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"El proletariado no tiene patria; todas las patrias le son una prisión".
Cunninghame Graham.
Resulta
sorprendente la falta de conocimiento que tienen las últimas generaciones
sobre escritores, artistas o hechos históricos del imaginario social.
En verdad es fácil de explicar: vivimos el resultado de años de demagogia,
dictadura y populismo. Ahora el simulacro y la decadencia son analizados
por la posmodernidad.
Entre los escritores prácticamente
desconocidos se encuentra Roberto Cunninghame Graham. En su obra no sólo
admiramos su estilo sino que nos ofrece un interés de época, uno de los
pocos escoceses que pisó este suelo y confesó su forma de ver y de sentir.
Sobre todo si recordamos que viene de la aristocracia. Fue descendiente
directo del decapitado Jacobo I. No podemos dejar de recordar junto a
su nombre los de Guillermo Enrique Hudson y Aimée Tschiffely. Fue el poeta
Lucas Moreno quien me puso en contacto con estos autores en mi juventud.
Desde esos días son ejemplos que llevo permanentemente.
Hay abundante bibliografía
gracias a no pocos estudiosos argentinos y británicos -de quienes soy
agradecido deudor- que realizaron contribuciones para el mejor conocimiento
de una obra surgente y polifacética.
"Don Roberto", como se lo
conocía, fue un celta revolucionario, aristócrata, con un total espíritu
de independencia, justicia y solidaridad libertaria para el criollo. Nada
más cercano a la cita de Thoreau en el pensamiento de Cunninghame Graham:
"Es inútil escribir sobre temas elegidos. Tenemos que esperar a que hallan
encendido una llama en nuestra mente. Todo esfuerzo destinado a ser coronado
par el éxito debe basarse en la fuerza copulativa y engendradora del amor.
La decisión fría no crea nada, no da origen a nada..."
Los años de viaje, de incontables
búsquedas, el sentido de observación de "don Roberto", crean una literatura
de conmovedor humanismo.
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Uno de sus grandes amigos
y admiradores, Joseph Conrad (¡nada menos!), le escribió una vez: "¡Las
cosas que usted no conoce! ¡Desde el exterior de un caracol hasta el interior
de una prisión! Cuando pienso en usted, siento como si me hubiera pasado
toda la vida metido en un agujero oscuro sin ver ni conocer nada."
La vitalidad de este incansable
jinete que recorrió las pampas, las sierras y echó raíces en las tierras
del Plata asombró a los pelucones de Hyde Park apareciéndose en un caballo,
pero en un criollo traído de la Pampa, al que le dio ese nombre: Pampa.
Con él iba al Parlamento del que era miembro. Su fino olfato, su sagacidad
literaria hicieron de este aventurero un personaje que va más allá de
la literatura. España, Inglaterra, Escocia, zonas desconocidas de Texas,
México, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, Marruecos. fueron algunos
de los lugares por donde pasó, observó costumbres y describió con humor
y fidelidad. Muestra de ello son sus libros "Rodeo", "Cuentos del Río
de la Plata" y "Los caballos de la conquista", entre otros.
George Bernard Shaw, otro
de sus amigos, dijo "...un personaje tan increíble debe haber destruido
su verosimilitud...''. Todo en él es fantasía. Graham estuvo cautivo por
una tribu árabe, fue jinete en la mocedad en nuestras tierras, la policía
de Londres lo metió preso por participar de una manifestación popular
en contra del gobierno realizada en Trafalgar Square. Mientras, en sus
páginas, traduce como pocos el sentido de lo bello y advierte en la naturaleza
la ingenuidad y la alegría de los pájaros.
Será el dandy que montará
una cebra en África. A los setenta y tantos años un potro salvaje en Londres.
Superficiales biografías sólo mencionan estas anécdotas. Pero nuestro
hombre es bastante más. Señalará los conflictos sociales por cada territorio
que pasa, denuncia la superstición, la irracionalidad, el problema esclavista,
el dolor de los asalariados. Como muestra sólo estas reflexiones que acuñó
con valentía y lucidez incomparable: "Los pobres son los negros de Europa".
"Esta rosbífica puddinesca patria nuestra imbecilizada por el oporto y
la Biblia".
En Cunninghame Graham el
amor a la libertad y el amor a la naturaleza fueron una sola sabiduría.
Su vida y su obra integran
un todo, en un armonioso y existencial equilibrio. Vale la pena releerlo
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Por Carlos
Penelas.
Abril de 2001
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Carlos Penelas.
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