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La Congregación del
Apóstol Santiago. El apóstol Santiago es una figura mítica y emblemática del pueblo gallego. A lo largo de su historia su nombre a coaligado a los hombres de esa tierra, tanto en su país como en la diáspora. En el siglo XVIII, en la lejana Buenos Aires -cuando era parte del imperio español- una cofradía, invocando su nombre, floreció en la hermandad y la solidaridad. Las investigaciones de Horacio Vázquez sobre el Tercio de Gallegos en el Río de la Plata permitió reconstruir la historia de la Congregación del Apóstol Santiago, una entidad que, junto a la Escuela de Náutica del ingeniero gallego Pedro Cerviño, constituyó la base de esa milicia de paisanos.
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Es mundialmente conocida la importancia del Camino de Santiago y la consideración que tuvo Santiago de Compostela en el medioevo. La ciudad aparecía como una anti - Meca y la figura del apóstol como la contracara de Mahoma, que era invocada por los cristianos que intentaban sobrevivir a la terrible invasión del Islam. Fueron muchos los elementos y circunstancias que hicieron de Santiago un símbolo del pueblo español y el gallego. Cuando su nombre es invocado, todos saben que alguien de las tierras de Galicia está presente en ese lugar... La quinta provincia gallega. Buenos Aires ha sido considerada y nombrada por muchos de esa manera. Una apreciación que no es exagerada si se tiene en cuenta que han vivido, de manera simultánea, más de un millón y medio de inmigrantes de ese origen, sin contar su descendencia. Por razón la colectividad gallega constituye una de las más importantes de la capital argentina y también del país. El importantísimo aporte inmigratorio de los siglos XIX y XX no sólo ha sido el único motivo de la presencia de esa fuerte cultura. Existieron instituciones y asociaciones creadas en la época en que la actual Argentina formaba parte del imperio español. Algunas de ellas resultaron de fundamental importancia en etapa revolucionaria e independentista de este país, pero lamentablemente muchas han sido injustamente olvidadas por la historia. Otras, están en pleno proceso de resurgimiento, como el Tercio de Gallegos, un regimiento formado 1806 en la Escuela de Náutica de Buenos Aires para hacer frente a las Invasiones Inglesas, que recientemente ha sido reconocida por el Estado Argentino y la Xunta de Galicia. Esta milicia urbana estaba conformada por hombres del pueblo, con una rápida instrucción militar -no eran militares de carrera-, que derrotaron a soldados profesionales. Estos gallegos que vencieron a los británicos provenían de la ya mencionada academia, dirigida por el ingeniero gallego Pedro Antonio Cerviño -también jefe del Tercio-, y de la Congregación de Apóstol Santiago.
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![]() Imagen de Santiago Apóstol en el altar de la Catedral en Compostela. |
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La legendaria hermandad gallega. La primera organización de gallegos, en el exterior, que utilizan el nombre de Congregación del Apóstol Santiago tuvo su asiento en Madrid, en 1741. Es probable, en el plano de las especulaciones, que estuviese integrada por miembros de la nobleza que formaban parte de la corte real. También, a partir de 1768, existió otra en México. Ambas eran de carácter religioso, como una manifestación de la devoción de los gallegos fuera de su tierra por el santo patrono de Galicia. En Buenos Aires, como imitación de esas dos, en 1787 se creó la "Congregación del Apóstol Santiago el Mayor, de Hijos y Oriundos del Reyno de Galicia". El principal artífice de la Cofradía fue Benito González Rivadavia, un prestigioso abogado. Era familiar - no se ha podido determinar si era el tío o el padre - de Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino. En ese entonces un total de 158 personas suscribieron la constitución de la Congregación del Apóstol Santiago. Era un numero realmente notable, sólo referido a los principales vecinos, porque Buenos Aires no alcanzaba a los 40.000 habitantes. También se destacaron como fundadores Ventura Marco del Pont, Pablo Villarino y José Fernández de Castro. El objetivo de esta entidad, registrado en su constitución, era mantener una de las fuentes más grandes de las tradiciones gallegas que era el culto al apóstol. Pero además se estableció que ayudaría a aquellos paisanos que estuviesen en desgracia, por lo cual merece ser considerada como la primera institución mutual gallega, por lo menos, de América del Sur. Como se desconoce si las Congregaciones de Madrid y de México incluían en sus estatutos alguna característica de asociación mutual, tal vez sea la primera entidad gallega de ese tipo fuera de Galicia. De esta institución no se sabía absolutamente nada. El único en mencionarla fue Alberto Vilanoba Rodríguez en su obra "Los gallegos en la Argentina" realizada en 1966, donde consigna equivocadamente la fecha de su creación. En ella cita que el 25 de julio 1795 celebraron con gran solemnidad el día del Apóstol Santiago en el altar de la Iglesia de San Ignacio, obra del escultor Juan Antonio Gaspar Hernández, oriundo de Valladolid, quien posteriormente fue director de la Academia de Geometría y Dibujo creada por Manuel Belgrano en 1799. La Congregación había costeado ese altar como homenaje al santo patrono. A pesar de los pocos renglones que le dedica, esta pequeña referencia dio pie a la investigación de Horacio Vázquez, quien descubrió que recién en 1799 la Congregación obtuvo la aprobación oficial mediante una Cédula Real, debido a las demoras burocráticas y a la lentitud de las comunicaciones epistolares vía marítima con la Península. Se reunían originalmente, en la capilla de San Roque, junto al Convento y la Basílica de San Francisco, ubicada en las actuales calles Alsina y Defensa. Lamentablemente a mediados de la década del 50 de este siglo, partidarios del peronismo incendiaron el templo en donde ardió, entre otros elementos muy valiosos, una antigua estatuilla del apóstol Santiago, considerada como la imagen que presidía las reuniones de la Congregación. Paradójicamente en esa misma capilla se encuentran enterrados los restos mortales de los gallegos Pedro Cerviño, el jefe del Tercio de Gallegos, y Jacobo Varela, el célebre capitán de la compañía de granaderos de dicho regimiento. El Tercio de Gallegos y su relación con la cofradía. A raíz de las invasiones inglesas al Virreinato del Río de la Plata, el 17 de septiembre de 1806, el ingeniero Pedro Cerviño, director de la Escuela de Náutica, academia que también daba instrucción militar ya que los mercantes estaban artillados para enfrentar a los piratas, creó esa unidad militar voluntaria con profesores y alumnos de la academia, sumados a los numerosos integrantes de la colectividad gallega de Buenos Aires, principalmente pertenecientes a la Congregación del Apóstol Santiago. Una prueba palpable de esta relación se presenta entre el estandarte de la organización mutual y las banderas del Tercio. La divisa de la Cofradía estaba constituida por dos paños, cosidos por las puntas, de seda blanca con el escudo de Galicia en una cara y la cruz roja distintiva del Apóstol en la otra. El Tercio establece en su reglamento - aprobado el 20 de septiembre - "dos banderas, una con las armas de Castilla y León por un lado, y por el otro la cruz roja del Apóstol Santiago el Mayor; y la otra con el escudo del Reyno de Galicia por un lado y por el otro el de la Ciudad de Buenos Aires". Como se puede observar, las dos partes del estandarte de la Congregación están presentes, pero separadas, en las banderas del regimiento gallego. A la primera de las dos enseñas del Tercio se la denominó Coronela, e identificaba al ejército que pertenecía la unidad (las tropas del Rey de España), y la segunda reconocía al cuerpo militar en sí mismo. A la muerte de Cerviño y de su consorte, María Bárbara Barquín, las banderas pasan a manos de los Estrada, quienes estaban emparentados con la familia esposa del ingeniero y militar gallego. La Coronela actualmente se encuentra en perfecto estado en el Museo Histórico Militar, junto con la casaca del coronel Cerviño. La otra bandera fue cedida en custodia a la Basílica de Luján, que a principios de siglo la entregó al Complejo Museográfico Enrique Udaondo de esa ciudad. Como consecuencia de una gran inundación sufrió un deterioro irreversible. Sólo se salvó el Escudo de Galicia, por estar bordado en hilos de oro y plata, y en menor medida el de Buenos Aires, pues está pintado al óleo, posiblemente por el propio Cerviño. El 17 de septiembre de 1998, en el aniversario del Tercio y por gestiones de Vázquez, fue entregada esta divisa a la nueva formación del Tercio de Gallegos - de julio de 199 5- y actualmente se está confeccionando una réplica en Galicia. Otras conexiones. Las banderas no son la única relación entre el regimiento y la histórica mutual. En el Tercio también estuvo Benito González Villanueva, alma mater de la Congregación, y su familiar Bernardino Rivadavia. Además muchas personas participaron de ambas instituciones. La figura más significativa fue el segundo comandante, José Fernández de Castro, un personaje al cual prácticamente no se lo conocía militarmente y cuya actividad era una incógnita, si que era muy próspero y un dirigente preponderante de la Congregación. Si tenemos en cuenta que el Tercio elegía democráticamente a sus jefes militares, como explica claramente su reglamento, y que su jefe, Pedro Cerviño era un hombre sumamente prestigioso, el segundo en el mando, Fernández de Castro una persona sin antecedentes militares, sólo pudo haber sido elegido por la gente que lo conocía, o sea por la gente de la Congregación. Por otro lado, aparte de los documentos testimoniales, cae de maduro, que en aquel contexto, la unión entre el regimiento y la asociación mutual era natural. Si hoy se creara un cuerpo de voluntarios gallegos, ya sea por una catástrofe o cualquier acontecimiento, no cabe ninguna duda que si las autoridades de ese organismo se eligen por sufragio general a sus integrantes seleccionarían a algunos de los principales hombres del Centro Gallego o el Centro Galicia, u otras instituciones representativas. A la vez, la gente de esos centros que participasen del cuerpo de voluntarios llamaría a todos los demás socios conocidos. Es una cuestión de pura lógica considerar que la masa de la tropa del Tercio de Gallegos, unos 600 hombres, pertenecía a Congregación que era la única asociación gallega existente en el momento de las invasiones inglesas, y que veinte años antes, sólo para su creación, ya había reunido a 158 de los principales.
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![]() Soldado con la bandera del Tercio de Voluntarios de Galicia. |
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¿Por qué desapareció? El 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, la ciudad que por sus medios había derrotado a las fuerzas británicas y creado una fuerza militar propia, decide formar una Junta de gobierno autónoma, de manera similar a lo que ocurría en la España invadida por Napoleón desde 1808. Ese fue el inicio de una guerra de casi 15 años por la independencia. Se supone que la cesación de sus actividades de la Cofradía ocurrió a causa del conflicto, porque se trataba de una institución hispánica en un período en que se cortó el vínculo con el Rey de España. Los vestigios del pasado La cita de Vilanoba Rodríguez, acerca de un altar dedicado por la cofradía al Patrono de Galicia en la Iglesia de San Ignacio, construida por los jesuitas, sumada a la contemplación de esa obra de arte, motivaron a los integrantes de Sitio al Margen a colaborar con las averiguaciones encaradas por Horacio Vázquez para descubrir y determinar la existencia objetos de la misteriosa hermandad. Lamentablemente dos incendios impiden la búsqueda adecuada en los archivos de la Curia, quemados en 1955 por partidarios peronistas -provocados por los conflictos entre la Iglesia y el gobierno de Perón-, y en la biblioteca del colegio jesuita de San Salvador, que ardió en el siglo pasado. Sin embargo se han podido encontrar interesantes documentos y trabajos. Según varias investigaciones de los arquitectos Adolfo Luis Rivera y Héctor Schenone, director y secretario del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas de la Universidad de Buenos Aires, la Congregación encargó al arquitecto y escultor Juan Antonio Gaspar Hernández la construcción de un altar para honrar al patrono de Galicia, uno de los cometidos primordiales de la hermandad.
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![]() Horacio Vázquez. |
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Una vez realizado el altar, ante la insuficiencia de dinero de la cofradía para solventarlo, uno de su integrantes, Pablo Vilariño, se ofrece para terminar de pagarlo. El altar se finaliza y se instala pero Vilariño no puede pagar la deuda en ese momento, por lo tanto otro cofrade, José Fernández de Castro -quien sería el segundo comandante del Tercio de Gallegos-, lo reemplaza a condición que luego se lo retribuya. Como eso no sucede se inicia un pleito judicial que termina en 1806 cuando Castro recibe el dinero de Vilariño y este lo obtiene de la Congregación, saldándose así todas las deudas. Gracias a este conflicto judicial se conocen los detalles de la contratación y realización del altar, como por ejemplo todavía se conserva en el Archivo General de la Nación el diseño original realizado por Hernández. Una escultura de Ferreiro. Existe otra importantísima obra de arte encargada por la Congregación, una escultura realizada por el célebre imaginero gallego José Ferreiro. Una copia de una carta enviada, en 1789, por Ferreiro a los integrantes de la cofradía, aún se conserva en el Archivo General de la Nación (1). En ella, el artista establece las condiciones de su trabajo, como así también las características de dos imágenes de Santiago. Una de ellas sería destinada al retablo de la Congregación, y la otra, ecuestre, se utilizaría en las procesiones. La descripción de la primera coincide -salvo por un detalle que más adelante se explicará- con la que actualmente se encuentra en el altar de la Iglesia de San Ignacio, justamente el de la Congregación. Por otra parte, el análisis estilístico que realiza Schenone con otras obras del artista gallego también confirma esa hipótesis, al especificar, entre otros comentarios, que "la cabeza maciza, de rostro ancho y facciones vulgares, recuerda mucho a la de San Francisco, de la Coruña y al San José, del Carmen de Santiago de Compostela. Las manos concuerdan en su actitud y conformación con las de Ntra. Sra. del Carmen, de la Enseñanza y las de San José y Santa Teresa". Lamentablemente la Iglesia de San Ignacio se vio afectada por el ya citado el incendio de 1955, que en la escultura de Santiago provocó la pérdida de la cabeza, teniendo, por ese motivo, que ser reemplazada. Por suerte el trabajo de los arquitectos, Rivera y Schenone, fue realizado unos pocos años antes. Allí se conservan varias fotografías que permiten ver la cabeza original de la escultura. Ferreiro es uno de los tres grandes escultores gallegos del siglo XVIII. Por eso los dos investigadores efectuaron una detallada búsqueda que permitiera establecer la presencia de obras de un destacado escultor europeo en Buenos Aires a fines del siglo XVIII. El interés de ambos pasa por la importancia histórica y estética. A ese trabajo se suma el de Vázquez, cuyo libro -de próxima aparición- agrega una nueva concepción. Tal vez la manera de explicarlo sea afirmar que Vázquez busca hallar el alma de los guerreros del Tercio de Gallegos, cuyo retrato se encuentra en la historia de la enigmática Congregación del Apóstol Santiago. |
![]() Vieja fotografía del antiguo altar de la cofradía. Este se vió afectado por el incendio producido en 1955 en una revolución contra el gobierno de Juan Perón. |
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< Notas | |||||||||
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< Fuentes | |||||||||
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Muchas gracias. |