Poesía Bárdica Contemporánea
Legado Celta

La reivindicación de una identidad y una tradición son los valores que emanan de los poemas de Manuel Castro, presidente y uno de los fundadores de la Liga Celta Argentina. Las poesías fueron extractadas - con autorización del autor - del libro "Legado Celta", realizado con Eliseo Mauas Pinto, que está escrito en idioma gallego, con su correspondiente traducción al castellano

Por Manuel Castro

 
 

Percuro nas fontes

Percuro nas fontes
a proteizón dos deuses.
Quero lér nas pedras
o legado dos Druidas.
Desexo a sabiduría do salmón no río,
O brío dos tres guerreiros do clan.

 

 

Manuel Castro

Busco en las fuentes

Busco en las fuentes
la protección de los dioses.
Quiero leer en las piedras
el legado de los Druidas.
Deseo la sabiduría del salmón en el río,
El brío de los tres guerreros del clan.

 

 

Son o chamado antergo

Son o chamado antergo
o fogo acendido
pol-os devanceiros;

o guerreiro que rexurde,
o que ten os zapatos de mallas calzos,
cinguidos o escudo e a espada.

 

Son a voa que pradica, incansabele,
antre os do meu pobo
lonxe da terra,

a qu’os exhorta
a non anuzar de si mesmos.

 

Son o son
das vellas gaitas
que chamaban ao combate.

Son o asaño da pacencia,
o eco do berro esgazado
dos celtas balados pol-a loba latina.

 

Son a sangue dos corpos
qu’aboiaban
pol-o sagro Miño

o seu eterno chamado
a vertida e a por verter-se.

Todo, todo, todo istá
nas brétemas do mar,
no zinido dos montes,
na forza do raio,
na eternidade do carballo.

 

Son o aborrecemento
de mil xenerazóns asoballadas.

Son a espranza
da verde terra,
pol-o seu rexurdimento.

 

 
Soy el llamado ancestral

Soy el llamado ancestral,
el fuego encendido
por los antepasados;

el guerrero que resurge,
el que tiene las sandalias de cuero calzadas,
ceñidos el escudo y la espada.


Soy la voz que predica, incansable,
entre los de mi pueblo
lejos de la patria,

la que los exhorta
a no renunciar a si mismos.


Soy el sonido
de las gaitas antiguas
que llamaban al combate.

Soy la furia de la paciencia,
el eco del grito desgarrado
de los cercados por la loba latina.


Soy la sangre de los cuerpos
que flotaban
por el Sagrado Miño,

su eterno llamado,
la derramada y la por derramarse.


Todo, todo, todo está
en las penunbras del mar,
en el zumbido de los montes,
en la fuerza del rayo,
en la eternidad del roble.


Soy el odio
de mil generaciones sojuzgadas.

Soy la esperanza
de la verde tierra,
por su resurgimiento.


 
O chamado druídico

Elevo a ponla de carballo,
elevo a ponga do visgo
e a duas xúntan-se.

Pregamos-lle a Deus
niste santuario
pedimos-lle pol-a sua lus,

e as antergas forzas
da naturaleza
qu’os nosos devanceiros adouraron.



Somos nove pares de pés,
o chan trema
cando camiñamos.

Levamos nove lanzas
en nove brazos,
nove escudos,
nove espadas,
nove gorxas
que berran ao mismo tempo.

Os nove clans
do estroncado “imperio”.


Levamos a forza do xabaríl
e a sabidoría do unicornio.
Somos o clan do xabaríl.

O carballo foi trasprantado,
os trasnos trouxeron-o
dende a Europa Céltiga.


Eiquí, nós o coidamos –xunto co’eles-
e fortes han medradoas suas raíces;
xunto con nosos pés
han celtigado ista terra
tan afastada dos túmulos
dos vellos poboadores.


Sua casca ten
a rixeza do ferro,
sua copa é follosa e mesta
coma unha cota de malla,
as landras caen como flechas.


Han prantado zorrotas
arrededor d’ill, seus gardiáns
-os vixías da tradizón-.
Muitas mans han posto pedras,
unha a unha,
o milladoiro é inmenso.

 
El llamado druídico

Alzo la rama de roble,
alzo la rama de muérdago
y ambas se juntan.

Rogamos a Dios,
en este santuario
le pedimos por su luz,

y a las antiguas fuerzas
de la naturaleza
que nuestros ancestros adoraron.



Somos nueve pares de pies,
el suelo tiembla
cuando caminamos.

Llevamos nueve lanzas
en nueve brazos,
nueve escudos,
nueve espadas,
nueve gargantas
que gritan al unísono.

Los nueve clanes
del desmembrado “imperio”.


Llevamos la fuerza del jabalí
y la sabiduría del unicornio;
somos el clan del jabalí.

Han transplantado al roble,
los duendes lo han traído
desde la Europa Céltica.


Aquí, lo hemos cuidado -junto con ellos-
y han crecido fuertes sus raíces
junto con nuestros pies,
han celtizado esta tierra
tan alejada de los túmulos
de los viejos pobladores.


Su corteza tiene
la dureza del hierro,
su copa es tupida
como una cota de malla,
sus bellotas caen como saetas.


Han plantado hongos
a su alrededor, sus guardianes
-celosos custodios de la tradición-.
Sucesivas manos han puesto piedras,
una por una,
el milladoiro es inmenso.

Por Manuel Castro

 

 

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