de Guillermo a vadear el mismo para entrar en combate.

Los adversarios se observaron por primera vez el 30 de Junio y establecieron en forma ininterrumpida un duelo de artillería hasta el amanecer. Durante la noche y madrugada del 30 de Junio al 1º de Julio escuadrones de la caballería protestante se dedicaron afanosamente a detectar vados en el río, objetivo que lograron con éxito. La presente información fue tenida muy en cuenta en el consejo de guerra del rey británico antes de la batalla, de esta manera a la mañana siguiente se decidió poner en práctica una maniobra de distracción hacia el oeste para atraer a los jacobitas y lograr que todo el grueso de las tropas atacaran por el flanco este del enemigo.

Para lograr esta meta, los efectivos protestantes debían tomar por asalto el pueblo de Old Bridge, las tropas católicas lucharon heroicamente defendiendo el caserío pero la capacidad y disciplina del ejército de Guillermo logró poner en retirada abruptamente a los católicos, tomando el pueblo, y de esta manera atacando con toda facilidad y libertad la vanguardia y flanco derecho del enemigo, la suerte estaba echada...

 

 

Jacobo II.
 

Los católicos combatieron un tiempo más atacando y resistiendo pero la lucha ya era inútil, poco después del mediodía cuando las últimas tropas de Guillermo vadeaban el Boyne, los combates habían finalizado casi en su totalidad. Posteriormente Jacobo se dirigió a Dublín y tres semanas mas tarde embarcó hacia Francia para no regresar jamás.

De las consecuencias del presente relato, solo nos resta saber que para los irlandeses la derrota de Jacobo II supuso un recrudecimiento de la represión ejercida por Inglaterra desde el aspecto político, económico, religioso y cultural al extremo de ahorcar a cualquier católico que se encontrara en posesión de un arma (blanca o de fuego), o la prohibición de oficiar misa para los sacerdotes que se negaran a prestar juramento a la corona protestante. En tanto para Inglaterra esta victoria significó dar un paso más para convertirse progresivamente en la potencia militar, económica y política que todos conocimos.

 

 

Escena que representa el exilio del rey Jacobo II, luego de la batalla del Boyne, con rumbo a Francia.

Esta política de franca represión y anulación de los valores de la cultura irlandesa, practicada con verdadera saña y crueldad por el gobierno británico durante casi doscientos treinta años, llevó al pueblo irlandés a un total estado de hastío y cansancio. La confiscación de tierras, la restricción de la práctica del culto católico, el proceso sistemático de intento de aculturalización y las numerosas hambrunas rematadas en la famosa carestía de papa de finales del siglo XIX, derivaron en constantes rebeliones y levantamientos que culminaron en la década del veinte del reciente siglo finalizado con el logro de la independencia de una gran parte de Irlanda, dictando en el año 1937 la carta magna que dio al estado irlandés el nombre de EIRE y le concedió una independencia casi completa, retirándose definitivamente en el año 1949 de la Comunidad Económica de Naciones Británicas (Commonwealth), convirtiéndose de esta manera en una república independiente y cortando para siempre los ignominiosos lazos con el Reino Unido de la Gran Bretaña.

Mientras tanto y como conclusión de este artículo, nos vemos en la necesidad de apuntar que la batalla de El Boyne representó la primer caída definitiva de la dinastía Estuardo en las Islas Británicas, repitiéndose este hecho en forma bastante similar en la batalla de Culloden (Escocia, en abril de 1746), en donde aparte de ser definitivamente vencida la casa Estuardo y la causa jacobita, una gran porción del territorio y la cultura escocesa se vería francamente violada y mancillada por el poder de Londres y sus interesados cómplices.

 

Mapa de Irlanda, con la ubicación geográfica de la batalla del Boyne, al norte de Dublin.

Nota del autor

Para lograr mayor información técnica sobre el desarrollo de la batalla de El Boyne, se recomienda consultar la siguiente obra: Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas de la Historia del Mundo - Editorial Rombo, Barcelona, España - Tomo I, página 34 a la 37.

Referencia

(1) Aforismo: "Comunicación de Masas y Pensamiento Político" // José García Fajardo; Editorial Pirámide, Madrid - España (1992) - Capítulo 4, página 70.

Por Gabriel Cortés.
Abril de 2001

 

 

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