La Congregación del Apóstol Santiago. Parte II.
Historias de la estirpe solidaria.

El 25 de julio es el Día de Santiago Apóstol y Día de Galicia. En el Buenos Aires del siglo XVIII una particular hermandad conjugó hábilmente el sentido de ambas celebraciones en un accionar que marcó la salida de una profunda crisis colaborando en fundar una nueva concepción de la sociedad que incluyó nada menos que la Independencia de la nación Argentina.

Por Pablo Rodríguez Leirado.
Agosto de 2001

 

A fines del siglo XVIII, cuando la ciudad de Buenos Aires era parte de las posesiones de la Corona de España, surgió una hermandad que -como tantas entidades y asociaciones de esa misma época- contribuyó y dio forma a una nueva nación. Lamentablemente el olvido sobre las personas e instituciones que basaron su accionar en la solidaridad ha caracterizado fuertemente a la historiografía argentina, por lo menos la considerada "oficial".

Ante la actual feroz crisis que padecemos, en áreas sociales, económicas, políticas y fundamentalmente morales, un mirada sobre ciertos aspectos del pasado resulta doblemente saludable porque ayuda a reafirmar la identidad y nos revela la importancia y fortaleza que engalanan los lazos construidos desde la fraterna colaboración, el respeto mutuo y el amor a los conciudadanos.

Con estas premisas surge la Congregación del Apóstol Santiago en Buenos Aires en 1787, cuyo nombre buscó un tono oficial y formal ya que hay que tener en cuenta que no fue una "Orden Religiosa" (tal como lo entiende el Derecho Canónico), sino de una hermandad laica y seglar, lo que comúnmente se conoce como una "Cofradía".

 

 

Arriba, tapa del libro "Bajo la Cruz de Santiago", de Horacio Vázquez.
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Mutualismo en el siglo XVIII

Si bien el objetivo de la creación es el culto y devoción al Santo Apóstol Santiago (Patrono de Galicia y de España, por lo cual difícilmente podía ser rechazado por las autoridades), esto casi parece una excusa para otras actividades cuyas finalidades bien pueden resumirse en la "reafirmación de la identidad cultural gallega allí donde hubiese un gallego, como así también promover un cambio de la realidad: del egoísmo al altruismo, del destrato a la solidaridad", tal como muy atinadamente expresa Horacio Vázquez en su obra "Bajo la Cruz de Santiago" (editada en el 2000), que rescata la historia de esta olvidada hermandad. 

Ese carácter solidario y mutualista está expresado en las Constituciones o Artículos, concretamente en el décimo y undécimo en los cuales se manifiestan que las obligaciones de los "Zeladores" son "...tener cuidado de imponerse si hay Congregantes enfermos en los Hospitales, ó en sus casas, y habiéndolos, los visitarán con toda caridad, solicitando si fueran pobres, que tengan todo alivio Espiritual y Corporal. Y si hay alguno que padezca tal necesidad que pueda la Congregación remediarla; pasarán aviso al Prefecto, quien, por sí solo, por mayor vrevedad, podrá proveer el remedio que sea necesario. Esta misma misericordia se usará con otros qualesquiera Naturales de Galicia; aunque no sean Congregantes, que no habiendo fijado su domicilio en esta Ciudad, ni teniendo quien los ampare padescan la misma necesidad. Con los presos se hán de haber del mismo modo...". (Nota del redactor: cuando se transcriben documentos históricos se respeta la ortografía, gramática y puntuación original).

Claramente se puede entender en estos artículos que las palabras "alivio... Corporal...", se refieren a necesidades de comida y ropa, de igual modo que "proveer el remedio..." hace alusión no sólo a las medicinas, sino también a una misión más trascendente como la de remediar la pobreza. Esta preocupación por los conciudadanos y compatriotas más desprotegidos incluye, en la Constitución decimotercera, a los presidiarios, para los cuales se designan "Agentes" y "Procuradores" que "han de atender también con toda Caridad á las (dependencias) de los congregantes pobres y de los presos...". En conclusión, el auxilio era mucho mayor que una simple visita de caridad y la provisión de ayuda, se debía tomar contacto directo con la gente necesitada. Otro aspecto singular fue la provisión de asesoramiento letrado, por lo cual los mismos agentes y procuradores "... siempre que haya Abogados Congregantes, les rogarán que... defiendan graciosamente las causas de la Congregación, y las de los Congregantes pobres de solemnidad...". Aclaramos que el término graciosamente quiere decir gratuitamente para parámetros actuales.

 

 

Carátula de las Constituciones de la Congregación del Apóstol.
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Identidad nacional.

Buenos Aires ha sido considerada y nombrada por muchos como la "Quinta Provincia Gallega", una apreciación nada exagerada si se tiene en cuenta que han vivido, de manera simultánea hasta la primera mitad del siglo XX, más de un millón y de inmigrantes de ese origen, sin contar su descendencia. Para finales del siglo XVIII ya era destacada la presencia gallega que, conjuntamente con la ilustración de sus principales personajes, fue "haciendo madurar un sentimiento nacionalista que durante siglos había sido, de un modo u otro, reprimido en la península, pero que la lejanía del control de la Metrópoli -ergo, la cierta libertad que se respiraba en estas tierras- permitió, y finalmente colaboró con su desarrollo", como adecuadamente sintetiza Horacio Vázquez en su obra. 

Recordemos que Galicia (o Galiza, en idioma gallego), tiene garantizada su condición de nación en la Constitución española en su Artículo 2 para el cual en España se "reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Galicia, como nación, es preexistente al Reino de España, del cual forma parte en la actualidad. 

Así es como el Patriotismo Gallego que se presenta en el Río de la Plata a fines del siglo XVIII, resultará un elemento sustancial del nuevo Patriotismo Argentino por nacer. Como bien resume Vázquez, al narrar en su libro la historia de la Congregación, "el sentimiento de identidad gallega, tuvo en este ámbito un caldo de cultivo propicio, tanto por parte de los gallegos "nativos" orgullosos de su origen y también reprimidos en sus sentimientos por el abrumador peso de la cultura española, como así también por parte de los "originarios" (hijos y nietos de gallegos nativos), quienes compartían ese orgullo, al tiempo que se sentían americanos, y por ello libres. 

Un particular criterio de identidad se desprende de las Constituciones, en la cual establece que por Naturales se entenderá a los nacidos en el territorio del Reino de Galicia, y "...por Originarios se hán de entender los hijos, y Nietos de padre, ó Madre Gallegos...". Sentencia que se adelanta 200 años a la más moderna, tolerante y solidaria legislación europea.

 

 

imagen del Apóstol Santiago construída por Ferreiro, cuya cabeza original fuera destruída en el movimiento revolucionario peronista de 1955.
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Este singular patriotismo se ve reflejado también en las Constituciones, particularmente en lo referente a sus símbolos. A modo de identificación "...se usará, en lugar de Estandarte, de un Guión, ó Pendoncillo en forma de Vandera, de Tafetán blanco, con la divisa del Reyno de Galicia, y la Cruz del Santo Apóstol...", igualmente, "...una Ynsinia, que será un escudo blanco con la Cruz del Santo...". Se debe tener en cuenta que solo los estados o los ejércitos se identificaban con escudos y banderas, con características tan específicas, a diferencia otras instituciones que usaban gallardetes, estandartes, guiones, pendones, etc. 

Otra cuestión enumerada en la Constitución sexta detalla que el "...Secretario... ...además tendrá un Quaderno en que llevará razón puntual, y circunstanciada delos Naturales de Galicia, sean ó no Congregantes". Parecido a un Departamento de Estadísticas y Censo...

Para la elección de sus autoridades se instauró el voto secreto "para que las Elecciones se hagan con la mayor conformidad". Se utilizaba el curioso método de "habas blancas y negras", como manifestación del voto afirmativo y negativo. 

El mismo carácter democrático la Congregación se advierte en la conformación de otra institución de la cual fue fundadora, el "Tercio de Gallegos"  la milicia urbana constituida en Buenos Aires después que los vecinos de Montevideo y la capital desalojaran el 12 de agosto de 1806 a las fuerzas invasoras británicas. Este grupo de paisanos gallegos, armados por su propia cuenta, elegían a sus jefes, al igual que el resto de las fuerzas creadas para repeler la Segunda Invasión Inglesa ante el desdén e ineficacia de las autoridades virreinales, lo que confirió poder militar propio a Buenos Aires. Con la derrota inglesa en el segundo ataque se suplanta al Virrey Sobremonte por el líder militar Santiago de Liniers y Bremond en 1807. Tres años más tarde se derriba definitivamente al último virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, reemplazándolo por una Junta de Gobierno que asume el 25 de mayo de 1810 encabezada por el Brigadier Cornelio Saavedra, comandante de la Legión de Patricios, principal y más numeroso cuerpo armado de la ciudad -creado, como todos en 1806-, e integrado por criollos.

 

 


Imagen del Apóstol Ecuestre construída por Ferreiro, sobre la base de la análoga que corona el Palacio de Rajoi en Santiago de Compostela. Se encuentra en la Basílica del Santísimo Rosario. (Convento de Santo Domingo, en el casco antiguo de la ciudad de Buenos Aires)

 

La otra institución base del Tercio fue la Escuela de Náutica, cuyo director, Pedro Antonio Cerviño, fue su comandante en jefe. Cerviño no figura entre los fundadores de la Congregación pero si aparece entre quienes le aportan dinero para construir un altar dedicado a Santiago que pertenecerá a la hermandad, lo cual lleva a conjeturar que posteriormente integró la cofradía. Cerviño participa en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 y vota por la destitución del virrey. 

En el Tercio de Gallegos se encontraban la mayoría de los integrantes de la Congregación, valga como por ejemplo uno de sus principales dirigentes y que fue el segundo comandante del regimiento: José Fernández de Castro. Otro de los destacados integrantes de la hermandad fue Pablo Vilariño, Comisario de Víveres del Tercio. La conformación de la unidad también tenía en cuenta los conceptos de Naturales y Originarios, ya que Bernardino Rivadavia -Capitán de la 6ª Compañía de Fusileros- era criollo hijo del fundador de la cofradía Benito González Rivadavia. Posteriormente Bernardino fue el primer presidente de la Argentina y un destacado funcionario y político durante de la Guerra por la Independencia. (Nota del redactor: para mayor información sobre la relación entre el Tercio y la Congregación se recomienda el artículo La gran hermandad gallega).

 

 

Escudo del Reyno de Galicia del Pabellón de Guerra del Tercio de Gallegos, idéntico al que tendría la bandera de la Congregación. (Original en el Museo de la Escuela Nacional de Náutica Argentina)

 

Cosas de la estirpe.

Pero aquel objetivo por el cual se le solicita al Rey de España su aprobación recién aparece el artículo undécimo de las Constituciones, que prevé el cargo de Zeladores del Culto Divino, cuya función es organizar las festividades del Día del Apóstol Santiago (25 de julio) y a cuidar el altar que construyó la cofradía en la Iglesia de San Ignacio, en donde se destacaban dos imágenes encargadas al tallista gallego más importante de su tiempo. (Nota del redactor: para mayor información sobre estas esculturas nuevamente se recomienda el artículo La gran hermandad gallega).

Otra vez recurrimos al análisis de Vázquez: "El hecho de que se hayan estatuido 10 artículos antes que el referido al aparente objetivo primordial de la institución, habla a las claras de que los fundadores, inocentemente -o no- expresaron con precedencia no solo las misiones que encararían formalmente, sino una sustancial serie de principios galleguistas que -sin siquiera conocer la existencia de esta Congregación- serían los pilares fundamentales de las instituciones gallegas establecidas por la emigración hacia finales del siglo XIX".

Esa Buenos Aires que hasta mediados del siglo XX albergó a un millón de gallegos, recibió la fuerte impronta solidaria de las numerosas asociaciones, centros culturales, mutuales y hospitales -encabezadas por el Centro Gallego que superó los 100.000 asociados), una numerosa cantidad de gremios y sindicatos por ellos fundados (que en la dramática crisis de los años 30 llevó al dictador José Félix Uriburu a decir en su primer discurso al país "He venido a limpiarlo de gallegos y gringos anarquistas"), la creación de varias editoriales difusoras de cultura como "EMECÉ", "Botella al Mar", "Citania", "Cuco-Rei", etc. Pero toda esta actitud solidaria no fue sólo para con el país de recepción. Fue notable como desde el Río de la Plata se organiza la resistencia a la dictadura franquista (1936-1975) como por ejemplo la creación, el 15 de noviembre de 1944, en Montevideo del "Consello de Galiza" con la dirección de Alfonso Rodríguez Castelao, Elpidio Villaverde, Antón Alonso Ríos e Ramón Suárez Picallo, todos diputados autonómicos de la República Española, que luego se traslada a Buenos Aires, también lugar de refugio de la intelectualidad gallega que se desempeña con mayor libertad y sienta las bases del actual pujante gobierno autonómico, como Castelao, Alonso Ríos, Luis Seoane, Rafael Dieste, L. Pita Romero, Elpidio Villaverde, G. Sánchez Guisande, Manuel Cordero, Emilio Pita, Lorenzo Varela, Ramón de Valenzuela, Alberto Vilanova, X. Núñez Búa, Xosé Neira Vilas, Arturo Cuadrado, entre otros. 

 

 

Retablo del Apóstol Santiago construído por Hérnández, en el altar lateral de la Basílica de San Ignacio en el casco antiguo de la ciudad de Buenos Aires.


Detalle de la base del Apóstol Ecuestre de Ferreiro, donde se observa el emblema del Sepulcro de Santigo, iluminado por la estrella de 8 puntas, característica de Galicia.

 

El "fin" de la Congregación.

Todo ello tiene su antecedente en la Congregación del Apóstol Santiago del siglo XVIII. 

Nuevamente apelamos a la capacidad de sintetizar de Vázquez cuando afirma que "las misiones de los congregantes, bien pueden compararse con la de funcionarios de un 'estado virtual': inexistente en las formas, pero concreto en sus consecuencias".

A pesar de los fines altruistas que esos ilustrados gallegos habían manifestado, la respuesta real al pedido de autorización para la Congregación tardó 14 años en llegar (primero en 1799 y definitivamente para 1801). Además vino con veladas reprimendas por haber osado funcionar sin el acuerdo del monarca. Claramente se percibe cual era el grado de prioridad que recibían estas tierras y sus habitantes, lo cual no constituía una novedad para los gallegos, ya curtidos por una larga tradición de relegación y recelo por parte de las autoridades. Para 1801, hace años que venían desarrollando su organización y tareas. Los problemas cotidianos no podían esperar tanto... 

 

 

Detalle de la base del Apóstol Ecuestre de Ferreiro, donde se observa el Escudo de la Congregación: La Cruz de Santiago sobre fondo blanco.

 

Aquello que comenzó con la pura devoción santiaguista terminó por ampliar sus miras hacia la concreción de los sueños del ideario popular del paciente pueblo gallego, y se enraizó en el espíritu americano. Primero fue la unidad, sus creencias, cultura, símbolos y costumbres. Luego la ayuda a sus compatriotas y conciudadanos más necesitados. Cuando sintieron el llamado de la patria, allí estuvieron los gallegos de Buenos Aires. Pero el abandono a su propia suerte de los funcionarios reales los decidieron que defender su nueva tierra. Ese día comenzaba a nacer la Argentina.

Bibliografía

  • "Bajo la Cruz de Santiago"
    Horacio Guillermo Vázquez.
    Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo.
    Xunta de Galicia (2000)

Por Pablo Rodríguez Leirado.
Agosto de 2001
 


Cruz de Santiago de la Bandera "Coronela" del Tercio de Gallegos, junto a sus condecoraciones. Actualmente en uso por esta unidad en la Escuela Nacional de Náutica  Argentina. Este símbolo también se encontraba en la bandera de la Congregación.

 

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