Álvaro Cunqueiro, al margen.
Homenaje a don Álvaro Cunqueiro.

En el marco de la decimonovena Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se realizó el pasado 22 de abril una mesa redonda en homenaje al desaparecido escritor gallego. Moderada por la escritora argentina María Esther Vázquez, participaron como expositores las catedráticas María Martha Campomar y Emilia Puceiro de Zuleta, la escritora argentina y doctora en Letras María Rosa Lojo, el médico y estudioso don Antonio Pérez Prado y el periodista y catedrático gallego don Darío Villanueva. Brindamos a nuestros lectores un resumen de lo que allí se dijo, así como una lista de las obras de Álvaro Cunqueiro que recomendamos.

Por Mercedes Giuffré
Mayo de 2003

 
 

La sala Alfonsina Storni rebosaba de gente. La luz del sol de media tarde traspasaba los ventanales de vidrio en las que alguna vez fueran las oficinas de la Sociedad Rural de Buenos Aires, hoy modernizadas y utilizadas anualmente como espacio de encuentro por los amantes de la literatura.

Los expositores habían ido llegando y se agrupaban junto a la mesa, a la espera del comienzo de las actividades. En el aire se entremezclaban las voces y las lenguas, pues muchos dialogaban en su gallego nativo y otros en ese español tan peculiar que hablamos los argentinos. Sentada en mi butaca sospeché que, incluso, podría distinguir entre los asistentes alguna presencia peregrina y ficcional como aquellas que abundan en las obras de quien nos convocaba.

Así sucedió. En la primera fila de asientos, una anciana que encarnaba la galleguidad inmigrante por donde se la mirase, movía inquieta sus pies que no llegaban a tocar el piso. ¿Acaso nadie la veía, vestida como una aldeana de las que se pasean por los caminos, allá en las tierras de nuestros abuelos? Al parecer, tan sólo yo sentía aquel dulce extrañamiento y no podía dejar de mirarla: sus manos blancas y pequeñas como las de las hadas, el brillo pícaro en sus ojos grises y los cabellos plateados, atados en un rodete.

 

 

Álvaro Cunqueiro, en sus años mozos...

El bullicio y la algarabía de la gente, sumado al misterio que emanaba de aquel ser de carne y hueso que, no obstante, parecía de papel, me recordaron la fabulosa mezcla de ficción y realidad (¿acaso existe tal cosa?) que nos legó el autor cuya obra queríamos homenajear los de un lado y los del otro de la sala: Don Álvaro Cunqueiro, nacido en Mondoñedo (Lugo) en 1911 y fallecido en Vigo en 1981.

Luego de una introducción en la que los algunos nombres de los convocados fueron confundidos con otros y los cargos de los funcionarios del consulado español trastocados inconscientemente, los expositores se acomodaron en sus sillas y comenzó la alocución.

María Esther Vázquez recordó episodios de su infancia en los que la lengua gallega actuaba como un agente atemporal que transportaba sus recitaciones a latitudes ancestrales. Luego tomó la palabra María Martha Campomar, licenciada en literaturas en lengua inglesa y en lengua española, vicepresidenta de la Fundación Ortega y Gasset y a quien su carrera llevó por los caminos de Salamanca, Leeds y el Trinity College de Dublín.

 

Campomar aludió a la imaginación gaélica de Cunqueiro y lo destacó como autor “europeo”, haciendo hincapié en sus profundos conocimientos de la tradición continental e insular, antigua y medieval, así como en la lectura de sus contemporáneos o casi contemporáneos, especialmente los irlandeses: John Singe, William Butler Yeats y Lady Gregory, con quienes compartía la búsqueda de aquel pasado mítico común.

Campomar resaltó la predilección cunqueireana por el sustrato céltico que hermana la Galicia natal con Bretaña francesa, Irlanda, la Inglaterra presajónica, Gales, Escocia y demás regiones afines; sustrato que lleva su escritura a la romper con las barreras entre la realidad y la ficción, entre lo visible y lo invisible y que preludia lo que en América elaborarán Lo Real Maravilloso de Carpentier y posteriormente el Realismo Mágico de García Márquez y otros.

Pero no sólo se cultiva lo imaginario en la obra de Cunqueiro, remarcó Campomar, sino que también existe en ella una lectura política e histórica que busca en la tradición celta una definición identitaria en tiempos del franquismo, cuando la galleguidad es ocultada y hasta perseguida. Cunqueiro se pregunta ¿Quiénes somos los gallegos dentro de la tradición europea? Y conoce a fondo esa tradición, en especial la de habla inglesa, pero también la griega, la bretona y la danesa; la cultura medieval e itinerante que llevaban los peregrinos a Santiago de Compostela.

 

 

La estructura lingüística y la musicalidad de las palabras en la obra de Cunqueiro son profundamente gallegas, dijo la expositora, aún en aquellas obras que el autor escribió en castellano (aunque la mayoría fue escrita en gallego y luego traducida por el mismo a la lengua peninsular). También esta práctica lingüística-identitaria marca una semejanza entre las realidades de Galicia e Irlanda a través del autor en cuestión.

Para concluir, Campomar mencionó algunos de los títulos más célebres e invitó a su lectura. Luego sobrevinieron los primeros aplausos.

La anciana de la primera fila sonreía silenciosa y, de tanto en tanto, enfrentaba sus ojos grises con los míos, mientras sus pies continuaban balanceándose en el aire, como si estuviese suspendida.

Seguidamente tomó la palabra la Dra. Emilia Puceiro de Zuleta, profesora emérita de la Universidad Nacional de Cuyo, miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Real Academia Española de la Lengua, autora de cuatro ensayos acerca de la obra de Cunqueiro, elocuente en su discurso y sospechosamente parecida en sus facciones a aquel ser feérico de la primera fila.

 

 

Puceiro partió de una pregunta inicial: ¿Por qué leer a Cunqueiro? No sólo por placer estético o para enriquecerse con otras vidas posibles, respondió, pues en la obra de este autor rabelaiseano, creyente y erudito, confluyen la Estética y la Ética, conformando una “Poética de la Libertad” (que es libertad de fabular), contraria a la angustia y a los angustiadores (entre quienes se puede señalar a Sartre).

Cunqueiro escribía lúdicamente y en sus obras opera una suerte de mitificación y desmitificación simultánea, pues el autor retoma los mitos establecidos por la tradición y los transforma por medio de ucronías, supersticiones y fusiones espacio temporales, cambia los finales y propone alternativas posibles. En la obra de Cunqueiro se suspende la verosimilitud y se rompe con la canonicidad de los géneros, lo cual hace del autor un adelantado en su tiempo.

María Rosa Lojo, escritora de ficción pero también poeta y ensayista, investigadora del Conicet y Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, hizo referencia a su propia novela La Pasión de los Nómades (Buenos Aires, Atlántida, 1994) en la cual retoma la figura de Merlín (tratada por Cunqueiro en Merlín e Familia cuyos datos brindamos en la lista adjunta al presente artículo), quien cansado de la vida en la Galicia posmoderna e instado a ello por su sobrina Rosaura (invención de Lojo) llega a Buenos Aires como inmigrante, siguiendo los pasos de tantos gallegos, y conoce al fantasma de Lucio V. Mansilla, prototipo del dandy argentino decimonónico.

 

 

Lojo mencionó que Cunqueiro es parte del legado familiar que le fue dado con la lengua y la nostalgia, razón que la llevó a tomar uno de sus poemas en otra de sus novelas, Canción perdida en Buenos Aires al Oeste (Buenos Aires, Torres Agüero, 1987). Destacó, así mismo, el carácter viajero e itinerante de los personajes cunqueireanos y la paradójica situación de que él mismo sea un autor cuyos lectores se encuentran dispersos por el mundo, sin ser un escritor de masas. Pueden encontrarse sus libros, dijo, en los lugares más inesperados, mientras que es difícil encontrarlos en muchas librerías de Buenos Aires.

Respecto a Merlín, el personaje del ciclo artúrico retomado por Cunqueiro y luego por ella misma, Lojo destacó su interés por él debido a su carácter de hechicero, pues ella quería escribir entonces una historia en la que se fusionaran lo imaginario de los cuentos de hadas con el pasado argentino del siglo XIX y la realidad del siglo XX; esto es: la época en la que se proyectó o imaginó un país pujante y moderno (el denominado “sueño argentino”) y su actual o reciente contralectura. Mansilla encararía desde dicha perspectiva, al hombre decimonónico que fracasó en sus intentos por ser un prócer, pero que nos legó aquella experiencia maravillosa que fue la Excursión a los Indios Ranqueles y que es materializado por Rosaura pues quiere cerrar las cuentas pendientes, retomando los caminos de aquella célebre excursión que lo llevará ahora a una realidad que ya es otra. Merlín también aparece en la novela como un mago fracasado, superado por la falsa magia de Hollywood y el facilismo posmoderno.

 

 

Al igual que Cunqueiro desciende los mitos a la cotidianeidad, Lojo sitúa parte de la acción de su novela en Castelar, la ciudad en donde vive y pasó su infancia, en la provincia de Buenos Aires. Al igual que Cunqueiro, también, la autora retoma la tradición universal que hermana a todas las criaturas, y por la cual los ranqueles pueden considerar a Merlín como una figura propia, en esta tierra argentina que se nutre de diversidades y cuyo sentido de nación es tan complejo que actualmente roza su propia antítesis (la no - nación).

Finalmente, María Rosa Lojo deleitó a los presentes con la lectura de un pasaje de su mencionada novela (La Pasión…) y recibió el aplauso caluroso que también había recibido anteriormente la Dra. Puceiro.

Luego tomó la palabra el Doctor Antonio Pérez Prado, médico de profesión y gallego de alma, autor del célebre ensayo Los Gallegos en Buenos Aires (Buenos Aires, La Bastilla, 1973). Como no podía ser de otra manera, el mencionado se refirió a los menciñeiros (que podríamos traducir como curanderos o hechiceros de aldea) en la obra de Cunqueiro, y los comparó con los médicos que figuran en la vasta obra de Shakespeare, por lo que su alocución se tituló “Cunqueiro a través de Shakespeare”. La exposición fue ciertamente cunqueireana y por momentos el auditorio pasó de la conmoción a la la risa descontrolada.

 

 

La anciana de la primera fila parecía disfrutar especialmente con la descripción de aquellos curadores de dudoso oficio que limaban verrugas con ungüentos de extraña procedencia y factura, entre otras posibles actividades “medicinales”.

Por último y como postre en tan exquisito banquete literario de aquella tarde de otoño, hizo uso de la palabra don Darío Villanueva, periodista y académico venido especialmente de Galicia, titular de las cátedras de Teoría de la Literatura y de Literaturas Comparadas en la Universidad de Santiago de Compostela y ex rector de dicha institución.

Villanueva, quien posee todo el aspecto del intelectual europeo contemporáneo y cuyo acento suave y profundo rememora el de aquellos que llegaban en los barcos hace un siglo y menos aún, cargados de ilusiones, se refirió de manera impecable a Cunqueiro periodista, por lo que su exposición se intituló: "¿Periodismo o Literatura?". Destacó la labor del autor en el ABC de Madrid y luego, fundamentalmente, en “El Faro de Vigo”, publicación que cumple en la actualidad 150 años de permanencia.

La prensa democratizó la lectura y la escritura en Galicia, dijo Villanueva, y Cunqueiro poseía una relación contradictoria con el periodismo, pues en ocasiones se refería a su paso por tal actividad como algo que lo dejaba insatisfecho, pero luego mencionaba lo contrario.

 

 

Si bien Cunqueiro era un escritor de imaginación, Villanueva recuperó en él su profunda vocación “realista”, entendiendo por “realidad” algo que no siempre responde a la lógica y que lo llevó a ver en ella elementos pertenecientes al ámbito de lo inverosímil. Cunqueiro rompió con la dicotomía entre ficción y no ficción, tan de moda hoy, mediante una simbiosis copulativa entre ambas, adelantándose a García Márquez.

Finalmente, Villanueva habló de la serie de “enveces” publicados por Cunqueiro en el mencionado periódico gallego y los comparó por su concentración y su contexto con las obras pictóricas encuadradas por marcos materiales, para luego declarar que los artículos de dicho autor son verdaderos “sonetos periodísticos”.

Los aplausos finales inundaron el salón y el auditorio se puso de pie. Entonces, perdí de vista a la anciana que había provocado mi extrañamiento inicial un par de horas antes. Tal vez se habría desmaterializado, pensé.

La gente se arremolinó junto a los expositores y nuevamente el bullicio plurilingüe se adueñó de la sala, hasta que una voz misteriosa cuyo origen no logré dilucidar (aunque sospecho que se trataba del mismísimo don Álvaro), nos invitó a abandonar el lugar, quizás para que pasásemos del homenaje nominal al “real” (¿existe, finalmente, tal cosa?), ésto es: a la lectura -o relectura- de su obra. Por ello, a continuación brindamos al lector una lista de aquellos libros “cunqueireanos” que recomendamos fervientemente.

 

 

Lista de Obras de Álvaro Cunqueiro:

  • Mar ao norde.
  • Poemas de si e de non.
  • Cantiga nova que se chama Riveira.
  • Dono do corpo delgado.
  • San Gonzalo
  • Baladas de las damas de tiempo pasado.
  • El caballero, la Muerte y el Diablo.
  • Un hombre que parecía Orestes.
  • Flores del año mil… y pico de aves.
  • As mocedades do Ulises.
  • Merlín e Familia.
  • As crónicas do Sorchantre.
  • Escola de menciñeiros.
  • Si o vello Simbad volvese as illas.
  • Tesouros novos e vellos.
  • Xente de aquí e de acola.
  • Don Hamlet.
  • A cociña galega.
  • Cocina cristiana de Occidente.
  • El Envés (colección de sus artículos periodísticos).
  • Teatro venatorio y coquinario gallego (en colaboración con José María Castroviejo, luego reeditado como “Viaje por los montes y chimeneas de Galicia”).
Por Mercedes Giuffré
Mayo de 2003
 

 

Apellido y Nombre

Correo electrónico

Su opinión

 


En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.

Muchas gracias.