Historias al margen.
El destino de dos hombres.

La vida de dos hombres, unidos por una terrible guerra y una admiración mutua, cuyas vidas estaban destinadas a tomar caminos insólitamente tan disímiles, uno para su gloria y grandeza, el otro para una muerte ruin y miserable. Un recuerdo tormentoso en la memoria del Libertador de América, el general José de San Martín.

Por Eduardo Rodriguez Leirado.

 

La brutalidad, el asesinato, el horror y el odio. Todo aquello que representa la situación más miserable de la condición humana queda fielmente plasmado en los grabados que Francisco de Goya y Lucientes (1746-1824) agrupó como los "Desastres de la guerra".

Y no era para menos ya que el conflicto que presenció y vivió tan de cerca, donde se enfrentaron al pueblo español con el Imperio de Napoleón I, le significó a España una sangría humana como nunca antes había sufrido. Uno de cada veinticuatro españoles murió a consecuencias de la contienda, igual cantidad que los muertos en ambos bandos de la cruenta guerra civil de 1936, pero con el agravante que, a principios del siglo XIX, la península contaba con solo 12.000.000 de habitantes.

 

 

Grabado de Goya, de la colección "Desastre de la Guerra", denominado "Con razón o sin ella"

Las consecuencias de esta guerra produjeron un Estado prácticamente disgregado, el inicio de una serie de luchas fraticidas que no terminaron hasta bien entrado el siglo XX y la pérdida de gran parte de los territorios de ultramar.

Era cierto que la Corona Española ya no tenía el peso de otros tiempos. Una sucesión de reyes incapaces e instituciones vetustas preanunciaban una crisis inevitable pero aquel 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo madrileño se lanzó a las calles asesinando a todo soldado imperial a las órdenes de Joaquín Murat, cuñado del mismísimo Napoleón, comenzó en forma descontrolada la hecatombe de aquel viejo Imperio "donde no se ponía el sol"...

 

 

"Los fusilamientos del 3
de Mayo", de Francisco de Goya y Lucientes.
 

Simples gobernadores militares, cabildantes o incluso alcaldes de pequeños pueblos, como el de Móstoles a las afueras de Madrid, en un ataque de patriotismo e inconsciencia declararon la guerra a la primera potencia y al mayor genio de las artes militares que pudieron haber enfrentado: Napoleón Bonaparte. Es que no podían aceptar que Carlos IV y su hijo Fernando abdicaran en Bayona al trono, que de hecho y derecho detentaban, para que terminara en manos del hermano del gran corso. Pero, ¿qué hubiera sido de ese pueblo de haber conocido en ese momento la cobardía y vergüenza de sus monarcas? Quizás no hubiesen tomado una actitud tan beligerante para con los franceses...

Es en esa circunstancia histórica y política que en el puerto de la ciudad de Cádiz se cruzan la vida de dos hombres cuyos destinos estaban fijados a tomar caminos muy distintos, uno para su gloria y grandeza, y el otro, para la muerte más miserable y ruin que sólo era reservada a los presos comunes: don José Francisco de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú, y de don Francisco María Solano Ortiz de Rozas, marqués del Socorro y de la Solana.

 

 

Napoleón I, emperador de Francia.
 

Los dos hombres.

Don José de San Martín había nacido en 1778 en Yapeyú, un pequeño pueblo ubicado en la actual provincia de Corrientes (Argentina) y era hijo de don Juan de San Martín, un militar español destinado a la frontera portuguesa de las Misiones luego de la expulsión de los Jesuitas. Como hijo de militar, su destino estaba fijado en el camino de las armas y siendo casi un niño se embarca con sus padres y hermanos hacia la Metrópoli donde estudia en diversas instituciones de prestigio, como el Real Seminario de Nobles de Madrid. A través del tiempo participó en diversas campañas militares como la guerra contra la Francia revolucionaria y la campaña de Orán. La "farsa de Bayona" lo encuentra finalmente destinado en el puerto de Cádiz donde fondeaba por aquel entonces la flota combinada franco - española, asediada amenazadoramente de cerca por la británica, especialmente luego del desastre naval de Trafalgar.

 

 

José de San Martín, Libertador de Argentina, Chile y Perú.
 

Don Francisco Solano Ortiz de Rozas era considerado uno de los generales españoles más jóvenes y brillantes del momento. Americano, nacido en la ciudad de Caracas y de origen noble, se había destacado en diversas campañas militares por sus dotes de mando tal como había sucedido en dos campañas en Orán y en la guerra contra Portugal. Era un militar muy bien considerado por sus camaradas españoles y franceses por lo que llegó a Cádiz con el cargo de gobernador militar de la plaza.

Su acendrado sentido antinapoleónico lo hacía proclive a no ascender en su carrera, máxime teniendo en cuenta la alianza entre España y Francia. De pronto, al llegar las noticias de las abdicaciones de Carlos IV y su hijo Fernando VII, el nombramiento de José Bonaparte como rey de España, el alzamiento del pueblo de Madrid y la terrible represión y fusilamientos posteriores, no puede dejar de tomar partido e intenta organizar, en forma metódica, la resistencia al nuevo invasor. Toma así la iniciativa de enviar en carácter de urgente unas misivas a los distintos jefes militares con destino en las plazas de Andalucía quienes, sin embargo, no contestaron a ninguna. La historia posteriormente sabrá que el general Castaños, futuro triunfador de Bailén y a cargo del campo de Gibraltar, no quiso exponer a los espías de Murat sus avanzados contactos con los oficiales ingleses que hasta ese entonces, en teoría, estaba combatiendo. Solano entendió entonces que todos sus compañeros de armas habían claudicado ante una situación insostenible y consumada.

Por otra parte a Solano no le simpatizaba para nada la idea de las rebeliones populares ni el reparto de armas en forma indiscriminada. Creía en el adiestramiento militar, la conformación de unidades regladas y en un mando claro y contundente. Tal era su situación y ánimo cuando el 28 de mayo de 1808 se presentó ante él un delegado de la Junta de Sevilla, el conde de Teba (insólito, pero resultó ser el padre de María Eugenia de Montijo, futura esposa de Napoleón III, "el chico"...), quien traía una carta de las autoridades sevillanas invitándolo a sumarse con sus tropas al alzamiento popular que ya se había producido en gran parte de España. Solano no podía dejar de sentir el deseo de hacerlo fervorosamente, como el pueblo gaditano que ya gritaba en las calles la guerra a Francia. Pero su situación no era cómoda: en la bahía, mezclados unos con otros en una inteligente maniobra del almirante francés Rosily, las flotas francesa y española podían iniciar una batalla de terribles consecuencias para la ciudad y sus pobladores; y en el mar, fuera de la bahía, los ingleses, eternos enemigos que aún no estaban enterados del giro de la historia...

 

 

Don Francisco Solano Ortiz de Rozas, marqués del Socorro y de La Solana.
 

La debacle.

El general Solano convocó entonces a una junta de generales y almirantes y emitió un bando llamando a un alistamiento de voluntarios para poner a resguardo la plaza de franceses e ingleses. Intentaba así ganar tiempo y control de la situación. Pero el pueblo no se sintió satisfecho y se presentó en masa frente a la Capitanía General pidiendo explicaciones y excitada por cabecillas que inflamaban a los exaltados.

¿Qué podía explicar el general Solano a esas turbas totalmente exasperadas y fuera de control? ¿Qué no tenía suficiente pólvora ni armas? ¿Qué no era razonable armar a discreción al pueblo y arrojarlos a pelear contra Coraceros, Guardias Imperiales y Granaderos de amplia preparación y experiencia en los campos de Jena y Austerlitz? ¿Qué si iniciaban la agresión tendrían dos enemigos, los ingleses y ahora los franceses, las máximas potencias militares del momento?

Se convoca a otra junta donde definitivamente Solano prepara la proclama de guerra y la deja sobre su escritorio. Frente al cuartel, el pueblo cada vez mas enfurecido grita desaforadamente y el marqués decide salir al balcón a explicar la situación y satisfacer sus demandas. Intenta hacerse oir y hace señas hacia el mar, explicando su intención de contactar a la escuadra británica. Un orador le increpa diciendo que esos no eran ahora enemigos sino aliados y todo parece una conversación entre sordos. Oradores improvisados y cabecillas oportunistas empiezan a insultar al general, ante la mirada atónita de la guardia y la inquietud de su jefe, el capitán José de San Martín, que atina con un grupo de soldados a atrancar la puerta del edificio. En ese instante, por la Alameda, entran unos cien hombres armados y provistos de algunas piezas de artillería que habían saqueado anteriormente del Arsenal. Al verlos, Solano se sabe perdido y su guardia solo atina a unos tímidos disparos al aire para no comprometerse y permite la entrada de las turbas a la Capitanía cuya puerta ya había sido destruida. Aprovechando el tumulto y la distracción de la masa en destruir lo que encontraban a su paso, Solano alcanza los tejados en tanto que el capitán San Martín sufre el duro percance de ser confundido con su amigo y jefe, dado el parecido físico entre ambos. El marqués logra refugiarse en la casa de una amiga irlandesa, la señora María Tucker, viuda de Strange, quien le da alojamiento en una cámara oculta. Pero ese día estaba decidida la suerte de Solano ya que al frente de un grupo armado venía uno de los albañiles de aquella cámara. Hacia allí se dirigieron directamente. Al ser descubierto, decide vender cara su vida, matando al que venía adelante, un novicio de la Cartuja de Jerez. Pero pronto es superado por el número de contrincantes que lo sujetan y lo llevan hacia la plaza de San Juan de Dios donde se improvisaba un patíbulo para ahorcarle por traidor. Nada puede hacer la gentil dama irlandesa que es herida al momento de intentar salvarle la vida.

Solano espera aún una reacción de parte de su guardia y su jefe San Martín, pero este había sido retirado de aquélla difícil situación por un amigo, el Capitán don Juan de la Cruz Murgeón, oficial del regimiento de Murcia y futuro presidente de Ecuador, poniendo al Libertador con rumbo a Sevilla. Ante lo que parecía inevitable, decide el marqués avanzar altivo, con honor y con una sonrisa de desprecio hacia todos aquellos que lo insultaban como traidor y "afrancesado". En ese momento, una mano aleve o amiga (nadie lo supo...) le apuñala certeramente por la espalda al grito de "¡muerte al traidor!", perdiendo su vida en el acto y evitándose así la humillación de morir ahorcado como un reo común. Otra historia dice que su ayudante, Carlos Pignatelli y Gonzaga, al no haber podido salvar a su jefe y viéndole a punto de ser ahorcado, tomó la iniciativa de su asesinato con el asentimiento del mismo marqués.

Comentó el historiador y general español Gómez de Arteche, autor de una magnífica historia de aquélla cruenta guerra: "Así acaba uno de los generales en que más esperanzas debía fundar nuestra patria por su talento y dotes de mando".

El día 30 de mayo, el teniente general Tomás de Morla, reemplazante de Solano, firmó el mismo bando dejado por este en su escritorio y que satisfizo a todo el pueblo gaditano...

 

 

La Puerta de Tierra de la ciudad portuaria de Cádiz.
 

El general y la fiebre

¿Cuál fue la responsabilidad del capitán San Martín en la muerte de su superior? ¿Demostró impericia, cobardía o incapacidad de mando? No lo podemos afirmar con certeza y no parece justo esta acusación. La situación en que se vio envuelto era absolutamente irracional, mas aún que la misma guerra y la decisión de disparar sobre un pueblo con el que se convive todos los días no puede simpatizar a cualquier oficial con algún grado de responsabilidad. Pero no tenemos mayores dudas acerca del penoso recuerdo que acompañó al futuro prócer y libertador de Argentina, Chile y Perú. A lo largo del resto de su vida, jamás se desprendió de un miniatura con la efigie de su superior y amigo. Quizás sirva para el análisis ver el film "El general y la fiebre", del director argentino Jorge Coscia, donde se muestran algunas facetas de la vida de San Martín en su convalecencia en Córdoba, antes de iniciar la campaña libertadora, y donde la memoria y el recuerdo de la miserable muerte del general Solano atormentan su alma.

Es llamativa la amistad y el aprecio que sintieron ambos militares a lo largo de la vida que pudieron compartir y como sus destinos se habían cruzado varias veces. Ya hacia 1805, el general Francisco Solano había intercedido ante Príncipe de la Paz, Manuel Godoy - que en aquel tiempo era el verdadero gobernante de España -, por Manuel Tadeo de San Martín, hermano del prócer argentino que por un desgraciado testimonio en un tribunal se vio injustamente destituido y encarcelado.

Es interesante analizar otro aspecto de la relación de don José de San Martín con el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, el Restaurador de las Leyes, quien gobernó en forma autoritaria desde Buenos Aires durante casi tres décadas a la incipiente nación argentina.

En 1845, durante el bloqueo que Francia e Inglaterra realizaron a la Argentina, Rosas recibió el apoyo incondicional del Libertador y como símbolo de ello San Martín le regaló su propio sable. Rosas, que al pelearse con su padre decide cambiar su apellido original, Ortiz de Rozas, tenía una relación de parentesco familiar con aquel general americano que fue asesinado en presencia de un joven capitán por las turbas enfurecidas en las calles de Cádiz por un simple acto de desenfreno e ignorancia.

 

Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.
  • "Guerra de Independencia (1808-1814)"
    Servicio Histórico Militar.
    Ponente: Cnel. De Estado Mayor Juan Priego López.
    Librería Editorial San Martín - Madrid 1972
  • "La guerra de Independencia Española"
    Ramón Solís
    Editorial Noguer - Barcelona 1973
  • "La guerra de Independencia Española (1808-1814)
    J. R. Aymes
    Siglo XXI Editores - 2ª. Edición - Madrid 1980
  • "Vida española del general San Martín"
    Capítulo: "Los cuatro hermanos fueron militares" por Marcial Infante.
    Capítulo: "San Martín en Cádiz, camino de América" por José Pettenghi.
    Instituto Español Sanmartiniano 1994.
  • "San Mantín en el ejército español en la península".
    Adolfo S. Espíndola.
    Buenos Aires. 1972
  • "El General y la fiebre"
    Film argentino del director Jorge Coscia. Argentina. 1989
  • "Historia del levantamiento, guerra y revolución de España".
    Conde de Toreno
    Imprenta de Don Tomás Jordán. Madrid 1835.
  • "Biografía del Jeneral (sic) San Martín".
    Ricardo Gual í Jaen (Juan García del Río). 1823
    Imprenta de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
  • "Historia del Libertador don José de San Martín".
    José Pacífico Otero.
    Circulo Militar. Buenos Aires. 1978
  • Diversas datos biográficos de la Enciclopedia Espasa Calpe
    Madrid. 1908
  • "Recuerdos de un anciano".
    Antonio Alcalá Galiano
    Colección Austral. Espasa Calpe.
  • "Cuáles fueron las enfermedades de San Martín"
    Adolfo Galatoire
    Colección Esquemas históricos. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. 1973
  • "Las enfermedades de San Martín"
    Mario S. Dreyer
    Trabajo del Instituto de Investigación de la historia de las Ciencias.
    Academia Nacional de Ciencias. Buenos Aires.
Por Eduardo Rodriguez Leirado
  < Fuentes

 

Apellido y Nombre

Correo electrónico

Su opinión

 


En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.

Muchas gracias.