Cuentos al margen.
El niño.

Sitio al Margen tiene el agrado de presentar uno de los diez cuentos que han sido premiados por la Fundación Avon, luego de una selección entre 5986 de toda América. La entrega de los premios se realizó en la Biblioteca Nacional el jueves 18 de noviembre a las 19 horas. Entre los galardonados se encontraba Viviana O'Connell, escritora, periodista, directora de la revista The Shamrock, presidenta de la Subcomisión de Cultura de la colectividad irlandesa de Rosario, y también colaboradora de Sitio al Margen. Con su autorización publicamos la obra premiada y nos sumamos a los elogios que ha recibido por ella. 

Por Viviana O'Connell.

 
 

Tú que te aproximas, curioso,
Desvaído, incierto espectro
¿me traes la vida o la muerte?
Hojas de hierba- Walt Whitman 

La primera vez que lo vi me sonrió como si fuéramos viejos amigos. La segunda vez noté que no tenía piernas, esto me sorprendió pero no sé por qué no tuve miedo. Sin embargo no era una situación normal. 

Me visitaba en los momentos más tristes del día, cuando caía la tarde o bien acompañando las lloviznas del otoño envuelto en ese halo gris de las nubes de tormenta. 

Al principio no hablaba, sólo se sentaba, me miraba, muy rara vez parecía sonreírse. Sus ojos eran tristes y soñadores y se detenían en las cosas más tiempo del debido, cómo estudiando los detalles más sencillos.

Por qué tomaba tan tranquilamente esas visitas es algo que aun hoy me pregunto. No me sorprendían sus vestidos, su cara sucia, ni el pelo rubio cayendo en mechas desprolijas sobre la frente.

Por las mañanas me gustaba caminar y aspirar el olor del pasto recién cortado, ver a los jardineros de la residencia donde me hospedaba cortando los ligustros en formas perfectas y parejas. Solía dar vueltas por la excavación arqueológica que se hacía cerca del castillo. 

A veces, pero sólo a veces lo suponía cerca. Me parecía entrever una sombra esquiva entre los setos; pero seguramente mi activa imaginación agrandaba un poco las cosas. 

Siempre fui imaginativa desde muy pequeña. No le sorprendió a nadie cuando dije que viajaría para escribir un artículo sobre los castillos más antiguos de Europa. Es más, los comentarios fueron pocos y del estilo "Ya me lo esperaba..." "A quien puede interesarle un artículo de ese tipo..." En fin los comentarios habituales cuando a una la han catalogado de rareza.

Los dioses estarían contentos, el pueblo estaba contento. Sólo ella no quería salir de la lluvia y volver a la casa incompleta. Sabía que era lo justo. Su madre también lo había pasado y dos de sus hermanas; pero ese desgarrón profundo en el pecho, esas ganas de correr, de irse lejos de no existir, de no tener recuerdos, no podía evitarlo. Su marido se lo había dicho hacía diez días: "Esta vez es uno de los nuestros...". Ella no pudo seguir escuchando, algo le quemaba las entrañas y retorcía despacio cada uno de sus miembros. 

La agonía no cesó aunque lo supiera necesario, y los otros no alcanzaban para cerrar la herida. Golpeó sus pechos con los puños cerrados hasta ver aparecer los moretones. 

La casa se veía apenas pasada la loma, cálida y ordenada. Parecía un juguete en medio de la enorme campiña. No siguió el camino, se desvió y corrió hacia el bosque aullando su dolor. Fue rebotando de árbol en árbol hasta caer bajo el roble. Allí se durmió.

Un cisne la visitó. La elevó tomándola por el pico y volaron más allá del mar. Una isla azul se divisaba con manchas diminutas amarillas. Cuando se acercaron sintió el perfume de las flores. Se veían manchones de bosques difusos que desgajaban toda la gama de los verdes, los azules y los pardos. 

Desde un claro la asaltó una canción que subía, el coro de voces infantiles se oía cada vez más cerca. Lo vio entre los otros niños un poco tímido, alejado de la ronda de voces; pero atento. No pudo evitar el grito, más que grito aullido. Logró entrever el rostro asustado vuelto hacia ella antes de que el cisne la soltara. 

Despertó llorando en medio de la noche del bosque, con la garganta seca y el temor de haber hecho algo irremediable. 

Una voz la llamaba entre las sombras. El marido la abrazó y lloraron juntos. "El intercederá por nosotros, está mejor ahora... Es un mensajero..." Los argumentos no variaban demasiado. Ella los conocía a todos desde niña. Desde que nació sintió la sombra siniestra sobre su cabeza. Al principio temía por ella y por los hermanos, más tarde por los hijos. Ahora ya no tenía más nada que temer, el destino se había cumplido. 

- Hay una construcción más antigua debajo del castillo.

Daniel me miraba con entusiasmo, por fin había podido demostrar su teoría, justo cuando se le acababan los fondos.

- Te das cuenta- me decía con los ojos llenos de chispas. -Es una construcción que tiene por lo menos mil años o más.

La excavación era un revuelo, llegaba hasta los muros del castillo. Lo más seguro era que continuara debajo. 

Dennis los miraba atentamente. Le puse Dennis como nombre, me gusta, le va con su cara sucia y su melena desgreñada.

Cada vez lo veo más a menudo, a veces parece que trata de decirme algo; pero no puedo oírlo. Debo oírlo en sueños porque me despierto a veces bañada en sudor como si hubiera corrido toda la noche detrás del llamado.

Daniel sigue hablando, me cuenta como se acostumbraba levantar construcciones en la edad media sobre las ruinas de los santuarios célticos.

 

 
 

Por qué no tengo miedo, sólo yo puedo verlo. Parece observar todo como cualquier otro niño de su edad.

"Uno de los motivos por los cuales se realizaban sacrificios humanos en la antigüedad tenía relación con los cimientos de los edificios.

Presumiblemente para aplacar a los dioses del inframundo que pudieran sentirse molestos al remover las tierras. Las víctimas elegidas solían ser niños. Esta práctica persistió a lo largo de los siglos, se han encontrado enterramientos infantiles en las Capillas del Castillo de Maiden (Dorset) y la de Frilford entre otros. Se sabe que el gobernante británico Vortigern en el siglo xv, emprendió la búsqueda de un niño idóneo para ser enterrado en los cimientos de una futura ciudadela. Fueron descubiertos indicios materiales de este tipo de sacrificio en los primeros años de este siglo, la explicación es que ningún hombre podía asegurarse la propiedad inalienable e indiscutible de la tierra hasta que moría. Una vez que el cuerpo estaba bajo la tierra se convertía en el centro del clan y de la devoción tribal".

Ahora no le van a molestar sus piernitas torcidas. En el otro mundo podrá correr y jugar, como nunca pudo hacerlo en este. El druida le habla y ella debe creerle para poder continuar. Ella sabe que lo encontrará en el otro mundo o en éste, no importa; pero lo encontrará para abrazarlo.

Mi caminata me lleva a la excavación casi sin quererlo. Hay mucho bullicio, descubrieron algo nuevo. Espero a Daniel sentada en un banco del parque.

- No sabés lo que encontramos.
- El cuerpo de un niño sin piernas.

Me mira abriendo los ojos tan grandes que parece que se le van a escapar.

- ¿Cómo lo supiste?
Me levanto y me voy dejándolo en un mar de inquietudes.

Anoche me habló por fin. "Ma'thir" me dijo. No sé que quiere decir, pero su voz era tan dulce como un arrullo, y sentí que mi corazón se partía de sólo escucharlo. Tengo que averiguar que significa.

Ahora sé porque sonaba tan dulce esa palabra, le pregunté a mi anfitrión si la conocía, me contestó que quiere decir mamá en gaélico. Mi niño está buscando a su madre que desapareció hace varios siglos.

El bosque que limita la propiedad debe tener tantos años como la isla. Se siente la vida pasar por esos troncos gruesos en los que se podría sostener una casa. Cuando me distraigo y me interno demasiado, la luz del sol prácticamente desaparece y ya no sé si es noche o día. 

Ahí está otra vez, me llama desde el tronco del roble. Por favor que no llore, no soporto cuando llora; todo el cuerpo me duele y no puedo calmarlo.

Me mira y me llama. "Ma'thir". Por dios está llorando. Otra vez el dolor, algo me quema por dentro.

Caigo de rodillas sobre la hierba con los brazos abiertos. Una mujer de varios siglos se desprende de mi cuerpo y corre a consolar a su hijo. 

Viviana O'Connell
Junio de 1998

 

 

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