Francisco Antonio Cabello y Mesa.
El periodista camaleónico.

En los albores del periodismo americano surgió como pionero un singular personaje para quien la profesión fue mucho más un medio que un fin es si misma. El creador del primer diario de Hispanoamérica y del Río de la Plata fue un hombre de la ilustración, con mediana inteligencia y dudosa ética.

Por Pablo Rodriguez Leirado.

 

Aquello que Gabriel García Márquez definió como "el mejor oficio del mundo" tiene en Francisco Antonio Cabello y Mesa a uno de los pioneros en América. A Cabello le cabe el honor de haber sido quien editó, prácticamente sólo y por su cuenta, el primer diario de Hispanoamérica, cuyo primer ejemplar aparece el 1 de octubre de 1790, y posteriormente la primera publicación periódica regular en el Río de la Plata, cuyo inicio data del 1 de abril de 1801, ambas en plena época colonial. Hay que agregar que además de periodista ejerció otras actividades más que diversas, como abogado, militar, minero, funcionario público y profesor.

Sarmiento recordaba, en un artículo publicado en el diario Nacional, el 15 de mayo de 1841, que "por el diarismo el secreto de los gabinetes se comunica, no de oído en oído, sino de diario en diario, transmitiéndose a los extremos del mundo; por el diarismo los pueblos mandan, la opinión pública se forma y los gobiernos la siguen mal de su grado". 

Si se tienen en cuenta las palabras de Sarmiento, y en la época que fueron dichas -posteriores a las revoluciones francesas y americanas-, y el breve perfil trazado, fácilmente podríamos imaginar una figura idealizada en Cabello: la de un valeroso revolucionario y sabio precursor en una infinidad de cuestiones, y si se quiere con la trascendencia que tuvo un Benjamín Franklin en los Estados Unidos, y del cual se podría decir que su papel en la historia, dado que se trata de un personaje prácticamente desconocido, no ha sido debidamente valorado. Sin embargo, no estamos ante un caso de "injusticia" histórica. Difícilmente le pueda caber a Francisco Cabello otro honor dentro del periodismo que el de haber sido el primero, lo cual no significa ser el mejor ni alguien digno de ser imitado o tenido en cuenta como un ejemplo de hombre de letras. A pesar de ello, su vida y su obra pueden ser muy ilustrativas, aunque de una manera sumamente particular ya que se trató de un ser egocéntrico, megalómano, inescrupuloso, acomodaticio y hombre de mediana capacidad intelectual. 

 

   
 

Sus inicios en España.

Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de este singular personaje, pero se calcula que fue durante el último cuarto de 1764, en España. Fue hijo de don Vicente Cavellos y doña María Ursula y tuvo un hermano llamado Félix María. Tuvo una importante formación para la época dado que cursó filosofía y leyes en las Universidades de Toledo y Salamanca. Pero donde aprende el oficio de periodista es en Madrid, a raíz de su vinculación al "Diario curioso, erudito, económico y comercial", posteriormente llamado "Diario de Madrid". En ese mismo año publica la traducción de "Les aventures de Télémaque", de Fénelon. Estas dos actividades son el inicio de su carrera desesperada por los honores, y la elección de estas debe entenderse dentro de los parámetros reinantes de la época. La historiadora e investigadora del Conicet, Mónica P. Martini, en su obra "Francisco Cabello y Mesa. Un publicista de dos mundos (1786-1824)" explica que "Cabello fue intelectualmente un hombre del iluminismo y, como tal, confió en el poder transformador de la educación. Seguro de formar parte de la élite ilustrada, asumió, además, el papel protagónico que el siglo le había reservado: como muchos hombres de su tiempo, don Francisco procuró intervenir activamente en el proceso de difusión de las "luces" a través de los dos medios que se consideraban más idóneos: la prensa periódica y el teatro.

 

 

"Diario curioso, erudito, económico y comercial".
 

La traducción y refundición, en verso, del libro de Fénelon, una influyente significativa obra en su tiempo dado que fue encargada por Luis XIV a ese escritor francés para servir a la educación de su nieto, y que Cabello publica con el ampuloso título de "Drama histórico-trágica y político-moral: Cuánto a los jóvenes vale tener canas a su lado", y Francisco la dedica a doña Antonia Sanmegrain, hija del embajador plenipotenciario de Francia en la corte de Carlos III, el rey de España, y posteriormente "princesa de Llistenay", ante la cual se deshace en elogios. En el "Memorial Literario", en diciembre de 1787, dan constancia del trabajo de Cabello despachándose con "parece ser ésta una versión del francés en mal verso y peor lenguaje".

El pionero.

En 1789 decide embarcarse hacia el Perú, seguramente después de enterarse que la capital, Lima, carece de prensa, y es posible que el fracaso como traductor y literato también lo ayudarán a decidir que el 12 de diciembre partiera a bordo de la fragata mercante San Pedro. La investigación de Martini de las partidas de registro del navío que se conservan en el Archivo Histórico Nacional de Lima, al igual que entre los pasajeros registrados en los legajos del Archivo General de Indias, revelan la ausencia de cualquier dato sobre Cabello, lo que hace presuponer que llegó al Perú como polizón, donde a los cuatro meses se casa con María Dolores Rodríguez Blanco, hija del relator de la Real Audiencia, con la particularidad que a quienes presenta como testigos declaran conocerlo allí desde hace mucho que el de su arribo... Todo lo cual hace suponer que don Francisco nunca pensó en una vida sacrificada en el trabajo.

 

 
Carlos III, rey de España, por Francisco de Goya y Lucientes.
Ampliación

Allí consigue la autorización del Virrey don Francisco Gil de Taboada y Lemos para la composición, impresión y venta de un diario que aparece el 1 de octubre de 1790 editado bajo el seudónimo de "Jayme Bausate y Mesa" y con el nombre de "Diario de Lima, curioso, erudito, económico y comercial". Pero las cosas no iban a estar bien porque el 2 de enero del siguiente año aparece "El Mercurio", un diario que resulta demasiada competencia para Cabello debido a que el nuevo medio posee el soporte de la Sociedad de Amantes del País, asociación a la que pertenecían los intelectuales más destacados del Perú y creada para apoyar a este diario. Francisco editaba prácticamente solo el Diario de Lima, por eso decide buscar ayuda oficial enviando numerosas cartas a las autoridades americanas y europeas en las cuales resalta ostensiblemente su tarea con un lenguaje florido. Su peticiones no consiguen el efecto deseado ya que a inicios de 1793 el Virrey envía un informe al Rey manifestando que Cabello resultaba ser un individuo que no poseía la instrucción suficiente y que la ciudad no sufriría ninguna consecuencia ya que el otro periódico resultaba sumamente superior. En ese mismo año deja de editarse el Diario de Lima.

En cuanto a su contenido se lo puede comentar en dos ejes. En el primero se destaca todos aquellos intereses caros al iluminismo, como novedades científicas, poesía, arte, etc. La segunda tiene que ver con la realidad circundante, como puede ser la realidad hispánica o el período incaico, los relatos de viajes y exploraciones y comentarios sobre economía o la concesión de encomiendas. El primer eje predominó ampliamente desde los inicios hasta la aparición de "El Mercurio", cuando se produce un cambio brusco como consecuencia del surgimiento de un competidor. Es notable la cantidad de artículos plagiados de periódicos europeos como Diario de Madrid, el "Espíritu de los mejores diarios", el "Cajón de Sastre", el "Memorial literario", o "El filósofo a la moda" y otras fuentes como cartas o libros. Cabe explicar que la situación de la prensa en aquel entonces se asemeja en alguna manera con varios medios periodísticos que en la actualidad aparecen en Internet, en los cuales no se considera plagio en el sentido estricto, ya que la idea es poner textos considerados importantes al alcance de un mayor número de personas. Sin embargo, en el caso de Cabello lo que fundamentalmente agrava su actuación es que hace pasar por propio textos ajenos.

 

 
"El Diario de Lima" 

 

Por un tiempo se dedica a la actividad empresarial en la minería e intenta a toda costa escalar posiciones en las milicias urbanas con las más variadas estratagemas. Finalmente decide cambiar de residencia y hacia el 1800 se establece en Buenos Aires, donde iniciaría su segunda aventura periodística, pero en vez de un periódico decide hacerlo bisemanal, como su competidor "El Mercurio", del cual también toma la idea de respaldarse de una "Sociedad Patriótica" cuyos integrantes garanticen el apoyo necesario para la elaboración del contenido. Consiguió la autorización y el apoyo del Virrey marqués de Avilés, ya conocido por él cuando era funcionario limeño y que fue un sostén Cabello. Nuevamente sin competidores sale a la luz, el 1 de abril, el primer número del "Telégrafo mercantil, rural, político-económico e historiográfico del Río de la Plata". Pero el nuevo emprendimiento periodístico solo dura hasta el 17 de octubre de 1802, realizado en la imprenta de los Niños Expósitos. Con una temática similar al Diario de Lima, del cual el Telégrafo Mercantil sólo se diferencia por otorgar mayor espacio que el anterior a las cuestiones locales. 

El semanario no consigue equilibrar las cuentas y dada su importancia, especialmente para los comerciantes marítimos, las autoridades otorgan su ayuda solicitando que se suscriban los consulados peninsulares y los puertos en América. Inmediatamente pide apoyo tanto de las autoridades locales como de las peninsulares con cartas con su característico y florido lenguaje y clama, en honor a su "ardiente aplicación", el cargo de coronel agregado a la plana mayor de Buenos Aires. 

Sin embargo, el Telégrafo Mercantil resulta ser otra experiencia fallida. Ante el fracaso económico, Cabello va tomando una postura cada vez más agresiva con la sociedad en la que vive, hasta que, por censura, se le quita la licencia. Entre esos artículos se destacan la carta en la que se relata un infortunado episodio de la guerra naval en donde se trata de cobarde a un capitán de navío. Ante las críticas de allegados al marino, para escaparse de ellas, endosa el acto de cobardía al Contramaestre, esperando, claro está que ninguno protestase por su honor. Otros casos es la burla hacia los médicos, a los influyentes traficantes de esclavos, al clero, y otro muy crítico hacia los españoles de estas latitudes. 

Para ese entonces, el periódico de Cabello no era el único, ya tenía un competidor: el "Semanario de Agricultura, Industria y Comercio", que apareció en septiembre de 1802 dirigido por don Hipólito Vieytes. 

A partir de 1804 se desempeña como abogado e intenta por todos los medios de obtener un cargo público que le permita recuperar el protagonismo que cree merecer. Pero sólo con las Invasiones Inglesas lo consigue mediante su aceptación y colaboración con el dominio que ejerció el contingente inglés. William Pío White, un norteamericano traficante de esclavos que había avisado a los ingleses de la indefensión de Buenos Aires, y que luego de la conquista se desempeño como Comisario de Presas, afirmó que el abogado Francisco Cabello "tuvo pretensiones para conseguir algún empleo o destino público [y] presentó varias certificaciones y documentos relativos a su conducta en el destino de defensor de pobres, aspirando a que se lo nombrase juez de alzadas o asesor del Consulado, en el supuesto de que a este tribunal se le diese nueva y distinta forma"

 

 

Primer número del "Telégrafo Mercantil"


Otra edición del "Telégrafo Mercantil"


William Pio White.

 

Luego de la reconquista de la ciudad de Buenos Aires por parte de las tropas españolas y criollas, a Cabello se le inicia un proceso criminal acusándolo de haberse desempeñado como asesor letrado de William Carr Beresford, el comandante inglés. Don Francisco argumenta que se acerco a los ingleses a modo de espía y que fueron muchos los datos que el pasó sobre la disposición de las defensas de los británicos. El problema que no podía demostrarlo porque su contacto con el grupo patriota era Tomás Valencia, muerto durante la reconquista. Por lo tanto no tenía quien lo avalara, pero también una buena coartada...

Producida la Segunda Invasión inglesa al Río de la Plata, Cabello se presentó como voluntario para la defensa de Montevideo. Allí cayó herido y luego prisionero, después de la toma de la ciudad. Fue llevado, en calidad de prisionero, a Inglaterra. En la travesía se destacó por su trato a sus camaradas a quienes, en caso de no poder devolver la gratitud que les dispensaba, les solicitaba que le extendiesen un documento para unirlo al legajo de su carrera militar...

 

 

William Carr Beresford
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Otra vez en España.

Realizado el levantamiento del pueblo de Madrid contra las huestes de Napoleón, el 2 de mayo, España e Inglaterra firmaron la paz para enfrentar como aliados a las tropas francesas. En virtud de ese acuerdo regresa don Francisco a la Península Ibérica. 

Para congraciarse con las nuevas autoridades españolas escribe y publica una carta didáctica denominada "Instrucciones político-militares para el soldado y el pueblo", cuya finalidad moral y teológica es propugnar la obediencia a la Junta Central de Sevilla y advierte a quien no la obedezca que incurre en una ofensa a Dios, al Rey y a la Patria. Cabello participa en la batalla de Bailén, en donde por primera vez son derrotadas las tropas napoleónicas. Pero con la llegada de Napoleón a España cambia la situación militar y son los franceses los que dominan en casi toda la península, con la derrota de casi todos los ejércitos españoles e impone a su hermano, José I como rey de España. Algunos españoles aceptan esta nueva situación, pero la mayoría del pueblo combate con guerrillas a los experimentaos soldados napoleónicos. Un guerrillero captura una carta en la cual un ministro de José I, Miguel José de Azanza se dirigía a la Coruña para informarle de la próxima salida hacia América de tres comisionados para pedir la sumisión al nuevo rey. Entre ellos se encontraba don Francisco Cabello...

El 6 de febrero, por Real Decreto, José I le concedía la ansiada Orden Real de España. A partir de entonces, hasta mediados de 1812, permanece en Almadén, dedicándose a la minería y a escribir. En 1811 termina el drama llamado "La Inquisición", cuyo propósito es atacar duramente al famoso y terrible tribunal. 

 

 

Napoleón Bonaparte, emperador de Francia.


José I Bonaparte (Pepe Botellas), rey de España.

 

El exilio.

La guerra se torna desfavorable para el bando del rey francés y sus acólitos, por lo cual Cabello debe exiliarse, junto a unos tres mil "afrancesados". En 1813 está en Francia, en la guarnición militar de Burdeos, y no tiene mejor ocurrencia que entregarle su drama "La Inquisición" a Juan de Escoiquiz, un exacerbado conservador y de los principales consejeros del rey español cautivo, Fernando VII. Escoiquiz, luego de varios lógicos altercados pues tienen claramente ideologías opuestas, redacta unas "Notas críticas y un Elogio" en el cual le toma terriblemente el pelo a Cabello. 

En 1814 vuelve a España el rey Fernando VII y los partidarios de José I, llamados josefinos, padecen una doble persecución política, en su país y en Francia, ya que Napoleón había caído y se restauró la monarquía con Luis XVIII. Cabello se instala en París y fiel a su costumbre solicita que se le conceda la Cruz de la Orden Real y Militar de San Luis, condecoración que premiaría los servicios que prestó a Francia, pero que nunca logra conseguir.

El 1 de enero de 1820 una revuelta se inicia en España. El general Rafael de Riego, con las tropas suficientes para aplastar todas las revoluciones en Hispanoamérica, se subleva y proclama la vigencia efectiva de la Constitución de 1812, redactada mientras Fernando VII estaba en cautiverio en los palacios franceses. Fernando VII dicta una amnistía y en Francia empiezan a presionar a los exiliados para que vuelvan, cosa que en general no quieren realizar por el temor a que el nuevo sistema político todavía es endeble. Así es como que el 1 de junio de 1820 nuevamente don Francisco le escribe a las autoridades, esta vez españolas, contándoles que a raíz de una herida fue prisionero y tuvo un larga convalecencia. Como era de esperar, nadie responde esa carta. 

Curiosamente es en este momento de su vida que consigue concretar algo exitoso cuando publica unas provechosas tablas sinópticas destinadas al aprendizaje del español y el francés. Llega a obtener el nombramiento de Catedrático de Lengua, Historia y Legislación Española en el Colegio Real de Louis le Grand y hasta obtiene el cargo de director principal de la nueva Oficina de Interpretación General de Lenguas Vivas. En 1822 imprime la polémica novela "Les Incas ou La destrucción de L'empire du Perú", de Marmontel. Una segunda edición aparece en Barcelona en 1837.

Una vez derrocado definitivamente Napoleón las monarquías europeas establecieron un acuerdo, denominado Santa Alianza, para no permitir una nueva propagación de revoluciones como la francesa. Es por eso que entran en España 100,000 franceses -llamados los "Cien Mil Hijos de San Luis". Es allí donde interviene nuevamente Cabello para presentarse enarbolando en su patria las banderas de la legitimidad y la monarquía borbónica. 

 

 

El intrigante canónigo Juan de  Escoiquiz, preceptor de Fernando VII

 


Fernando VII, rey de España, por Francisco de Goya y Lucientes.

El hombre y sus fines.

Es bueno aclarar que los orígenes de nuestra historia prerrevolucionaria no se encuentran en las páginas del periodismo colonial. Si bien Cabello fue un pionero del periodismo, no puede considerársele un ejemplo de periodista. La investigadora Mónica Martín define que "un egocentrismo casi paranoico teñido de megalomanía mueve a don Francisco a dar a cuanto emprende un valor desmedido y a suponer, por ende, que debe ser ampliamente recompensado". Ahí es donde entra su obsesión por un cargo público, acorde a sus "notables" méritos y a su natural pedantería. Como editor jamás reconoce un error, siempre acusa a la impericia de sus colaboradores o a una enfermedad, utiliza su medio para dirimir cuestiones personales y publica cartas ficticias en las cuales se alaba desmedidamente a su persona. En su trabajo de periodista no duda en plagiar alevosamente otros textos y recurre sin ningún problema a la mentira, lo cual no quita que históricamente se lo reconozca como pionero del periodismo hispanoamericano, y rioplatense, pero lo deja muy alejado éticamente de lo que es "el mejor oficio del mundo".

   

Bibliografía utilizada

  • "Francisco Antonio Cabello y Mesa. Un publicista ilustrado de dos mundos (1786 - 1824)"
    Autora: Dra. Mónica P. Martíni. 
    Instituto de Investigaciones sobre Identidad Cultural. Universidad del Salvador. Buenos Aires, 1998.

  • Conferencia "En torno a la historia de la prensa rioplatense. Francisco Cabello y Mesa, vida y obra", de la Dra. Mónica P. Martini, de la Universidad del Salvador y miembro del CONICET, Consejo Nacional de Investigación Ciencia y Tecnología de la República Argentina, el día Viernes 16 de Junio de 2000 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

 

A la Dra. Mónica P. Martini, que nos ha facilitado el material desarrollado en su investigación y a la muy buena voluntad del Dr. Mariano Rodríguez Otero. Su desinteresada colaboración ha hecho posible este artículo.

Por Pablo Rodriguez Leirado.
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