El decano de los gaiteros en Argentina
Manuel Dopazo.

En una investigación especial, llevada a cabo por nuestro compañero Manuel Castro, se cuenta la vida de quien ya es una leyenda del instrumento gallego - y de los pueblos de origen celta - por antonomasia: la gaita.

Por Manuel Castro.

 
 

Salía del estudio, después de la primera edición de Nuevediario (de hacer mi habitual columna de Información Internacional). En la redacción me dijeron que tenía un llamado telefónico. Del otro lado de la línea un señor se identificó en el apellido de DOPAZO.

Me comentó que su padre había sido el mejor gaitero de Argentina, que me había visto en el programa de Mirtha Legrand presentado mi libro Legado Celta, hablando de España, de Galicia, de la Gaita. Me dijo que quería hablar conmigo señalándome que tenía documentación para mostrarme, recortes de diarios, fotos de época, partes de instrumentos...

A decir verdad, a mi no me sonaba el nombre de Manuel Dopazo y los Gaiteros de Villaverde.

Concertamos una cita y fui a verlo a su casa... El orgulloso hijo del maestro sabía muy bien lo que decía.

Perfecto Dopazo tiene 80 años y vive con su esposa en una casa de la calle Venezuela en esta Capital Federal. En ella la presencia de su padre es manifiesta. Apenas se entra en la sala de estar de la vivienda, un gran cuadro muestra de cuerpo entero al gaitero vistiendo el traje regional sosteniendo con hidalguía en sus brazos al instrumento nacional de Galicia

Me mostró todo lo que le quedaba de recuerdo de su padre al tiempo que se disculpaba diciendo que faltaban algunas fotos y recortes de diarios, que mucho de eso se había perdido debido sobre todo a las mudanzas y también porque tal vez antes no se le daba el valor que ahora tienen.

 

 

El gaitero Manuel Dopazo.
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Perfecto Dopazo:...es que cuando él murió no quisimos saber mas, nos retiramos de la música. Nos venían a buscar para ir a tocar, el único de nosotros que aceptó fue mi hermano Roberto, el que un tren destrocó hace poco, y que tocaba con Feito; no se si por necesidad o que, pero nosotros le pedíamos que no fuera, que estaban desprestigiando al viejo, todo lo que papá había hecho. ¿Cómo vas a ir con esos gaiteros? le decíamos... Claro, era el apellido Dopazo lo que les interesaba.

Manuel Dopazo Goutade llegó a la Argentina en 1902. Había nacido el 9 de mayo de 1883 en Santirso de Manduas, ayuntamiento de Silleda en la provincia de Pontevedra. Aquí fue considerado el mejor gaitero de su época, comprendida entre 1908/10 hasta 1952, año en que murió. En todos los lugares donde actuaba e inclusive por las radios, era presentado de la siguiente manera: "Señores, con ustedes, el más grande gaitero de América".

Manuel Dopazo aprendió a tocar gaita desde muy chico, cuando tendría unos 7 u 8 años, de la mano de un vecino y también de su padre que fue quien le enseñó una muiñeira muy antigua. (con respecto a esto hay una anécdota familiar que señala que cuando Dopazo regresó a España en 1924, su madre que hacía tiempo había quedado ciega no creía lo que le contaban, que su hijo Manolito había vuelto. La mujer quiso saber si aquello era verdad y como después de pasados más de 20 años no estaba segura de reconocerlo por la voz, dijo a voz, dijo que había una sola manera, que esa persona tocara gaita. Cuando los sones fueron escuchados, la mujer, presa de una profunda emoción, lloró. Las dudas se disiparon. Dopazo había tocado la muiñeira que le había enseñado su padre y que solo él ejecutaba de una manera especial.

PD: ... no me acuerdo el nombre de esa melodía, pero era algo, como decía mi padre, muy repenicada y que no todos podían tocar...

Aproximadamente a los 12 años se presentó a un concurso en Santiago de Compostela. La primera vez lo hizo acompañado del gaitero del pueblo, ganando un premio honorífico, pero al año siguiente volvió a intervenir y ganó.

Las razones que lo obligaron a emigrar a la Argentina fueron trágicas.

 

 

Manuel Dopazo y una de los primeros conjuntos que formó en Argentina
 

PD: ... cuando mi padre era un joven de unos 19 años, el cura de la parroquia le avisó a mi abuelo que la guardia civil iba al día siguiente a buscar a Manolo para enviarlo a la guerra de Cuba y que lo mejor para él era que escapara. Entonces mi padre fue al pueblo donde estaba mi madre y le dijo: "Mira tenemos que irnos por que pasa esto, o me voy a la guerra o nos escapamos; vamos a Argentina (mi madre tenía un hermano que trabajaba en el Hotel España de Avenida de Mayo) veámonos allá, vamos ya.

Esto es lo que contaba mi padre de la salida:

Estuvieron alojados en un hotel donde una persona cobraba no sé cuantos miles de pese de pesetas para transportarlos hasta el barco y traerlos camuflados. Los levantaban de noche, a las doce, y caminaban por las calles de uno en uno, uno oca y otro a la media cuadra y as! sucesivamente para no llamar la atención hasta llegar al puerto. Allí tuvieron que meterse en el agua hasta llegar a un bote, y todos agachados para evitar ser vistos por las autoridades portuarias. Cuando alcanzaron el barco subieron por una escalera que casi se viene abajo. Una vez en el buque los que los llevaban sacaron unas chapas, los metieron dentro cerca de la caldera y colocaron las chapas otra vez, las que fueron atornilladas. Se morzan de calor cuando las máquinas se pusieron en funcionamiento. Varias horas después, cuando había pasado el peligro, los dejaron salir. Mi madre estaba mareadísima, según dijo, quena saltará volver a España; no quería seguir en el barco. En aquel momento eran novios, vivieron juntos unos años y después se casaron en 1906.

Cuando llegaron al puerto de Buenos Aires los subieron a un carro y les preguntaron donde querían ir. Así es como llegaron hasta el Hotel España donde Antonio, un hermano de la que sería su esposa, trabajaba. Cuando le preguntaron que sabía hacer, contestó: "Me dedico a tocar gaita, hacer las cosas de la casa y nada más".

Su nuevo puesto fue de lavaplatos y no era ninguna deshonra, la cuestión era trabajar; tenía que ganar el dinero necesario para procurarse alimento y pagar el alquiler de la habitación donde vivían. Lo más importante había sido logrado.

PD: ... ya tiene trabajo y en los días en que iba desde el hotel a la calle Tacuarí que era donde viví en uno de esos viajes, entre Tacuarí y México había un bar y allí estaban tocando gaita. Mi viejo escuchó y entró, no era muy bueno pero ano así se quedó mirándolo...

El gaitero lo vio en esa actitud y le preguntó que le pasaba. Dopazo le contó que también era gaitero y que había llegado hacía poco de España. Lo hizo tocar y le gustó. Al final le preguntó cuanto ganaba en su trabajo. De los dos pesos por día que obtenía en el hotel, la oferta fue de seis, que para él era casi una fortuna. Desde ese día dejó de lavar platos y ni siquiera se presentó para cobrar lo que había trabajado.

Esta persona le dio además dinero adelantado para que se comprara la ropa apropiada: pantalón, camiseta blanca, faja roja y así comenzó a ir a las romerías. También lo proveyó de una gaita, ya que no había traído ninguna desde Galicia. Quien lo había contratado se dedicaba a llevar conjuntos por el interior del país.

PD: ...pero después mi padre se dio cuenta, se dijo a si mismo, yo le estoy haciendo el caldo gordo a éste; tengo que buscar lo mío. Empeñó por averiguar las direcciones de las sociedades españolas del interior y les envió correspondencia; "Gaiteiro recién llegado de España ofrece sus servicios". Así empezaron a llamarlo y donde iba una vez, quedaba.

Mi padre salía a una romería, en el año treinta y pico, en la época de su apogeo, y de ahí pasaba a otra, de un pueblo a otro. Llevaba una maleta grande con ropa y de esa forma iba a todos lados. Cuando una actuación terminaba y le estaban pagando ya le estaban pidiendo fecha para el año siguiente.

Muchas veces las sociedades y clubes utilizaban las fechas que mi padre tenía libres para hacer los festivales...

Todas las entidades gallegas de las distintas ciudades de Argentina se disputaban su presencia. También era llamado para acompañar a distintos coros como Los Rumorosos, la Coral del Centro Gallego, el Coro de la Casa de Galicia entre otros, pero cuando en más de una ocasión las fechas las tenía ocupadas, enviaba a uno de sus hijos con otros músicos. Aparentemente cualquier cosa era buena con tal que figurara el nombre de Dopazo.

Con motivo de la llegada del hidroavión Plus Ultra, pilotado por Ramón Franco se realizó un gran festival en la sede de la Sociedad Rural en Palermo, con música gallega.

Durante los años de la Guerra Civil, Dopazo y sus músicos, entre lo que se encontraban sus hijos, eran llamados para recaudar fondos destinados a la Madre Patria. Los del bando nacional lo hacían por medio de Lola Membrives en el Teatro Avenida y los republicanos en el Luna Park.

La llegada de una compañía de zarzuela a Buenos Aires que ofreciera Maruxa, requería la presencia de un gaitero. Manuel Dopazo era el elegido. Su actividad artística lo hizo llevar la gaita al Teatro Colón que es lo máximo a lo que se puede aspirar. Fue la noche del 12 de octubre de 1930 estando presente en esa ocasión el presidente de la República Argentina don Hipólito Irigoyen.

 

 

Manuel Dopazo y otro de las conjuntos.

 

 

Dopazo y sus músicos no sólo recorrieron todo el país sino también Brasil y Uruguay.

Como gaitero llegó al cine participando en dos películas; la primera "Cándida" con la famosísima Nini Marshall, la segunda "La calle junto a la luna" donde actuaban dos grandes figuras como Marisa Ibáñez Menta y Juan Carlos Thorry. Cuando el grupo se presentaba -lo fuerte de Dopazo era el cuarteto- empezaba con el famoso pasodoble El Gallito. Amenizaban los bailes turnándose con la orquesta que tocara en esa ocasión. Cada uno interpretaba tres piezas.

PD: ...aquí en la capital actuamos en todos lados, en la Casa Suiza, Región Leonesa, Casa de Galicia, La Argentina, Centro Asturiano, Centro de Almaceneros y muchos más. Cuando el festival era más grande se realizaba en el Luna Park. En los salones de Plana Hotel, los festivales eran organizados por la empresa Ford.

Manuel Dopazo vivió toda su vida de la gaita, con la que mantuvo a una familia de once hijos. Fue el único que pudo hacer esto, los otros gaiteros tenían otros trabajos.

PD: ...hasta mis hermanos traían amigos del colegio que habían caído en desgracia y a veces mi padre tiraba la bronca, pero mis hermanos le decían: "No ves que se le murió el padre y la madre". Y así venían, uno ocho meses, otro diez meses. Traían gente a comer, siempre había gente en casa y quien pagaba la olla: Don Manuel.

Además de ser un eximio ejecutante también fabricaba gaitas, generalmente para vender, y las hacía con herramientas que no eran como las que hay ahora. Aquí en Argentina fue donde aprendió a tornear. Soldaba con plata, soplando.

En eso radicó el mal que lo llevó a la tumba, el hecho de trabajar de ese modo, todos los días para colocar las virolas. Los médicos le aconsejaron que dejara de hacerlo, pero no hizo caso. Además fumaba y eso conspiró contra su salud. Las hizo durante toda su vida. En aquel tiempo se vendían a 500 pesos cada una, aunque el precio disminuía si el comprador no tenía suficiente dinero, pero si ganas y humildad para aprender, y era el mismo Dopazo el que le enseñaba, gratis. Ahora bien, los que se "daban corte" eran los que pagaban más del importe estipulado. Además las reparaba, fabricaba las palletes y los palillos de los tambores. Para uno de sus hijos hizo una minigaita gallega, quizás la primera del país y también entre las pocas pertenencias que conserva su hijo -ya que su gaita aparentemente se ha perdido- hay un asombroso puntero de metal con dos llaves en su parte posterior con el que se presentaba ante el público.

Ganó muchas medallas tocando gaita y con ellas en el pecho actuaba.

Su fama fue tal y tan grande el respeto que por él se sentía que hasta el mismo Alfonso Rodríguez Castelao, que iba a visitarlo a su casa, le dijo a Dopazo que iba a informar al gobierno español de ese entonces de su obra en la Argentina.

Constituyó una familia de músicos, pero solo uno de sus hijos, Ramón, llegó a tocar gaita aunque nunca "ejerció de gaitero". Se dedicaron más a la percusión.

PD: ...el mayor y el segundo tocaban batería y Roberto también batería; Ramón la caja -la hacía hablar-, tal es así que los másicos en los festivales comentaban justamente eso, que la cada "hablaba". A Ramón, mi padre le quiso enseñar, pero no pasaba nada, tocaba como Sierra. Le decía: "así no, tenés que acariciar las notas, hay que sacarles dulzura". No te digo nada cuando estaban los "señores gaiteros". Mi padre les tenía que afinar sus instrumentos, iba al ronco de cada uno, ponía su guita de costado y lo hacía tocar y así con cada uno ¡y eso que eran todos gaiteros!. Muchos se hacían los interesantes pero no sabían cómo afinar...

Manuel Dopazo dejó de tocar en lo seis últimos meses antes de su fallecimiento.

PD: ...cuando fuimos a San Francisco en Córdoba a tocar en una romería regresó a casa enfermo. La romana fue el 12 de octubre de 1951. Ya no podía tocar. A los festivales mandaba a otro gaitero al cual lo acompañábamos nosotros. Cuando yo lo afeitaba veía día a día como desmejoraba. La enfermedad lo iba comiendo poco a poco. Venían amigos u otros gaiteros como Sierra o Sisto, pero él no quería que lo vieran en ese estado.

Cuando Manuel Dopazo falleció toda la sociedad se conmovió. La noticia fue dada a conocer tanto por la prensa escrita como por las radios. He aquí algunos de ellos:

"En la ciudad que vibra con el rezongar de los bandoneones y el bordoneo de la guitarra, las cadencias de la música sinfónica de jerarquía y las estridencias de jazz-bandy de todos los instrumentos negroides, calló la gaita celta de Manuel Dopazo, el decano de los gaiteros, el que en la urbe de hierro y cemento ponía un acento nostálgico...

...por eso la colectividad galaica tiene un crespón en su recuerdo para el solar de los celtas: ha muerto su gaitero, el más grande de sus gaiteros en tierra argentina. Ha muerto Manuel Dopazo..."
(Diario El Lider).

El periódico de la colectividad lo señaló de la manera siguiente el 10 de mayo de 1952.

"Días pasados falleció el conocido gaitero don Manuel Dopazo.

Una cruel enfermedad que no perdona, lo tenía postrado en cama desde el mes de octubre. Con él desaparece arna figura tradicional de nuestra colectividad en donde este artista popular gozaba de muchas amistades y numerosas simpatías.

Dopazo, supo con su arte y entre nosotros, ennoblecer el original instrumento celta "sacándolo de la fonda y la taberna" como ha dicho alguien para llevarlo a uno de los teatros más grandes y prestigiosos del mundo, el Colón, de esta capital. Durante más de cuarenta años animó Dopazo, nuestras fiestas con su arte..."

Por su parte La Opinión Gallega reprodujo una nota necrológica del programa radial "Recordando a Galicia".

"...Galicia ha perdido a un auténtico vocero de su espíritu. La gaita, no es un instrumento más para este pueblo milenario. La gaita sintetiza singularmente el espíritu de una raza que no se doblega en el correr de los siglos ante la adversidad y el dolor. De la gaita parten los más intimes sentimientos del gallego, porque en la gaita viven las raíces de su sentido de la vida y de la muerte...del bien en su lucha contra el mal...del derecho a existir...del derecho a pensar."

La gaita es, en esencia, el símbolo de una nacionalidad. Cuando se habla del gallego se llega de inmediato imaginativamente al recuerdo de la gaita. De ahí que don Manuel Dopazo llegue a confundirse con su propio instrumento, identificándose perfectamente con el ideal gallego de una raza fuerte y respetuosa de sus tradiciones...

"...Cierta vez le oimos decir al gran Castelao: 'Dopazo -o día que soltemos a Galiza ire mol-os dous diente de cantos de gaiteros tocando a nosa gaita por todol-os povos da nosa Terra". Castelao estaba en la real concepción de lo que era y representaba Dopazo..."

En otro artículo, Clemente Cimorra, escribió sobre la muerte del maestro:

"...Dopazo representaba mucho, la suma de todo lo gallego y de todas las nostalgias, la presencia de las raíces que logran en el hombre de Galicia aclimatado en América esa dualidad: la del trabajador incansable encariñado con el país en que vive y la del hijo de la Tierra de espíritu insobornable fiel a ella y a su lecho materno...Dopazo mantenía el alma de Galicia, intacta en él después de casi medio siglo de vivir en la Argentina..."

El cable leído por radio fue escueto pero sentido:

"En la fecha ha dejado de existir una destacada figura de nuestra colectividad. Manuel Dopazo. Su nombre, que gozara de tanta popularidd no encabezará nunca más tantos festivales a los que él llevara las notas alegres de su gaita gallega. Cuando sus otras gaitas en reuniones familiares nuestro pensamiento, tendrá un cariñoso recuerdo para este gran amigo que se nos fue: Manuel Dopazo. Para darle nuestro último adíos podemos ir esta noche a la calle Uspallata 839."

Su viuda e hijos recibieron infinidad de cartas tanto de instituciones como de particulares, lamentándose por la pérdida irreparable.

Entre las honras que se le rindieron estuvo la presentación de los gaiteros que actuaron el día de Galicia (1952) organizado por el Centro Gallego, que llevaron en sus gaitas crespones negros.

El sepelio de sus restos, se realizó en el panteón de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) del cementerio de la Chacarita y congregó a una multitud que le rindió su último homenaje.

 

Manuel Dopazo y Los Gaiteros de Villaverde.

Manuel Dopazo Goutade nació en San Tirso de Manduas, Pontevedra el 9 de mayo de 1883 y falleció en Buenos Aires el 28 de abril de 1952 a los 69 años. Se casó en 1906 con Margarita Perfecta Collazo con la que tuvo once hijos de los cuales solo cuatro viven en la actualidad. Residió de manera permanente en Argentina a partir de 1903. Su domicilio habitual fue en la calle Uspallata 839.

Por aquellos años en que Manuel Dopazo desplegó todo su saber en el difícil arte de tocar gaita, había otros gaiteros; sus apellidos eran: Castro, Sisto, Sierra, testón, Muros, González, Martínez, García, Rua, Varela y Feito (este último fue uno de sus alumnos).

Cuando Dopazo los necesitaba los llamaba y así se formaba la agrupación Los Gaiteros de Villaverde.

Con motivo de cumplirse 30 años de actuación en nuestro país, Manuel Dopazo fue homenajeado en el Teatro Avenida. El acontecimiento fue patrocinado por las audiciones radiales Iberoamericana e Hispano - Argentina y consistió en una gran función teatral que se llevó a cabo la noche del 6 de agosto de 1982.

Por Manuel Castro.

 

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