Seymour Menton, al margen.
Caminata por la Narrativa Latinoamericana.

Presentamos a nuestros lectores, a modo de adelanto, el prólogo del nuevo libro del crítico literario norteamericano Seymour Menton, "Caminata por la Narrativa Latinoamericana", de próxima aparición en Fondo de Cultura Económica de México. Dicha obra, cumbre en la notable carrera de su autor, reúne en 900 páginas un recorrido crítico por las letras de nuestro continente.

Gentileza Seymour Menton.
Julio de 2002

 
Fuente

Oriundo de Nueva York, Menton enseña desde hace más de treinta y cinco años en la Universidad de California, Irvine. También dictó cátedras en la Universidad de San Carlos de Guatemala, en la Universidad de Costa Rica y en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. Los gobiernos de Guatemala y de Venezuela han reconocido sus contribuciones al estudio y a la divulgación de la narrativa latinoamericana otorgándole respectivamente la Orden Miguel Angel Asturias en 1997 y las de Andrés Bello en 1991 y de Francisco Miranda en 1996. 

El Fondo de Cultura Económica ha publicado del mismo autor El cuento hispanoamericano (1964), con varias ediciones actualizadas, La Nueva Novela Histórica de la América Latina, 1979-1992 (1993) e Historia verdadera del realismo mágico (1998). 

Brindamos a continuación, a nuestros lectores, el prólogo de su nuevo libro, “Caminata por la Narrativa Latinoamericana”, de próxima aparición.

 

 

Seymour Menton con Gabriel García Márquez
 

"VOLVER A EMPEZAR"

En vez de poner la palabra "prólogo" como título de estos comentarios iniciales, me parece más acertado acudir al título en español de una de mis canciones predilectas: "Begin the Beguine", cuyo arreglo de 1940 por la orquesta de Artie Shaw la convirtió en uno de los discos más vendidos de todos los tiempos. Fue durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, en diciembre de 1998, que Adolfo Castañón, director literario del Fondo de Cultura Económica, me sorprendió con la propuesta de publicar una selección de mi obra crítica de medio siglo. Mi primera reacción fue soltar un chorrazo de adrenalina que me permitió olvidarme del peso inexorable de mis siete décadas y aguantar, pese a mi diabetes, las alegres y desveladoras cenas de la Feria. Tanto me rejuvenecí que hasta recité la letra completa de "La rondalla", aprendida en 1948 en la ciudad de Guanajuato, durante la presentación de la divertida novela nostálgica Toda una vida, de Martha Cerda.

Sin embargo, una vez pasada la euforia, me di cuenta del tremendo desafío que significaba este proyecto. Efectivamente, tendría que "volver a empezar", es decir releer todos los libros, artículos, reseñas, notas y ponencias escritas desde mi primera estadía en México en 1948-49 hasta el presente. ¿Cuántos de esos escritos serían dignos de rescate? ¿Me atrevería a publicarlos en su forma original o tendría que rectificar errores, modificar juicios, eliminar detalles gratuitos o ampliar las pruebas de mis afirmaciones? ¿Me sentiría obligado a agregar nuevos escritos para dar un carácter más íntegro al volumen?

Al mismo tiempo, el proyecto me ofrecía la posibilidad de hurgar en el fondo de mis archivos, de mis apuntes, de mi mente para encontrar las bases teóricas de mi acercamiento a la literatura: ¿bases constantes o bases sujetas a la evolución inevitable de la crítica literaria?

Me parece que se podría resumir mi aproximación a la literatura en dos palabras: "escrutinio" y "caminata". La primera se define en el Diccionario de la Real Academia Española (1984) como "examen y averiguación exacta y diligente que se hace de una cosa para saber lo que es y formar juicio de ella". Desafortunadamente, el uso literario más conocido de la palabra "escrutinio" proviene del Quijote, donde la averiguación es más inquisitorial que exacta y diligente. No obstante, hay que reconocer que se salvan de la hoguera los cuatro libros de Amadís de Gaula, el Palmerín de Inglaterrra, Historia del famoso caballero Tirante el Blanco, La Araucana y unos cuantos más por razones que aún hoy podrían ser vigentes.

 

 

El Cuento Hispanoamericano: Antologia Critico-Historica
Seymour Menton
 

Los que respetamos el oficio del escritor afirmamos que se puede percibir y apreciar el talento que luce un artífice de la palabra, un artífice profesional. Muchos de mis profesores me habían enseñado a apreciar la literatura, pero el único que me enseñó a escudriñarla fue Joaquín Casalduero en la New York University. En los cursos doctorales sobre el teatro del Siglo de Oro o la novela española del siglo xx, siempre nos sorprendía con preguntas inesperadas que daban la clave para comprender el sentido de la obra. Años después, llegaría a saber que ese método se conocía en inglés con el término "New Criticism". Tanto para Casalduero como para los "Nuevos Críticos" norteamericanos, el análisis de la obra tenía que ser totalmente intrínseco: nada de datos biográficos del autor, nada de examinar el mundo sociopolítico del cual surge la obra y nada de apreciaciones éticas o filosóficas. O sea que la lectura cuidadosa y exacta, lo que se llama en inglés close reading, es fundamental y no hay atajos.

Una vez empezada mi propia labor crítica, me di cuenta de que esa lectura intrínseca no siempre bastaba en sí porque no podía realizarse en un vacío. Por mucho que un lector analice la forma de una obra con toda su variedad de recursos técnicos, tiene que colocarla dentro de su contexto tanto sociopolítico como literario. No se puede analizar ni comprender La última mujer y el próximo combate del cubano Manuel Cofiño López sin colocarla dentro de los cambios en la política cultural de la Revolución entre 1959 y 1971. En cuanto al contexto literario, hay que saber hasta qué punto cierta obra literaria está reaccionando en contra de una tendencia hegemónica. ¿Hasta qué punto contribuye una obra a lanzar una nueva tendencia, o está incorporándose en el auge de esa tendencia o constituye un ejemplo rezagado de la tendencia? El colombiano Tomás Carrasquilla es excelente novelista, pero sus novelas realistas como Frutos de mi tierra (1896) y La marquesa de Yolombó (1926) no han recibido el debido reconocimiento porque se publicaron demasiadas décadas después de que Alberto Blest Gana introdujo esa modalidad en la novela hispanoamericana. Por otra parte, "El hombre muerto" (1920) de Horacio Quiroga es un cuento magnífico en sí pero cobra mayor importancia al señalarse que es el primer cuento mágicorrealista del mundo entero y se distingue muchísimo de los cuentos criollistas más típicos de Quiroga. De un modo paralelo, El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier llega a cobrar mayor importancia veinticinco años después de su publicación con la moda de la Nueva Novela Histórica. 

Además de analizar intrínsecamente la obra y de examinar las circunstancias en que se gesta y se da a luz, me parece que otra responsabilidad del crítico, quizás la más importante y la más difícil, es el enjuiciar la obra. En términos teóricos, ya sé que la objetividad absoluta es imposible, lo que no impide que el crítico serio haga el mayor intento de alcanzar el 94.6% de objetividad. Para lograr ese alto porcentaje, el crítico serio tiene que reconocer y rechazar sus predisposiciones tanto afectuosas/enemistosas como ideológicas. Las camarillas literarias pueden contribuir mucho al éxito o al ninguneo de un libro. No obstante, a la larga, con alguna que otra excepción, son las obras verdaderamente superiores las que llegan a canonizarse.

¿Cuál es el procedimiento para calificar una obra de superior o de canónica? En mi libro La novela colombiana: planetas y satélites (1978) elaboré un "Manual imperfecto del novelista", dando nueve criterios como punto de partida para distinguir entre las novelas planetas y las novelas satélites. Ese manual está incluido en este tomo pero el método, en términos generales, tiene que ser comparativo. El individuo que lee su primer cuento o su primera novela puede quedar muy impresionado por su alta calidad, pero con la lectura subsiguiente de otros cuentos y de otras novelas, irá adquiriendo una base más amplia para colocar esas obras en un orden jerárquico.

 

 

La nueva novela histórica de la América Latina, 1979 - 1992
Seymour Menton (1993) 
 

Respecto a mis propias obras, también quisiera enfocarlas a través de una lente comparativa. Reconozco que algunas de las primeras pueden tildarse despectivamente de descriptivas, pero recuerdo que en esas dos décadas antes del Boom me sentía obligado a resumir ciertas novelas y proporcionar ciertos datos biográficos de los autores porque pocas personas los conocían. Mi disertación doctoral fue el primer estudio completo sobre la obra de Federico Gamboa a pesar de que hoy se le reconoce como el mejor novelista naturalista de toda Hispanoamérica y el primer novelista profesional de México antes de la Revolución. También mi tesis para la maestría en la U.N.A.M. fue el primer estudio completo sobre la obra de Gregorio López y Fuentes. Después de doctorarme, mi Historia crítica de la novela guatemalteca (1960), lo mismo que El cuento costarricense (1964), fueron los primeros estudios sobre esos temas.

Aunque no he abandonado completamente mi afán de dar a conocer, de divulgar la narrativa hispanoamericana, creo que con los años mi labor crítica ha ido adquiriendo mayor sofisticación y recuerdo muy bien que durante mis investigaciones sobre la novela colombiana, rechacé la idea de leer y de comentar todas las novelas colombianas. Al utilizar el método comparativo para ese libro, ya no fue el método comparativo viejo de comprobar la influencia de una obra en otra sino comprobar cómo la identificación de cierto parentesco entre dos o tres obras podría contribuir a hacer perfilarse más claramente los aciertos que hacían brillar más una novela que otra: cuál era planeta y cuál satélite. A medida que iba apareciendo toda una ráfaga de nuevas modalidades teóricas, las fui estudiando sin convertirme en devoto exclusivista de ninguna de ellas. A mi juicio, el papel del crítico no debe consistir en aplicar cierto método o cierta teoría a todas las obras posibles. No, el crítico debe concentrarse primordialmente en la obra literaria aprovechándose del método o de la teoría que le permita analizar mejor esa obra. Por ejemplo, el método arquetípico me sirvió mucho para demostrar que La vorágine trascendía el regionalismo o el criollismo. En mis libros sobre la Nueva Novela Histórica y sobre el Realismo Mágico, utilicé unos conceptos de Mijaíl Bajtín a la vez que parodiaba algo a los estructuralistas y a los postestructuralistas.

Antes de cerrar este prólogo, me toca explicar la primera palabra del título: "Caminata". Mi labor crítica a través de las cinco décadas se ha fundado en el estudio de los textos pero también se ha nutrido de múltiples viajes por casi todos los países latinoamericanos. En realidad, las únicas tierras que no he pisado son la boliviana y la paraguaya. Creo que esa larguísima caminata me ha ayudado a conocer directamente varios aspectos culturales de cada país. Mientras realicé mi último viaje a México y a Guadalajara en los flamantes jets de American Air Lines y de la Compañía Mexicana de Aviación, que no se distinguen en absoluto unos de otros, no pude menos que añorar algunos de los vehículos más pintorescos de mi caminata. 

El conductor del tren urbano (léase tranvía) de Celaya me entregó en 1949 las riendas de la mula mientras él hacía sonar la corneta para prevenir a los peatones. El lanchero en La Unión, El Salvador, viéndome cara de contrabandista o revolucionario, me pidió en 1956 que le entregara 200 dólares por llevarme de noche a través del Golfo de Fonseca hasta la orilla nicaragüense. No se los pagué, optando por tomar el autobús "La Flecha Roja" hasta Choluteca, Honduras donde me recogió un camión de carga que me llevó hasta Managua, con el único inconveniente de verme amenazado durante doce horas por las tarántulas anidadas entre los racimos de bananos. El cacique cuna me entregó en 1960 un canalete para que lo ayudara a dirigir el cayuco entre los islotes San Blas, por la costa caribeña de Panamá, después de que bajé de la avioneta de Jungle Jim Airways que había aterrizado en la pista más pequeña del mundo entero. Podría seguir con estas anécdotas absolutamente verídicas pero ya es hora, estimados lectores, de obedecer la orden del Trío Los Panchos: "Caminemos".

Gentileza Seymour Menton.
Julio de 2002
 

Historia verdadera del realismo mágico (1998)

 

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