Fue el principal arquitecto de la
vida política de Grecia durante la segunda mitad del siglo
XX. A un lustro de la muerte, Karina Donángelo recuerda a una
singular y polémica figura política a la cual difícilmente
encasillarse en los estereotipos de la ideología a la cual
perteneció.
Por Karina Donángelo
Mayo de 2003
Podría
decirse que si existe algo así como un “conservador iluminado”,
a Constantino Karamanlis ese sayo le calza como prenda
de medida. Su figura dominó la vida política griega de
la segunda mitad del siglo XX. Fue para muchos, un referente central
en el último esfuerzo de imaginación, de la última
dictadura militar para hallar una salvación para sus miembros,
en medio de la descomposición irremediable del régimen.
De origen humilde, el mayor de siete hermanos, apenas
sostenidos en la pobreza por el salario de un maestro de escuela, Karamanlis
encontró en 91 años de vida, el modo de emerger de la
marginación social; fundar el primer partido griego de derecha,
la Unión Radical nacional (ex Unión Helénica) con
fuerte arraigo popular; liderar la abolición de una monarquía
disfuncional; ser el primer ministro que más duró en el
cargo (14 años en dos períodos, y presidente otros diez);
y por sobre todo, ser el líder que ubicó a Grecia en la
Unión Europea.
Constantino Karamanlis, organizados
de la vida política de Grecia en la posguerra mundial.
Entró en el mundo de la política como diputado
por el Partido Popular (de derechas) en 1935-36, pero su carrera política
se interrumpió temporalmente con la dictadura de Metaxas y la
ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Nuevamente,
volvió a la política con el Partido Popular, en las elecciones
de marzo de 1946.
Ocupó primero un cargo ministerial de poca importancia,
y posteriormente pasó a la palestra de la política nacional
a raíz de su labor al frente del Ministerio de Obras Públicas,
en el Gobierno de la Unión Helénica del mariscal Papagos
(1952-55). Ejerció por primera vez el cargo de primer ministro
en una democracia parlamentaria desde 1955 hasta 1963. Pero el asesinato
de un dirigente izquierdista, George Lambrakis, y las sospechas que
cayeron sobre su administración por el crimen (aunque esta nunca
rozaron al propio Karamanlis) lo llevaron a renunciar.
En ese primer período, Karamanlis ensayó una política
conservadora, pero de raigambre claramente populista; y en lo internacional
alejó a Grecia de la cuerda floja entre capitalismo y socialismo;
mejoró las relaciones con Turquía, su enemigo histórico,
y con Gran Bretaña.
El general Joánnis Metaxas, general griego que
fue, en los hechos, el dictador de Grecia desde 1936. Murió en
1941, con su pais ocupado por las fuerzas del Eje.
Tras su renuncia, Karamanlis se impuso un silencioso exilio
en París. En tanto en Grecia el 21 de abril de 1967, un grupo
de militares de graduación media, conocidos como “los generales
griegos” iniciaron una experiencia dictatorial de 7 años.
Afirmando que les había impelido la necesidad de evitar que los
comunistas tomasen el poder. Pero en realidad, temían que fuese
llevada a cabo una purga en las Fuerzas Armadas, para “depurarlas”
de elementos de extrema derecha. El aparato de seguridad brutal y eficaz,
reprimió duramente toda resistencia. Además, mediante
una política manirrota de solicitud de préstamos y ofreciendo
generosos incentivos a los inversores nacionales y extranjeros, si bien
el régimen fue capaz de mantener, al menos hasta la crisis mundial
del petróleo de 1973, el impulso económico aparecido en
los gobiernos democráticos de finales de los 50’ y principios
de los 60’; las consecuencias por el endeudamiento se harían
sentir dramáticamente más tarde.
En conclusión,
esta experiencia dictatorial terminó en un rotundo fracaso político,
económico y social; y colocó además al país
en la frontera de una guerra con Turquía por la cuestión
de Chipre.
Instantes antes de la debacle, los coroneles, “enredados
en su propio laberinto”, se resignaron y convocaron al exiliado
Karamanlis, en quien abandonaron el poder, mientras cruzaban los dedos,
esperando que el estadista conservador los sacara del drama y discretamente
evitara un regreso pleno al sistema de partidos políticos, para
perpetuarlos en el poder.
Lo cierto es que Karamanlis, durante su estancia
en París ya había pronunciado su oposición a la
dictadura de los coroneles. Pero con muestras de sobrada astucia y oportunismo,
tras su regreso, el 24 de julio de 1974 fue capaz de presidir con eficacia
y evitó derramamientos de sangre en el largo y complejo camino
de transición democrática. Evitó la guerra; legalizó
el Partido Comunista griego y sus filiales (había sido declarado
ilegal en 1947); en 1975 promulgó una nueva Constitución
y respondió al extendido sentimiento popular antinorteamericano
y contrario a la OTAN, con la salida de Grecia del brazo militar de
la Alianza Atlántica. Intentó hallar una alternativa a
la dependencia tradicional del país de la protección de
los EE.UU., negociando la rápida entrada de Grecia en la Comunidad
Europea (lograda el 1 de enero de 1981).
Mapa de Grecia y sus principales islas.
Tras conseguir
que Grecia fuese aceptada en la CE se hizo cargo de la presidencia del
país, en mayo de 1980, desde donde supervisó el traspaso
del poder de la derecha a un gobierno de izquierdas; el primero en la
historia del país.
Dimitió de su cargo en marzo de 1985, poco antes del término
de los 5 años, cuando era ya evidente que, contrariamente a lo
que casi todo el mundo esperaba, no iba a ser candidato para un segundo
mandato de 5 años.
Reelegido presidente, a la edad de 83 años, en
mayo de 1990, su mandato presidencial finalizó en marzo de 1995.
Y falleció el 22 de abril de 1998.
Por Karina Donángelo
Mayo de 2003
Constantinos Karamanlis en 1976, durante
una intervención parlamentaria.
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