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Personajes al margen.
Las banderas del noble
perjuro.
Sir Dennis Pack ha quedado en la historia
argentina como el militar británico que, después de la derrota inglesa
en la 1ª Invasión (en 1806), reniega de su juramento de no tomar las armas
contra los habitantes de Buenos Aires y participa en la 2ª Invasión Inglesa
(1807). Sin embargo, ya se sabe que siempre debe uno ser desconfiado de
la historia oficial, por eso nuestro colaborador Gabriel Cortés
nos indica que a este perjuro oficial lo motiva otra fuerza diferente
a la traición, que tiene que ver con la época que le tocó vivir, decisiva
para el momento en que surge la idea de Argentina como nación.
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Por Gabriel
Cortés.
Noviembre de 2000
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En
ciertas ocasiones cuando se tiene la gracia de mantener una placentera
conversación con amigos, amantes como quien escribe estas líneas de la
historia argentina y europea del Siglo XIX, se percibe que en el espíritu
ansioso e inquieto de estos yace la firme sensación de que el derrotero
histórico de nuestra nación, a partir del año 1800 hasta la actualidad,
se asemeja a una gran pieza teatral jalonada por intensos dramas, furibundos
desencuentros, inquietantes paradojas y en especial grandes olvidos colectivos
de una gran cantidad de hechos y personajes que obraron para que la Argentina
se convirtiera en un país inserto en el marco de las naciones civilizadas
a fines del siglo XIX.
Es por eso que este artículo
tratará de acercar un poco de luz a la figura de un individuo, por cierto
histórico, que fue protagonista vital de los hechos acaecidos en los años
1806 y 1807 en la Buenos Aires todavía colonial y profundamente hispánica.
Seguramente cuando usted,
amigo lector, estudió historia (con placer o sin ello), le habrán contado
sobre las Invasiones Inglesas, sobre hechos heroicos del pueblo porteño:
el aceite hirviendo arrojado desde las azoteas a los invasores, las mujeres
que se casaron con los soldados ingleses y una sarta de imprecisiones
y hechos banales que la dogmática y paralítica historiografía oficial
argentina se encargó de puntualizar como hitos de la argentinidad de todos
los tiempos.
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William Carr Beresford, general inglés que
dirigió la primera invasión inglesa a Buenos Aires en 1806.
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Lo cierto es que las Invasiones
Inglesas representaron mucho más que hechos banales, podría arriesgar
que se sitúan como la hora cero del derrotero temporal de la nación en
el terreno político. La acción diplomática de William Beresford - luego
de su rendición a Santiago de Liniers - preparó y cimentó el campo para
que se comenzara a gestar y materializar los ideales de emancipación nacional.
Se debe reconocer que del desenlace de esta breve confrontación entre
David y Goliat, del que todos conocen el resultado oficial, nacen dos
lecturas bien contrapuestas: en el plano estrictamente militar la victoria
fue indiscutida, quizás no por obra de los mismos criollos y españoles,
sino más bien por la inoperancia de John Whitelocke en la ejecución de
los planes de conquista, esto generó un impulso definitivo a los ideales
autonómicos de la nación sin quitarle obviamente el valor y arrojo demostrado
por los porteños en aquella epopeya. Pero en la otra fase, en la cual
los cañones callan, y la diplomacia talla silenciosamente, los ingleses
lograron una victoria fulminante con la cual comenzaron a consolidar su
presencia física y "espiritual" en la región, para no partir jamás.
Personajes como Martín de
Alzaga, Santiago de Liniers, Home Riggs Popham, John Whitelocke; Levison
Gower, Martín Miguel de Güemes, Juan Martín de Pueyrredón y por supuesto
William Carr Beresford, usted seguramente los ubica como los actores principales
de este primer acto de la pieza teatral, pero casi con seguridad no habrá
recabado en la figura secundaria - tal vez - pero no tanto de un personaje
profundamente contradictorio llamado Theodore Dionisio Pack, también conocido
como Dennis Pack, nacido en el pueblo de Kilkenny, en la región Sur Oriental
de la actual República de Irlanda, hijo del Reverendo Thomas Pack y de
Catherine Sullivan.
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Teniente Coronel Sir Denis Pack.
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Este oficial del Ejército
Británico de dilatada carrera militar que revistó la mayor parte de su
vida castrense en las filas de la caballería, fue nada más y nada menos
que el valioso lugarteniente e inclaudicable amigo del General Beresford
en las operaciones en el Río de la Plata del año 1806. Se encontraba al
mando del Regimiento 71º de Highlanders de Escocia que conformaban la
temible Infantería Ligera de las Tierras Altas y que por supuesto se erigió
como el regimiento cabeza de lanza de todas las operaciones en Buenos
Aires y alrededores.
Quizás ya para esta altura
del artículo usted se vaya acordando quien era este singular Dennis Pack,
oficial rudo y extremadamente tranquilo a la hora de combatir, hasta el
punto que su colega, el Capitán Alexander Gillespie -autor del libro "Buenos
Aires y el Interior" y destacado integrante de la fuerza invasora inglesa-
expresaba que su tranquilidad y experiencia los había salvado de varias
situaciones difíciles en la campaña argentina y principalmente en la batalla
de Pedriel, que si no hubiera sido por su accionar y templanza Pueyrredón
le hubiera arrebatado la gloria y el honor a Liniers de haber derrotado
a los Ingleses y las acciones del 12 de agosto de 1806 (el día de la Reconquista)
no se hubieran producido jamás.
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Debo reconocer que don Dennis
no gozaba del aprecio y beneplácito general del pueblo de Buenos Aires,
hasta varios de sus superiores y principalmente en la Segunda Invasión
lo catalogaron de presuntuoso, altanero y soberbio. Pero sin duda para
lo primero quizás estaba justificada su recia conducta por ser el responsable
de mantener la seguridad en la ciudad conquistada, con respecto a lo segundo,
éstas impresiones fueron vertidas en varios informes por el general Robert
Craufurd, seguramente esta actitud de nuestro querido Pack denotaba su
desconfianza y total desaprobación al inadecuado e ilógico plan de ataque
ideado por los Generales John Whitelock y Levison Gower.
Es sin duda, mi querido amigo
lector, cuando la Historia Oficial Argentina se encona contra la figura
del coronel Pack en el momento en que él, a contramano de la actitud de
todos sus compañeros oficiales, después de rendirse Beresford a las autoridades
porteñas rompe con el juramento de no alzarse nuevamente en armas contra
Buenos Aires.
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Es aquí donde surge el aspecto
contradictorio en la personalidad del coronel Pack. En vez de proseguir
con los designios y la palabra de un auténtico y refinado caballero británico
leal a su rey y orgulloso de formar parte de un vasto imperio, decide
arriesgarlo todo en una empresa personal que tenia como único objetivo
la reconquista del honor perdido en la primera invasión, ese honor estaba
representado simplemente por las banderas e insignias de su amado Regimiento
71º.
Su accionar en la segunda
invasión se emparentó lisa y llanamente a la recuperación de estos tesoros
que hasta el día de hoy no podemos comprender porque se habían fijado
con obsesión casi enfermiza en su mente guerrera. Tal vez, aquellos nobles
hijos de Irlanda y Escocia subyugados inconscientemente por la cultura
anglosajona no soportaban observar caer sus estandartes nuevamente como
alguna vez lo presenciaran en El Boyne en 1690 o en Culloden en 1745 a
manos de las fuerzas del Reino Unido.
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Banderin de gaitero del coronel Pack.
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Pack fue de esa notable raza
de hombres que el gran león británico necesitaba por aquellas épocas para
expandir sus fronteras y mantener el orden transformándose en la punta
afilada del imperio, lista para atacar o defender en el momento que se
precisare.
Vivió casi toda su vida peleando
por todo el mundo, en la India, en Irlanda, en la Guerra por la Independencia
de la Península Ibérica entre 1808 y 1814. Párrafo aparte merece esta
etapa de su vida ya que antes de desembarcar por segunda vez en Buenos
Aires, en 1807, derrotó al que sería posteriormente Gobernador de Montevideo
Don Francisco Javier de Elío en la batalla del Arroyo San Pedro, lugar
cercano a Colonia del Sacramento (Uruguay), con este mismo alto oficial
español debió pelear como compañero contra la amenaza francesa en la península
y remató su violenta vida como Jefe de la Brigada de Highlanders en la
Campaña de los Cien Días que culminó con la batalla de Waterloo en junio
de 1815. En todas resultó triunfante, a fuerza de pagar altos precios
en vidas humanas, pero quizás Buenos Aires fue su horma y se encontró
con una población tan decidida a matar o morir como estaba él. Su célebre
frase : ".... Ahora voy a despacharlos a todos..." resultó la mecha que
encendió su caída en la ciudad. Si bien el imaginario popular toma a Pack
como un ser desagradable y arquetipo de la soberbia británica, su recuerdo
hacia Buenos Aires siempre fue muy agradable y agradecido por la atención
recibida durante su gestión y posterior "cautiverio". Él mismo mantuvo
constante tráfico epistolar con los monjes betlemitas que lo salvaron
de una muerte segura a manos de la chusma descontrolada en los días de
julio de 1807. Los criollos y españoles reclamaban su cabeza, pero la
hora del Coronel, posteriormente Mayor General, no había llegado. Quizás
en la guerra, como en el amor, las batallas y las mujeres perdidas son
las que con más intensidad se recuerdan.
Sin duda su rencor en Buenos
Aires era dirigido hacia la población orillera, inculta y totalmente manejable
que no tenían absoluta idea de lo que pretendían y ante quien se estaban
enfrentando, pero como primera paradoja entre las varias que tuvo su paso
por este mundo, esas mismas personas también eran en cierto modo Dennis
Pack, solo que sin la cultura sistematizada del caballero británico, peleaban
en forma tan decidida y por momentos tan salvaje como él lo hacía y como
seguramente lo habían realizado sus respectivos antepasados. Pack en Buenos
Aires peleó contra su misma sombra: Primitiva, cuasi salvaje, amante de
los placeres más simples y dueña de una cierta impertinente ingenuidad.
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Con respecto y retomando
el tema de las banderas, es bueno contarles que llegó a tomar contacto
nuevamente con ellas durante la Segunda Invasión Inglesa. Entonces penetró
con todas las fuerzas disponibles de la columna del General Craufurd en
la iglesia de Santo Domingo y allí hizo ondear los estandartes a modo
de aliento para las demás fuerzas británicas que peleaban denodadamente
en la urbe. Finalmente de nada le sirvió. A las pocas horas debió rendirse
con dos heridas en su cuerpo (cosechó más de 12 en toda su vida) y no
le quedó más remedio que entregar sus amadas banderas, cortando el lazo
inexorablemente con esa parte de su vida.
Paradójicamente, y como última
parte de este conciso artículo, a Dennis lo mató la paz, el único oponente
al que no pudo resistirse, un tranquilo día londinense de 1823, cuando
Europa entera disfrutaba de la paz post napoleónica. El guerrero partió
de este mundo, quizás buscando alguna otra batalla que pelear o alguna
otra bandera que recuperar...
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Por Gabriel
Cortés.
Noviembre de 2000
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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