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Juan José Paso.
Un jurista al servicio
de la Revolución.
En los tiempos que corren prácticamente no
se encuentran políticos en los cuales confiar por su capacidad y honestidad.
Pero no siempre fue así, ya que en momentos más dramáticos que los actuales
habitaron esta tierra políticos profundamente apasionados y sacrificados,
más allá de errores y debilidades humanas. Uno de ellos fue el talentoso
y honesto Juan José Paso, quien tuvo el coraje y el honor de ser
uno de los padres de la Revolución que a principios del siglo XIX conformó
la República Argentina.
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Por Pablo
Rodríguez Leirado.
Junio de 2001.
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Los
momentos históricos de crisis siempre han desencadenado la búsqueda de
una nueva sociedad mediante cambios desarrollados de manera pacífica -o
medianamente consensuada - o de forma dramática y dolorosa. Cuando las
circunstancias y resistencias hacen inevitable y necesario que un conjunto
de individuos elijan el camino revolucionario, todos recuerdan lógicamente
a los hombres que toman las armas, como por ejemplo a principios del siglo
XIX, José de San Martín, Manuel Belgrano, Cornelio Saavedra, y tantos
más. Sin embargo, otros personajes aparecen en ámbitos no menos trascendentes
como la construcción de los consensos políticos, las nuevas normas o el
sustento ideológico de una nueva sociedad. Recordamos a Mariano Moreno,
Juan José Castelli, Gregorio Funes, Manuel Belgrano, entre muchos otros.
Repetir uno de estos nombres en ambos casos, Belgrano, conlleva a descubrir
que actualmente se valora más la faceta militar, ya que hoy es bastante
notorio ver que se recuerda principalmente a Belgrano como general. Pero
este no es el único ejemplo, existen numerosas figuras de la política
que no ocupan en la memoria de los argentinos el lugar preponderante que
se merecen. Uno de ellos, modelo de honestidad y pasión, es el abogado
Juan José Paso.
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Dr. Manuel Belgrano, líder de la Revolución
y la Independencia argentina. Un paradigma de conducta y compromiso en
los tiempos que corren...
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Los comienzos de la Revolución.
Las Invasiones Inglesas al
Río de la Plata en 1806-1807 marcan el comienzo de un proceso revolucionario
en estas tierras, acelerado luego por las consecuencias de la invasión
napoleónica a España a partir de 1808. La capacidad de organización y
defensa contra los británicos de los habitantes del Virreinato del Río
de la Plata (que comprendía los territorios de Argentina, Bolivia, Uruguay,
Paraguay, parte de Chile y Brasil), en comparación con la ineficacia del
Virrey, Marqués de Sobremonte, para reconquistar y defender esta parte
del entonces decadente imperio español, llevó a sus pobladores a sentir
una particular "decepción" por las autoridades reales y una creciente
confianza en sus propias fuerzas materiales e intelectuales, que fue hábilmente
alentada por los ingleses.
Se desconoce bastante el
accionar político de Juan José durante la primera invasión inglesa (junio
de 1806) a Buenos Aires, capital del virreinato. Sin embargo, verdaderamente
empieza a destacarse después de la reconquista, el 12 de agosto, especialmente
durante el Congreso General dos días después. El Cabildo fue el escenario
y según afirma Ignacio Núñez, en "Noticias Históricas", 4.000 personas
en la Plaza seguían los acontecimientos. El pueblo y la tropa exigían
que el Capitán de Fragata Santiago de Liniers, héroe de la recuperación,
tuviese el mando de las armas de Buenos Aires en vez del Virrey, quien
había abandonado la ciudad sin haber desarrollado una defensa aceptable
ante el invasor británico ni conducido su reconquista. Como resultado,
el Virrey no fue aceptado en la capital y tuvo que trasladarse a Montevideo.
Allí escribe una amarga y extensa carta al Príncipe de la Paz, Manuel
Godoy -el verdadero gobernante de España, favorito de la Reina María Luisa-,
en cuyos términos, y acusaciones coincide con otra misiva enviada por
el Fiscal del Crimen, Antonio Caspe, quien no critica a la gente pero
si al grupo de letrados que los arrastra "de que hay mayor número que
el que conviene para este Pueblo". Sobremonte se despacha contra los "mozuelos
despreciables", refiriéndose a Juan José Paso, Manuel José Lavardén, Joaquín
Campaña y Juan Martín de Pueyrredón, quienes "fueron los que tomaron la
voz en el tal Congreso, y con una furia escandalosa intentaron probar
que el Pueblo tenía autoridad para elegir quien le mandase a pretexto
de asegurar su defensa".
El argumento por el cual,
faltando el gobernante, "el pueblo elige al que mejor le parezca" básicamente
es el punto de vista legal y político por el cual se realizan numerosas
Juntas en España en 1808. Esto se debe a que previamente Napoleón, en
un hábil manejo diplomático que pasó a la historia como la "Farsa de Bayona,
consiga la renuncia de la Familia Real Española al trono y declare Rey
de España a su hermano José. El pueblo español no se somete a José I,
se queda sin rey y ante la invasión francesa conforma todas esas juntas
que envían sus representantes a una Junta Suprema Central Gubernativa
del reino, constituida en Aranjuez y luego trasladada a Sevilla.
Ni más ni menos son las mismas
teorías que inspiran el intento de establecer una junta en Buenos Aires
en la fallida revolución del 1º de enero de 1809, encabezada por el Alcalde
Martín de Álzaga, el héroe de la Segunda Invasión Inglesa, con el apoyo
de las milicias urbanas vizcaínas, catalanas y del Tercio de Gallegos,
y en la cual participa también Mariano Moreno. La finalidad fue deponer
al Virrey Liniers, nombrado como tal después la destitución de Sobremonte,
en una Junta de Guerra celebrada en el Fuerte de Buenos Aires el 10 de
febrero de 1807, por una nueva huída en el segundo ataque británico. El
rey posteriormente validó el nombramiento de Liniers, marino de origen
francés al servicio del imperio español. Claro que luego de la invasión
napoleónica a la península Ibérica el francés fue destituido por la Junta
Central de Sevilla, que nombraron virrey a Don Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El avance del ejército francés obliga a la Junta Central a trasladarse
a Cádiz, donde el 29 de enero de 1810 se disuelve y se crea un Consejo
de Regencia en esa ciudad, último bastión español ante el imperio napoleónico.
Ante estos descalabros en España el Virrey Cisneros, y como estaba en
duda su autoridad, convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo en
el cual se lucieron Juan José Castelli y Juan José Paso.
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Napoléon Bonaparte, emperador de los franceses.
Su aparición en la escena política española, imponiendo a su hermano José
I como rey de España, desencadenó un aceleramiento en la descomposición
del imperio español de América.
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Origen y formación intelectual.
El abuelo de Juan José, Pedro
de el Passo, era natural de Ribas del Mar una pequeña aldea de San Pedro
de Bugadillo, cuya cabecera parroquial es Negreira, cercana a Santiago
de Compostela (Galicia). Don Pedro se casó con Isabel Trenco y de esa
unión nació Domingo de Passo, quien hacia el año 1750, como posteriormente
hicieron tantos gallegos, decidió ir al Río de la Plata en busca de nuevos
y prósperos horizontes. Llegó a una Buenos Aires de tan sólo veinte mil
habitantes. El prolífico matrimonio de Domingo y María Manuela Fernández
Escandón tuvo hijos que fueron importantes dirigentes porteños, el más
destacado nació un 2 de enero de 1758. El ilustre periodista gallego de
principios del siglo XX, Manuel Castro López, informa que el abuelo de
Paso aparece en algunos documentos como Don Pedro do Pazo. Esto implica
que el apellido Paso es producto de una mala castellanización, porque
su correcto cambio del gallego al castellano sería "del Palacio". Domingo
fue un panadero con bastante fortuna, para 1791 se lo consideraba como
el principal en esa actividad, proveedor en la Plaza Mayor y con una tienda
en la actual calle Alsina (en ese entonces calle San Carlos Nro. 25),
cercano al Convento de San Francisco. Allí es donde muy probablemente
realizara sus primeros estudios Juan José Paso, debido a que se enseñaba
gramática y latín a los niños. Se conservan documentos de su ingreso en
el Convictorio de Monserrat, que formaba parte de la Universidad de la
ciudad de Córdoba, del 3 de marzo de 1774. Poco antes habían sido expulsados
los jesuitas de estas tierras pero muchas de sus doctrinas, como el rechazo
al origen divino de la autoridad y a las monarquías absolutas, no desaparecieron
con la llegada de sus reemplazantes, los franciscanos. Aquí Paso obtuvo
los grados más elevados, como Maestro de Filosofía y Doctor en Sagrada
Teología, a los 21 años. Ya en Buenos Aires, Juan José es ayudante de
la Cátedra de Filosofía, dictada por Pantaleón Rivarola en el Colegio
San Carlos. En este mismo lugar se hizo cargo del Curso de Filosofía desde
el 28 de febrero de 1781, después de haber sido elegido por concurso en
un acto presenciado por el Virrey y el Obispo. Otros cursos que posteriormente
también dicta son: Lógica, Física, Metafísica y Filosofía en una nueva
oportunidad. En los años que estuvo en el Colegio San Carlos pasaron una
cantidad de figuras que posteriormente fueron las forjadoras de la revolución:
Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Ildefonso Ramos Mexía, Manuel Warnes,
Agustín Gascón entre muchos otros. En 1783 finaliza su último curso y
decide estudiar leyes en la reconocida Universidad de San Francisco Javier
de Charcas, en donde todavía estaba fresco el recuerdo de la sublevación
de Tupac Amaru. En 1791 logró el título de abogado y pasó unos años ejerciendo
la profesión en Lima, la ciudad más importante del imperio español en
América del Sur. Como sufre de hidropesía le afecta el clima seco y para
1802 retorna a su ciudad natal. El 12 de febrero, del siguiente año, jura
ante el Virrey y representantes del Real Tribunal de Hacienda y de Audiencia
como Agente Fiscal Perpetuo, cargo que mantiene hasta la Revolución de
Mayo de 1810.
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Retrato de Juan José Paso, pintado por el
artista francés Ernesto Charton (Museo Histórico Nacional)
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El Cabildo Abierto del
22 de mayo.
Entre todos los que en esa
histórica asamblea tomaron la palabra sin duda alguna quien más se destacó
fue Juan José Castelli, porque con suma precisión planteó las razones
que de hecho y derecho justificaban el cese del Virrey Cisneros en su
cargo y la creación de una junta de gobierno. Castelli hizo una cronología
y análisis de la situación española, e hizo especial énfasis en la impugnación
del Consejo de Regencia, creado después de la caída de la Junta Central,
en el cual América no estaba ni representada ni había decidido. Al no
existir autoridad legítima se rompen los vínculos de los dominios con
la Corona y retornan al pueblo "los derechos de soberanía" permitiendo
crear un nuevo gobierno. Nadie pudo rebatir los argumentos de quien fue
llamado "el orador de la Revolución", pero si complicarlos. El Fiscal
en lo Civil de la Audiencia, Manuel Genaro Villota explicó que si la Junta
Central no podía formar un gobierno, tampoco la ciudad de Buenos Aires
"no tenía por sí solo derecho alguno a decidir sobre la legitimidad del
Gobierno de la Regencia sino en unión de toda la representación nacional,
y mucho menos a elegirse un Gobierno soberano que sería lo mismo que romper
la unidad de la Nación y establecer en ella tantas soberanías como pueblos".
Este argumento le daba la razón a Castelli pero negaba a la capital poderes
para resolver el conflicto. Varios solicitaron la participación de Paso,
quien intervino para manifestar que ante los peligros de una invasión
francesa -temores muy fundados en aquel entonces- corresponde la "inmediata
formación de una junta provisoria de gobierno a nombre del señor don Fernando
VII; y que ella proceda sin demora a invitar a los demás pueblos del virreinato
a que concurran por sus representantes a la formación del gobierno permanentemente".
La votación determinó el
cese del Virrey Cisneros y finalmente el 25 de mayo se conforma una Junta
Provisional Gubernativa con la presidencia de Cornelio Saavedra, uno de
los héroes de las invasiones inglesas y jefe del principal regimiento
de la ciudad -la Legión de Patricios-, con ocho diputados de los cuales
seis serían vocales -entre ellos Castelli y Manuel Belgrano-, y dos ejercerían
la secretaría, Mariano Moreno y Juan José Paso.
Por lo tanto, el 25 de mayo
de 1810 no constituye exactamente un corte, más bien una adecuada resolución
dentro de las clásicas preceptivas del derecho político hispano, que encontraba
en Juan José Paso a uno de sus principales adalides.
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José Bonaparte, rey de España, impuesto por
el mismo hermano Napoleón I, luego de la "Farsa de Bayona".
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Primera Junta.
Como bien afirma el académico
Héctor J. Tanzi, en su excelente obra "Juan José Paso -El Político-",
"a la edad en que se busca reposo, Paso se da de lleno a la pasión política
alcanzando enorme éxito". En el flamante gobierno porteño, que jura por
Fernando VII, se desempeña como Secretario junto con Mariano Moreno, el
verdadero motor de la Primera Junta.
Al poco tiempo se le encarga
la importante misión de conseguir la adhesión de Montevideo, a la cual
llegó 12 de junio acompañado por sus hermanos Ildefonso y Francisco. En
un principio no se le permitió la entrada pero finalmente su elocuencia
convenció al Cabildo de Montevideo de convocar al vecindario para oír
al enviado de la Junta de Buenos Aires. Sus opositores estaban conducidos
por el Comandante del Apostadero de Marina, José María Salazar, quien
había referido el peligro que implicaba permitir a Paso hablar públicamente
porque era hombre "muy instruido, y de grande elocuencia", y perfectamente
conocía su acción cuando alertaba que había sido "uno de los corifeos
del partido de la Junta en el Cabildo Abierto". El 15 de junio Paso, que
era de baja estatura, enfrentó a la parte más representativa del pueblo
de Montevideo. Su discurso fue largo y al terminarlo se produjo un prolongado
silencio. Salazar, que había comprendido que su causa estaba perdida,
tomó la palabra y defendió la facultad de la Junta Central para establecer
la Regencia y imputó a la Junta porteña varios falsos delitos. Paso intentó
responder pero no se le permitió. Uno de los presentes solicitó una votación
para terminar con el enfrentamiento y el Comandante Salazar manifestó
que no era necesario, que su opinión era la del pueblo... los gritos del
marino y de sus oficiales, estratégicamente ubicados, dieron vuelta lo
que había sido una victoria de la elocuencia de Paso. Al otro día se juró
la aceptación de la Regencia y se rechazó la unión con Buenos Aires. Paso
tuvo que retirarse apuradamente pues su vida corría peligro. Si bien el
resultado de su misión fue un fracasó, no fue por impericia del Secretario
Paso ya que el uso de la fuerza impidió concretar el éxito político. Así
se entendió en Buenos Aires donde nadie lo recriminó. El 12 de agosto
la Junta cortó toda relación con Montevideo.
Pronto surgieron, a pesar
de los éxitos, fuertes desavenencias entre los integrantes de la Junta,
formándose dos partidos bien diferenciados, uno que tenía como conductor
a Saavedra, que creció con la llegada de diputados de las provincias,
y el otro a Mariano Moreno, que era la cabeza de un partido centralista
y que propugnaba una verdadera revolución y la implementación de métodos
que de algún modo remitían al terror robespierriano, como el fusilamiento
de Santiago Liniers. En este grupo claramente se encontraba Paso, aunque
siempre manifiesta una notable independencia de criterio, una mayor serenidad
y habilidad política. Luego de la salida de Moreno del gobierno, que al
poco tiempo muere en una misión diplomática a Europa, los denominados
"morenistas" se organizan en la Sociedad Patriótica, creada en marzo de
1811. En ella no participa Paso, y eso le salva del destierro cuando el
partido provinciano se hace cargo totalmente del gobierno luego del golpe
de mano realizado con apoyo militar el 5 y 6 de abril. Conserva su cargo
pero su labor pasa desapercibida, a decir verdad a partir de ese entonces
toda la tarea de la Junta Grande -denominada así luego de la incorporación
masiva de los diputados del interior- se torna caótica y "reducida a un
estado de verdadera nulidad".
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El rey de España, Fernando VII de Borbón.
Su reinado se inició con su cobarde renuncia a la corona que de hecho
le correspondía. El pueblo español y los monárquicos de su vasto imperio,
sin embargo, lucharía por él sin saber de su actitud...
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El Triunviro.
La ineficacia de la Junta
Grande, sumada a la derrota militar de Huaqui, provocaron su caída. Saavedra,
que se había hecho cargo personalmente del ejército del norte tuvo que
exiliarse. El partido porteño retomó el poder e impuso fuertes cambios
de gobierno: la Junta Grande tomaba carácter legislativo y pasó a llamarse
Junta Conservadora. El ejecutivo fue desempeñado por un Triunvirato constituido
por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Nuevamente
se invocó que se gobernaba en nombre de Fernando VII. Finalmente el Triunvirato
declaró disuelta a la Junta Conservadora y promulgó un Estatuto el 22
de noviembre que aumentaba sus poderes y establecía un gobierno absolutamente
centralista. Posteriormente se suprimen las juntas provinciales y se las
reemplaza por funcionarios nombrados directamente desde Buenos Aires.
Para abril de 1812 Paso es
reemplazado, como estaba previsto, y se desempeña en otros cargos y tareas
como fue la preparación del reglamento del Tribunal de Concordia. Siendo
triunviro se destacó, junto al secretario del Triunvirato Bernardino Rivadavia,
en el decreto de libertad de imprenta, que asegura la publicación de las
ideas sin censura previa, y el de Seguridad individual, en el cual se
legisla por primera vez en estas tierras sobre los derechos que tienen
todo ciudadano "a la protección de su vida, su honor, de su libertad y
de sus propiedades". También se incluye que nadie puede ser arrestado
sin prueba ni ser penado sin un proceso.
Para ese entonces en Buenos
Aires aparece un nuevo grupo de poder: la Logia Lautaro, organización
masónica dirigida por José de San Martín y Carlos María de Alvear con
una finalidad más independentista. Paso por su parte empieza a sumarse
a la oposición con un partido propio que dirigía su hermano Francisco,
Comandante de Resguardo. Un fuerte desprestigio significa para el gobierno
el triunfo militar de Belgrano en Tucumán. Belgrano había obrado contra
lo ordenado por el Triunvirato y de esa manera salvó a la capital de una
invasión realista.
En la Revolución del 8 de
octubre, cívica y militar, un frente común realizado por miembros de la
Sociedad Patriótica, la Logia de Lautaro, y el partido de Paso, derriba
al Triunvirato e instan a la reunión de un Cabildo Abierto que elige uno
nuevo a cargo de Nicolás Rodríguez Peña, Álvarez Jonte y Juan José Paso.
Ellos convocan a una Asamblea General Constituyente en la cual los diputados
tendrán amplios poderes con el objeto de "la elevación de los pueblos
a la existencia, y dignidad que no han tenido, y a la organización general
del estado". En conclusión, independencia y constitución.
La Asamblea fue inaugurada
el 31 de enero de 1813 con la presidencia provisoria de Paso representando
al Ejecutivo. Dominada por miembros de la Logia Lautaro se eligió como
presidente a Alvear. En ella se establecen dos facciones, la dirigida
por Alvear que decide postergar la separación de España en virtud a la
derrota napoleónica, y otra cuya cabeza es San Martín, que busca proclamar
la independencia y promulgar una constitución. El primer grupo es el que
se impone y si bien no se declara la independencia se suprime toda invocación
a Fernando VII, adopta un escudo y un himno, quedan abolidos los títulos
que denotaran nobleza de sangre, y dicta una ley de "Libertad de Vientres"
que elimina la esclavitud de los todos niños nacidos a partir del 31 de
enero de 1813. La Asamblea en febrero dispone momentáneamente que el Poder
Ejecutivo fuese confiado provisoriamente al Triunvirato, aunque Paso no
es ratificado en ese cargo. Más adelante, en enero de 1814, crea un ejecutivo
unipersonal: el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, a cargo del vicepresidente de la Asamblea, Gervasio Posadas.
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José de San Martín, libertador de América,
miembro dirigente de la logía masónica Lautaro, junto a Carlos María
de Alvear.
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Chile y su retorno al
poder.
En diciembre de 1813, Paso
es enviado a Chile, con el cargo de Enviado Extraordinario, como representante
del gobierno, como una manera de tener un hábil representante y alejar
a un competidor. En el país vecino desplegó todo su talento diplomático
para evitar que las distintas facciones políticas se enfrentaran. Las
divisiones internas llevaron al desastre de Rancagua y obligaron a muchos
patriotas chilenos, como Bernardo de O'Higgins y José Miguel Carrera,
a refugiarse del otro lado de la cordillera. Paso retorna a Buenos Aires
en diciembre de 1814 y se mantiene por poco tiempo alejado del poder pero
no al margen de la política.
Para junio de 1815 asume
como titular en la Asesoría de Gobierno y Auditoría General de Guerra,
un cargo de primera línea por ser confidente directo del Director (como
Asesor) y en contacto con los profundos temas militares (como Auditor)
especialmente en momentos de la guerra por la independencia.
En este cargo se destaca
su encendida defensa del entonces Coronel Guillermo Brown. El célebre
marino irlandés, héroe de la conquista de Montevideo en 1814, había zarpado
en septiembre de 1815 para hostilizar al enemigo en el Océano Pacífico.
El espíritu aventurero de Brown lo llevó también al Atlántico, desobedeciendo
claramente al gobierno. Al retornar a Buenos Aires es juzgado y condenado
por un Tribunal Militar (31 de julio de 1819). Para Paso la desobediencia
se compensaba con las victorias y los beneficios económicos obtenidos,
así es como el Director Supremo, José Rondeau, sigue los consejos de su
asesor y auditor y le restablece la libertad, grado y empleo al heroico
almirante.
Pronto le toca otro destino
por el cual debe pedir licencia en ambas funciones en septiembre, pero
volverá a ejercerlas en 1819 hasta febrero de 1820. Esta interrupción
se debe a que en 1815 fue elegido como Diputado al nuevo Congreso General
que se realizaría en la ciudad de Tucumán.
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Dr. Juan José Paso.
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El orador del Cabildo
y el Congreso de la Independencia.
Héctor Tanzi comenta que
la elección de Paso como diputado por Buenos Aires se debió a que "era
mirado como un hombre culto y especializado en el gobierno, como que no
había faltado a ninguno desde 1810, y los destacados personajes de la
ciudad apreciaban su formación y acendrado localismo, y no pocos le estaban
en deuda." En un principio desistió del nombramiento a causa de una afección
hidrópica, pues le temía al el clima seco de esa provincia. No le aceptaron
la renuncia y finalmente accedió por la pasión política. Fue un caso de
justicia histórica que quien había sido el orador que brillantemente representará
los derechos de los habitantes de estas tierras a determinar su propio
gobierno frente al Virrey Sobremonte el 14 de agosto 1806 y nuevamente
en otro Cabildo Abierto el 22 de mayo de 1810 ante el Virrey Cisneros,
tuviese el honor de leer el Acta de Declaración de la Independencia el
9 de julio de 1816 que todos los congresistas votaron afirmativamente.
En este Congreso Paso y José Mariano Serrano (diputado por Charcas) fueron
elegidos secretarios del cuerpo, cargos importantísimos ya que la presidencia
era mensual y rotativa y los secretarios daban la continuidad a la labor
porque eran permanentes por un año. Allí manifestó todas sus dotes políticas
y su larga experiencia.
Fue un momento muy difícil
para todos los que participaron del Congreso pues tenían mucho que perder.
En España ya estaba definitivamente instalado como monarca absolutista
Fernando VII, y en el resto de Europa dominaba la Santa Alianza. En Venezuela
había sido derrotado Bolívar y Chile estaba en poder realista. El ejército
del norte había sido vencido en el Alto Perú (actual Bolivia) y se avecinaba
una invasión a Tucumán. Solo quedaban contra el poder español las provincias
del Río de la Plata, a su vez divididas por la política dominante a avasalladora
de la capital (por ese motivo las provincias del litoral, que respondían
a la visión democrática y federal de José G. Artigas, no enviaron diputados).
Si bien puede decirse que la declaración de la Independencia venía demorada
varios años, para gloria de esos políticos se realizó en un momento de
real peligro.
Paso después formo parte,
junto a otros cuatro diputados, de una Comisión redactora de una Constitución.
Para ello se examinaron los proyectos presentados en la Asamblea del Año
XIII, y los Reglamentos Provisorios de 1815 y 1817. También se tuvieron
en cuenta las constituciones europeas, la francesa de 1781 y la española
de 1812, ambas de carácter monárquico constitucional.
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Jura de la Independencia el 9 de Julio de
1816, en la ciudad de Tucumán. Con un papel en la mano, leyendo la proclama,
el Dr. Juan José Paso...
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El legislador.
Esta Constitución fue jurada
el 25 de mayo de 1819 y todas las expectativas generadas fueron en balde
porque fue rechazada por las provincias debido a su carácter fuertemente
centralista. La sublevación de Francisco Ramírez y Estanislao López, caudillos
de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe, derrota y disuelve al gobierno
y al Congreso en la batalla de Cepeda (1 de febrero de 1820). Paso sufre
persecuciones políticas hasta que Buenos Aires logra organizarse como
provincia regida por un gobernador, a cargo del Poder Ejecutivo, una Junta
de Representantes, en el legislativo y del cual forma parte Paso.
A lo largo de su dilatada
carrera pública nunca hizo fortuna, es más, se agravó su situación en
los últimos años porque no percibía ningún tipo de remuneración siendo
representante, no se le había pagado el último año como Asesor y Auditor,
al igual que como Diputado en el Congreso. Ante una situación de penuria
solicitó que se le abonase los sueldos adeudados. Sólo pidió lo que legítimamente
le correspondía después de haber servido a su patria desde los inicios
del proceso revolucionario. Sin embargo, su actividad no termina, solo
concluirá con su muerte. Se convoca a un nuevo Congreso Nacional, que
dura desde fines de 1824 a 1827, y que lo tiene como Diputado por Buenos
Aires. Tuvo actuación protagónica destacada por la independencia de criterio,
como cuando se trató la Ley de Enfiteusis en la cual manifestó que no
era conveniente "que haya grandes propietarios y un montón de hombres
pobres alrededor, todos en dependencia de aquellos". La ley no previó
la limitación de la extensión de las tierras otorgadas y posibilitó el
latifundio. Una nueva Constitución, en 1826, vio la luz. A pesar de la
experiencia de Paso, y de sus críticas, era otra vez de fuerte carácter
centralista.
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Dr. Bernardino Rivadavia.
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Nuevamente fue rechazada
por las provincias, situación que motivó la caída de la presidencia de
Bernardino Rivadavia y la disolución del Congreso Nacional. Las guerras
civiles entre unitarios y federales toman una pausa con el nombramiento
de gobernador provisorio de Buenos Aires del general Juan José Viamonte,
quien debe elegir a la brevedad un Senado Consultivo de 24 personas entre
los "los notables del país". Paso es uno de los miembros. El organismo
asesor instaura la legislatura que elige como gobernador de Buenos Aires
a Juan Manuel de Rosas. Sin embargo Paso no se lleva bien con el nuevo
cuadillo. En una carta, Rosas indaga a su interlocutor sobre "cómo se
conduce el Dr. Paso, y demás unitarios de su categoría". Pero no preocupó
por mucho tiempo a Rosas porque fallece el 10 septiembre de 1833. Su hermano
Ildefonso pagó los gastos del entierro. El gobernador Balcarce dictó un
decreto de honores autorizando un monumento en el Cementerio del Norte.
Cuando muere se encuentra en perfecta lucidez en la casa que fuera de
sus padres en Flores. En su testamento surge la valuación en 40.000 pesos.
Pocos bienes dejó a su familia y amigos. Hoy es muy difícil para los argentinos
encontrar legisladores pueden presentar una situación similar... para
la memoria, siempre llena de olvido.
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Por Pablo
Rodríguez Leirado.
Junio de 2001.
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Brigadier General Juan Manuel de Rosas, el
"Restaurador de las Leyes"...
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En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
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