| |
La criatura de
Frank Wedekind
Lulú y el instinto
devorador
A fines del siglo XIX, Lulú anuncia
el movimiento expresionista y desenmascara a la clase dirigente del
pujante Imperio Alemán, osadía que su creador pagó con la persecución
y la censura.
Por Pablo Rodriguez
Leirado

|
|
|
| |
El
gran anhelo de ser amado y la seducción que produce la belleza ha sido
frecuentemente abordado en la literatura, en el teatro y en el cine.
A veces de una manera romántica, pero en otras ocasiones ha sido de
un modo despojado de cualquier idealización. Con esta última característica
aparece a fines del siglo XIX, constituyéndose en un antecedente y fuente
de inspiración del expresionismo, el personaje de Lulú, una hermosa
joven a la que un hombre maduro, acaudalado e influyente, recoge de
la calle y le permite iniciar un camino que la conduce por diversos
ámbitos de la sociedad de su tiempo.
Una larga historia...
Casi un siglo tuvo que
pasar para que Lulú pudiera burlar definitivamente la censura y así
poder ser descubierta como originalmente había sido concebida por su
creador, Frank Wedekind, en la primera versión de 1894. Por su descarnada
denuncia de la hipocresía de su época desencadenó una despiadada acción
de los censores, que lo obligó a reescribirla y a adoptar la estrategia
de dividirla para poder representarla. Pero la derrota de la censura
se debió a la repercusión en el público y también a que otros artistas,
como Wilhelm Pabst y Alban Berg, desarrollaron y trasladaron la criatura
de Wedekind del teatro a otras expresiones artísticas como el cine y
la ópera. Hasta que finalmente fue redescubierta, en 1988, la versión
original y publicada.
|
|

Mía Maestro personificando a Lulú.
|
| |
Para que un personaje logre
semejante trascendencia debe exceder el contexto de la trama en que
fue originado y adquirir un significado develador de un período histórico,
basándose en características universales inherentes al ser humano.
Lulú en la obra
de Wedekind
De la fragmentación del
primer texto de "Lulú, una tragedia monstruo" surgieron "El
espíritu de la Tierra" (Der Ergeist), en 1895, y "La caja
de Pandora" (Die Büchse der Pandora), publicada en 1902 y estrenada
en Viena el 29 de mayo de 1904.
La obra fue calificada
como "inmoral y poco artística". En esa época los placeres
de la clase dirigente del Imperio Aleman eran relativamente privados,
ya que de una fachada intachable y cuidadosa del protocolo social se
ocultaba su corrupción, lo cual hace explicable el veredicto inexorable
de los censores, que le reprocharon su "inmoralidad", porque
fustigaba justamente con demasiada franqueza aquellas capas sociales
que constituían el público teatral de ese tiempo.
Sin embargo esta acusación
resulta totalmente infundada, ya que a través de su obra se vislumbra
en Wedekind su amor a la vida, su desprecio por la situación social
existente - pero con su gesto de cínico y su imploración de acentos
religiosos -, y su actitutud concienzudamente moralista. Pero son sus
propias palabras las que mejor definen su obra: "en ninguna parte
he falsificado las consecuencias que para el hombre surgen de sus acciones".
Su pesimismo lacerante se desarrolla bajo la mueca de un burlón de circo,
pero con la desesperación por la conducta y la postura del hombre dentro
del universo.
Su objetivo parece encaminado
a tratar de destruir la hipocresía mediante la pintura despiadada de
una realidad subyacente y, por cierto, poco placentera. Cuando Lulú
le pregunta Alwa -un dramaturgo que en esta escena parece el alter ego
de su creador- "Por qué no escribe piezas por lo menos tan interesantes
como es la vida?", la respuesta es "porque nadie me lo creería".
Ya en 1892 había empezado
a escribir esta obra, que en la edición de 1906 de "La caja de
Pandora" incluyó la aclaración de que luego de tres instancias
judiciales, que condenaron su creación, eliminó "el carácter pornográfico",
constituyéndose dicho prólogo en la denuncia explicativa de la censura
que padeció. En ese contexto afirma que es la condesa Martha von Geschwitz
la verdadera protagonista, no Lulú como creyeron los jueces...
El escándalo surge de una
sátira trágica y audaz - no sólo para fines del siglo XIX e inicios
del XX - y como en la antigua tragedia griega, sus protagonistas están
por encima de las leyes naturales.
|
|

Marta Riveros en el papel de la condesa
(Buenos Aires, 1998)
|
| |
Lulú y la inteligencia
animal
Antes de iniciarse "El
espíritu de la tierra" se presenta frente el público un domador
de fieras que promete mostrar a animales desnudos. El hombre con sus
apetitos, ¿qué es sino un animal? También se expone una serpiente, que
no es otra cosa que una representación, con características universales,
de una faceta de Lulú: la eterna mujer que encanta, seduce y mata.
Katia, Mignon, Elena o
Eva son nombres con que la llaman sus distintos amantes, ya que cada
uno ve en Lulú una mujer diferente, la que ellos sueñan e imaginan,
situación que ella permite para lograr su encantamiento. En ese aspecto
se tiene que tener en cuenta que ella es quien hace morir de apoplegía
al anciano doctor con que se había casado (Dr. Goll); obliga a suicidarse
a su segundo esposo (Edouard Schwarz); al tercero (Franz Schöning) lo
mata cuando descubre, debajo de la mesa y detrás de las puertas, una
cantidad de amantes -viejos y jóvenes- y entre ellos a su propio hijo,
Alwa, al cual premonitoriamente le advierte que será el próximo en perecer.
Lo mismo le sucede a la
condesa y a todos los demás personajes que se enamoran de ella, uno
a uno sucumben porque, al decir de Alberto Félix Alberto, "despierta
del interior de quienes se vinculan con ella, todo lo positivo y negativo
que ellos tienen". Contra Lulú se estrellan la voluntad y la misión
del hombre, ya que poseerla implica la ruina y la degeneración.
En realidad Lulú no es
un estereotipo, sino más bien un arquetipo. Una fuerza que se presenta
con la simpleza infantil del vicio, vengadora de su propio sexo, demoníaca
y amoral. Tiene un temperamento fuerte y una inteligencia animal, pero
no sabe reflexionar, no sabe pensar. A diferencia del drama de una Helena
de Troya, que también causa la perdición de quienes la conocen pero
afirma "ojalá la muerte me hubiese sido grata - dice a Príamo -
cuando vine con tu hijo, dejando, a la vez que el tálamo, a mis hermanos,
mi hija querida y mis amables compañeras", Lulú desconoce eso que
se ha dado en llamar conciencia. Por eso no tiene remordimientos del
daño que ocasiona tanto a hombres como a mujeres, que como en el caso
de la condesa ha sacrificado todo por ella y termina su existencia de
manera trágicamente ridícula. Cuando le comenta a Franz Schöning que
es consciente de que gusta a los hombres, éste le responde "Entonces...
debería ser un poco más humana". Lulú sólo replica: "no hago
más que lo que debo". Según William Shaw "el hedonismo la
lleva a vivir sólo el presente y destruye a los hombres que encuentra
a su paso".
Pero es a partir de la
muerte de Franz, el director de un importante diario - quien se casó
con ella contra su voluntad y tras muchas artimañas -, que debe pagar
a la vida lo que le arrebató con su belleza y despreocupación. Entonces
empieza su descenso al ambiente de sordidez en que nació, hasta morir
en manos de un depravado.
|
|

Mía Maestro y Jorge Petraglia.
|
| |
Su autor
Este escritor y periodista
alemán nació en Hannover, el 24 de julio de 1864. Era hijo de un médico
(Fiedrich Wilhelm Wedekind) y de una actriz y cantante (Emilie Kammeres).
Pasó sus primeros años en Suiza en donde obtuvo su primer trabajo como
publicista. Su carrera literaria y en el periodismo se inició en Mónaco,
y posteriormente fue creador y redactor del legendario periódico de
Munich, Simplicissimus, una reconocida publicación satírico política.
Entre 1900 y 1902 fue artista,
compositor y actor del cabaret "Los once verdugos" (Die elf
Scharfrichter), y en 1904 se convierte en poeta, director y empresario
de sí mismo.
Entre sus obras se destacan:
Despertar de primavera (Frühlings Erwachen) y El marqués Keith (1891),
Mine-Haha (nouvelle, 1890), El filtro del amor (1892), El espíritu de
la tierra (1895) y su continuación La caja de Pandora (1902), El cantante
de cámara (1899) El Rey Nicoló o Así es la vida (1901), Música, La sátira
de la sátira (las dos en 1908), La muerte y el diablo, Censura (ambas
de 1909), Francisca, un misterio moderno (1911), Sansón (1913) y Heracles
(1917).
Se casó con la actriz Tilly
Newes, con quien tuvo dos hijas: Fanny (1908) y Anna Pamela (1912).
La diferencia de edades con su pareja y los celos, al igual que le pasara
a su padre, no logró que su matrimonio fuera feliz y llegó a tramitar
el divorcio. Falleció el Munich, el 9 de marzo de 1918.
|
|

Mía Maestro junto a Juan Carlos Dual y Osvaldo
Bonet.
|
| |
Su iconografía:
Louise Brooks
Este papel ha sido interpretado
por innumerables actrices, como también lo fue por cantantes desde que
Alban Berg, en 1927, creara su Lulú, cantada y atonal, para la ópera
del mismo nombre. Sin embargo, con el paso de los años, la imagen de
Louise Brooks (1906 - 1985) como iconograma de Lulú ha persistido. Brooks
comentó en su obra autobiográfica "Lulú en Hollywood" que
en un principio hizo pruebas para aparecer con el pelo rizado, pero
finalmente Pabst prefirió dejar "el pequeño 'casco' negro y brillante".
Efectivamente fue la película
"La caja de Pandora", de G. W. Pabst en 1928, la que otorgó
la definitiva imagen al personaje en un film que, al igual que su original
del teatro, recibió unas críticas similarmente duras, especialmente
por el personaje lésbico de la condesa.
Pabst, una de las principales
figuras del expresionismo cinematográfico alemán, adaptó la obra al
cine pero conservó la denuncia contra las clases dirigentes que hacían
pública ostentación de sus placeres como símbolo de poder y riqueza,
en una Berlín que hacia fines de la década del 20 se presentaba como
un gran negocio del sexo. La sociedad Pabst-Brooks continuó con otra
película más: "Tres páginas de un diario" (1929). La crítica
"redescubrió" el talento singular de Louise Brooks con motivo
de la exhibición de cine "60 Ans de Cinéma", en el año 1955,
en el Musée National d'Art Moderne, en París.
|
|

Louise Brooks
|
| |
El gran aporte de la versión
cinematográfica fue presentar a Lulú como víctima, y no a una simple
devoradora de hombres; la muerte de Franz acontece como algo casual,
una fatalidad del destino. Pabst tuvo la osadía de presentar a su Lulú
tan "dulcemente inocente" que desnudaba la doble moral de
la sociedad de su tiempo; ella no comete ningún crimen y sólo es víctima
de una cadena de circunstancias. Al igual que en la obra Wedekind, no
es un personaje real, sino la personificación de la sexualidad primitiva
que inspira el mal y hace salir todos los demonios sin darse cuenta.
En su hedonismo simplista le dice a Alwa "¿acaso no quieres nada
de mí porque no me amas?". Una prueba de que ella sólo quiere vivir
intensamente.
Lulú en la Argentina
La estupenda actuación
de Mía Maestro, que además mantuvo la construcción visual del personaje
hecha por Louise Brooks, y una escenografía desrealizada, muy surrealista,
con un uso muy simbólico de los colores son dos grandes aciertos de
Alberto Félix Alberto. Su excelente puesta en escena de "Lulú"
fue fiel al espíritu de Wedekind. Ya en 1996 había realizado
"Lulú ha desaparecido", que a causa de su éxito decidió presentar,
por primera vez en la Argentina, la versión completa descubierta en
1988.
|
|

Escena de Lulú en la versión que presentó
Alberto Félix Alberto en el teatro Gral. San Martín de Buenos Aires
en 1998.
|
| |
Con la traducción de Tulio
Stella; el diseño de vestuario a cargo de Fabián Luca; y la escenografía,
el sonido, la iluminación y la dirección realizada por el propio Alberto
Félix Alberto, se estrenó el 29 de octubre de 1998 en el Teatro General
San Martín de Buenos Aires. El elenco, aparte de la ya mencionada
Mía Maestro en el papel principal, estuvo integrado por Juan Carlos
Dual, Osvaldo Bonet, Jorge Petraglia, Roberto Mosca, Adrián Caram,
Marta Riveros, Rodrigo Cameron, Graciela Armenia Martínez, Adriana
Díaz, César Repetto, Osvaldo Peluffo, Gustavo Ferrari, Tobías Pratt,
Ruth Dobel, Alejandra Radano, Alejandro Caprile, Luis Tenewicki, María
Alejandra Figueroa, y Ezequiel Eskenazi Storey.
En la última escena de
la obra, que transcurre en Londres, a pesar de que parte de los diálogos
se desarrollan en inglés, lo elemental de la charla y la clara manifestación
de lo que se dice en la actuación, igualmente permite seguir la trama
de manera perfecta. Sin embargo, en pleno desarrollo de la escena
y no después de su final - como debiera hacerlo quien no está de acuerdo
pero es respetuoso de los demás espectadores y actores -, algunas
personas gritaron en señal de protesta, situación que se repitió en
numerosas representaciones. Una vez más este personaje, fiel a su
historia, siguió desatando la intolerancia de los mediocres.
Por Pablo Rodriguez
Leirado

|
|

Mia Maestro, en el papel principal de Lulú.
|
|
-
"Lulú en Hollywood".
Louise Brooks. Ultramar Editores 1982.
-
Cinemanía 1996 (en
CD)
-
Enciclopedia Salvat,
1972. Barcelona. España
-
"Historia de la
literatura alemana". Prof. Max Koch. Editorial Labor SA 1927.
-
"Historia del
Teatro Universal". Silvio D'Amico. (Tomos III y IV) Editorial
Losada. 1956
-
"El teatro alemán".
Ilse M. de Brugger. Ediciones Nueva Visión SCA. 1961 Buenos Aires,
Argentina
-
Información suministrada
por el Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires.
|
|
<
Fuentes

|
|
|
|
|

En este espacio,
estimado lector,
vuelque sus
comentarios e
inquietudes.
Muchas gracias.
|